La ineptocracia según Jean d´Ormesson. / Miguel Iturria Savón

Jean d´Ormesson, escritor francés

Prefiero leer a los escritores en vez de citar sus frases, como hacen tantos “seguidores” de Virgilio, Cervantes, Shakespeare, Balzac, Poe, Proust, Hemingway, Borges, Lezama Lima y otros autores “clásicos”, “raros” y mediáticos que disfrutan sus minutos de gloria en el trampolín literario.

Prefiero leer y leo, pero hoy no reseño la obra de ningún autor, mas los invito a leer al novelista y académico francés Jean d´Ormesson (1925-2017), autor de La gloria del imperio, Por capricho de Dios, La conversación y decenas de relatos, novelas y crónicas escritas en francés y traducidas a diversas lenguas.

Se le atribuye a Jean d´Ormesson frases muy agudas de interés sociológico que circulan en semanarios culturales y en las redes sociales, entre ellas, la siguiente. Es certera y alusiva. Disfrútenla.

“La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que saben que son idiotas”

 

 

Literatura y política en Václav Havel. / Miguel Iturria Savón

Como en verano las editoriales y los semanarios culturales de los principales periódicos de Europa y América recomiendan libros a sus lectores, evoco a un autor checo posterior al célebre Frank Kafka, pero tan preocupado como aquel por ficcional realidades absurdas; me refiero a Vaclav Havel (Praga, 1936-2011), escritor y político que creció en aquella Europa arruinada por la II Guerra Mundial y por la ocupación soviética de Hungría, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia y otros países del este donde impusieron dictaduras comunistas hasta 1989 o 90.

Desde la firma de la Carta 77 y su posterior liderazgo de la Revolución de Terciopelo, en noviembre de 1989, cuando el gobierno comunista prosoviético hizo las maletas ante las manifestaciones masivas de la Plaza de Wenceslao, el escritor checo Vaclav Havel fue reconocido como un político audaz, sensible y bondadoso. No es para menos pues Havel combinó la creación literaria con la acción cívica, devino símbolo de lucha por las libertades y fue elegido último Presidente de la República Checoslovaca (diciembre 1989 a 1993) y primero de la República Checa (1993 y 1998).

Tras estudiar teatro en la Academia de Artes de Praga, Havel se encausó como dramaturgo con obras que recrean el absurdo social: Fiesta en el jardín (1963), El Comunicado (1965), Dificultad de concertación (1968), La audiencia (1975), Protesta (1979), Largo desolato (1985) y La tentación (1986). Como presidente del Club de Escritores Independientes apoyó la Primavera de Praga (1968), aplastada por la invasión rusa, por lo cual pasó al ostracismo y sufrió prisión por defender los derechos humanos y preferir el “socialismo con rostro humano” del defenestrado Alexander Dubcek.

Como presidente de Checoslovaquia Havel aceptó la separación pacífica de Eslovaquia, que puso fin a la estructura creada por la ocupación rusa tras la Segunda Guerra Mundial. Por el manejo de tan medular transición y su trayectoria intelectual y política fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz.

En países como China, Cuba o Venezuela, Havel es un símbolo para la oposición pacífica, al tanto de su trayectoria en el Foro Cívico y del protagonismo democrático que ejerció al frente de la nación centroeuropea. Los libros de Havel, sin embargo, son ignorados por las editoriales supeditadas a los gobiernos comunistas. En Cuba circuló clandestinamente el ensayo El poder de los sin poder, de enorme impacto por su lúcida y concisa ilustración de la atmósfera opresiva y las máscaras del “socialismo real”.

El creador checo es autor de otros dramas, poemarios y ensayos, como Memorando, El foniatra, Anticódigos, Los conspiradores y El hotel de montaña, acreditados por la crítica en su país, Europa y Norteamérica. Por su agudeza sociológica han sido reeditados y traducidos a varios idiomas sus ensayos Cartas a Olga (esposa de Havel), La reconstrucción moral de la sociedad y El poder de los sin poder.

El poder de los sin poder es uno de esos libros que solo puede ser escrito por quien padece los problemas que describe, lo cual vivifica al texto literario e ilumina las experiencias de las multitudes que sufrieron el fenómeno analizado. La mesura de la prosa, el estilo conciso, los ejemplos empleados y las formulaciones ideoestéticas contribuyen a la comprensión del desastre que representó “la construcción del socialismo” en Europa del Este y otras latitudes.

El ejemplar que leí corresponde a Ediciones Encuentro (Madrid, 1996) y corrobora la coincidencia de aquellos “modelos sociopolíticos” edificados a partir de 1917. Havel desnuda las herramientas que les permiten sostenerse, reflexiona sobre el sentido excluyente del concepto “disidencia” y la necesaria “oposición de los ciudadanos de segunda”, su papel en el cambio, el lenguaje como instrumento del poder, el sistema de gobierno totalitario, la actuación de los sin poder y la respuesta de la élite burocrática contra los luchadores pacíficos.

Señala que el socialismo difiere de las dictaduras tradicionales, pues su extensión es ilimitada y común a un bloque, aunque posee peculiaridades temporales y locales. Se basa en la autenticidad de los movimientos sociales que le dieron origen, lo cual legitima su permanencia en el poder mediante principios comunes y una red de instrumentos de manipulación que garantiza su estabilidad. Advierte que el sistema asume o hereda “la inteligencia de la lucha originaria, pero dispone de una ideología mejor estructurada”, adquiriendo rango de una religión secularizada que sugestiona al hombre y le ofrece respuesta a sus incertidumbres.

Valora el lenguaje comunista como “…uno de los instrumentos más diabólicos de avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros. Es un lenguaje lleno de señuelos, esquemas ideológicos, flores retóricas y estereotipos idiomáticos; capaz… de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad o a las que no han tenido que vivir en ese mundo manipulado…, y al mismo tiempo, capaz de despertar en otras personas el miedo y el terror, obligándolas a disimular permanentemente”. Agrega que “la gran ventaja de ese lenguaje radica en que todo está enlazado en acoplamientos mutuos del sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no encaja en él, calificándolo de subversión ideológica…”

Además de definir “el lenguaje charlatán y seudo heroico”, hay que agradecerle al ensayista checo otras coordenadas que orientan la lucha pacífica contra el sistema totalitario que justifica las persecuciones, denuncias, censuras y elecciones obligatorias; mientras “califica la esclavitud como una forma superior de libertad, al pensamiento independiente una servidumbre al imperialismo, al espíritu de iniciativa personal una depauperación de los otros y a los derechos humanos un invento de la burguesía”.

En dicho ensayo Havel desnuda la esencia inhumana del régimen dogmático que exige la incondicionalidad del ciudadano al orden político, imponiendo el silencio, la mentira, la purga, la cárcel o el exilio. En los casos de Cuba o China vale preguntar: ¿Cómo romper las tribulaciones de un sistema cerrado?; ¿cómo discernir el discurso de la nomenclatura oficial que denigra al pensamiento liberador? El autor se detuvo al respecto en el difícil camino de la liberación personal y de la necesidad de una revolución espiritual para frenar el totalitarismo y emprender la reconstrucción moral, a fin de poner el poder al servicio del hombre y no a la inversa.

Havel esclareció el papel dominante desempeñado por la ideología bajo la dictadura burocrática sobre la sociedad igualitaria. La misma se sitúa por encima del hombre y hasta del propio poder. Esto es posible pues, al basarse en la propiedad, estatal el régimen se erige en único gestor de trabajo, invierte en sí mismo y manipula la existencia humana, convirtiendo al ciudadano en rehén de una patria exclusiva con rango de Dios omnisciente y omnipresente.

Los regímenes de Cuba o Venezuela, por ejemplo, ilustran tales certezas porque son dictaduras que finge no serlo y pregonan valores como la libertad, mientras aplastan cualquier intento liberador con habilidad de prestidigitador.

Una canción sobre el Muro de Berlín. / Miguel Iturria Savón

Peter Fechter y Chris Gueffroy, asesinados en el Muro de Berlín

 

Detrás de cada canción hay una historia de amor, despedida, sucesos que emocionan porque testimonian el camino interior de compositores, cantantes y músicos que apresaron instantes del tiempo, la muerte, el mar, la naturaleza o la complejidad humana. My Way, de Frank Sinatra; Gracias a la vida, de Violeta Parra; Non, Rien de Rien, de Edith Piaf; Mediterráneo, de Serrat, o Libre, de Nino Bravo, son baladas vibrantes archivadas en la memoria de millones de personas por su impacto lírico y sonoro.

Si Gracias a la vida, My Way o Non, Rien de Rien son testimonios de despedida y crónicas vitalistas de autores e intérpretes de latitudes y sensibilidades diversas, Libre, compuesta por José Luis Armenteros y grabada por el cantante español Nino Bravo en 1972, es la historia de un suceso trágico: la muerte de Peter Fechter, ametrallado por soldados rusos el 17 de agosto de 1962 al saltar el Muro de Berlín, edificado meses antes para impedir la circulación de los alemanes del este hacia la zona occidental. Desde Peter Fechter hasta Chris Gueffroy, asesinado el 5 de febrero de 1989, las imágenes de 260 jóvenes desangrados en la alambrada divisoria impresionaron a artistas y ciudadanos de Europa.

Cantada primero por Nino Bravo en el programa “Luces en la noche”, de la Televisión española, Libre fue grabado por la discográfica Fonogram en octubre de 1972 y difundido en el álbum Mi Tierra por toda Hispanoamérica, incluida Cuba, donde la libertad era y es, palabra prohibida. Transcribo la letra e invito a los lectores a escuchar otra vez a Nino Bravo en You Tube o Spotify.

 

Tienes veinte años y ya está

Cansado de soñar,

Pero tras la frontera está su hogar,

Su mundo, su ciudad.

Piensa que la alambrada solo es

Un trozo de metal,

Algo que nunca puede detener

Sus ansias de volar.

 

Libre,

Como el sol cuando amanece,

Yo soy libre como el mar,

Libre,

Como el ave que escapó de su prisión

Y puede, al fin, volar.

 

Libre,

Como el viento que recoge mi lamento

Y mi pesar,

Camino sin cesar

Detrás de la verdad

Y sabré lo que es al fin, la libertad.

Con su amor por bandera se marchó

Cantando una canción,

Marchaba tan feliz que no escuchó

La voz que le llamó,

Y tendido en el suelo se quedó

Sonriendo y sin hablar,

Sobre su pecho flores,

Brotaban sin cesar.

 

Libre,

Como el sol cuando amanece,

Yo soy libre como el mar.

Libre,

Como el ave que escapó de su prisión

Y puede, al fin, volar.

Libre,

Como el viento que recoge mi lamento

Y mi pesar,

Camino sin cesar

Detrás de la verdad

Y sabré lo que es al fin, la libertad.

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Ciudadanos de Internet. / Miguel Iturria Savón

Internet, redes e íconos...

Internet, redes, iconos…

 

En el verano del 2014 se habló del proyecto O3b, una iniciativa empresarial de impacto informativo para países de las tres A -América Latina, África y Asia- cuyos gobiernos apenas invierten en conexión satelital y dejan a millones de habitantes al margen de las tecnologías que revolucionan los medios de comunicación. Se habla, por supuesto, de otros proyectos, bondades y excesos de ese Padre Nuestro llamado Internet, amado por infinidad de fieles y denostado por grupúsculos de herejes que actúan como los antiguos sacerdotes que escondían los papiros del saber.

Con Internet no hay secretos ni crisis de ausencias, el ciberespacio aproxima islas y continentes, calles y plazas y atrae los cuadrantes de rebeldes y tiranos. Casi todo es posible en ese país universal sin fronteras, provincias, municipios, parlamentos, partidos ni elecciones que articula a la industria y el comercio desde el ordenador, la Tablet o el teléfono móvil, cuyos soportes tecnológicos “producen y venden” mercancías ofrecidas por agencias de viajes, bibliotecas virtuales, sitios de arte, periódicos online, fundaciones, gobiernos y ciudadanos que crean, difunden o interactúan a través de Facebook, Twitter, blog, Whatsapp, páginas Web y otros soportes y programas que atraen, asustan, amenazan o enriquecen la imaginación de niños, jóvenes y adultos con acceso a las redes sociales, pantalla y clic mediantes.

Internet es un país con ciudadanos multinacionales, hijos legítimos y bastardos, padres fundadores, madrastras, huérfanos, hermanos, primos, sobrinos, tíos, novios (as), esposas (os), amigos y personajes con perfiles de ensueños. No es el País del Nunca Jamás pues cada día se acerca más al Medio Oriente y sus guerras, al Islam y sus fantasmas, a los mitos culturales de China, la India, Europa o el Perú. Es un país-mundo adscrito a la Sociedad de la Información, sin ONU, OTAN, OEA, banderas, partidos e ideologías, aunque no faltan filias y fobias diseñadas por poderes, etnias, sectas y ciudadanos.

Internet es una tierra encantada con fábulas, monstruos, bosques, ríos, océanos y  avatares. Un país etéreo y gigantesco, bullicioso y laberíntico, sin fronteras, pasaportes ni documento de identidad. Sus habitantes están conectados a satélites que transmiten lenguajes, creencias, leyes y normas trucadas en imágenes -binarias y metafóricas- que activan a los monstruos de la razón y desatan pesadillas: Slender Man de Wisconsin, por ejemplo, o los bulos de nacionalistas, comunistas y progres que dictan la corrección política, ataditos a causas fallidas y elefantes blancos.

Como ciudadanos de Internet, estamos expuestos al ruido de las redes y sus mensajeros de odio y difamación, sean terroristas islámicos guardianes de la fe, nacionalistas de ADN superior y exclusivo, los chinos herederos del camarada Mao o los mercaderes de checepelo tecnológicos y videojuegos adictivos que roban el tiempo y la energía de millones de niños, adolescentes y jóvenes nacidos con Internet, es decir, con opciones a exploración y discernir.

En la antípoda de ese “Padre Nuestro” llamado Internet, están los desconectados del país virtual: pobladores de África, Asia, Amazonas o el Caribe que aún carecen de las opciones de ese mundo de espejos, narcisismos y mutaciones tecnológicas usados como pasarela, laberinto o atalaya crítica sobre realidades que hieren y laceran a millones de personas en la India, Siria, Zimbabue, Cuba, Norcorea, Venezuela o Nicaragua.

Internet es, en fin, espejo del mundo que refleja y escaparate de estrellas humanas que buscan espacios nucleares, semidioses del deporte, el cine, los medios de comunicación, los negocios, la política, la Iglesia y la economía. Saltos y sobresaltos, certezas e incertidumbres narradas por telediarios y televerdugos. Protagonismos e inocencia, denuncias y manipulaciones, ciudades visuales y bibliotecas virtuales, hackers, leyendas y mitos, discursos banales, burbujas y pinchazos.

Click desde el móvil, la tablet o el ordenador.

La Hispanibundia. / Miguel Iturria Savón

Escuchar y leer al escritor hispano alemán Mauricio Wiesenthal es un placer estético por el aliento musical de sus poemas, su erudicion y esa prosa que celebra y disfruta el derecho a soñar, viajar y reflexionar, razones de su existencia y de su cosmopolita cultura, resumida en uno de sus versos: “la vida es el hilo de la cometa”.

Los libros de este sabio viajero y trotamundos configuran un puzle desplegado entre España, América y Europa. Su obra poética, narrativa, ensayística es una especie de híbrido de su vasta cultura, encuentros con personajes reales y literarios, lecturas, experiencias marítimas y estudios de temas y autores excepcionales. Esa atmósfera de otro tiempo y otro universo paralelo a la previsible vida contemporánea, gravita en  títulos como: El viejo león: Tolstoi, un retrato literario; Rainer María Rilke: el vidente y lo oculto, El esnobismo de las golondrinas, Luz de vísperas, Libro de réquiems (memoria y personajes), El gran diccionario del vino, etc.

De enorme interés por su exploración sociológica, histórica y cultural es La Hispanibundia, de 38 ensayos eruditos y amenos que mesclan sensatez, extravagancia, datos y verdades en dosis magistrales que recuerda: “los asuntos españoles tienen que ver con la frontera, la zona intermedia, el experimentalismo humano”, es decir, un recorrido por la historia, la cultura española y su capital simbólico compartido con Europa, América, Asia y África.

Esta obra, como su autor, brilla por su ironía, inteligencia expositiva, la melancolía y la alegre y desjuiciada voluntad de vivir intensamente. La Hispanibundia es una mirada interesante de los restos de aquella nación, sus laberintos y cambios de perspectivas desde tiempos remotos al Imperio, la Ilustración, la fractura y otros instantes de profundidad simbólica, reveladores de “una cultura activa, crítica, punzante, que interpreta el pasado y lo convierte en reflexión del propio presente…”

«Es posible que la hispanibundia no sea más que la vehementia cordis (vehemencia del corazón) que, según Plinio, distinguía a los hispanos. Con hispanibundia reaccionaron los teólogos de la Contrarreforma frente a las tesis de Lutero. Movidos por la fiebre de la hispanibundia se aventuraron los conquistadores en los desiertos, en las santas cordilleras y en las selvas del Nuevo Mundo. La hispanibundia arrojó a nuestra armada Invencible contra las costas de Gran Bretaña y de Irlanda. Y con un dolor hispanibundo se escribieron las mejores páginas de nuestra literatura. La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea español o no, lo acepte o no, se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos». Convencido de que los pueblos sólo pueden cambiar cuando hacen un honesto esfuerzo por conocer su historia, Mauricio Wiesenthal trata de aportar su grano de arena para comprender esa compleja realidad que se ha ido configurando a lo largo de siglos y  de la que, para bien o para mal, formamos parte y somos herederos.

Ancla insular cumple 10 años. / Miguel Iturria Savón

El 27 de junio del 2008 colgué el primer post de Ancla insular, una bitácora creada en La Habana y llevada a España en noviembre del 2012. Ha pasado una década desde aquella reseña sobre la etnóloga Lydia Cabrera, autora de El Monte y Cuentos negros de Cuba, hasta “El viaje de Tania Díaz Castro”, poeta y periodista anclada en la isla. Un tiempo intenso y creativo para testimoniar hechos insólitos y cotidianos, relatar la vida de personas sin agenda, evocar a personajes del arte y la literatura, glosar  libros, ferias, festivales, exposiciones, películas y conciertos.

En diez años de travesía por el ciberespacio la desmesura no ha sido la nota, el tono ni la frecuencia de estas páginas en las que convergen crónicas, artículos de opinión y sucesos y personajes que enlazan pasado y presente sin ñoñería ni ambigüedades, salvo en lo estético, aunque Ancla insular no ha sido neutral ni visceral en sus enfoques pese a navegar por una realidad claustrofóbica que hiere, duele y salpica las emociones de cualquiera.

Ha pasado una década pero Cuba sigue en circunstancias similares, por eso la deriva insular adopta títulos obsesivos, algunos de interés:

  • “El capítulo más negro de la Primavera negra”, del 5.01.2010
  • “Cinco prisioneros del Castrismo”, 20 y 21.9.2010
  • “Los huelguistas y el tirano”, 3.5.2011
  • “Combatientes olvidados”, sobre Bahía de Cochinos, 26.4.2011
  • “Pobres de solemnidad”, 10.10.2011
  • “La última odisea de Laura Pollán”, 20.10.2011
  • “Duro de matar”, sobre el Guinness a F.C, el 22.12.2011
  • “Cuba, ¿una barca en medio del mar?”, 10.8.2013
  • “Cuba, baúl del naufragio”, 30.12.2013
  • “Bienaventurados los que partieron”, 27.12.2014
  • “La guerra de Cuba”, 16.1.2015
  • “Cuba, estadísticas y malabarismos”, 20.5.2015
  • “El Mariel, votar con los pies”, 7.4.2015
  • “Cuba, titulares de un acto simbólico”, 17.8.2015
  • “Cuba, gafas virtuales”, 10.5.2016
  • “Cuba, ¿isla extraordinaria?, 23.3.2017
  • “Cuba, tiempo de hastío”, 22.11.2017

En Ancla, sin embargo, predomina la vocación cultural, la cultura como espacio de libertad, la forma y la diversidad temática por encima de la inmediatez informativa. En casi mil entradas -hubo un “naufragio” que “evaporó” en el ciberespacio los post editados entre marzo y octubre de 2014- imperan los artículos informativos y de opinión (175), seguidos por reseñas de libros (115), crónicas (111), notas de cine (52), blogs y revistas digitales (29), historia (24), artes plásticas y fotografías (22), teatro, danza y televisión (21), cultura general (15), asuntos jurídicos (14) música (13), deporte (8) y otros temas y personajes de interés político, social, mediático, religioso, arquitectónico, paisajístico…

Para no marear con repaso de post, aprendizaje tecnológico y abordajes de hackers y censores que diezmaron a esta bitácora y al autor, invito a los internautas a despertar en las páginas e imágenes de Anclainsular.com  a figuras del cine, la literatura, el arte, la música, el teatro, la historia y las gentes sin historia que vuelan o planean sobre la realidad como pájaros exóticos.

En esa pista extendida entre la isla del Caribe anclada en el pasado y la península que patina en los senderos globales, aparecen nombres de  personajes reales y ficticios, libérrimos o amorfos, modernos y prehistóricos, humanos o fantasmales. Se llaman Eduardo Mendoza, W. Szymborska, D. Trump, M. Chaves Nogales, N. Guillén, L. Cohen, F. Aramburu, M. Díaz Martínez, K. Kieslowski, J. D. Ferrer, G. Fariñas, Antonio E. Rodiles, Orlando L. Pardo, García Lorca, R. Arenas, O`Connor, Ángel Santiesteban, Chaplin, Nina Simone, Chacón y Calvo, Kurosawa, Lenin, N. Fuentes, Juan Rulfo, Lezama Lima, M. Cervantes, Frank Correa, Pío Baroja, Pablo Méndez, Vargas Llosa, José M. Heredia, Jodorowsky, Silvestre de Balboa, José Martí, Hemingway, Zoe Valdés, R. Bragado, Cabrera Infante, B. Atxaga, L. Padura, Proust, Heberto Padilla, J.L Borges, Raúl Rivero, A. Camus, Gastón Baquero, Walt Whitman, Virgilio Piñera, Tzvetan Todorov, Gorki Águila, Sócrates, K. Armstrong, Yoani Sánchez, Emil Cioran, Ernesto Santana, Gombrowicz, Gina Picart, Czeslaw Milosz, Eliseo A. Diego, Alice Munro, Rafael Alcides, Almodóvar, Eduardo del Llano, L. Buñuel, Raphael, Uva de Aragón, Wajda, Alicia Alonso, Moustaki, Olga Guillot, Moliere, Shakespeare, Pablo Milanés, Polanski, Luis Cino, Ángela Aznar.

Nombres de personas y lugares, de series, obras teatrales, playas y canciones que oxigenan páginas volátiles como el éter. “Cubalandia”, “Homeland”, “Black Mirror”, “Villa Manuela”, “Aquelarre”, “Showtime”. Crónicas de viaje. La Habana y Madrid, Atenas y Milán, Valencia y Bilbao, Barcelona y Guernica, Sagunto y Zaragoza. Clic mediante.

Ancla insular aún navega por los mares de ciberespacio. Sin nostalgia de Cuba ni búsqueda de paraísos y elefantes blancos. Clic mediante.

El viaje de Tania Díaz Castro. / Miguel iturria Savón

Tania Díaz Castro es más conocida por sus crónicas en Cubanet y otros medios que por sus poemarios, sin embargo, la mejor pólvora de esta escritora irreverente y memoriosa no está en sus excelentes entregas a la prensa del exilio, sino en su lirismo anticonvencional, signado por el desenfado, la expresión cruda con tendencia al absurdo, a veces grotesca, tremendista, veraz y casi violenta.

Nacida en 1939 en Camajuaní, Las Villas, Tania atravesó la poética de los sesenta sin sucumbir a la eufórica “poesía bajo consignas” que enmascaró la domesticación del “hombre nuevo” y el “compromiso” con las metas, consignas y la gritería revolucionaria que empujó a muchos creadores a la cárcel, el exilio y los campos de trabajo forzoso. Su modo de asumir la poesía atisba la antipoesía acuñada después por el chileno Nicanor Parra.

Apuntes para el tiempo (1964), Todos me van a tener que oír (1970) y Mientras giran las hojas del arce (escrito en Japón en 1972 y publicado en La Habana) son sus cuadernos más difundidos en la isla. El segundo fue ampliado, traducido al inglés y reeditado en 1990, cuando Tania sufría la embestida de la policía secreta de Castro por sus críticas y activismo cívico.

Les dejo un fragmento de “El viaje”, poema dedicado al poeta y ensayista Alberto Rocasolano, autor de la antología Yo te conozco, amor, publicada en La  Habana en 1999 y 2011.

El viaje

Hacemos el amor. Ya no estás vestido.

Escribo nuestra historia junto a tu cuerpo.

Me pregunto qué hacia sin él,

entre los negros pájaros de tu memoria y la mía,

sobre los árboles grises por donde anduve perdida siempre.

Hacemos el amor. Te asombras ante las brasas

de mi fragua diabólica.

Recuperas el olor olvidado de la mujer.

Decides volverte loco entre mis brazos,

dulcemente loco…

Yo me siento virgen en este momento,

inexperta… Confundo al cielo

con tu frente de pez,

el aire con que tu voz ineluctable

de viejo lobo de mar.

Ignoro si viajo al pasado o al futuro.

No sé como saldarnos, tocar tus muslos, tus caderas,

cómo lograr equilibrio por los bordes

de tu corazón marino,

de tu sexo,

saludable como un niño,

mientras el amor nos vuelve menos animal de monte.

Pero recobro mi vieja memoria de salitre

y preparo mi viaje, el más importante:

de un salto llego hasta tu cuerpo

sobre el lomo de un maravilloso hipocampo.

Salto de mi cuerpo al tuyo!

Me hundo hasta los hombros en tu boca.

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En verdad eres un hombre de costa a costa,

al que buscaba con una lámpara a cuesta en plena noche.

¿Cómo te sientes, amor, después de tan largo viaje?

Al menos yo, soy un animal doméstico satisfecho.

No sé si reposo o estoy muerta,

si me sobra el cuerpo;

pero puedo gritar a toda voz que hago el amor

entre guijarros dorados y algas mágicas

con un hombre que jamás fue siervo.

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La misma estupidez. / Miguel Iturria Savón

Obra Historias de bronce, de Pedro P. Oliva

Miro el cuadro Historias de bronce, del pintor cubano Pedro Pablo Oliva, y pienso en la estupidez humana. El 14 de junio, por ejemplo, celebraron en Rosario, Argentina, el 90 aniversario de un guerrillero que asesinó a cientos de personas en Cuba, además de destruir la banca y la industria en la isla caribeña, de donde salió a “expandir” el pastel revolucionario y cambiar el mundo. En Granada, España, una exposición evoca a otro campeón de la muerte: Stalin, cuyos tanques y oficiales llegaron a “defender” al Gobierno de la República en 1936.

Imagino el escándalo mediático que despertaría celebrar en Argentina la llegada al poder de Videla y otros generales golpistas en 1976. O la algarabía de los medios de comunicación si alguien evoca en España la llegada de los aviones de Mussolini y Hitler que bombardearon ciudades para favorecer la victoria del general Franco durante la Guerra inCivil de 1936 al 39.

Nada extraño, ¿verdad? Amnesia selectiva. Cara o cruz. Odios. Empatias. Exaltar a personajes y sucesos convenientes, desdeñar su leyenda negra. Echarle mano al pasado, activar rencores. O pasar página…

Ah, la política y sus versiones ideológicas. Memoria y desmemoria. Campeones de la ética. Discursos, leyendas y mitos para bordear los límites. Historias de bronce, acero, aluminio… La misma estupidez frente a la complejidad humana y social.

 

Los laberintos paródicos de Eduardo Mendoza. / Miguel Iturria Savón

Eduardo Mendoza, escritor y Premio Cervantes.

Si en La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral y La casa verde Mario Vargas Llosa recrea la intrahistoria y la complejidad de Lima, Cochabamba y otras ciudades y regiones de Perú en el siglo XX, Eduardo Mendoza Garriga convierte a su natal Barcelona en centro del crucigrama de hechos y personajes inmersos en historias reales e imaginarias que muestran una apoteosis de lo detectivesco y lo paródico en la mejor tradición cervantina, es decir, “la escritura que contiene en sí su propia caricatura”.

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes de Literatura, inició su travesía creativa con La verdad sobre el caso Savolta (Seix Barral, 1975) que obtuvo el Premio de la Crítica en España y fue llevada al cine en 1979; siguió con dos novelas policiales –El misterio de la cripta embrujada, 1979 y El laberinto de las aceitunas, 1982- en las cuales reanuda la sorprendente intriga policial, pero desde la perspectiva de un detective improvisado y delirante que explora y encadena crímenes y enigmas recientes en tanto franquea escenarios sórdidos e insólitos. El reino del humor y el absurdo resurge en la extensa y ambiciosa Ciudad de los prodigios (1986), “un singularísimo avatar de la novela picaresca y un carrusel imaginativo” que, pese a convocar a mitos y figuras locales,  nacionales y europeas, aborda la vida de personajes reales situados en Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929.

En la misma línea urbana de fabulación libérrima figura la hilarante novela Sin noticias de Gurb (1991), protagonizada por dos extraterrestres que desembarcan en Barcelona y, mientras el primero busca al segundo, adopta diversas apariencias y narra cuanto le acontece en el laberinto urbano que acogerá a los atletas y visitantes de las Olimpiadas de 1992.

Esa mirada tierna, irónica e implacable de los marcianos sobre Barcelona, regodea matices históricos y humanos de mayor hondura en El año del diluvio (1992), una novela de entorno rural y tono agridulce en la que combina la irrupción del amor entre una monja y un terrateniente con la debacle del tiempo en los sombríos años cincuenta, marcados por la clausura provinciana con trasfondo bélico, historias de bandoleros, elementos teológicos y atisbos de compasión, cordialidad y melancolía desde la invención expresiva y la mezcla de estilos y géneros.

La saga de universos urbanos poblados de personajes creíbles y fascinantes crece en Una comedia ligera (1996), centrada en un mediocre y exitoso dramaturgo barcelonés que escribe farsas para el público de clase media de mediados del XX, pero es enredado en amoríos e intrigas políticas y policiales que zarandean su placidez, obligándolo a investigar un crimen que lo pondrá en contacto con personajes y realidades ignoradas por él. Esta obra obtuvo en París el Premio al Mejor Libro Extranjero en 1997.

En el 2006 Eduardo Mendoza publicó Mauricio o las elecciones primarias, novela no paródica de tono grave, provocador e iconoclasta, basada en una tríada de personajes de clase media situados en la Barcelona posterior a la transición donde cobrará protagonismo político el controversial Jordi Pujol. Esta pieza de incursión política, magistralmente expuesta, es un “retablo de una comunidad en espera del fin de la utopía” y “el ácido balance moral e ideológico de una época, un país y unas gentes que están tomando decisiones…”

En Tres vidas de santos, editada en el 2006 por Círculo de Lectores, Eduardo Mendoza glosa, a imagen y semejanza de las grandes hagiografías, las vidas anodinas y los milagros de tres personajes tan anodinos como singulares -el Obispo Fulgencio Putucás, varado en la Barcelona de 1952; el viajero Dubslav y Antolín Cabrales Pellejero, un delincuente convertido en escritor de éxito- no admitidos por el santoral cristiano, pero acogidos con deleite por la narrativa española contemporánea. Los relatos novelados de Tres vidas de santos tienen ese toque de picaresca, humor y prodigio de las breves y maravillosas Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.

Tal vez la mayor muestra del manejo de diversos lenguajes narrativos y estructura creativa del autor sea El asombroso viaje de Pomponio Flato, editado en 2008 y merecedor del Premio Terenci Moix y Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao. En este libro insólito, el viaje por los confines del imperio romano y la paródica aventura del protagonista en Nazaret donde fue contratado como detective por el pequeño Jesús, es un juego lúdico e irónico para satirizar a géneros y libros, sobre todo a las novelas de consumo. Eduardo Mendoza logra en El asombroso viaje de Pomponio Flato el “cruce de novela histórica, novela policíaca, hagiografía y parodia de todas ellas…”

Mendoza es autor, además, de La isla inaudita (1989), la obra teatral Restauración (1990), La aventura del tocador de señoras (2001), Premio al Mejor Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid; El último trayecto de Horacio Dos (2002), Riña de gatos. Madrid 1936 (2010), Premio Planeta y Premio del Libro Europeo; El enredo de la bolsa y la vida (2012), El secreto de la modelo extraviada (2015), Las barbas del profeta (2017), obra publicada con motivo del Premio Cervantes que le fue conferido en 2016; así como el ensayos Baroja, la contradicción, y la compilación de textos sobre escritores en lengua española ¿Quién se acuerda de Armando Palacio Valdés?

Tras leer la mayoría de los libros del escritor y traductor Eduardo Mendoza, pensamos en cómo aplica y combina la estructura del relato, la música interna de las palabras y el ritmo del conjunto a los personajes -reales o ficticios- y a los laberintos paródicos -citadinos, rurales o míticos- utilizados, llegando a caricaturizar su propia escritura. En ese sentido, expresó a través de uno de sus personajes:

“…La literatura puede rescatar vidas sombrías y redimir actos terribles; inversamente, actos terribles y vidas degradadas pueden rescatar a la literatura insuflándole una vida que, de no poseerla, la convertiría en letra muerta”.

 

La mitad del cielo. / Miguel Iturria Savón

Pilar de roca venerado en Georgia

Cada persona es un planeta infinito en sí mismo. Somos únicos e inigualables: nuestro olfato, el iris de los ojos, las huellas dactilares y otros detalles corporales y psicológicos nos distinguen de los ancestros y contemporáneos: sean hermanos, hijos, la pareja escogida, los amigos y vecinos. Somos exclusivos pero vivimos en sociedad, condicionados por leyes e instituciones, libros y periódicos, grupos y tribus urbanas o rurales que influyen hasta en nuestra forma de ser, decir, actuar…

Pienso así tras leer el catálogo Ellas tienen la palabra. Un recorrido por el papel de la mujer en la sociedad y en la literatura. Lo reviso y anoto títulos de autoras fascinantes, pero me repele el enfoque neomarxista y feminazi de obras excluyentes para “empoderar a las mujeres”, lo cual sería bueno en la India, Pakistán, Arabia Saudí, Irán, Irák, Siria y otras teocracias islámicas o satrapías de África que proscriben la libertad y los derechos de las mujeres; no en Europa, ese oasis de cultura, paz, riquezas, derechos e igualdad donde las mujeres estudian, trabajan, votan en las elecciones, ascienden en la pirámide estatal y no necesitan permisos para casarse, divorciarse o viajar libremente, lo cual las diferencia de las aguerridas feministas de principios del siglo XX .

El catálogo citado ofrece títulos cañeros para el “mercado de género”: El feminismo en 100 preguntas, de Pilar Pardo; Educar en el feminismo, de Iria Marañón; El Club de la lucha feminista. Manual de supervivencia…, de Jessica Bennet; Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngorzi Adichie; Feminismo para principiantes, de Nuria Varela y Antonia Santolaya; El hombre que no deberíamos ser, de Octavio Salazar, o El valor es cosa de mujeres, de Silvia Casasola y Juan A. Cebrián.

Otros volúmenes propagan el papel de la mujer en las ciencias, la historia o la sociedad en contraposición al predominio masculino: Mujeres en las ciencias: 50 intrépidas pioneras que cambiaron el mundo, de Rachel Ignotofsky; Las mentiras científicas sobre las mujeres, de Eulalia Pérez Sedeño; Marie Curie. Una vida para la ciencia, Historia de las mujeres filósofas, de Gilles Ménage, y Feminismo ilustrado. Ideas para combatir el machismo, de María Murnau y Helen Sotillo; Heroínas de la II Guerra Mundial, de Kathryn J. Atwood, y Lo que aprendí viviendo, de Eleanor Roosevelt.

No faltan reediciones de escritoras esenciales en la historia de la literatura: Diarios (Vol. 1, 1915-1919) de Virginia Woolf, autora de La señora Dalloway, Orlando, sobre la cual Lyndall Gordon publica Virginia Woolf. Vida de una escritora; Espejismos. Diario inexpurgado (1939-1947), de Anais Nin; más Jane Austen en la intimidad, de Lucy Worsley; El cuento de la criada y La semilla de la bruja, de Margaret Atwood; La librería, de Penélope Fitzgerald; La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich; El segundo sexo y Memoria de una joven formal, de Simone de Beauvoir; El cuaderno dorado, de Doris Lessing y clásicos con personajes femeninos: Madame Bovary, de Gustave Flaubert; El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence; La casa de Bernarda Alba, de F. García Lorca; Demasiada felicidad, de Alice Munro, así como Españolas del Nuevo Mundo, de Eloísa Gómez-Lucena; América y sus mujeres, de Emilia Serrano, y El misterio de la vida y de la muerte de Mata Hari, escrito por Enrique Gómez Carrillo.

Sería infinito recrear el vasto recorrido de la mujer por la sociedad y la literatura. Tan infinito como las entretelas de sucesos históricos, sociales y familiares, simplificados desde la cultura de la queja, la idealización femenina y la simplificación binaria de escritoras y escritores, como si el sexo condicionara el talento. Yo, por lo menos, cuando pienso en las mujeres, evoco a mi madre, a mis novias y esposa; luego me vienen a la mente féminas memorables que vindicaron a la mujer como tal: Christine de Pizan, Teresa de Ávila, Sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Jane Austen, Lou Andreas Salomé, Simone Weil, Anaïs Nin, Rosario Castellanos o Gabriela Mistral, todas complejas, sensibles, auténticas y de espíritu libre.

La mujer no es el universo, sino la mitad del cielo. El género humano es cosa de dos. Ambos oscilan entre el cielo y la tierra.