Isla azul sobre fondo rojo, el nuevo libro de Miguel Iturria. /Por Luis Cino Álvarez


Un nuevo libro del ensayista Miguel Iturria Savón, Isla azul sobre fondo rojo. Escritores cubanos del siglo XX, acaba de ser publicado por la editorial sevillana Renacimiento, en su colección Iluminaciones.

En dicho libro, Iturria, que se dedica a la investigación literaria y cultural, hace un minucioso repaso de la obra de 30 autores de las últimas diez décadas.

Con un capítulo dedicado a cada uno (excepto el compartido por Amir Valle, Frank Correa y Ángel Pérez Cuza), Iturria analiza la obra de José María Chacón y Calvo, Lezama Lima, Lydia Cabrera, Virgilio Piñera, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Cabrera Infante, Raúl Rivero, Zoe Valdés, María Elena Cruz Varela, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Manuel Díaz Martínez, Norberto Fuentes, Eliseo Alberto, Jesús Díaz, Rafael Alcides, Pedro Juan Gutiérrez, Carlos Victoria, Antonio José Ponte, Senel Paz, Reinaldo Bragado, Eduardo del Llano, Uva de Aragón, Julio Travieso y Gina Picart.

Puede llamar la atención que no haya capítulos dedicados a Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Fayad Jamís, José Soler Puig, Leonardo Padura, Luis Rogelio Nogueras, Eduardo Heras León, Lisandro Otero y Roberto Fernández Retamar. Los nombres de estos autores sólo aparecen en el prólogo, y en el caso de Padura, ni eso. Iturria explica que no quiso incluir en su selección a “los principales cantores del reino, reeditados y premiados por su lealtad…”

Se resiente la ausencia, entre los poetas disidentes incluidos, de Tania Díaz Castro, pionera de la lucha por los derechos humanos y autora de poemarios como Todos me van a tener que oír, que acaba de cumplir 50 años de su publicación por Ediciones UNEAC en 1970.

Pero es comprensible que haya omisiones. No fue tarea fácil la emprendida por Iturria en este libro, que pretende abarcar, en poco más de 170 páginas, una literatura inevitablemente signada por los desgarramientos de una asfixiante dictadura de 62 años que ha ocasionado una hecatombe en la cultura nacional, y de un exilio que lejos de resignarse a la pérdida de la patria, la recrea y reinventa.

A ese exilio dedica Iturria (él mismo un exiliado) el capítulo Inventario de éxodos, amén de los dedicados a autores desterrados.

Certero, hurgando, reparando en detalles que suelen pasarse por alto, Iturria pone las cosas en su sitio, el merecido, no el asignado por la cultura oficial, los prejuicios, la gazmoñería, las modas literarias o los intereses políticos e ideológicos.

Así, Iturria, desentendido de mitos y de las poses y esnobismos que han hecho, por ejemplo, de Lezama y Piñera autores más citados que leídos, y que sea más conocida la poesía de Wichy Nogueras que la del inmenso Gastón Baquero, le entra con la manga al codo y sin arredrarse a un universo literario plural, complejo y contradictorio que algunos –por falta de miras, en el mejor de los casos- prefieren canónico e intocable, sin relecturas ni nuevos ingresos.

Uno puede discrepar o no de los criterios vertidos por Iturria en este libro, pero no hay duda de que argumenta y sostiene muy bien sus puntos de vista.

Iturria, que no se espanta con los autores provocadores e irreverentes, sino todo lo contrario, se lanza a bucear a fondo en la obra de Zoe Valdés y Pedro Juan Gutiérrez y se aventura a hacer osadas valoraciones, como cuando concede ventaja a Gutiérrez sobre Bukowski o al comparar a Zoe Valdés con Gertrudis Gómez de Avellaneda -“por su constancia, creatividad y carácter… salvando la distancia de estilo, tiempo y atmósfera”– para luego reflexionar: “Está por ver si Zoe asciende al panteón literario habitado por Tula. Sus personajes, esencialmente femeninos, son vitales como los protagonistas de la Avellaneda”.

En el capítulo dedicado al muy controvertido Eduardo del Llano, explica Iturria: “La narrativa de del Llano rompe el canon literario cubano de fines del XX y principios del XXI, pero converge desde las diferencias con escritores de la Isla y el exilio que cambiaron el punto de mira sobre aquel país surrealista. Del Llano es menos escatológico que Pedro Juan Gutiérrez y Zoe Valdés, pero desacraliza desde el sarcasmo y lo esperpéntico los temas tabú, la apología del poder, la monotonía semántica, los matices de la censura y los mecanismos de control político, desatando carcajadas que obligan a pensar y entender desde la ficción una realidad acoplada a normas absurdas”.

Particularmente interesantes, por su muy peculiar visión sobre los autores, son los capítulos dedicados a Lorenzo García Vega, Manuel Díaz Martínez, Norberto Fuentes, Antonio José Ponte, Eliseo Alberto, Gina Picart, Julio Travieso y Senel Paz.

Probablemente este sea uno de los trabajos más abarcadores e interesantes de Miguel Iturria, que también ha publicado Españoles en la cultura cubana, Los vascos en Cuba y Miradas cubanas sobre García Lorca.

Iturria, nacido en La Habana en 1955, reside desde hace diez años en Valencia, España. Fue forzado a marcharse de Cuba debido al hostigamiento de la policía política por su labor como periodista independiente en CubaNet y Primavera Digital. Licenciado en historia, ejerció como profesor e investigador, y fue fundador y director del Centro de Estudios Hispánicos José María Chacón y Calvo.

Isla azul sobre fondo rojo – Editorial Renacimiento

Nota: Esta reseña fue publicada en CubaNet por Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956), quien estudió inglés y ejerció como profesor, cartero y periodista en medios indepes como la revista De Cuba, CubaNet y el Semanario digital Primavera. Es autor de Los tigres de Diri-Dawa y otros cuentos, Los más dichosos del mundo y Algunas noches hablo con Nelson,  además de cientos de crónicas y textos de música, cine, literatura e historia.

Snow, snowing./ Miguel Iturria Savón

Cibeles y el edificio de Correos, sede del Ayuntamiento de Madrid, bajo la nieve

La nieve no es el fin del mundo. Cae la nieve y los niños salen a jugar, hacen muñecos de nieve escoltados por sus padres. Cae la nieve y los jóvenes pasean sobre la nevada, mientras los coches quedan varados en calles, parques y carreteras. Los ancianos prefieren quedarse en casa y encender la calefacción. El paisaje nevado es un espectáculo maravilloso salvo para quienes palean la nieve al entrar o salir de casa.

Londres bajo la nieve

El invierno es una estación que libera o paraliza, como el verano. Una estación del año, de cada año, de todos los años. La estación del frío coincide con las fiestas navideñas en medio mundo. Ninguna estación del año prefigura el fin de la existencia, salvo para quienes mueren en diciembre, enero, febrero o principios de marzo.

Plaza Mayor de Madrid bajo la nieve

En estos días de enero las imágenes de ciudades y carreteras nevadas desplaza, al menos en Europa y en Norteamérica, el rodillo mediático en torno al #VirusChino y las «profecías» de tecno tiranos como Bill Gates, dueño de Microsof; Mark Zuckerberg y Jack Dorsey, magnates de Facebook y Twitter, convertidos en zares que deciden quienes ejercen la libertad de expresión y cuándo o cómo, mientras censuran a los críticos del Nuevo Orden Global o Nueva Estupidez Global.

Cae la nieve sobre Madrid, Milán, Londres, Paris, New York, Montreal, Tokio… Welcome snow.

Nieve en París
Nevada en New York
Plaza Pedestrian de Montreal bajo la nieve

Tokio, detalle nevado



Adiós, Farah. Buen viaje

La corre a mi alrededor

El viento arrastra algún sombrero oh

Los niños juegan sin preocupación

Y mientras tanto yo espero yo espero

Quizás mañana brille más el Sol

Y mi esperanza ya no muera

Yo seguiré sentada en el andén

Dejando el tiempo mirando el día

Solo el recuerdo de aquel largo viaje

Mis manos vacías quedarán ya sin ti

Solo el recuerdo de un día cansado

Te espero sentada en la vieja estación

Solo el recuerdo de aquel largo viaje

Ahí esperaré.

Quizás mañana brille más el sol

Y mi esperanza ya no muera

Yo seguiré sentada en el andén

Dejando el tiempo mirando el día

Solo el recuerdo de aquel largo viaje

Mis manos vacías quedarán ya son ti

Solo el recuerdo de un día cansado

Te espero sentada en la vieja estación

Solo el recuerdo de aquel largo viaje

Mis manos vacías quedarán ya sin ti

Solo el recuerdo de un día cansado

Te espero sentada en la vieja estación

Solo el recuerdo de aquel largo viaje

Ahí esperaré mi amor

Good bye 2020. / Miguel Iturria Savón

Se va el 2020. Se va como llegó, con restricciones, terror mediático y psicológico, control tecnológico sobre millones de personas, sin discotecas, cabarets ni estadios de fútbol o baseball. Un año de aislamiento social, temor programado, miedo continuo, soledad, depresión. Un año de guerra global sin tanques ni aviones, virus por medio, mascarillas, sumisión. Good bye 2020. Adiós.

¿Cesará la Farsa Global en 2021? Lo dudo. La distopía programada proyecta el capítulo de la vacunación, vacunas al por mayor para introducir material genético en las células humanas, varias dosis cada año. Negocio a la carta y control tecnológico y sanitario para “salvar a la Humanidad” de una “Pandemia” que solo contagió al 0,8 % de la población mundial (56. 464.316 de los 7.800 millones del planeta) y mató al 0,019 % (1.353.786), es decir, sobrevive el 99,2 % de la población, según la OMS.

Recordemos que el Laboratorio Biológico Chino de Wuhan es propiedad de la compañía farmacéutica Glaxo, quien es socio mayoritario de Pfizer, líder mundial del sector farmacéutico, que maneja las finanzas de Black Rock (gestora mundial de inversiones) y controla las finanzas de la Open Foundation Society, la red internacional del especulador George Soros, a cargo de los intereses de la francesa AXA (primera marca mundial de seguros y otros negocios), de la que casualmente la Winterthur construyó el laboratorio chino, comprado a su vez por la multinacional alemana Allianz, la cual tiene como gran accionista a The Vanguard Group, accionista también de Black Rock que controla los bancos centrales y gestiona el 1/3 del capital de inversión mundial del gran accionista de Microsoft (Bill Gates), accionista a su vez de Pfizer  y primer patrocinador de WHO.

Todos promovieron el Quédate en Casa para no morir de gripe, como si la gripe y los virus no convivieran con los animales y los humanos. Quédate en casa y pórtate bien mientras creamos y vendemos nuestras vacunas, preámbulo del NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Se va el 2020. Good Bye. Adiós.

Isla azul sobre fondo rojo… Índice. / Miguel Iturria Savón

Como circula en Internet Isla azul sobre fondo rojo. Escritores cubanos del siglo XX, les dejo el enlace, el Índice y la invitación a comprarlo o echarles un vistazo. Gracias.

Isla azul sobre fondo rojo – Editorial Renacimiento

ÍNDICE

Prólogo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Los diarios de Chacón y Calvo. . . . . . . . . . . . . . 17

Montes y mitos en Lydia Cabrera. . . . . . . . . . . . . 27

Lezama Lima, de Narciso a Paradiso. . . . . . . . . . . . 31

Trote y galope de Virgilio Piñera. . . . . . . . . . . . . 37

Baquero, memorial poético. . . . . . . . . . . . . . . . 45

Lorenzo García Vega, las manos que enjuagan la neurosis. 51

Las vidas paralelas del Infante Cabrera. . . . . . . . . . 60

Heberto Padilla en tiempos difíciles. . . . . . . . . . . 63

Coloquio y mutismo de Rafael Alcides. . . . . . . . . . 67

Manuel Díaz Martínez, de La Habana a Canarias. . . . . 72

Julio Travieso Serrano, de la épica revo al disparate lírico 76

Las iniciales redentoras de Jesús Díaz. . . . . . . . . . . 82

Los guerreros de Norberto Fuentes. . . . . . . . . . . . 88

Memoria y nostalgia de Uva de Aragón. . . . . . . . . . 93

Raúl Rivero, de la cima al eco. . . . . . . . . . . . . . . 95

La jungla urbana de Pedro Juan Gutiérrez. . . . . . . .  99

Sombras, puentes y travesías de Carlos Victoria. . . . . . 103

Ensueños, diamantes y utopías. . . . . . . . . . . . . . . 106

Eliseo Alberto, peón de infantería. . . . . . . . . . . . 110

La novela testimonial de María E. Cruz Varela. . . . . . 115

Reinaldo Bragado, forastero redivivo. . . . . . . . . . . 120

Óleo sobre palabras en Gina Picart. . . . . . . . . . . . 124

Ángel, Amir y Frank, ¿narradores del sur? . . . . . . . . 127

Zoe Valdés, de La Habana a París. . . . . . . . . . . . . 141

Del Llano, sátira vs parodia. . . . . . . . . . . . . . . . 148

Antonio José Ponte, notario de ruinas, sombras, éxodos. . 153

Inventario de éxodos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160 Epílogo. La Habana de Allen Ginsberg. . . . . . . . . . 169



Isla azul sobre fondo rojo. Fragmento del Prólogo. / Miguel Iturria Savón

Ya circula en Internet mi libro Isla azul sobre fondo rojo. Escritores cubanos del siglo XX. Les dejo un fragmento del Prólogo, el enlace, la imagen de portada y la invitación a leerlo. Gracias.

Isla azul sobre fondo rojo – Editorial Renacimiento

Los turistas que viajan a La Habana, Varadero, Santiago o Baracoa creen que Cuba vive de espaldas al mar, aunque el mar la encierra y configura, define a sus gentes y nutre el oleaje de su literatura, transoceánica desde los años sesenta, cuando la locura «constituye el clima propio e intransferible» y las costas confinan o expulsan a escritores y artistas hacia Miami, México, Madrid o New York, mientras el nuevo Caudillo vende la utopía para encubrir crímenes y éxodos.

Antes, durante y después de la debacle, los literatos apresaron las sensibilidades y matices del ámbito insular del siglo XX. Autores de diversos géneros, generaciones y tendencias desentrañaron las certezas, los ideales y ensueños de aquel espacio geográfico-temporal sobrevalorado por la historiografía nacionalista y la difusión de su música, sus playas, el exceso de luz y de bellezas en movimiento. En Madrid o Sevilla, por ejemplo, Cuba es asociada al bolerista Antonio Machín, el sonero Compay Segundo y, quizás, al poeta Gastón Baquero y los narradores Alejo Carpentier y Cabrera Infante.

Según el ensayista Rafael Rojas, en la cultura contemporánea cubana influyeron la órbita trasnacional que atrajo a la isla, el encanto por las utopías, las dudas, melancolías y zozobras que imaginaron la escritura como restitución de mitos nacionales –la Revolución inconclusa y el Regreso del Mesías–, las plataformas simbólicas –liberal, católica, vanguardista y marxista– que disputaron la hegemonía intelectual del país salpicada por la violencia promesiánica, los desafíos ideológicos, el silencio y el exilio ante la usura del poder.

Fue un imaginario complejo para los creadores que atravesaron el proceso de asimilación y decantación de las vanguardias artísticas y literarias expresadas en concursos, ediciones y revistas de tendencias estéticas en porfía cuyos artífices coexistieron antes del terrorismo armado que se apropió del Estado y trocó la renovación metafórica y el coloquialismo por la poesía bajo consignas y la narrativa de la violencia que exaltaron la epifanía del «hombre nuevo», desatando antagonismos y éxodos.

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Esta antología repasa la literatura cubana del XX desde la perspectiva de una treintena de escritores ordenados cronológicamente. No incluyo a los principales cantores del reino, reeditados y premiados por su lealtad, pero agrego un Inventario de éxodos y un epílogo insólito. Deseo, en fin, que la odisea espiritual de estos autores desate la imaginación de quienes transitan la isla con sus móviles y Ebook, ávidos de playas, música, leyendas y paisajes de ensueños.

La Farsa continúa.

Leo el número 243 de Discovery Salud, la publicación de Ediciones MK, empresa editora constituida por profesionales de la salud sin adscripción ideológica ni relación con movimientos políticos, religiosos, culturales ni económicos, es decir, independiente. La misma es dirigida por José Antonio Campoy y cuenta con un Consejo Asesor y colaboradores diversos: médicos, biólogos, químicos, farmacéuticos, psicólogos, abogados y periodistas especializados en salud.

Miro los titulares y me detengo en el Editorial -«La farsa continúa»-, escrito por José A. Campoy, quien expone:

«La estrategia de aterrorizar a la población mundial convenciéndola de que un peligroso coronavirus bautizado como SARS-CoV-2 ha provocado una horrible pandemia y millones de muertos prosigue diez meses después sin que la sociedad entienda que se trata de una auténtica farsa. Los datos oficiales indican que en la Tierra hay unos 7.800 millones de personas de las que a 19 de noviembre de 2020 se habrían «contagiados» 56. 464.316. Asimismo se asevera que el número de fallecidos a causa de la Covid-19 era ese día de 1.353.786. Pues bien, eso indica que el porcentaje de contagiados en el mundo es del 0,8% y el de fallecidos el 0,019. En otras palabras, el 99,2% de la población mundial no está contagiada y el 99,98% sobrevive a tan terrible virus. Y eso admitiendo que tales cifras sean reales…»

Agrega: «…en España el gobierno afirmaba ese mismo día que desde que se inició la «pandemia» ha contabilizado 1.541.574 «casos» y habían muerto 42.291 personas y como en nuestro país había 47,329.981 a 1 de enero de 2020 el porcentaje oficial de casos es de un 3,25% y el de muertos un 0,089% por lo que el 96,75 no está contagiado y el 99,91% «sobrevive»

No sigo con la descripción del esperpento sanitario calificado por el abogado alemán Reiner Fuellmich como «crímenes contra la humanidad». Si millones de personas pierden el sentido común y, sumergidas en el miedo programado, siguen con máscaras y aceptan vacunas no probadas es un problema social, no personal. Os invito, sin embargo, a leer Discovery Salud y pensar, pensar nos hizo salir de las cuevas hace milenios.

Reinaldo Arenas, el escritor que se vengó del Castrismo. / Luis Cino Álvarez *

El siete de diciembre se cumplen treinta años de la muerte en Nueva York, en 1990, del escritor Reinaldo Arenas. Exiliado desde diez años antes, inadaptado, enfermo de VIH-Sida, se suicidó. En su carta de despedida culpó a Fidel Castro de todos sus infortunios. Y tenía razón: Reinaldo Arenas fue una víctima a tiempo completo del Castrismo. 

De origen humilde y campesino, siendo adolescente llegó a La Habana procedente de Holguín a inicios de 1959, montado en la marea del triunfo revolucionario. Ávido lector, cuando trabajaba en la Biblioteca Nacional, descubrió su vocación por la escritura.

En 1965, cuando tenía 22 años, su novela Celestino antes del alba recibió la primera mención en un concurso de narrativa de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cuyo jurado estuvo presidido por José Lezama Lima. 

La novela, que fue publicada por Ediciones Unión dos años después, en 1967, era reminiscente de la infancia del autor. Un niño campesino de mucha sensibilidad explicaba su cruda realidad y sus angustias a través de una especie de alter ego que se inventa, un imaginario primo huérfano que llega a la casa con un libro de cuentos. 

Repleto de poesía y de una desbocada imaginación, sin apegarse a un argumento en el sentido tradicional, con varias realidades que se superponen, con tres posibles finales distintos, Celestino antes del alba resultó un libro inusual en una época en la que la mayoría de los escritores cubanos se ganaban el aprecio oficial encasillándose en un pedestre realismo, cercano al realismo socialista soviético, que exaltaba la épica revolucionaria.  

Pero no solo fue por su inusual estilo que el libro fue acogido en su momento con suma frialdad y reserva: los comisarios que regían la cultura se escandalizaron por las alusiones homoeróticas hechas por Arenas, como en las escenas donde describía las reacciones del niño cuando observaba a los demás muchachos bañándose desnudos en el río. 

En Celestino antes del alba, Arenas anticipaba los prejuicios con los que chocaría. La madre del niño, al saber que escribía sobre el primo imaginado, exclama, antes de tirarse al pozo: “Eso es mariconería”.  

Concebido por Arenas como la primera parte de una pentagonía, Celestino antes del alba fue el único libro de Reinaldo Arenas que se publicó en Cuba. Su segunda novela, El mundo alucinante, que ya estaba en pruebas de planas en Ediciones Unión, fue prohibida por los muy suspicaces comisarios, que consideraron una alegoría subversiva el relato del testarudo  enfrentamiento a la tiranía colonial española del fraile dominico Servando Teresa de Mier.

Hay que reconocer que no estaban errados los comisarios, diestros en interpretar alegorías y rastrear alusiones subversivas, por mucho que los autores intentaran disfrazarlas. El mundo alucinante es un estridente canto libertario, particularmente su delirante capítulo del encadenamiento del fraile en la prisión Los Toribios. Solo la víctima de una monstruosa maquinaria represiva que aniquila todas las libertades podía ser capaz de hiperbolizar sus horrores y burlarse de ellos de la manera en que lo hizo Arenas en El mundo alucinante

Con la Seguridad del Estado pisándole los talones, Arenas demoró años para poder sacar clandestinamente de Cuba, a través de unos amigos franceses, el manuscrito de El mundo alucinante, que finalmente fue publicado en México. 

A partir de ese momento y hasta que partió al exilio en 1980, durante el éxodo de Mariel, debido a su homosexualidad y a su abierta discrepancia con el régimen, Arenas sufrió hostigamiento, persecución y cárcel. A pesar de ello, nunca paró de escribir.            

Fue premonitorio Arenas con la censura y la represión que sufriría cuando refirió en Celestino antes del alba cómo el abuelo derribaba todos los árboles en cuyas hojas y tronco había escrito el niño.

Reinaldo Arenas sigue siendo un escritor maldito en Cuba. De él, luego de Celestino antes del alba solo ha sido publicado en Cuba su cuento “El cometa Halley”, que apareció en la antología La ínsula fabulante, hecha en 2008 por Alberto Garrandés.

Hay quienes aseguran que la obra de Reinaldo Arenas alcanzó relevancia, más que por sus méritos literarios, por el contexto represivo en el que se vio forzado a producirla: una dictadura intolerante y patológicamente homofóbica.  

Quienes eso piensan es porque son demasiado elitistas y prejuiciados o porque no han leído con detenimiento a Arenas, para cerciorarse de su originalidad, técnica y universalidad.    

Con Celestino antes del albay El mundo alucinante, de haberlo escrito unos años antes y haber logrado sacar el manuscrito del país -como en definitiva tuvo que hacer a mediados de los años 70- perfectamente pudo haber sido uno de los autores del Boom de la narrativa latinoamericana. Solo que llegó tarde a la competencia.

¿Sin dictadura, persecución, cárcel y exilio, estaría Reinaldo Arenas en el lugar que hoy ocupa en la literatura? Definitivamente sí. Originalidad, técnica, emoción y universalidad no le faltaban.

Todo artista y su arte son fruto de su tiempo y sus circunstancias; pero cabe preguntarse a qué alturas hubiese llegado Reinaldo Arenas de haber podido escribir -y vivir- en condiciones de normalidad. ¿Se imaginan cuánto le habría aportado disponer de colegiatura y más orden en sus lecturas? ¿O sería precisamente su autodidactismo lépero y marginal lo que le confiere ese atractivo tan particular a su obra? 

Supongo que en vez de El color del verano y su autobiografía Antes que anochezca, que fueron su modo de vengarse del régimen castrista, Reinaldo Arenas pudo haber escrito, en otras circunstancias más normales, narraciones igualmente delirantes. Solo que en ellas no habría redadas policiales, chivatos ni multitudes que se lanzan al mar para escapar de una isla-presidio. En ese caso, nos hubiésemos perdido un poderoso canto a la libertad humana que solo pudo entonar la alucinada víctima de una dictadura.

Reinaldo Arenas fue él y sus circunstancias. No se podía esperar que su literatura fuese diferente. Así, en Antes que anochezca, el más delirante ajuste de cuentas del que se tenga noticias en la literatura cubana, transporta a la ficción a los seres mitad monstruos y mitad víctima que parió el Castrismo. A pecadores y justos -que en pocos casos lo eran absolutamente en medio de tanta infamia- les pone apodos, los ridiculiza, se burla de ellos y los revuelca en su propia mierda. 

¿Habría sido todo distinto si los comisarios no hubieran censurado a Reinaldo Arenas? ¿De estar vivo y en Cuba, lo habrían rehabilitado como a otros represaliados del “decenio negro”, y puede que hasta le hubiesen concedido el Premio Nacional de Literatura? Lo dudo. No logro imaginar a la Tétrica Mofeta en una mesita de la UNEAC, rodeado de comisarios  arrepentidos de dientes para afuera, y de parametrados rehabilitados, algunos con el Premio Nacional de Literatura disimulando su “¡no puedo con esta gente!”. Y menos en alguna Feria del Libro, estrechando la mano del general Raúl Castro. ¡Si me parece ver sus muecas y escuchar su “no puedo con esta gente”! 

De nada valen las suposiciones. La obra de Reinaldo Arenas está ahí, tal y como es. Su espíritu, por suicida, vagará sin luz, pero libre.

*Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956) es periodista y escritor, desde el 2003 escribe para Cubanet; es autor de Los tigres de Diri Dawa y otros cuentos.

Nota sobre el Tratado de Spinoza. / Miguel Iturria Savón

Releo el Tratado teológico político de B. Spinoza, publicado en 1670 en forma anónima y con lugar de edición falseado para evadir la censura y la demonización del autor, quien supo el impacto que causaría. No leo el original editado en latín, prohibido, traducido, reeditado y leído por filósofos, teólogos, historiadores y escritores como Goethe, Hegel y otras figuras que desdeñaron la prohibición y se hicieron spinocistas.

El Tratado fue -y es- tan iconoclasta que «amenazó los cimientos de la religión organizada». Alguien lo calificó entonces como «un libro forjado en el infierno», lo cual es absurdo pues Baruch Spinoza solo expuso con modestia, agudeza y respeto sus reflexiones sobre los seres humanos, la superstición, las religiones y la libertad de pensar sin miedo ni condicionamientos, además de disertar, como nadie hasta entonces, sobre las Escrituras: La Profecía, Los Profetas, La vocación de los hebreos, La ley divina, El motivo de la institución de la ceremonia, Los milagros, La interpretación de la Escritura, El Pentateuco y otros libros, La República y el derecho a pensar libremente.

Sin embargo, «pocos libros han suscitado tantas refutaciones, tantos anatemas, insultos y maldiciones: judíos, católicos, calvinistas y luteranos, todos los círculos bien pensantes y los mismos cartesianos rivalizaron en denunciarlo».

Ese libro explosivo ejerció una influencia enorme en la filosofía, la teología, el derecho y la sociología. Su autor fue un holandés de origen hispano portugués que vivió entre 1632 y 1677, al margen de Dios y de su familia desde que expulsaron de la Comunidad hebrea de Ámsterdam donde se vinculó a los círculos eruditos y sobrevivió puliendo cristales para instrumentos ópticos.

Spinoza, amado y denostado, es aún un antídoto contra los dogmas religiosos y políticos, contra la banalidad y la estupidez humanas. Les dejo unas notas de su Tratado teológico político y la invitación a leer aunque sea el Prólogo.

«Si los seres humanos pudieran dirigir todos sus asuntos con criterio seguro o si la suerte les fuese siempre próspera, no estarían dominados por ninguna superstición. Pero fluctúan penosamente entre la esperanza y el miedo… su alma es muy propensa a creer cualquier cosa…»

«… la mayoría de la gente se desconoce a sí misma… en su mayor parte, rebosan sabiduría cuando las cosas les va bien… cuando les va mal, no saben qué rumbo tomar e imploran consejo a todo el mundo…»

«… los más adictos a cualquier superstición son, precisamente, quienes sienten un deseo desmedido de bienes inciertos. Y… cuando se encuentran en algún peligro y no son capaces de valerse por sí mismos, imploran la ayuda divina… tachan de ciega a la razón… y creen, en cambio, que los delirios de su imaginación, sus sueños y sus pueriles necedades son respuestas de la divinidad…»

Glosa como ejemplo de miedo y superstición a Alejandro Magno, el cual, «…comenzó a recorrer a los adivinos en el momento en que aprendió a temer a la suerte en la Puerta de Susa… pero «tras vencer a Darío dejó de consultar a vates y adivinos…»

«… todo el mundo está expuesto a la superstición… diversa y voluble, como lo son todas las fantasías ridículas de la mente y los impulsos de la demencia, y que se sustentará en la esperanza, el odio, la ira, el engaño…»

«… resulta fácil inducir a la gente a adorar a sus reyes como dioses con el pretexto de la religión… / que realiza ingentes esfuerzos por adornar mediante el culto y la pompa con el fin de que se le considere un asunto de elevada importancia. Los musulmanes lo han logrado con gran éxito. Piensan que es, incluso, impío debatir, y lastran el juicio individual con tantos prejuicios que no dejan en la mente espacio alguno para razonar… ni dudar…»

«… para el pueblo, la religión consiste en considerar que los ministerios eclesiásticos son cargos, y sus oficios beneficios, y en tener en sumo honor a sus pastores…» Pero… la voluntad de propagar la religión divina degeneró en sórdida avaricia y ambición…»

«… de la religión quedó solo el culto externo, la fe como credulidad y prejuicios… para apagar la luz del entendimiento…»

Fuera de juego, el poema de Heberto Padilla.

En días de Cuento Chino, Guerras Virtuales y Miedo Programado pienso que “la vida hay que vivirla en los refugios”, como escribió Heberto Padilla en uno de los versos de Fuera de juego, el poemario premiado, editado y censurado en La Habana en 1968, donde lo apresaron y acusaron de actividades subversivas, lo cual desencadenó el espectáculo de 1971 que motivó la Carta de intelectuales europeos al Gurú del Soviet Caribeño.

Como muchos no conocen a Heberto Padilla (Pinar del Río, 1932- Alabama, 2000) sugiero leer alguno de sus poemarios –El justo tiempo humano, Fuera de juego, Provocaciones, El hombre junto al mar-, su ensayo La mala memoria y novelas como El buscavidas y En mi jardín pastan los héroes, publicadas en la isla y el exilio, donde ejerció como periodista, traductor y profesor.

Les transcribo el poema que da título al poemario que desató la furia y las hordas del Mandarín Caribeño contra el bardo.    

Fuera de juego, de Heberto Padilla

                   A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia

¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar. ¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Amstrong.
Tararea, a la sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes.
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
“Pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí…”
Y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.