Stalin en la Guerra Civil de España. / Miguel Iturria Savón

En un video sobre el Día Antifascista, organizado por EH BILDU -representantes de ETA- y Podemos en Bilbao o Álava, predominan la bandera vasca -ikurriña- y el blasón rojo con la hoz y el martillo, así como retratos de Stalin, homenajeado por la Brigada Stalin que marcha con paso militar y orgullo ideológico. El desfile me recordó una procesión anterior pro Stalin en Madrid realizada por la Alcaldesa Manuela Carmena, quien caminó por la capital de España en compañía de Ada Colau, Alcaldesa de Barcelona, ambas con la imagen del dictador comunista ruso.  

No son extraños los homenajes al déspota soviético en España, pues la maquinaria ideológica marxista insiste en reescribir y propagar un relato que blanquea a los socialistas (PSOE), los comunistas -PCE-, los anarquistas y otras fuerzas que quisieron imponer su programa a la II República Española (1931-1936), lo cual desató la Guerra Civil (julio de 1936 a abril de 1939), una masacre entre españoles que devino preámbulo de la II Guerra Mundial (1939-1945) por la intervención militar de alemanes y rusos a favor de los bandos enfrentados.

Aquella guerra ha sido descrita en miles de artículos, imágenes, libros y filmes, pero la guerra cultural por el relato sigue en pie, al menos para los socialistas y comunistas que presumen de víctimas para excluir a los supuestos herederos del bando ganador. El tema aburre porque tanto los defensores de la República como los militares que la derrotaron son un capítulo del pasado. Además, España no intervino en la Primera ni en la Segunda Guerra Mundial que devastó a Europa y tuvo consecuencias funestas en otras partes del mundo.

Quienes rinden homenaje a Stalin conocen y obvian que el autócrata rojo envió a miles de hombres, tanques y aviones a España para imponer el comunismo y luego acogió en Rusia a Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y otros líderes marxistas. En su libro El caso Orlov (editorial Crítica, 2013) el historiador y ex agente del Servicio Secreto de la URSS revela que hubo un Consejero militar ruso en España con su Jefe de Estado Mayor, así como varias operaciones para asesinar al General Francisco Franco.

Según el Archivo de la Federación Rusa, Stalin envió a España de agosto de 1936 a enero de 1939 a 648 aviones para bombardear, 347 tanques de guerra, 60 vehículos brindados, 11.000 bombas de aviación, 1.186 piezas de artillería, 340 morteros, 20.486 ametralladoras, 497.813 fusiles, 86 barcos de transporte, miles de pilotos, tanquistas, especialistas en armas, 600 asesores militares, espías y traductores. Los soviéticos crearon hasta escuelas de entrenamiento militar en Madrid, Barcelona, Almansa, Murcia y Albacete.

Por su parte, el Archivo personal de Nikolai Yezhov, Líder de la NKVD, luego KGB, ofrece los nombres de jefes, espías y consejeros de Stalin en España. Mientras en la Confesión del General Krivitsky, quien huyó de Rusia a los Estados Unidos en 1938, figuran detalles sobre las órdenes dadas por Stalin a la Policía Secreta para reclutar al espía inglés que debió asesinar a Franco.

El General Franco recibió de Alemania e Italia en conjunto 1.500 aviones para bombardear y otros pertrechos bélicos. “Cada parte envió varios tipos de aviones para respaldar a su bando en el conflicto. En los combates aéreos sobre España, le fue bien al reciente caza Bf 109 del diseñador alemán Messerschmitt, al igual que al Polikarpov 1-16 soviético”.

Hubo, además, Brigadas Internacionales de diversos países que vinieron a combatir y adoctrinar al Bando Republicano a instancia de los partidos comunistas y socialistas controlados por Moscú.  

Estos datos, difundidos antes por periodistas y fotógrafos, historiadores, novelistas y cineastas, revelan que exaltar a Stalin es tan nocivo para la convivencia democrática en España como idealizar o denigrar a los protagonistas de los bandos enfrentados en aquella Guerra Civil de principios del siglo XX. Largo Caballero y Dolores Ibárruri, M. Azaña, Negrín o el General Francisco Franco son personajes de otra época, circunstancias e ideas.

Caricatura sobre los líderes políticos de España en 2019.

Una batalla china./ José Lezama Lima

 Separados por la colina ondulante,
dos ejércitos enmascarados
lanzan interminables aleluyas de combate.
El jefe, en su tienda de campaña,
interpreta las ancestrales furias de su pueblo.
El otro, fijándose en la línea del río,
ve su sombra en otro cuerpo, desconociéndose.
Las músicas creciendo con la sangre
precipitan la marcha hacia la muerte.
Los dos ejércitos, como envueltos por las nubes,
se adormecen borrando los escarceos temporales.
Los dos jefes se han quedado como petrificados.
Después cuentan las sombras que huyeron del cuerpo,
cuentan los cuerpos que huyeron por el río.
Uno de los ejércitos logró mantener
unida su sombra con su cuerpo,
su cuerpo con la fugacidad del río.
El otro fue vencido por un inmenso desierto somnoliento.
Su jefe rinde su espada con orgullo.

12 de octubre de 1492. / Miguel Iturria Savón

Las naves de Colón…

En octubre de 2011 escribí en Ancla insular sobre las civilizaciones prehispánicas de América, descubierta el 12 de octubre de 1492 por el navegante y cartógrafo Cristóbal Colón. Entonces esbocé datos acerca de la población, los territorios y las predominantes civilizaciones mayas, aztecas e incas cuyas guerras y migraciones contribuyeron al apogeo, la regresión, fusión y/o desaparición de pueblos primigenios -como los olmecas y toltecas- que dejaron vestigios en Yucatán, pese a la expansión del Imperio Azteca desde el lago Texcoco al valle de México, donde sometieron a 371 tribus al pago de impuestos y sacrificios humanos.

Existen cientos de mapas, crónicas, diarios de viajes, libros sobre los territorios, las lenguas y costumbres, las expediciones a islas y penínsulas, los mares descubiertos, las ciudades fundadas, las alianzas y combates, los flujos humanos y el reordenamiento estructural propio del proceso de descubrimiento, conquista y colonización. Sabemos casi todo pero medio milenio después no prevalece el análisis histórico y antropológico, sino el victimismo, la simplificación de hechos complejos y la retórica banal contra protagonistas del pasado.

¿Cómo fue posible conquistar tan vastos dominios en apenas tres décadas? La respuesta pasa por el mayor nivel de desarrollo de los europeos, las guerras sostenidas por mayas, aztecas e incas y el estadio mesolítico de las tribus de Norteamérica y el Caribe, islas que sirvieron de plataforma a la conquista del continente. En las naves de Colón, además de hombres audaces, llegaron plantas como el plátano, la caña de azúcar y el café; aves de corral, ganado vacuno, porcino y caballar, e instrumentos y técnicas que cambiaron la dieta, el transporte y la minería. Las ideas mercantiles y la cosmovisión cristiana, la moneda como elemento de cambio, la rueda y la carreta, el telar, la brújula y el astrolabio, el uso del acero y las armas de fuego, la escritura y luego la imprenta conectaron con Europa a pueblos de América que desconocían el hierro y los instrumentos de precisión, pero construyeron ciudades asombrosas con centros ceremoniales, calzadas, plazas y enormes esculturas, además del calendario solar de 365 días.

Si de conquistas se trata recordemos que el Imperio de los Incas, cuyo centro era la ciudad del Cuzco, se formó a partir de 1150 a.n.e sobre civilizaciones anteriores ubicadas en las márgenes del lago Titicaca. A pesar del entorno andino, el “pueblo del Sol” conquistó 4888 kilómetros e impuso su control económico, político y social basado en una religión de estado que momificaba a sus funcionarios, no dividía la riqueza, exigía pago de tributos, organizaba la fuerza de trabajo e implantó la lengua quechua a los territorios sojuzgados. Carecieron de escritura pero usaron los quipus como medio de cómputo y canalizaron los ríos, construyeron templos, puentes, caminos, fortalezas y perfeccionaron la orfebrería. La lucha por el poder entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, sucesores del Inca Huayna Cápac (1493-1527), favoreció la conquista española en 1532.

Colón, como Hernán Cortés o Fernando Magallanes, fue un hombre del Renacimiento de Europa, un navegante genovés al servicio del Reino de Castilla. Fue audaz, temerario y ambicioso como muchos personajes de su época y de épocas sucesivas. Gracias a Colón y a los cartógrafos, navegantes, descubridores y conquistadores de España y de Portugal que ensancharon los mares el mundo se triplicó, surgió el mercado mundial y millares de personas cruzaron el mar en busca de oportunidades negadas en Europa, donde finalizaba la Edad Media con el Renacimiento, ese proceso de renovación social, económica y cultural que coincidió con la caída del Imperio Bizantino (1553) y la expulsión de los árabes en España.

La conquista y colonización alteraron costumbres y tradiciones, mitos y ceremonias. Los europeos redistribuyeron la tierra, fundaron iglesias, puertos y ciudades, organizaron la explotación minera, agrícola y mercantil conforme a los intereses de la monarquía hispana -y portuguesa en Brasil-, cuyo monopolio dejó fuera a franceses, ingleses y holandeses, dedicados al corso y la piratería antes de apoderarse de varias islas del Caribe y porciones de Norteamérica.

La colisión entre culturas diversas aportó a Europa productos como el maíz, papa, cacao y tabaco-, además del oro, la plata y otros metales preciosos. Los conquistadores y los colonos impusieron su cultura, religión y formas productivas, pero multiplicaron el mestizaje, trajeron plantas y tecnologías, tradujeron las principales lenguas de América y no anularon al indígena, aún predominante en México, Centroamérica y el sur del continente; no así en el Caribe, diezmados por virus y bacterias foráneas y por enfermedades endémicas previas como la sífilis congénita, el cáncer bucal y el cólera morbo, lo cual determinó la emigración forzosa de de africanos esclavizados, tal vez la consecuencia más horrible de la presencia europea en América, aunque los reyezuelos de África esclavizaban y vendían a sus paisanos como botín de guerra mucho antes de 1492.

Al margen del victimismo programado por ideólogos del siglo XX, la conquista de América por Europa triplicó el mestizaje y la transculturación de pueblos que se insertan en la tradición de Grecia y Roma. Como las expansiones antiguas de Grecia, Egipto, Persia o China, la presencia española y europea alteró el orden socio económico y cultural de las civilizaciones de América, mas no abolió a los nativos quienes se comunican aún en miles de lenguas primigenias y cultivan sus danzas y rituales.

Octavio Paz. Poema de Lezama Lima.

En días de encono programado y hastío político es preferible leer poesía que diarios y telediarios. Leer, por ejemplo, a poetas como José Lezama Lima y Octavio Paz Lozano, dos gigantes de las letras de Hispanoamérica. Leyendo al autor de Muerte de Narciso y Paradiso descubrí el poema que escribió en 1971 a Octavio Paz, el poeta, ensayista y diplomático mexicano, evocado por El laberinto de la soledad, La llama doble y cientos de poemas.

Les dejo el poema del lírico cubano al bardo mexicano y la invitación a leer a estos creadores. Es, por supuesto, un poema alusivo a los orígenes de México y la India donde Octavio Paz ejerció como Embajador .

José Lezama Lima, poeta, narrador y ensayista cubano

OCTAVIO PAZ

En el chisporroteo del remolino
el guerrero japonés pregunta por su silencio,
le responden, en el descenso a los infiernos,
los huesos orinados con sangre
de la furiosa divinidad mexicana.
El mazapán con las franjas del presagio
se iguala con la placenta de la vaca sagrada.

El Pabellón de la vacuidad oprime una brisa alta
y la convierte en un caracol sangriento.
En Río el carnaval tira de la soga
y aparecemos en la sala recién iluminada.
En la Isla de San Luis la conversación,
serpiente que penetra en el costado como la lanza,
hace visible las farolas de la ciudad tibetana
y llueve, como un árbol, en los oídos.

El murciélago trinitario,
extraño sosiego en la tau insular,
con su bigote lindo humeando.
Todo aquí y allí en acecho.

Es el ciervo que ve en las respuestas del río
a la sierpe, el deslizarse naturaleza
con escamas que convocan el ritmo inaugural.
Nombrar y hacer el nombre en la ceguera palpatoria.
La voz ordenando con la máscara a los reyes de Grecia,
la sangre que no se acostumbra a la tenaza nocturnal
y vuelve a la primigenia esfera en remolino.

El sacerdote, dormido en la terraza,
despierta en cada palabra que flecha
a la perdiz caída en su espejo de metal.
El movimiento de la palabra
en el instante del desprendimiento que comienza
a desfilar en la cantidad resistente,
en la posible ciudad creada
para los moradores increados, pero ya respirantes.
Las danzas llegaron con sus disfraces
al centro del bosque, pero ya el fuego
había desarraigado el horizonte.

La ciudad dormida evapora su lenguaje,
el incendio rodaba como agua
por los peldaños de los brazos.
La nueva ordenanza indescifrable
levantó la cabeza del náufrago que hablaba.
Sólo el incendio espejeaba
el tamaño silencioso del naufragio.

Octavio Paz Lozano, poeta, ensayista y diplomático mexicano


Banalizar la enseñanza. / Miguel Iturria Savón

Un amigo que es profesor en una universidad de Toronto me comenta que es difícil ejercer la docencia en Canadá por la “corrección política” y la “infantilización social”, hay que cuidarse al explicar, evitar frases u ordenar deberes que los discípulos crean excesivos o irreverentes a su peculiar sensibilidad. Te pueden acusar de despótico, soberbio, xenófobo, machista o de no tener en cuenta los límites cognitivos de algunos. Y agrega: lo mismo sucede con ingenieros y licenciados que para competir en el mercado académico necesitan hacer el Máster o el Doctorado, títulos que bajan el nivel por la permisibilidad previa y por el “derecho a ser científico” sin imaginar que requiere, además de talento, estudios, constancia y demostraciones. 

Recuerdo lo expresado por el profesor canadiense tras leer que la Ministra de Educación de España exige a las autoridades docentes regionales que pasen de grado a los estudiantes que no aprueben las asignaturas. La ministra apuesta por la igualdad, el derecho a la educación, el multiculturalismo, etc.   

Los derechos dependen de recursos y de la intervención de los poderes públicos. Derechos y deberes marchan juntos, estudiar es un derecho que aseguran los gobiernos en varios niveles de enseñanza, en los Estados Unidos o Canadá, por ejemplo, hay educación pública, becas, subsidios. Mas la gratuidad no debe ser base de chantaje emocional para crear dependencia -ni del Estado sobre las personas ni de los estudiantes sobre los profesores-.

Ni el infantilismo social ni el populismo político garantiza que un mediocre o un inteligente sin interés cursen con éxito una ingeniería o una licenciatura. ¿Cómo graduarse de ingeniero, médico, abogado o filólogo sin asistir a clases, leer, participar en los seminarios y aprobar los ejercicios asignados? No es sensato aspirar a ser Máster o Doctor con limitaciones cognitivas. Otra cosa es frivolizar la enseñanza, plagiar o crear una sociedad de analfabetos con títulos. 

Isla azul sobre fondo rojo…

Tras revisar la galerada recibí y aprobé la portada y la contraportada de Isla azul sobre fondo rojo. Escritores cubanos del siglo XX. El libro está listo para la imprenta, creo que saldrá al mercado editorial en octubre o noviembre, ya es hora pues salía en primavera pero con las medidas adoptadas por el VirusChino se pospuso, como tantas cosas que limitan la libertad y movilidad ciudadana y se cargan la cultura.

Isla azul sobre fondo rojo es un producto estético. Les dejo la portada, la nota de contraportada y la invitación a comprarlo y leerlo. Solo tiene 173 páginas y carece de citas al pie y pedantería intelectual.

Testamento de Virgilio Piñera.

Testamento (Poema)

Como he sido iconoclasta

me niego a que me hagan estatua:

si en la vida he sido carne,

en la muerte no quiero ser mármol.

Como yo soy de un lugar

de demonios y de ángeles,

en ángel y demonio muerto

seguiré por esas calles…

En tal eternidad veré

nuevos demonios y ángeles,

con ellos conversaré

en un lenguaje cifrado.

Y todos entenderán

el yo no lloro, mi hermano….

Así fui, así viví,

así soñé. Pasé el trance.

La Carta de Coacción de Biderman.

Abrumado por los incesantes reportes de la prensa sobre el brote, rebrote y azotes del VirusChino dejé de leer la prensa, pero a veces recibo algún audiovisual o artículo que desmonta el exitoso experimento social. Al parecer, «todo conduce al control a través de la tecnología, la salud y la economía».

Circula en España la Carta de Coacción del psicólogo Albert Biderman quien estudió en 1956 las técnicas del lavado de cerebro del enemigo para obtener confesiones falsas. Se aplican esas técnicas en 2020 al Covid 19, el Virus que hizo posible aplicar estados de alarmas: en nombre de la salud cercenan las libertades individuales y arruinan la economía. El miedo como instrumento de gobiernos que usan a las entidades sanitarias y a los medios de comunicación para amedrentar y silenciar, preámbulo del pobrismo colectivo y la homogeneidad programada.

Sugerencias lectivas. / Miguel Iturria Savón

Tres portadas de libros de Víctor Hugo.

Hace unos días coincidí en Chueca, Madrid, con una periodista chilena que estudió un Máster en la Universidad Carlos III, me la presentó mi hijo mayor, colega de estudios; el encuentro fue agradable aunque, periodista al fin, predominaron las preguntas y un compromiso: escribirle un listado de libros de autores esenciales pues se especializa en cultura y quiere suplir posibles lagunas. Adjunto mis sugerencias lectivas, tal vez le interese a un manojo de lectores de esta bitácora.

Entre los autores franceses de los siglos XIX y XX sugiero algunos textos de:

  • Víctor Hugo (1802-1885), exponente del romanticismo, evidente en Los miserables, Nuestra señora de París, El hombre que ríe, etc.
  • René Albert Guy de Maupassant (1850-1893), narrador que trasciende por sus relatos: Bell Ami, Bola de sebo, El Collar, El Horla.
  • Honoré de Balzac (1799-1850), máximo representante del realismo, autor de Papá Goriot, Eugenia Grandet y otras escenas de la vida, escenas de París y escenas de provincias proyectadas en su abarcadora Comedia humana.
  • Gustave Flaubert (1821-1880), narrador esteticista de penetración psicológica y enorme influencia. Sus obras esenciales son Madame Bovary, Salambó, La tentación de San Antonio y La educación sentimental.
  • Dos escritores de aventuras llevados al cine: Julio Verne y Alejandro Dumas, ambos fueron muy prolíficos.

El narrador, dramaturgo y periodista español Benito Pérez Galdós (1843-1920) es la figura cimera de las letras hispanas de fines del XIX y principios del XX, un realista que recrea la historia en su vastísima serie de Episodios nacionales, además de Fortunata y Jacinta, Tristana, Doña perfecta, Miau, Marianela y otras novelas y cuentos llevados al teatro y el cine. El realismo predomina en las letras españolas, de Pérez Galdós a los cultores de la Generación del 98 –Miguel de Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja, Azorín- cantoresel desastre imperial, hasta el gran Camilo José Cela –La familia de Pascual Duarte, La Colmena, Viaje a la Alcarria– o Javier Cercas.  

Entre los literatos galos más trascendentes del siglo XX figuran Marcel Proust –En busca del tiempo perdido-, Albert Camus –dramaturgo y narrador: Los justos, Calígula, La peste, El extranjero– y Antoine de Saint Exupery –El Principito-, entre otros, incluidos poetas y críticos como Stephane Mallarmé (1842-1898), Charles Baudelaire (1821-1867) y Guillaume Apollinaire…

Impresiona la obra narrativa de escritores ingleses e irlandeses del XIX y principios del XX como Charles Dickens (1812-1870), autor de Oliverio Twist, David Copperfield o Almacén de antigüedades; Robert L. Stevenson (1850-1894), célebre por La isla del tesoro, El doctor Jekyll y Mr. Hyde, El diablo en la botella y otros cuentos;  G. K. Chesterton (El hombre que fue jueves, la serie policial sobre el Padre Brown y diversas biografías); Oscar Wilde –El retrato de Dorian Gray, El fantasma de Canterville, El crimen de lord Arthur o La importancia de llamarse Ernesto-; los distópicos H.G Wells –Guerra de los mundos, La máquina del tiempo, El hombre invisible o La isla del doctor Moreau– y George Orwell (Rebelión en la granja y 1984) o la modernista Virginia Woolf –Orlando, Las olas, Fin de viaje-.

No olvidar los Sonetos y los dramas y comedias de William Shakespeare (1564-1616), paradigma de la Literatura inglesa como Miguel de Cervantes de la Literatura española. Ni al francés François Rabelais, creador del esperpéntico y formidable Gargantúa.

Hay dos escritores irlandeses muy influyentes en la cultura occidental del siglo XX: George Bernard Shaw (1856-1950) y James Joyce (1882-1941). Del primero sugiero leer Pigmaleón, Santa Juana, Camino del héroe o César y Cleopatra; del segundo son célebres por su sentido experimental el Ulises y Finnegansk Wake, más citadas y reseñadas que leídas, más sus apetecibles Dublineses, Los muertos y Retrato del artista adolescente.

Varios literatos estadounidenses de los siglos XIX y XX se insertaron en el imaginario poético y narrativo de las letras contemporáneas. Es el caso del poeta Walt Whitman (1819-1992), autor de Hojas de hierba, y de los narradores Edgard Allan Poe (1809-1849), romántico y renovador por la hondura psicológica de los personajes de El corazón delator, La máscara de la muerte, El pozo y el péndulo, El gato negro y Los crímenes de la calle Morgan; Samuel L. Clemens, conocido como Mark Twain (1835-1910), autor de piezas sarcásticas como El príncipe y el mendigo, Un yanqui en la Corte del Rey Arturo, Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn.

Memorable y muy reconocido son las entregas de Ernest Hemingway (1899-1961), F. Scott Fitzgerald (1896-1940), William Fawkner y la modernista Gertrude Stein (1874-1946). Hemingway ha sido llevado al cine e imitado por su estilo conciso y personalista, indudable en El viejo y el mar, Fiesta y Adiós a las armas. Fitzgerald es evocado por sus novelas El gran Gatsby, Suave es la noche y A este lado del paraíso; mientras de Fawkner se estudian sus novelas Mientras agonizo, Luz de agosto, El villorrio. De Gertrude Stein circulan La autobiografía de Alice B. Toklas, The Making of Americans y Three Lives.

Existen otros literatos americanos de impacto editorial y crítico: J.D Salinger (El guardián entre el centeno), John Steinbeck (Las uvas de la ira) o la canadiense Alice Munro (Demasiada felicidad, Dear Life, Runaway).

De Alemania son referentes los cuentos de los hermanos Jacob y Whilem Grimm, la saga el Cantar de los nibelungos y autores de culto como Johann W. Goethe, Tomás Mann, Hermann Hesse, Stefefan Zwig, Frank Kafka y Herta Müller, todos escribieron en alemán aunque Zwig es austriaco, Kafka es checo y Müller rumana.

De la gran literatura rusa de los siglos XIX y XX son imprescindibles Alexander Pushkin (1799-1837), recordado por La hija del capitán, Eugenio Oneguin y Ruslan y Ludmila; Fiodor Dostoievski, autor de Crimen y castigo, Los hermanos Karamázov, El idiota, El jugador y otros libros que exploran la naturaleza humana y el alma rusa al igual que Lev Tolstoi (1828-1910), creador de Los cosacos, Guerra y Paz, Anna Karenina o El sitio de Sebastopol, y el dramaturgo y narrador Antón Chejov (1860-1904), célebre por La dama del perrito, El pabellón número 6 y otros relatos, además de piezas como La gaviota, El jardín de los cerezos, Vanka o El estudiante. A principios del XX descolló el escritor y político Máximo Gorki (1868-1933), creador de La madre, Los bajos fondos y Vassa, de impacto social y precursoras del realismo socialista. A fines de la centuria vale releer Archipiélago GULAG, de Alexander Solzhenitsin.

De Hispanoamérica el listado de escritores sería enorme. Sugiero escoger textos de los argentinos Jorge Luis Borges, A. Bioy Casares y Julio Cortázar; los mexicanos Octavio Paz, Juan Rulfo y Carlos Fuentes; los cubanos Alejo Carpentier, José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante; los chilenos José Donoso y Roberto Bolaño, el peruano Mario Vargas Llosa, los colombianos Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y Nicolás Gómez Dávila; los uruguayos Horacio Quiroga y Mario Benedetti, entre otros, por supuesto.

Borges escribió el relato La Biblioteca de Babel y los Prólogos del libro homónimo.

Pirómanos. / Miguel Iturria Savón

Imagen del incendio de la Biblioteca de Alejandría

El tiempo, ese río que nos arrebata y nos consume como el fuego, ha sido testigo silente de éxodos, guerras, culturas, religiones e ideologías que acentúan mitos y coligan con la realidad y la historia, ligadas al tiempo como los objetos y los seres vivos, incluidos los humanos, la única especie que se cree inmortal e interroga a la naturaleza.

Pienso en el tiempo y recuerdo aquella crónica del narrador y periodista cubano Manuel Pereira quien asegura que Jorge Luis Borges expuso en Otras inquisiciones que el emperador Shih Huang Ti ordenó quemar todos los libros anteriores a él desdeñando tres mil años de historia y cultura china. A ese acto de piromanía dinástica le suceden otros de índole histórica, teológica, arquitectónica, literaria y jurídica.

Dicen que el emperador Nerón ordenó incendiar a Roma y subió a una colina para visualizar las llamas; el hecho no ha sido probado pero un sucesor de Nerón, Dioclesiano, redujo a cenizas en el 292 los manuscritos de alquimia de la Biblioteca de Alejandría. Décadas después el emperador Constantino, convertido al Cristianismo, tiró a la hoguera los escritos del herético Arrio.

Entre los incendiarios con poder figuran el Inquisidor hispano Torquemada quien en 1480 quemó el Talmud y libros escritos en árabe; mientras el monje Savonarola, de Florencia, promovió las “hogueras de vanidades” que redujo a cenizas a muchos espejos, cuadros, libros como el Decamerón y hasta cosméticos y utensilios de belleza. Por su parte, la Iglesia Católica creó en 1559 el Índice de libros prohibidos que durante siglos relegó los textos de literatos, filósofos y científicos como Rebeláis, Descartes, Montesquieu o Copérnico, además de códices prehispánicos de América y obras de artífices “infieles”; algo similar hicieron los pastores luteranos y calvinistas contra diversos autores y científicos ajenos a su versión teológica del mundo. La piromanía fue extensiva a califas, reyes, emires y Ayatolas del Islam.

El escritor español Miguel de Cervantes recreó en uno de los capítulos del Quijote la escena del cura, el barbero, la sobrina y la sirvienta del ilustre caballero tirando al fuego los libros de su biblioteca que lo enloquecieron. Ese ejemplo de censura doméstica tiene ecos en censores de estados, ideólogos y editores que intentan “salvarnos y protegernos” de textos nocivos. El fascismo alemán, el leninismo y/o estalinismo ruso, el Maoísmo chino o el Castrismo en Cuba santificaron el fuego y la censura para depurar a sus súbditos, aunque los constructores del socialismo usan mejor el filtro editorial que la hoguera pública.  

Los pirómanos siguen, como los narcisistas Shih Huang Ti o Nerón y los sectarios Torquemada o Savonarola. Desde fines del siglo XX contra Internet y la libertad de expresión, de asociación y libertades que pregonan la dictadura de la libertad. Internet, sin embargo, es un espacio de ideas, noticias, pugnas, agravios, tribus e imágenes que rivalizan y “queman” a los infieles del relato propagado. El fuego, invisible o ruidoso, echa raíces en diarios y telediarios enlazados a poderes públicos y/o privados.