¿Otro cuento chino? / Miguel Iturria Savón

Al menos en Alemania, Francia, España e Italia apenas transitan los vehículos por las ciudades, las escuelas cerraron y el silencio se extendió a los parques, plazas, clubes, bares, discotecas y hoteles; los senderos quedaron sin senderistas, las carreteras desoladas, los aeropuertos sin pasajeros, el cielo sin aviones, los mares sin cruceros, las playas sin bañistas. Las personas están en sus casas y en los hospitales para evitar el contagio del último virus chino, vigilados por la policía y el ejército por orden de gobiernos que impusieron la cuarentena, la mascarilla, el cese de las libertades, el laberinto socio-laboral, la parálisis económica, las preguntas filtradas y la corrección ética y política, desatando los augurios de matemáticos y climatólogos y las profecías de algunos políticos y «pensadores» que ven en el encierro el fin de la sociedad capitalista y la reinvención del comunismo.

Son tan abrumadores los medios de comunicación -y las redes sociales- sobre el Covid 19 que es difícil expresar algo original o interesante. Es como un cuento chino en «época de globalización» con escenas de Black Mirror y de Harry Potter. En medio de la crisis sanitaria hay tragedias personales y relatos políticos, gestiones profesionales y entregas sin cuento a la vida del prójimo. En España, por ejemplo, se han convertido hoteles y recintos feriales en hospitales, pues hay más de cien mil contagiados, casi once mil muertos y más de treinta mil recuperados.
Es una experiencia grupal única ante un enemigo fantasmal, el miedo a morir y la ausencia de certeza -o vacuna-. Tal vez un ensayo de guerra biológica y de control político. Más lo que vendrá después: crisis económica, desempleo, reajustes de la cotidianidad…

¿Vale la pena recordar que la gripe estacional afecta a millones de personas cada año y que la humanidad fue asolada por plagas y enfermedades durante siglos?

Los resilientes de otras pandemias, dictaduras, cárceles, trabajo forzoso, penurias económicas y enfermedades no somos inmunes al Coronavirus, pero lo tomamos con calma. Es difícil vivir con miedo y sin movimiento, más esto no es el fin, la sociedad seguirá su marcha. Marzo y abril son meses transitorios, como los virus, las guerras y los augurios. Todo pasa…

La corona que espanta. / Miguel Iturria Savón


En menos de tres meses el Covid 19 o Coronavirus, surgido en China y expandido por medio mundo, ha desplazado los reportes de gripes, infartos, accidentes de tráficos y las crónicas y reportajes sobre guerras, éxodos, elecciones, el cambio climático, el futbol, la Semana Santa y otros sucesos dramáticos o festivos. Los diarios y telediarios informan y abruman, las redes sociales personalizan el día a día y los gobiernos declaran el Estado de Alarma, suspenden las clases, “cierran ciudades”, aconsejan quedarse en casa, no comprar obsesivamente, no viajar ni relacionarse con personas en edad de riesgo para “evitar contagios y expandir la pandemia”.

Si la realidad supera a la ficción, a principios del 2020 un virus con nombre monárquico fusiona realidad y ficción. Se habla de “guerra biológica” -sin balas, tanques, aviones-, alzas y bajas en las bolsas y de la posible recesión económica ante el avance del virus que provoca tos seca y áspera contra personas desprevenidas. Hay incertidumbre y paranoia, ejércitos de empleados que limpian las calles, fumigan trenes, autobuses, clínicas y farmacias, además de médicos y enfermeros con guantes y mascarillas. El humor en las redes matiza el narcisismo colectivo. Un Video de la UNICEF ofrece instrucciones preventivas.

Veamos algunos titulares de tres diarios de España –El Mundo, El País y ABC-.

  • “El Estado de Alarma restringirá los movimientos en toda España”.
  • “No son vacaciones”. La costa del Levante ante el éxodo por el Coronavirus.
  • “Álbum. El Coronavirus cierra Madrid”.
  • “Ceuta es el único territorio de España libre del Coronavirus”. 
  •   “Geometría de una pandemia”.
  • “Democracias, virus e hipérboles”.  
  • “El virus va en la maleta”.         

Tal vez el Coronavirus no sea tan nocivo como virus anteriores -¿recuerdan el Ébola, el H1N1, la Fiebre amarilla, el SIDA o la gripe estacional? Mueren personas con defensas bajas y quienes siguen su ritmo sin observar las alertas sanitarias. Como aún estamos en medio del oleaje, no sabemos si el Covid 19 se irá al ascender las temperaturas o mutará hasta ser letal. Es mejor no banalizar. Es preferible la paranoia mediática que la ausencia de información. Este virus pone a prueba al sistema de salud de los países afectados y a la Organización Mundial de la Salud, incluida la industria farmacéutica y los laboratorios de investigación. Es posible, sin embargo, que el Coronavirus una provisionalmente a millones de personas fragmentadas por los partidos políticos y las ideologías contrapuestas. A lo mejor encubre otra crisis económica global no visible entre tantas medidas, histeria, discursos apocalípticos, profecías y predicciones.

Un amigo de Cuba que reside en Madrid me comenta por WhatsApp que pasó ayer por la Plaza Mayor y apenas había personas; por el contrario, en un supermercado vio a tantos compradores y productos que le pareció un sábado más, aunque notó a clientes compulsivos con guantes y mascarillas. En su opinión, es tal el exceso de mercancías que el encierro en casa no matará por el virus, sino por diabetes -exceso de chocolates-, por colesterol -obesidad- y por alcoholismo.   

Como las medidas dictadas para frenar el Covid 19 sacuden la seguridad, la paz y las libertades que disfrutan los ciudadanos de Europa, algunos intentan rebelarse contra la realidad. Otros piensan que el peor virus es el pánico, abrumador y colectivo, evidente en las redes sociales, en las conversaciones con amigos, en las notas de prensa, de la radio y la televisión. Alguien dijo que “la información nos invade y la acompaña un egregor denso”, es decir, una creación de pensamiento o conglomerado de energías compartidas por un colectivo humano.

Como alternativa al último tsunami viral sugiero leer -o releer-  La peste, de Albert Camus; Los novios, de Alessandro Manzoni; La peste escarlata, de Jack London; Diarios del año de la peste, de Daniel Defoe; La emboscadura, de Ernst Jünger; El último hombre, de Mary Shelley; Némesis, de Philip Roth, y el Decamerón, de Bocaccio, cuya historia transcurre en medio de la epidemia de peste bubónica que diezmó en 1348 a la población de Florencia, donde siete mujeres y tres hombres recluidos en una residencia campestre cuentan historias festivas y eróticas mientras pasa la peste, la fantasía los libera del miedo.

Pensadoras del siglo XX. / Miguel Iturria Savón

Pocos ensayos atraen mi atención en medio del mundanal ruido desatado por los medios de comunicación y por políticos, periodistas y feministas que niegan hasta la biología para empoderar a homosexuales, lesbianas y otros defensores de la uniformidad del pensamiento. Hace poco leí y escribí sobre Maldita feminista, de Loola Pérez; ahora esbozo Pensadoras del siglo XX. Una filosofía de esperanza para el siglo XXI, del médico y Máster en Bioética Iván López Casanova, quien ha impartido cursos de Antropología filosófica y expone la “herencia sin testamento” de esa “cultura magnifica, pero sin raíces” que es la Modernidad, naufragada y rematada entre la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, de las cuales nos queda la crisis de la cultura y el relativismo, abordados con precisión y originalidad por este autor y sus antecesores.

Iván López propone abordar la crisis de la cultura de la mano de cinco intelectuales contemporáneas: Simone Weil (París, 1909-Kent, 1943), María Zambrano (Málaga, 1904-Madrid, 1991), Edith Stein (Breslavia, 1891-Auschwitz, 1942), Hannah Arendt (Hannover, 1906-New York, 1975) y Elizabeth Kubler-Ross (Zúrich, 1926-Arizona, 2004).  A cada pensadora le dedica una breve y amena reseña biográfica y analiza su contribución filosófica. Al final, en “Del LOGOS AL MITHOS, Y DEL MITHOS AL LOGOS”, responde a la pregunta ¿por qué afloran con frecuencia materias en las que se rozan la reflexión filosófica y los temas trascendentes? No entra, por supuesto, en el campo de la teología ni en la fe, sino en la antropología filosófica.

En el Epílogo -VIDA Y TRASCENDENCIA EN LA POESIA DE CARLOS JAVIER MORALES- intenta mostrar un pensamiento actual no escéptico. Y lo logra con aliento creativo y sentido ecuménico. No voy a referir nada más, sino invitar a los lectores no contaminados por la banalidad mediática y los dogmas políticos a adquirir y sumergirse en las páginas de estos ensayos lúcidos y reveladores. Tal vez les ayude, como a mí, a comprender por qué a principios del siglo XX se rompió la base cultural de los siglos XVII al XIX, además de sacudir el relativismo existencial y la tentación de simplificar la realidad con frases manidas y slogans políticos.

Marxismo cultural. / Miguel Iturria Savón

En los países de Europa, los Estados Unidos, Canadá y en casi toda Latinoamérica se habla con frecuencia del Movimiento feminista, el cambio climático, la inmigración masiva, el multiculturalismo y otros temas de interés social y político tras lo cual hay intereses espurios, mantras de partidos políticos y medios de comunicación que intentan atraer y desarmar al ciudadano común. Casi nadie piensa que la ideología de género y el feminismo radical responden al Marxismo cultural, esa reelaboración ideológica del largo y letal proyecto soviético traspolado a países de Europa del Este, Asia -China, Norcorea y Vietnam- y América -Cuba, Nicaragua, Venezuela-.

José L. Pardo, Julio M. Shiling y otros estudiosos de la evolución y el reciclaje del Marxismo, blanqueado por Sartre, Derrida, Chomsky y Foucault en la década del sesenta, coinciden en desmontar los atractivos programas del Marxismo cultural y sus mecanismos para destruir la idea de nación, de familia, religión, identidad social y de género y promover supuestas igualdades que relativizan casi todo y hasta negar la biología -no hay sexos, no eres hombre ni mujer, eres lo que escojas según tu inclinación sexual-, aunque estimulan el Feminismo radical y el predominio de las féminas, simplificadas como víctimas del Patriarcado.

No voy a explicar cada uno de los frentes ideológicos del Marxismo cultural, sino invitar a explorar sus variantes y pensar por cuenta propia. Sugiero leer, por ejemplo, el ensayo «Tragedia y farsa del socialismo», de J.L. Pardo, y Maldita feminista, de Loola Pérez, ambos esbozados en este blog.

Por último: los neomarxistas no difunden en vano la ecología política, la ideología de género, la inmigración masiva o el multiculturalismo y las identidades -de lengua, etnias, sexo-, sino para desestructurar las democracias occidentales y tomar el poder de forma pasiva, sin violencia evidente ni invocar la fallida dictadura del proletariado. Ejemplos: Venezuela desde 1998, Brasil con Lula y Dilma R., Argentina de los Kirchner, Uruguay del Frente Amplio, Bolivia (Evo Morales), Chile (Bachelet), Ecuador (Correa), Nicaragua (Sandinismo), El Salvador del FMLN) y otros que brotan e intentar captar a las Fuerzas Armadas, modificar las constituciones y usar los segmentos marginados.

En fin, el Marxismo es una vieja mercancía política que usa máscaras para acceder a las entidades públicas y pregonar el Paraíso, ese futuro mágico, frívolo y lleno de subvenciones, sin responsabilidad ni obligaciones, banal como el matrimonio, la propiedad, las tradiciones y la familia.

Maldita feminista. / Miguel Iturria Savón

Maldita feminista. Hacia un nuevo paradigma de la igualdad de sexos, de la joven filósofa y sexóloga Loola Pérez, editado por Seix Barral en España, es un ensayo tan ameno y lúcido como polémico, pues su autora es una voz discordante dentro del discurso feminista hegemonizado por estados, partidos y activistas que se apropian del tema con sentido político.

No lo voy a reseñar, más sugiero su lectura porque retrata a “la élite intelectual que retorna a su cueva” y a la masa de feministas que “practican el fanatismo en nombre de sus derechos…” e inspira a la obediencia y a seguir el rebaño. La autora aborda con desenfado ese “binarismo vanidoso” y repasa el feminismo de Estado, el de las políticas públicas, simplicidad expositiva y rentabilidad electoral; además de ir al origen, los tipos de feminismos, la servidumbre al marxismo, la idiotización en la cultura de masas, el lenguaje del odio, el MeToo, la sexualidad, la prostitución y el suicidio, la presión mediática, etc.

Les dejo la imagen de portada y la Nota de contracubierta de Maldita feminista. Sugiero leer sin miedo ni prejuicios este libro de Loola Pérez, ese “ser discursivo y pensante que no se acomoda a la opinión de las masas y debate contra viento y marea empuñando libros y argumentos”.

Kikomoris y algo más. / Miguel Iturria Savón

Imagen de Tokio, capital de Japón

¿Qué haríamos si fuéramos japoneses? ¿Será atractivo vivir en una de las 6852 islas del archipiélago del Sol naciente, o transitar por la superpoblada Tokio, capital del Estado imperial asiático? Mi primer encuentro con lo japonés fue en la adolescencia gracias al cine, aquellos filmes sobre batalladas medievales dirigidos, entre otros, por Kurosawa, e interpretados por Toshiro Mifune o Tzintaro Katsu, despertaron mi admiración por los samuráis, las artes marciales, los haikus y la historia de Japón. Japón fue después una asignatura en la Universidad y el preámbulo para leer las narraciones de Mishima, Murakami y Kawabata, además de visualizar a Mazinger, Voltun 5, Akira y otros dibujos animados durante el boom de la manga.

Sé quién soy y no quiero convertirme en tantas cosas promovidas por mercaderes y políticos. Me atrae lo japonés pero no me imagino en Honshu, Hokkaido, Shikoku ni en ninguna islita de la Prefectura de Okinawa, famosas por el karate y otras artes marciales. Nací en una isla y me abruman las islas. Los japoneses, además de laboriosos y tenaces, son belicosos y me asustan. Me explico: con menos de medio millón de kilómetros cuadrados vencieron en 1905 a Rusia -de 17 millones de kilómetros cuadrados-, invadieron y ocuparon en 1937 a China -otro súper dragón- y atacaron la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawái), el 7 de diciembre de 1941 y, como si fuera poco, se lanzaron contra las posesiones del Imperio Británico en Hong Kong, Malasia y Singapur. Tras dominar casi toda Asía, los nipones fueron vencidos y ocupados en 1945, con bomba atómica en Nagasaki e Hiroshima.

Me lío con la historia pero no sigo. Los japoneses son raros y fascinantes, quizás más herméticos que los hebreos. Cada vez que leo algo de o acerca de Japón, resulta sorpresivo, por absurdo, interesante o desconocido. Casi todo fluye entre los nipones: geishas, robots, ninjas, yakuzas (familias mafiosas más crueles que la mafia rusa o la italiana), monjes sintoístas, budistas o cristianos -minoritarios-, más los antiguos rituales y ceremonias, sobre todo el de la casta imperial, tan hierática como los faraones egipcios.

Para no abrumar con historias y leyendas japonesas refiero mi sorpresa al visualizar un video sobre los Kikikomoris, unos jóvenes entre 18 y 28 años que se aíslan en casa y no se asoman ni a las ventanas, lo cual preocupa a los padres quienes contratan a una “hermana de alquiler” que cobran diez mil yenes al mes para visitar una vez a la semana al chico auto recluido. Hay diversa notas e imágenes en Internet sobre el tema. ¿Son raros, depresivos, noctámbulos o se sienten mejor consigo mismo? Quizás los Kikikomoris de Japón sean asimilados en Suecia, Noruega o Finlandia, donde millones de personas se aíslan y borran hasta la dirección y el teléfono de sus hermanos, padres y abuelos. En España ni se enterarían de su existencia. En África y en países de Hispanoamérica serían objeto de burla.

Good Bye, London. / Miguel Iturria Savón

Imagen de Londres

El Reino Unido le dice adiós a la Unión Europea. Se sumó en 1973 y en 2016 aprobó el Brexit para divorciarse, un referéndum que enconó la dinámica interna y los nexos del continente con Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, más los 14 territorios de ultramar, pues Reino Unido es centro de la Mancomunidad Británica -Commonwealth- formada por 3 países de Europa, 13 de América, 7 de Asia, 11 en Oceanía y 19 en África, todos independientes pero dieciséis de ellos representados por la Monarquía británica.

Good Bye, London, dicen en Europa, donde el desdén rumia y las entidades burocráticas se reajustan. ¿Qué pasará? Nada. Cada cual seguirá su rumbo, dejan de ser aliados, competirán por los mercados, el flujo de capitales, los recursos y el turismo. Los datos hablan. El mapa de Europa incluye a 49 naciones con un área de 10,18 millones de kilómetros cuadrados y 742,6 millones de personas en 2018; solo 27 de esos países forman la Unión Europea -fundada en Roma en 1957 como Unión Económica y reciclada en 1993 como Unión Europea- cuya área es de 4, 325 millones de kilómetros cuadrados y 512,5 millones de habitantes.

Al aplicarse el Brexit en 2020, la Unión Europea pierde 244,023 kilómetros cuadrados y 66 millones de personas. El Reino Unido dejará de obedecer y de nutrir con impuestos al Parlamento Europeo -del cual se retiran sus 73 Eurodiputados-, el Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea, la Comisión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Tribunal de Cuentas. La fractura era evidente pues el Reino Unido es una de las diez economías más importantes del mundo y parte de su élite se sentía «oprimida» por las regulaciones burocráticas de la Unión Europea, una Unión que es o intenta ser un Bloque Geopolítico y actúa como «Comunidad política de régimen sui géneris que propicia y acoge la integración y gobernanza en común de sus estados…»

La Unión Europea es realmente sui géneris porque auspicia la fusión económica y política, el mercado sin fronteras, la moneda común, el libre flujo de productos y personas -Espacio Schengen-, pero su demencial burocracia supraestatal, la complejidad multicultural y el desnivel económico entre las naciones del norte -Alemania, Suecia o Francia- con las del este -ocupadas por la URSS de 1945 al 1991- y del sur -Grecia, Italia, España, Portugal-, más la presión imperial de Rusia y las oleadas migratorias de asiáticos y africanos ponen en peligro el «sueno humanista europeo».

La Unión asume el Adiós de Reino Unido y la posible fragmentación de países con movimientos nacionalistas -España, Bélgica, los Balcanes-. Europa teme a los nacionalismos desintegradores pero permite que políticos prófugos de la justicia española vivan en libertad en Bruselas -capital de la Unión- y les concede el Acta de Eurodiputado aunque no puedan ir a Madrid a firmar la designación. La ambivalencia gravita a su vez en las relaciones con Rusia, Turquía y China.

La Unión Europea, en fin, es más frágil que la gélida y eficaz Canadá, un estado federal adscripto a la monarquía británica que posee casi diez millones de kilómetros cuadrados, enormes recursos y solo 36 millones de habitantes en diez provincias y tres regiones. Por no hablar de los Estados Unidos de América, la primera potencia económica, política, tecnológica, cultural y militar del planeta, aliado del Reino Unido y de la Unión Europea, aunque compiten entre sí y les exige mayor aporte en la lucha contra el terrorismo internacional lo cual provoca discrepancias…

El Reino Unido se va de la Unión Europea pero ambos siguen su marcha. Cada país enfrenta sus desafíos. Las élites se reciclan en el poder. Good Bye, London.

Cuando grabas al poli que te sofoca. / Miguel Iturria Savón

El fotógrafo cubano Javier Caso, hermano de la actriz Ana de Armas, fue citado e interrogado en La Habana por dos agentes de la Seguridad del Estado, algo habitual en un país donde el Partido Único -comunista- le concede inmunidad a la policía política para actuar contra cualquier sospechoso de «infidelidad a la causa». Pero Caso es más inteligente y sutil que sus absurdos y soberbios interrogadores, quienes se comportaron como matones sin imaginación, aunque se consideran miembros de un cuerpo policial que figura entre los cinco mejores del mundo.

En la grabación -escuchar el video- los polis hablan, amenazan, alertan, mienten y hasta satirizan-, mientras Caso se hace el tonto, interrumpe con candidez y les pregunta para escuchar obviedades policiales. Dicen los polis, por ejemplo, que “la Ley los autoriza a amenazar y chantajear”, que no entienden “la diferencia existente entre ley y terrorismo”, que “la Seguridad del Estado recluta a ninjas en sus filas”, “es la única Institución (del país) y hasta “decide quién es artista; suponen, por supuesto, que en el resto del mundo, como en Cuba, se necesita una licencia y un carnet para ser artista. Como en El Maestro y Margarita del ruso Mijaíl Burgakov.

La grabación del interrogatorio policial al fotógrafo Javier Caso, puesta en circulación por el propio Javier Caso, hermano de la joven y talentosa actriz Ana de Armas, es un testimonio audaz sobre el absurdo policial en aquella isla del Caribe cuya oligarquía verde oliva lleva seis décadas ofreciendo la supuesta utopía socialista. Seis décadas en once minutos.


La izquierda según Sarkozy. / Miguel Iturria Savón


Nicolás Sarkozy, expresidente de Francia

Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia entre el 2007 y 2012, es un referente político de su país y de Europa. Tuvo, por supuesto, partidarios y detractores, pero es recordado por la agudeza de sus discursos y por la gestión de esa nación de “ciudadanos libres e iguales entre sí” donde cualquier decreto oficial genera huelgas y conflictos.

En enero del 2020 circulan videos y frases de Nicolás Sarkozy en España, quizás porque  tras meses de incertidumbre, discursos y pactos políticos la Izquierda -socialistas y comunistas- formó un Gobierno de coalición con el apoyo de los separatistas vascos y catalanes, lo cual abre la “Caja de Pandora” en Hispania donde los mesías de la vieja ilusión recurrente guiarán a los locos por la orilla del abismo.

Un amigo de Marsella evoca la similitud entre los políticos e intelectuales “progresistas” de Francia y de España. Nada nuevo, dice, y sugiere leer lo expresado por el expresidente Sarkozy después de una votación en París:

“Hoy  hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe, y que condena la política mientras la práctica. Desde hoy no permitiremos  mercantilizar un mundo en el que no quede lugar para la cultura: desde 1968 no se podía hablar de moral.

Nos impusieron el relativismo: la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes.

Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no había nada sagrado, nada admirable. El slogan era VIVIR SIN OBLIGACIONES Y GOZAR SIN TRABAS… (el sumag kawsai francés?)

Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor.

Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Hay que rehabilitar la cultura del trabajo.

Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud: los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente inocente.

Defienden los servicios públicos pero jamás usan transporte colectivo. Aman mucho a la escuela pública pero mandan a sus hijos a colegios privados. Adoran la periferia pero jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún invasor, pero no aceptan que se instalen en su casa.

Son esos que han renunciado al mérito y al esfuerzo y que atizan el odio a la familia, a la sociedad y a la república. Y con el mayor descaro se lucran de los bienes del Estado, y montan hasta negocios con el dinero mal habido a la vista de todos de la manera más cínica.

Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura, y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores”.

El infierno de la soledad en el paraíso sueco. / Miguel Iturria Savón

Vista aérea de Estocolmo, capital de Suecia.

Anoche vi un documental sobre Suecia que me dejó más perplejo que cuando leí Crimen y castigo, de Dostoievski. Se titula El infierno de la soledad en el paraíso sueco, está en https://youtube.be/hksn-tD1trc

Apenas circulan las noticias de Suecia, ese país nórdico de Europa donde lo opaco del ámbito y la forma de ser y actuar genera una visión tan peculiar como rara para el resto del continente. Suecia solo puede ser comparada con sus vecinos -Noruega, Finlandia y Dinamarca-, aunque Noruega, en la cima de la Península Escandinava, apenas se asoma al Mar Báltico, enlace de islas, fiordos y costas donde fluye el comercio desde y hacia el continente.

Suecia es un Reino y fue un Imperio derrotado por los rusos. Desde 1814 los sucesores de los vikingos no se involucran en conflictos bélicos, aunque los museos de Europa registran las atrocidades de aquellos bárbaros que en los siglos VIII al XI asolaron los mares y los pueblos del norte y el sur de Europa y llegaron hasta Bagdad y Estambul. El nevado y silencioso territorio sueco es atractivo por su alto nivel de vida y la cultura corporativa no jerárquica potenciada por los liberales primero y por los socialdemócratas después, sobre todo el famoso Olof J. Palme (1969-1974 y 1982-1986).

Con casi medio millón de kilómetros cuadrados y solo diez millones de habitantes, Suecia sorprende no solo por la nieve, la grisura y la cultura asociativa pregonada hasta en los Premios Nobel. Os invito a visualizar en YouTube el documental El infierno de la soledad en el paraíso sueco. A mi me impresionó porque desmitifica al supuesto paraíso nevado del norte de Europa.