Venecia sin máscaras. / Miguel Iturria Savón

V

Vista aérea de la ciudad de Venecia

Si la belleza es un fin en sí misma que cautiva a quien la observa, Venecia es un archipiélago de islas lagunares con vocación urbana que atrae y fascina a millones de turistas. Diseñada en torno al Gran Canal transitado por góndolas, vaporettos y taxis acuáticos que bordean la laguna y su red de palacios, Venecia desafía al mar y nos obliga a cruzar puentes y callecitas antes de admirar la Plaza de San Marcos y su Basílica, el Palacio Ducal y otras obras monumentales que inspiraron a poetas, pintores, músicos y escultores quienes propagaron la magia de la gran urbe mercantil y artística del noreste de Italia.

Edificada sobre un centenar de pequeñas islas unidas entre sí por más de 400 puentes que limitó el acceso de los invasores germanos, Venecia se expandió desde el Mar Adriático, primero como parte del Imperio Romano de Oriente, luego como ciudad estado enlazada comercialmente con los lejanos reinos de China y la India, después como la “Serenísima” República regida por una monarquía electiva -ducal y rígida-, interferida por la dominación francesa y austriaca hasta que en 1866 se incorporó a Italia, a cuya historia sumó su inusual historia y sus peculiaridades geográficas, mercantiles y artísticas.

A Venecia también se llega por tierra firme a través del Puente de la Libertad, desde la vecina ciudad de Mestre, a medio camino del Aeropuerto  internacional “Marco Polo” -en Tessera- y del Aeropuerto Sant Ángelo de Treviso cuya campiña deslumbra por el colorido de sus residencias, el verdor de los campos y la cercanía de ríos y canales de la región del Véneto, con su lengua homónima hablada por más de 200 mil personas.

Al llegar a Venecia, el transeúnte siente el hechizo de la urbe y desata sus emociones en algún vaporetto o caminando sobre los puentes del Gran Canal. Puede compensar la humedad con los recuerdos de la música de Valdi, las historias medievales de Marco Polo, las pinturas de Tiziano, Tintoreto y otros genios que nacieron o crearon en Venecia, sede de la Bienal de arte y de festivales de cine, danza y teatro que fusionan las tradiciones locales con expresiones artísticas de medio mundo.

En Venecia residen más de 200 mil personas, pero parece que no existen venecianos, sino turistas, esa especie inmortal de ciudadanos que se aloja en casas y hoteles, camina, pregunta, entra y sale de las tiendas y restaurantes, se fotografía en cada puente y sube a góndolas o vaporettos, ávidos por ver la cristalería artística de Murano, las coloridas casas de los antiguos pescadores de Burano y las tumbas del cementerio veneciano, rodeado de agua como cada palacio, plaza, museo o esas casas bajas que sobreviven al flujo de las mareas.

Venecia sigue siendo bella y seductora pero no se agota en sus máscaras, perdura. Tal vez unos diques móviles contra las inundaciones preserve de la voracidad del mar a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad y joya arquitectónica y cultural del noreste de Italia.   

Imagen del Gran Canal de Venecia

Una carta de Cabrera Infante. / Miguel Iturria Savón

El 13 de marzo de 1998 le escribí a Guillermo Cabrera Infante desde La Habana, le pedía su autorización para incluir su «Lorca hace llover en La Habana» en mi antología sobre el poeta hispano en Cuba que publicaría la editorial Letras Cubanas, cuyo editor me sugirió consultar al escritor exiliado a fin de evitar una posible demanda del autor de Tres tristes tigres. Mi amigo Vladimir Smith, residente en Londres, fue el portador personal de la misiva y de la respuesta del creador.

Han pasado veinte años desde entonces y Vladmir y yo usamos como pretexto aquellas notas para evocar al gran escritor en el 90 natalicio de su nacimiento. Cabrera Infante nació en 1929 en Gibara, zona nororiental de Cuba de donde emigró a La Habana siendo un adolescente. En la capital creció física y espiritualmente, se hizo reportero cultural, escribió sus primeros relatos, amó, discutió, dirigió el semanario cultural Lunes de Revolución (1959-1961) y luego lo nombraron Secretario de la Embajada de Cuba en Bruselas, una especie de destierro que perpetuó tras la muerte de su madre en 1965, la última vez que volvió a la isla pavorosa. Lo demás lo sabemos: Guillermo Cabrera Infante escribió libros auténticos e inimitables: Tres tristes tigres, La Habana para un infante difunto, Vistas del amanecer en el trópico, Vidas para leerlas, Mea Cuba, etc.

Mi carta a Caín fue una entre miles, sin trascendencia para el autor quien me respondió el 1 de julio de 1998 con su habitual amabilidad y reiteró su promesa de «no publicar en Cuba bajo los Castro». El libro no fue publicado en La Habana, sino en Sevilla por la Editorial Renacimiento en 2006, lo titulé Miradas cubanas sobre García Lorca, creo que aún circula en ebook o en papel.

Les dejo las cartas originales: la enviada por mi a Cabrera Infante el 13.3.1998 y su respuesta del 1.7.1998, más una foto del gran escritor y la imagen del libro sobre Lorca por si queréis leer su excelente «Lorca ve llover en La Habana» y otros escritos sobre el bardo español en la isla en la primavera de 1930.




Edmundo, Pablo Milanés y las señales del hijo de puta. / Miguel Iturria Savón

Edmundo García con el dictador Raúl Castro

Una foto de Edmundo García con Raúl Castro y el nieto del dictador me recuerdan el rifirrafe de Pablo Milanés con el locutor. Sucedió en Miami tras una entrevista del cantante en Radio Martí que molestó al ex presentador de La gran escena quien transitó de la televisión cubana a la cárcel por tráfico de arte y, tras pactar con sus verdugos, salió del talego hacia Miami donde alternó su faena de informante con el programa radial La noche se mueve.

No soy seguidor de Pablo ni de Edmundo, pero coincidí entonces con la respuesta del cantor de “Yolanda” y “Yo no te pido” al vocero radial del Castrismo en Miami:

“Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país (Cuba) y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles de periodistas de allá, cómplices lamentables del silencio.”

Un lustro después de aquel rifirrafe Edmundo regresó a la isla tras culminar su misión de topo contra el exilio en Miami. Miro su fotografía, feliz junto a Castro II, y evoco la última estocada verbal que le lanzó el trovador: “eres un hijo de puta con todas las señales del hijo de puta” expresadas por Camilo José Cela en una de sus novelas”.

Como lector de La colmena, La familia de Pascual Duarte, Cristo vs Arizona y otras obras del Premio Nobel de Literatura español les copio “las nueve señales del hijo de puta” que Raimundo Casandulfes le atribuyó a Fabián Minguela en la novela Mazurca para dos muertos, publicada en 1983. Lean también la novela y piensen, por favor, en otros hijos de puta, esa especie inmortal que prolifera en Cuba –y en otras partes- como una plaga.

  • “La primera señal del hijo de puta es el pelo ralo…
  • La segunda es la frente buida.
  • La tercera es la cara pálida.
  • La cuarta es la barba por parroquias (barbilucio a suspiros).
  • La quinta está en las manos (blandas, húmedas y frías).
  • La sexta es mirar huido (no por derecha).
  • La séptima es la voz de flauta (voz atiplada de las esposas del Cordero que cantan catequesis).
  • La octava es el pijo (pene) flácido y doméstico.
  • La novena es la avaricia, propia del pobre que ahorra y no llega a rico)”.

Siempre hubo analfabetos. / Miguel Iturria Savón

El periodista Jesús Quintero -el «Loco de la colina»-, es uno de los personajes mediáticos más sensato, lúcido y agudo de la televisión española y europea. Si escribimos su nombre en Internet accedemos a decenas de entrevistas e intervenciones suyas sobre diversos ángulos de la sociedad. La realidad vista por Jesús Quintero y sus invitados ilumina a quienes no se conforman con la cultura del espectáculo y la futbolización de la política.

«Siempre hubo analfabetos…» dice en uno de sus videos. Y sigue… Sigan con Jesús Quintero, el «Loco» más preciso, inteligente y sagaz de medio mundo. Dar clic, escucharlo y pensad. Gracias.

Borges y el Carrusel electoral español. / Miguel Iturria Savón

Anoche, mientras concluía el carrusel electoral que mantuvo en vilo a millones de españoles, recordé que soy extranjero, un extranjero con Tarjeta de extranjero en España, cuna de mi padre y sus ancestros. Y como un extranjero lee, observa y pregunta pero no vota, «no puede ser rival de nadie…» pues llega… y se va». De manera que no siento el vértigo de quienes se postulan o votan -por convicción, enfado o conveniencia-; tampoco puedo influir en los votantes como los periodistas y politólogos que exponen, opinan o predicen en los telediarios.

Los españoles votaron el 28 de abril para elegir a los 350 Diputados -que designará al Gobierno- y a los 266 senadores que decidirá sobre ciertos dilemas territoriales y algunas decisiones ejecutivas. Como en las elecciones anteriores, cada una de las 50 provincias de España escogió en las urnas a sus representantes a una y otra cámara, unos son de «izquierda», otros de «derecha», según la peña política deseada. Cada cual con su programa y su campaña, unos contra otros, ideología por medio, oradores, oráculos, gestores y hasta bulos. PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos y VOX, los dos últimos tildados de extrema izquierda y extrema derecha, respectivamente. La prensa hispana aún reporta las estadísticas, los detalles y las posibles alianzas o pactos porque ninguna formación política obtuvo la mayoría absoluta. En fin, quedan dos o tres meses de cabildeos y vaticinios antes de repartir el pastel, incluidas las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo.

Como en toda elección, se habla mucho del pueblo, la democracia, la masa, la economía, el estado de bienestar, el separatismo catalán, los vascos representados por el PNV y los pistoleros de Bildu. Los «progresistas», moralmente «superiores» al resto, añaden la justicia social, la igualdad, el feminismo, el pueblo y la llegada de VOX al Congreso de los Diputados; VOX es el «coco», no los indepes y sus aliados de Bildu, PSOE y Podemos que en nombre del otro pregonan rupturas y utopías.

Mientras gira el carrusel y los telediarios futbolizan la política evoco una frase del escritor argentino Jorge Luis Borges, extranjero en Ginebra:

«Soy escéptico ante los grupos humanos, los países, las razas y toda esa tontería. Decir «la especie humana» es decir una abstracción que no dice nada. ¿Qué es la especie humana? Creo que todos los individuos son distintos entre si. Y además tienen el derecho y la obligación de serlo. Eso, por una parte. Por otra, la gente cambia a cada momento… ¿Cómo va entonces uno a encasillarse en un grupo, en un sistema político, en una misma actitud ante la vida?»


Espectáculos de pasión y muerte. / Miguel Iturria Savón

Desfile de Semana Santa en Sagunto.

Una de las primeras medidas de la II República Española -1931-1936- fue abolir la Semana Santa, suceso agravado en octubre de 1934, cuando las milicias de mineros asturianos guiados por socialistas, comunistas y anarquistas quemaron 58 iglesias, asesinaron a 34 sacerdotes y cometieron cientos de crímenes y tropelías en Gijón, Avilés y Oviedo donde no lograron barrer el orden institucional y a sus representantes -aún republicanos-. Aquel ensayo de la Guerra Civil -1936-1939- en la emputecida, violenta y exaltada España, alteró para mal la situación del país al triunfar el astuto, taimado e impasible General Francisco Franco Bahamonde, alias el Caudillo, quien barrió los sueños libertarios, impuso un régimen corporativo-militar y restituyó a los sacerdotes en sus templos, rituales y ceremonias.

Tras ocho décadas de aquella República y 40 años del fin de la dictadura franquista, la España democrática celebra en armonía la Semana Santa en cientos o miles de pueblos que evocan la pasión y muerte de Jesús, el joven hebreo que se autoproclamó hijo de Dios y Mesías redentor. La leyenda, expandida por sus discípulos y apóstoles de Israel hacia Roma y de esta al mundo, caló en el imaginario de millones de fieles gracias a la creación de la Iglesia cristiana, una especie de monopolio internacional de la fe que modeló la cultura de Occidente -enseñanza, música, pintura, escultura, arquitectura, literatura, teatro- y aún influye -desde el Vaticano y su red de templos, conventos, escuelas, medios de comunicación- en la sociedad.

La Iglesia ya no ejerce un monopolio absoluto sobre la sociedad, los hombres creen o reniegan de Dios, pero la Biblia, los Evangelios, la Torá y otros textos literarios y teológicos recuerdan los nexos reales o supuestos. La celebración de la Semana Santa y la Pascua -el paso de la muerte a la resurrección-, con su carga de dolor y simbolismo, deviene espectáculo urbano con vestuario, escenografía y música religiosa, atractivo para creyentes, ateos y agnósticos. En España, por ejemplo, las procesiones de Sevilla son más festivas que solemne, mientras en Valladolid y Toledo se impone lo solemne al igual que en Lorca -Murcia-. Muy peculiar es la Semana Santa Marinera del Cabañal, en Valencia, región que suma esplendor cristiano en las ciudades de Gandia, Xátiva -Chátiva- y Sagunto, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Del Lunes Santo al Domingo de Ramos las Cofradías y sus cofrades llevan en andas a Jesús y la Virgen, tallados en madera preciosa y alzados en tronos con la Cruz, el manto, la corona, las antorchas. Desfile con banda musical y atuendo impresionante. Miércoles de silencio. Viernes Santo con subida al calvario al amanecer y Santo Entierro por la noche. La Veracruz con el lygnum Crucis (astilla de la supuesta cruz de Jesús).

La famosa Semana Santa es un espectáculo religioso, un espacio de comunión grupal y de economía urbana que implica a hoteleros, joyeros, tejedores, músicos, restauradores, sacerdotes y comerciantes. En Sagunto mueve entre 150, 000 y 200, 000 euros, en Sevilla, millones de euros. Lo real y lo divino. Leyenda y espectáculo.


Una historia de España. / Miguel Iturria Savón

Arturo Pérez-Reverte, amante del mar, la literatura y el periodismo, ha publicado Una Historia de España, título inusual para el autor de la Saga Falcó –Sabotaje, Eva, Falcó-, la Serie Ala Triste –El capitán Alatriste, El puente de los asesinos, Corsarios del Levante, El oro del rey, etc.-, llevadas al cine y a la televisión española.

La última entrega de Pérez-Reverte no es inusual por el tema pues la historia nutre casi todas sus novelas, sino porque es una compilación de su columna «Patente de corso» del suplemento XL Semanal, aunque el prolífico e irreverente autor ha publicado varias compilaciones de artículos con la historia como telón de fondo, evidente en sus novelas El asedio, El pintor de batallas, La tabla de Flandes, Territorio Comanche y otras editadas por Alfaguara.

Una Historia de España es, ante todo, una mirada muy personal del autor, su particular mirada, amena, simpática, desacralizadora, agridulce, lúcida y apasionante. Está estructurada en 92 textos breves que deja entrever la ausencia de pretensiones historiográficas. Esta historia me recuerda la Historia de la filosofía griega de Luciano de Crescenso quien divulga con ironía y desenfado a los pensadores anteriores y posteriores a Sócrates.

En las 250 páginas de esta Historia de España resulta imperdible A modo de prólogo, integrado por citas sobre España y los españoles de personajes como Estrabón, Tito Livio, Bartolomé de las Casas, Francisco I de Francia, Baltasar Gracián, Voltaire, Cervantes, Napoleón Bonaparte, Amadeo de Saboya, A. Humboldt, A. Hitler, Ortega y Gasset y otros sobre ese escenario portentoso y trágico lleno de pueblos, lenguas, historias, sueños y quimeras.

Gracias, Arturo, por deleitarnos con esta Historia tan jugosa, lúcida y original.

Adiós, Alberto Cortez. / Miguel Iturria Savón

Ayer murió en un hospital de Madrid Alberto Cortez, el poeta y cantante argentino que conmovió a millones de almas sensibles de medio mundo, en especial de España y de esa extensión peninsular llamada Hispanoamérica. Tenía 79 años y una voz entrañable e inimitable. Grabó más de 40 discos, ocho de ellos premiados -4 Disco de oro y 4 Heraldo de oro-, además de otras distinciones en España, Argentina, Estados Unidos. Yo, como tantos, evoco sus baladas, canciones y boleros. ¿Cómo olvidar En un rincón del alma, Mi árbol y yo, El abuelo, No soy de aquí, Como el ave solitaria, Como la marea o Castillos en el aire?

Dicen que cada uno de sus temas parte de hechos y personajes reales. «Callejero» evoca a un perro de Madrid, «El abuelo» a su abuelo -y a tantos abuelos-, Cuando un amigo se va al cantautor Facundo Cabral, su amigo y colega de escenarios al igual que Estela Raval, María Dolores Pradera y Ricardo Arjona. Imposible olvidar su poema Qué suerte he tenido de nacer, un testimonio de hondura existencial, sarcástico y humilde.

Dicen que hizo cine y que publicó varios libros, yo solo escuché sus conmovedoras canciones. Me bastan su voz y sus nostálgicas imágenes y metáforas para seguir recordándolo y asociarlo a instantes felices e imborrables.

El diccionario de Carlos Paz. / Miguel Iturria Savón

El 22 de marzo de 1995 asistí a la presentación del Diccionario cubano de términos populares y vulgares, de Carlos Paz, investigador del Instituto de Literatura y Lingüística, sede del acto. El libro, autografiado por el autor y leído y releído por mi, es una de las pocas joyas que traje a España, donde se quedó Carlos Paz en una de sus conferencias en Madrid, hastiado del manicomio insular y, quizás, del análisis de las manifestaciones del habla popular y vulgar en un contexto tan difícil para vivir y crear.

No sé por donde anda Carlos Paz, supongo que investiga e imparte clase en alguna universidad estadounidense, pero al hojear su libro, tan original como ameno y preciso, creo que su enriquecedora búsqueda lingüística fue ajena a prejuicios y dogmas al adentrarse en el gracejo popular, sin tomar partido ni desdeñar el habla delincuencial y el creciente vulgarismo en aquella isla.

En ese «diccionario de malas palabras» Carlos Paz no solo ofrece la formación de palabras y frases en el habla popular y vulgar cubana, el diccionario temático -personas, cualidades, tratamiento y saludos, raza, parte del cuerpo, vestuario, actividades cotidianas, alimentos, sexualidad, transporte, dinero, drogas, rituales, muerte, autoridad, etc-, sino que glosa la «Unidad y diversidad del español de Cuba», las variaciones territoriales, conducta y jerga y detalles introductorios sobre la cultura europea, los vocablos indoamericanos, subsaharianos y asiáticos, más la influencia del francés y el inglés en el español de Cuba. Todo en 195 palabras, un reto de brevedad y síntesis expositiva, propio de un maestro de la lengua.

Sé que el maravilloso Diccionario de Carlos Paz está agotado. No sé si fue reeditado en España, México, Argentina o USA. Valdría la pena pues es un libro vibrante y atractivo para lectores especializados y personas ajenas a la lectura, incluso los marginales.

López Obrador, victimista. / Miguel Iturria Savón


Según el chiste, “Dios creó a México, le dio grandes lagos, ríos, bosques, mares, desiertos, riquezas y, para compensar, le dio a los mexicanos”. La broma es aplicable a otros países y regiones pues refleja los límites humanos y la dicotomía entre estos y la naturaleza.

Todo chiste parte de tópicos, certezas, prejuicios… Ayer, una necedad verbal del presidente del vasto y bello país situado al sur de los Estados Unidos, me hizo evocar mis lecturas sobre los antiguos olmecas, toltecas, mayas, aztecas y otras civilizaciones que crearon ciudades-estados con calzadas, ejércitos, funcionarios y sacerdotes con cuchillos de oxidiana que usaron los teocalis -templos- como centro de sacrificios humanos para halagar Dios a cambio de cosechas pródigas y victorias bélicas. Por suerte, la cultura de la muerte llevada a extremos desoladores por mayas y aztecas, declinó con la llegada a Yucatán en 1519 del conquistador hispano Hernán Cortés, quien quemó literalmente sus naves y avanzó con cientos de soldados y miles de nativos desde Texcoco hasta  Tenochtitlán, sede de los palacios plateados del Tlatoani Moctezuma, monarca de aquella Federación de tribus y reinos que confundieron al sagaz Cortés con Quetzalcóatl, la mítica Serpiente Emplumada de los olmecas.

No sigo con la historia, hecha, deshecha y rehecha según conveniencias, pero aclaro que si México fue ocupado por los conquistadores hispanos no solo se debió al coraje, la audacia y la superioridad técnica, sino porque era un estado en descomposición y desangrado por los incesantes rituales de muerte de los aztecas. Cortés fue, paradójicamente, conquistador y libertador, explorador y hombre renacentista, ávido por comerciar, obtener riquezas y difundir su religión como hicieron antes en la península ibérica los fenicios, los cartagineses, los romanos y luego los godos, los árabes y otros ocupas.

Invocar el trasvase humano de forma simplista y posar de víctima como hace Andrés M. López Obrador, Presidente de México, demuestra ignorancia y manipulación. Exigir disculpas por sucesos de hace medio milenio es ridículo. Recordemos que al conquistar a México y otros territorios España introdujo la moneda, la carreta, las técnicas e instrumentos de trabajo, los grandes animales de carga y alimentación y nuevas formas de gestión administrativa y humana que aceleraron el desarrollo. Toda conquista cambia y desequilibra a conquistados y conquistadores e implica un nivel de violencia física y psicológica, pero, ¿de qué masacres habla el líder mexicano? ¿Se sentirá heredero de Moctezuma? ¿No sabe que en México, además de la lengua española, se hablan 271 idiomas autóctonos? ¿Desconoce que desde México hasta la Patagonia, salvo Argentina, Uruguay y Chile, los aborígenes predominan sobre los originarios de Europa?

El victimismo es un negocio con máscaras. Los victimistas esgrimen viejas quejas, ofensas y denuncias que no cambian el pasado ni resuelven los problemas y desafíos de las sociedades modernas. Anclados en el ruido, olvidan que el agua cae sobre las rocas. Hace doscientos años que México se independizó de España pero aún subsiste allí una cultura de la muerte y los narcotraficantes venden y exportan hacia los Estados Unidos drogas que cultivan, fabrican y distribuyen. No hay que disculparse por eso, sino despenalizar las drogas y ofrecer otros empleos y alternativas culturales a los cultivadores.