Los Sonetos de W. Shakespeare. / Miguel Iturria Savón

Imagen de William Shakespeare

Cuando oímos el nombre de William Shakespeare no pensamos en sus poemas, sino en sus tragedias y comedias –Romeo y Julieta, Macbeth, Hamlet, Otelo, El mercader de Venecia, Rey Lear, El sueño de una noche de verano, etc.-, versionadas y llevadas al cine y al teatro en medio mundo. Hay música y poesía, amor, locura, vejez, odio, venganza y elementos fantásticos y sobrenaturales en las obras teatrales del gran dramaturgo inglés, pero sus Sonetos, publicados en 1609 por el impresor Thomas Thorpe y reeditados muchas veces desde entonces, tienen un ritmo y una trama musical que invitan a «oír con los ojos» y genera ecos en el lector, como expresara el bardo al Amigo -“musick to share”- y a la Amada “my musick”, inspiradores de sus sonetos.


Los críticos, traductores y editores de los Sonetos de Shakespeare han desentrañado las “sutilezas verbales de los sonetos” que reflejan “las sutilezas de la pasión”. S. T. Coleridge, por ejemplo, opinó que estos ciento cincuenta poemas eran estrofas de un poema único, aunque “el conjunto puede leerse como una composición dramática sobre las relaciones del poeta con el Amigo, la Dama Morena y el Poeta Rival”; sobre quienes pesa la sombra del Tiempo.

Se ha escrito, por supuesto, de “los vaivenes de emociones contradictorias expresados en una imaginería que abreva no sólo en el neoplatonismo, la retórica y la poesía clásica, sino en fuentes más prosaicas, como los pleitos legales y la usura…”; además de la ambigüedad, la ironía coloquial y la cruda celebración del amor carnal que alternan con pasajes “donde el poeta -como observó L. C. Knights- parece hablar con su propia conciencia”. La clave de los Sonetos no está en las biografías imaginarias del autor, sino en la inteligencia y la sensibilidad de los lectores.

A diferencia de los sonetos del italiano Petrarca, más difundidos en España e Hispanoamérica, “el soneto shakesperiano consta de tres cuartetos y un pareado en vez de dos cuartetos y dos tercetos, con lo cual el desenlace del poema suele resultar más abrupto y sorpresivo…”

Entre las traducciones y ediciones críticas de los Sonetos destacan la del poeta Martin Seymour-Smith (Shakespeare’s Sonnets, Heinemann, Londres, 1963) y la versión parcial de Manuel Mujica Láinez (Cincuenta sonetos de Shakespeare, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1963).

Leer a Shakespeare es una aventura espiritual. Hay mucho placer estético, penetración humana, pasiones, experiencias y sentimientos contrapuestos y giros inesperados en cada drama, comedia y en los Sonetos del dramaturgo, actor, empresario y poeta inglés. Puesto a leer los Sonetos, es difícil no seguir el orden y dejarnos llevar y disfrutar tanta sensibilidad, inteligencia y síntesis verbal, pero hay que escoger. Les dejo algunos y la invitación a leer.

SONETO 18

    ¿Qué debo compararte a un día de verano?

Tú eres más adorable y estás mejor templado.

Rudos vientos agitan los capullos de Mayo

y el estío termina su arriendo brevemente.

    A veces brilla el sol con demasiado fuego       

y a menudo se vela su dorado semblante.

A veces la belleza declina de su estado,

por causas naturales o causas imprevistas.

    Mas tu eterno verano, jamás se desvanece,

ni perderá su instinto de tener la hermosura,   

ni la Muerte jactarse, de haberte dado sombra,

creciendo con el tiempo en mis versos eternos.

    Mientras el ser respire y tengan luz los ojos,

vivirán mis poemas y a ti te darán vida.

SONETO 29

    A veces en desgracia, ante el oro y los hombres,

lloro mi soledad y mi triste abandono

y turbo el sordo cielo, con mi estéril lamento

y viéndome a mí mismo, maldigo mi destino.

    Envidio al semejante más rico de esperanzas

y sus bellas facciones y sus buenos amigos.

Envidio a este el talento y al otro su poder

y con lo que más gozo, no me siento contento.

    Ante estos pensamientos yo mismo me desprecio.

Felizmente te evoco y entonces mi Natura,       

como la alondra al alba, cantando toma altura,

para entonar sus himnos a las puertas del Cielo.

    Me da sólo evocarte, dulce amor, tal riqueza,

que entonces, ya no cambio, mi estado por un reino.

SONETO 80

    ¡Oh! Cómo desfallezco, cuando de vos escribo,

si sé que hay un espíritu, que usa mejor tu nombre

y gasta en la alabanza toda su fortaleza,

para anudar mi lengua si habla de vuestra fama!

    Pero siendo tu mérito, amplio como el océano,          

sostiene vela humilde, como la más soberbia.

Mi insolente barquito, inferior a la suya,

aposta, se aventura entre vuestras corrientes.

    Vuestra ayuda más leve a flote me sostiene,

mientras él navegando, cruza vuestros abismos,            

o si naufrago yo, mi barco no se tasa,

como el de él, que es tan alto y de soberbio porte.

    Si me gana es seguro que me echarán de allí.

Lo peor será esto: perdí por amar tanto.

SONETO 92

Mas aunque tú te empeñas en dejarme

Eres mío y lo eres de por vida,

Pues mi vida de ti vive pendiente.

Y si dejas de amarme ha de extinguirse.

No temo, pues, el mal más formidable

Cuando fin me daría el mal más leve.

Me veo en condiciones más propicias

Que antes, sometido a tus antojos.

Tu inconstancia no puede atormentarme,

Pues si me traicionaras moriría.

¡Oh dicha venturosa que poseo

Tan dichoso en tu amor como en mi muerte!

Pero no existe perfección sin tacha:

Acaso me traicionas y lo ignoro.

SONETO 94

Quienes pueden herir y no lo hacen,

Y el acto que aparentan no ejecuta,

Quienes, pétreos, conmueven a los otros

Mas son fríos, serenos e impasibles,

Bien emplean las dádivas del cielo,

No derrochan los bienes de Natura,

Son dueños y señores de sus rostros,

Los otros, meros siervos de sus dones;

La flor es la dulzura del estío

Aunque ella viva y muera sin saberlo,

Mas apenas la flor se contamina

La maleza más vil es más airosa.

Pues se torna más rancio lo más dulce:

Nada hiede peor que el lirio enfermo.

SONETO 96

Ya te inculpan por joven y ligero,

Ya te elogian por joven y por grácil,

Mas tus gracias y culpas son amadas.

Pues las culpas en gracias transformaste.

El anillo más vil es elogiado

Si en un dedo de reina resplandece:

Así se traducen tus desvíos

En verdades, y en cosas verdaderas.

¡El lobo a cuánta oveja perdería

Si pudiera en oveja transformarse!

¡A cuántos que te admiran tú arruinaras

Si de todas tus gracias te valieras!

Mas no lo hagas, pues te amo de tal suerte

Que si eres mío, mío es tu buen nombre.

SONETO 116

Ante la unión de espíritus leales, no dejéis,

que ponga impedimentos. No es el amor,

que enseguida se altera, cuando descubre cambios

o tiende a separarse de aquel que se separa.

El amor es igual que un faro inamovible,

que ve las tempestades y no es zarandeado.

Es la estrella que guía la nave a la deriva,

de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios

o mejillas alcanza, la guadaña del Tiempo.

Ni se altera con horas o semanas fugaces,

si no que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,

decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.

SONETO 154

El Amor, por imberbe, no sabe que es conciencia.

¿Quién no sabe, que Amor, engendra la conciencia?

Por lo tanto, embustera, no insistas en mis yerros,

y que a tu dulce ser se culpe de mis faltas.

Que al traicionarme, tú, traiciono lo más noble

de mí, por la traición de mi grosero cuerpo.

Mi alma dice al cuerpo que este podrá triunfar,

en amor y la carne no admite otra razón.

Irguiéndome ante ti, a tu nombre señala

como presa triunfal. Vanidosa en su hazaña,

se contenta con ser tu miserable esclavo,

compartir tus asuntos y morir a tu lado.

No es falta de conciencia, si entiendo por “Amor”

a la que por su amor, yo me levanto y caigo.

¿Transhumanismo? / Miguel Iturria Savón

Desde la perspectiva científica se habla del transhumanismo. Y es lógico pues la ciencia y los tecnólogos -o neoteólogos- son nuevos dioses que destierran al pasado a Zeus y sus vástagos griegos, a Yahvé, a Jesucristo, Alá y Buda, eje de tradiciones y costumbres de los humanos que dudan de las profecías de los neoteólogos. No es que los dioses emergentes quieran convertirnos a todos al Olimpo del Saber y salvar nuestras almas paganas y pecadoras. De eso nada, el megaproyecto transhumano parte del Neuralink: los implantes cerebrales de microchips que nos reprogramen, es decir, que reporten las conexiones cerebrales a ordenadores y otros aparatos de control.

¿Estamos en el umbral de Transhumanismo? Parece una trama de ficción distópica, pero lleva décadas de progresos y parte de métodos, técnicas y experimentos de físicos y matemáticos, neurofísicos, ingenieros, cibernéticos y médicos, además de escritores y cineastas que exploran realidades insólitas. Pensemos en la inteligencia artificial y en objetos tangibles como los robots, las naves cósmicas, las computadoras, los hardwares y software o los móviles 5G, muchos de ellos creados Silicon Valley -o Valle del Silicio-, en California, Estados Unidos de América, donde se alojan grandes corporaciones de tecnología, universidades y miles de pequeñas empresas -star ups-.  

Aunque la ficción parte de ensueños y mundos posibles hay filmes como Terminator (de James Cameron, 1984), Minority Report (de Steven Spielberg, 2002), Solaris y la serie Black Mirror que esbozan lo transhumano.       

Según el doctor Joseph Mercola, “El objetivo del movimiento transhumanista o “Humano 2.0”, es trascender de la biología a la tecnología, fusionar la biología humana con la tecnología y la inteligencia artificial”. Y agrega: “en este momento podríamos estar pasando por esa encrucijada del transhumanismo, gracias al rápido desarrollo de una o más vacunas de ARNm contra el COVID-19”, a través del proceso de transfección, pues dichas vacunas “están diseñadas para que sus células produzcan la proteína espiga de SARS-CoV-2”, de posibles efectos genéticos en el cuerpo humano.

Mientras el doctor Neil Sahota, colaborador de Forbes y asesor de Inteligencia artificial de las Naciones Unidas, advierte: “En los últimos años, ha habido un debate considerable sobre la idea de que poco a poco la tecnología se está apoderando de nosotros, que nos estamos convirtiendo en transhumanos, con habilidades actualizadas, que incluyen inteligencia, fuerza y conciencia mejoradas”.

Entre los defensores del transhumanismo hallamos a Ray Kurzweil (director de ingeniería de Google desde 2012) y Elon Musk (fundador de SpaceX, Tesla y Neuralink). Hay decenas de artículos, ensayos, entrevistas, relatos y videos en YouTube sobre el Transhumanismo. A quienes deseen ahondar en el tema les sugiero visualizar Neuralink, el principio de un desastre psiquiátrico.

Ya no es mágico el mundo. Jorge Luis Borges*

I

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.

Adiós las mutuas manos y las sienes

que acercaba el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra

y te puede matar una guitarra.

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.

Hay tantas otras cosas en el mundo;

un instante cualquiera es más profundo

y diverso que el mar. La vida es corta

y aunque las horas son tan largas, una

oscura maravilla nos acecha,

la muerte, ese otro mar, esa otra flecha

que nos libra del sol y de la luna

y del amor. La dicha que me diste

y me quitaste debe ser borrada;

lo que era todo tiene que ser nada.

Sólo me queda el goce de estar triste,

esa vana costumbre que me inclina

al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

*Este poema de J.L. Borges apareció en 1945 en La Nación, de Buenos Aires, con el título “El que está solo”. El autor lo rehízo después. Borges, además de narrador y ensayista, fue “el último gran poeta modernista y el único gran poeta intemporal del siglo XX”. Os invito a leer sus versos.

Nota sobre La emboscadura. / Miguel Iturria Savón

Leo La emboscadura, un ensayo publicado en 1951 por el culto, polémico y creativo intelectual alemán Ernest Jünger (Heidelberg, 1895-Riedlingen, 1998), autor de diarios sobre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, como Tempestades de acero, Radiaciones y Pasados los setenta, y textos de “sedimentada lucidez” que testimonian las tragedias humanas, los avatares y las incertidumbres del siglo XX, entre estos Acercamientos, El libro del reloj de arena, La tijera, El tirachinas y El trabajador, todos publicados en Alemania y traducidos al inglés, el francés, el español otras lenguas.

Leo la cuarta edición española de La emboscadura, traducida por Andrés Sánchez Pascual por encargo de Tusquets Editores S.A. ¿De qué va este libro? De oponerse a lo intolerable, al miedo y la crueldad programada, pues “Emboscarse o huir, aislarse en los bosques, no es un acto romántico, idílico. Muy al contrario, “el lector de este ensayo”, escribe el propio Jünger, “habrá más bien de disponerse a emprender una excursión que da que pensar, una caminata que conducirá no sólo allende los senderos trillados, sino también allende los límites de este libro”.

La emboscadura es breve y sagaz pero zarandea nuestra inercia. Sugiero leerlo como una alternativa al “analfabetismo político” promovido por algunos poderes, medios de comunicación e instituciones culturales y académicas. Jünger escribió sobre eso y acerca del cambio que “ya se ha producido en la naturaleza misma de las cuestiones que los poderes nos inducen a responder, arranca uno de los estudios más reveladores acerca de “cómo el ser humano está llegando a una situación en la cual se le exige que él mismo genere unos documentos que están calculados para provocar su propia ruina”.

Según Antonio Escohotado -autor de La historia de las drogas y Los enemigos del comercio-, quien visitó, conversó y difunde a Jünger en España, este guerrero “defendió la rebeldía y la reconciliación en La emboscadura, que funda “la persona singular soberana” sobre un rechazo a las insidiosas formas modernas de la crueldad, cuando se han borrado las fronteras entre el servicio militar y el crimen. El libro… lamenta que los poderosos hayan ido ascendiendo poco a poco por los escalones de los partidos, pues esa circunstancia disminuye desde el principio las dotes para ejecutar actos que estén orientados hacia la totalidad, es decir: acuerdos de paz, juicios, fiestas, donaciones y acrecentamientos.

En La emboscadura Jünger nos advierte: “El auténtico problema es que una mayoría no quiere la libertad y aun le tiene miedo. Para llegar a ser libre hay que ser libre, pues la libertad es existencia, concordancia consciente con la existencia, y es el placer, sentido como destino, de hacerla realidad”.

Y al final, a modo de resumen, observa: “Lo grisáceo, lo polvoriento, se adhieren únicamente a la superficie. Quien cava más hondo alcanza en cualquier desierto el estrato donde se halla el manantial…”

Creaciones mitológicas. / Miguel Iturria Savón

Un amigo de Montreal dice que apenas escribo crónicas y artículos de opinión sobre temas actuales, históricos o políticos; que le gustan mis reseñas de libros y las notas sobre arte y poesía, pero extraña apuntes de viajes y textos como “A veces la política”, “Patria y patíbulo”, “Good bye 2020” o “Del arca de Noé al arca de las semillas”, entre otros. Le respondo que prefiero reseñar libros, glosar el centenario de un músico, un escritor o un cineasta, pues “la realidad”, como el fútbol y el reggaetón, me abruman, no por los reportes del día a día, sino por la crispación y la banalización inducida por opinadores y políticos; sin pensar en la censura contra la libertad de expresión de las Big Tech USA y en medio mundo.

No le dije al amigo que llevo más de un año sin leer periódicos ni escuchar telediarios y noticieros, por el terrorismo mediático de los medios informativos sobre el Virus Único y la Dictadura Sanitaria Global, como si los virus y las bacterias no estuvieran en el origen de la vida y fueran huéspedes de nuestros cuerpos. No le dije que cerré mi cuenta de Twitter y salí de Google, en Facebook solo estuve unos meses. Me basta con leer, escribir y, a veces, visualizar películas en mi ordenador o pequeños videos de YouTube.      

Le cuento que ante la avalancha mediática y los programas Pro virus y Pro vacunas, escribí “La guerra por otros miedos”. Si hay que ficcionar la realidad, bien, pero yo, como Juan Clemente Zenea, aquel poeta cubano del siglo XIX, anhelo “Otra Patria, otro Siglo, otros Hombres”. Si de relatos se trata, escojo la fascinante mitología griega que caló en las ciudades-estados y en reinos antiguos que acreditaron el origen divino de sus castas. O los mitos de animales antiquísimos, reales o imaginados, como el unicornio o Ícaro, el cual voló tan alto que el Sol le derritió las alas.  

Para compensar al amigo de Montreal, le envié el artículo “El juez Clarence Thomas, los portadores comunes y la regulación de las Big Tech”, del politólogo Julio M. Shiling, quien analiza los esfuerzos del gran jurista y varios legisladores americanos para impedir que Twitter, Facebook, Google y otros monopolios tecnológicos sigan censurando la libertad de expresión desde una sincronización ideológica contra el sistema político de frenos y contrapesos inherentes al sistema democrático.

Una cita de Gombroswicz. / Miguel Iturria Savón

El escritor Witold Gombrowicz (Varsovia, 1904-Vence, Francia, 1969), autor de diarios, dramas y novelas, vivió más de dos décadas en Buenos Aires a partir de 1939 y ganó celebridad por su Peña del Café Rex, tan irreverente y atractiva como su azarosa vida. Su obra más reeditada es Ferdydurke, traducida a diversas lenguas. Tras su retorno a Europa en 1963 fue redescubierto en París con Ferdydurke y en Varsovia con el drama Ivonne, princesa de Borgoña. Su celebridad creció por las reediciones de Trasatlántico, Los poseídos, Memorias del tiempo de la inmadurez, Cosmos, Diarios y Curso de filosofía en seis horas y cuarto.

Ferdydurke, publicado en 1937 y traducido al español por Virgilio Piñera y otros jóvenes amigos de Gombrowicz en Buenos Aires, es una obra maestra por su insólita manera de manejar el idioma y ofrecer otro tipo de relato y otra forma de imaginar la existencia personal. La edición argentina tuvo un Prólogo de Ernesto Sábato y del propio W. G, quien advirtió: “El supremo anhelo de Ferdydurke es encontrar la forma para la inmadurez. Pero esto es imposible. (…) lo que quería conseguir a toda costa era una mayor libertad de palabra en este campo de la cultura… (…) Así que Ferdydurke tiene un doble aspecto: por un lado es un relato y una novela, una descripción y, por otro, un acto de mi lucha personal con la forma”.

Al decir de Sábato, Ferdydurke es una “Especie de grotesco sueño de un clown, con páginas de irresistible comicidad, con una fuerza de pronto rabelesiana, el reinado al parecer del puro absurdo, ¿cómo adivinar que en el fondo [Ferdydurke] era algo así como una payasada metafísica en que delirantemente estaban en juego los más graves dilemas de la existencia del hombre?”

Witold Gombrowicz fue un escritor vanguardista y existencialista que se recrea a sí mismo en el protagonista de treinta transformado en un adolescente de quince bajo la influencia de su maestro. Ese Ferdydurke se permite ser, sentir y escribir lo que le viene en gana. Por eso es un libro de choque, una novela descabellada que glosa la nada existencial, la angustia, la libertad, el absurdo, lo auténtico. “Lo que Gombrowicz llama la Inmadurez no es otra cosa que el espíritu dionisiaco, la potencia oscura, que desde abajo, como fuerza inferior… presiona y a menudo rompe la máscara, es decir la persona, la Forma que la convivencia y la sociedad nos obliga a adoptar… porque es imposible vivir sin máscaras o formas. Y así como la Inmadurez es la vida (y por lo tanto la adolescencia, el circo, el absurdo, el romanticismo, la desmesura y lo barroco), la Forma es la Madurez, pero también la fosilización, la retórica y la muerte…”

Gombrowicz fue traducido a decenas de lenguas y nominado varias veces al Premio Nobel de Literatura. Se consideró un outsider. Fue un noble culto y talentoso que vivió la precariedad existencial del creador exiliado, libre e irreverente.

Les dejo una cita tomada de Ferdydurke y la invitación a leer esa novela y otros libros suyos.

 “… existen sobre la tierra ambientes menos o más ridículos, menos o más infamantes, vergonzosos y humillantes, y asimismo la cantidad de la estupidez no es igual en todas partes… Pero lo que sucede en el medio artístico del orbe supera todos los récords de la estupidez y la infamia, hasta tal punto que un hombre decente y equilibrado no puede dejar de inclinar su rostro, inundado por el sudor de la vergüenza, frente a esas orgías infantiles y pretenciosas. ¡Oh, esos cantos sublimes que nadie escucha! ¡Oh, los coloquios de los enterados, y el frenesí en los conciertos y aquellas íntimas iniciaciones, y aquellas valorizaciones y discusiones, y los rostros mismos de esas personas cuando declaman o escuchan, celebrando entre sí el santo misterio de lo bello! ¿Por qué dolorosa antinomia todo lo que hacéis o decís, justamente en este terreno, se convierte en ridiculez y vergüenza?

Las mujeres no mueren en las líneas de fuego. / Belkis Cuza Malé

Las mujeres no mueren en las líneas de fuego,
no ruedan sus cabezas como pelotas de golf,
no duermen bajo un bosque de pólvora,
no hacen ruinas el cielo,
no hay nieve que enfríe sus corazones.
Las mujeres no mueren en las líneas de fuego,
no expulsan el diablo de Jerusalén,
no vuelan acueductos, ni vías férreas,
no dominan el arte de la guerra,
ni el arte de la paz.
No llegan a generales,
ni a soldados desconocidos de piedra
en el centro de una plaza mayor.
Las mujeres no mueren en las líneas de fuego.
Son estatuas de sal en el Museo del Louvre,
madres como Fedra,
amantes de Enrique VIII,
Mataharis,
Evas de Perón,
reinas asesoradas por un Primer Ministro,
niñeras, cocineras, lavanderas
o poetisas románticas.
Las mujeres no hacen la Historia,
pero a los nueve meses la expulsan de su vientre
y luego duermen veinticuatro horas
como el soldado que regresa del frente.

Belkis Cuza Malé es autora de los poemarios El viento en la pared y Los alucinados, editados en 1962; Tiempo del sol y Cartas a Anna Frank (1963), Juego de damas (1968), La otra mejilla (1987), Los poemas de la mujer de Lot (2011) y la novela Lagarto, lagarto (2013). Es, además, pintora y dirige la revista Linden Lane Magazine y el centro cultural Casa Azul, ambos en los Estados Unidos donde radica desde 1979.

Dos poemas de Belkis Cuza Malé. / Miguel Iturria Savón

Imágenes de Belkis Cuza Malé

Les presento a Belkis Cuza Malé, poeta, periodista y pintora nacida en Guantánamo en 1942. Estudio en la Universidad de Oriente y en la Universidad de La Habana donde se licenció en Letras. Es autora de los poemarios El viento en la pared y Los alucinados, editados en 1962; Tiempo del sol (1963), Cartas a Anna Frank (1963) y Juego de damas (1968), que recibieron Mención en el Concurso Casa de las Américas, entidad que publicó y censuró en 1971 su Juego de damas, sumándose al aquelarre político contra la artista y su marido, el poeta, periodista y profesor Heberto Padilla (1932-2000), cuya fama planea aún sobre Belkis.   

Aquella joven atravesó su viacrucis creativo en circunstancias extremas. De 1965 al 67 escribió en los diarios Hoy y Granma, de donde la echaron por sospechas ideológicas. Ese año se unió al irreverente Heberto Padilla con quien tuvo un hijo; el 20 de marzo de 1971 ambos fueron detenidos por “actividades subversivas” tras la lectura por parte de Heberto del poemario Provocaciones en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que premió y censuró al autor de Fuera de juego (1968), convertido en referente intelectual fuera de la isla al someterse a la Autocrítica Pública por las instituciones de la satrapía roja del Caribe. Belkis partió al exilio en 1979, Heberto en 1980 por la mediación del senador estadounidense Edward Kennedy.

Hay muchas flores, luz, color y amor en la pintura y en la poesía de Belkis Cuza Malé quien siguió escribiendo en el exilio, fue editora y fundó en Princeton, en 1982, la revista Linden Lane Magazine, especializada en literatura y arte cubanos. Creó después el centro cultural La Casa Azul , en Fort Worth, Texas. Además de publicar Woman on the Front Lines, edición bilingüe con selecciones de Juego de damas y El patio de mi casa (título provisional del poemario La otra mejilla), editado por Unicorn Press (1987); Elvis: La tumba sin sosiego o La verdadera historia de Jon Burrows, testimonio, E. Press, 1994 ; Los poemas de la mujer de Lot -Linden Lane Press, 2011-, El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Cultura Hispánica, Madrid, 1984), la novela Lagarto, lagarto, y la antología Heberto Padilla. Puerta de golpe, ambas en 2013 por Linden Lane Press.

Nada mejor que conocer a los poetas por sus versos. Os invito a leer dos poemas de Belkis Cuza Malé: “Niñez” y “La Patria de mi madre». 

Niñez

Cuando fui una niña
salía a la calle
a soñar despierta,
jugaba a la rueda,
detestaba el parque,
me dormía sentada en la puerta.
Quería que el mundo
de verde, de tul,
de azul, de cerezas
tiñera, vistiera
su palidez muerta.
Me dolía que la gente
no quisiera
a los perros,
a los conejos,
a los gatos.
Los veía tiernos,
hambrientos,
juguetes humanos.
Y nadie quería
que los guardara en mi patio.
Ver lindas
alas de mariposas,
dejarlas volar,
dejarlas que jueguen
también con nosotras.
Coger florecillas
silvestres y raras.
¡Y pensar que ser niño
dura lo que una mañana!

La Patria de mi madre

Mi madre decía siempre
que la patria era cualquier sitio,
preferiblemente el sitio de la muerte.
Por eso compró la tierra más árida
y el paisaje más triste
y la yerba más seca,
y junto al árbol infeliz
comenzó a levantar su patria.
La construía a pedazos
(un día una pared, otro día el techo,
y, a ratos, huecos para dejar colar el aire).
Mi casa es mi patria -decía-
y yo la veía cerrar los ojos
como una muchacha llena de ilusión
mientras escogía, de nuevo, a tientas,
el sitio de la muerte.

Ruido de piedras. / Miguel Iturria Savón

Desde hace una década escucho a menudo palabras sonoras como menjar, paella, fideguá, finestra, pacarrer, pacaban, pollastre, pucha y otras que proceden del español, el italiano y el francés. Yo entendía el 60 o el 70 % de los vocablos, más un 10% por asociación, lo que unido a mi desinterés equivalía al silencio. A veces algún hablante percibía mi presencia y preguntaba: “¿tú entiendes el valenciá?”. Más o menos, nos os preocupéis, seguid, les respondía.  

Todos hablan el español, pero se sienten cómodos con las voces aprendidas en casa o en la escuela y santificadas por los nacionalistas; algunos la estudian para obtener plaza en la administración pública o en la enseñanza, pues las élites de Barcelona, Baleares y Valencia usan la lengua regional -y cooficial- con sentido político, al igual que en las provincias gallegas y vascas, donde la exaltación del vascuense acuña el matonismo de ETA y el ruido de piedras de sus socios nacionalistas, socialistas y comunistas.

Al principio me gustaba el euskera, quizás por mi padre, que nació en Navarra y murió en Bilbao, o por ser una lengua onomatopéyica ajena al latin. Saboreaba también vocablos con olor a huerta mediterránea y hasta decía bona nit en vez de buenas noches o good night; más no comparto la superstición identitaria ni el tribalismo en nombre de lenguas que enmascaran planes contra la convivencia democrática.

Toda lengua es respetable. Cada cual se comunica en los idiomas que aprende. En México, por ejemplo, además del español, hablan 271 lenguas autóctonas. Nadie discrimina al español desde México hasta Chile o Argentina. En España, sin embargo, a muchos españoles adoctrinados se les atraganta la lengua de su país, pese a ser el tercer idioma más hablado en el mundo, tras el mandarín y el inglés, seguidos por el francés, el alemán, el ruso, el portugués…