Guillermo Fariñas, resistencia y activismo. / Miguel Iturria Savón

Guillermo Fariñas Hernández, periodista y opositor cubano.

Dicen que hasta en el humor es preciso un toque de tragedia y de tiempo pues la vida, como la comedia, avanza desde lo burdo hacia zonas sutiles: el dolor, la ternura, las frustraciones y la resistencia de quienes desafían lo absurdo con su propio cuerpo y, a veces, con una sonrisa o un chiste que apacigua lo trágico.

Quienes miramos a Cuba desde la memoria y la distancia notamos esa mezcla de tragedia con bufones desnudos aferrados al poder, retados por espectadores que saltaron del graderío y enfrentan al toro sin espada, traje ni capucha. El toro insular encarnado por un viejo dictador que baila el danzón de su antecesor aún chilla contra quienes intentan cambiarle el ritmo, echarlo del ruedo sin cortarle el rabo ni las orejas, es decir, salir del burladero tropical por la vía pacífica.

Entre esos hombres sin máscaras que ponen su cuerpo como escudo de presión contra el despotismo figura Guillermo Fariñas Hernández, nacido en Guanabacoa en 1962 y residente en Santa Clara desde niño. A Fariñas le dicen el “Coco”, quizás por ser negro, alto, calvo, medio cojo y delgado, tan alto y delgado que se arquea sin dejar de mirar al frente y sonreír a sus amigos, colegas y vecinos; a veces se ríe de sí mismo y cuenta con desenfado porqué usa bastón y cómo perdió el pelo en prisión, mientras mira al socarrón que le pregunta por los tabacos que le apagaron en la cabeza en las celdas de castigo.

Como creció entre fusiles, discursos y profesías revolucionarias, fue matriculado por su padre -un guerrillero del Che Guevara en el Congo- en una de las escuelas militares del país; al graduarse de Cadete continuó en la Academia militar Tambov, en la antigua Unión Soviética. Luego integró la Brigada de tropas cubanas en la guerra de Angola, donde fue herido en una pierna y en la espalda lo cual puso fin a su aspiraciones bélicas y lo orientó a estudiar Psicología en la Universidad de las Villas, ejerciendo después como psicólogo en una clínica de Camajuaní y en los hospitales pediátricos de Sancti Spíritus y el “Pedro Borrás” de La Habana, donde denunció por corrupción a la directora quien lo expulsó por supuesta tenencia de armas de fuego. Ese primer encierro en 1995 representó una cura salvaje y el inicio de su activismo cívico contra la dictadura. Tras 11 meses de limbo legal en la prisión de “Valle Grande” fue condenado por “Convicción moral de los jueces”.

Tras casi doce años de prisión y múltiples detenciones e interrogatorios, Fariñas cobró protagonismo mundial por su veintena de huelgas de hambre en protesta por las condiciones carcelarias y el respeto a la vida de reos y activistas  de los Derechos Humanos. Entre el 24 de febrero y el 8 de julio del 2010 puso su cuerpo como escudo  ante la muerte por inanición del prisionero político Orlando Zapata Tamayo y por la liberación de 26 prisioneros políticos enfermos en las cárceles de la isla. Al borde de la muerte de Fariñas y bajo presión pública internacional Castro II excarceló y desterró a 116 prisioneros políticos, 12 de los cuales se negaron a marcharse.

La temeridad y supuesta “vocación suicida” de Fariñas no obedece a desequilibrios y ambiciones personales, como anotan los voceros del Politburó. Él asumió la libertad de expresión en circunstancias extremas que perduran. Si Cuba fuera un país medianamente democrático no hubiera ido a la guerra ni a la cárcel. Es un hombre que protesta, se planta y arriesga su vida a cambio de una apertura que normalice la vida de las personas, pero  sabe que la dictadura apenas cede y hay que “moverle el piso”. Por eso combina el activismo político con el periodismo. Cuando lo conocí a mediados del 2005 en las teleconferencias de la Universidad Internacional de La Florida ya había fundado la pequeña agencia de noticias Cubanacán Press y escribía crónicas y artículos  con sabor antropológico y agudeza informativa, sobre todo en el manejo de los entresijos militares y los mecanismos de espionaje de la estructura castrense. No en vano fue galardonado el 21 de octubre del 2010 con el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia por el Parlamento Europeo.

Cubanacán Press antecedió a la Revista Nacán, primer peldaño de Producciones Nacán, ligada después a la plataforma mediática de FANTU de la que es Coordinador General, aunque colaboró con el Semanario digital Primavera, editado en La Habana por Juan González Febles y Luis Cino; la Revista Voces Cubanas, creada por Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar y Orlando L. Pardo Lazo, escritores y periodistas independientes. Durante dos años ejerció como Portavoz de la Unión Patriótica de Cuba, fundada por el ex prisionero político José Daniel Ferrer, el líder más audaz y prestigioso de la zona oriental de la isla.

Por sus incesantes denuncias en la prensa independiente y en algunos medios internacionales de las constantes agresiones gubernamentales a los Derechos Humanos y el acoso y golpizas a su persona por la policía política, Fariñas ha sido distinguido por gobiernos e instituciones internacionales. En el 2005 protagonizó otra huelga de hambre para exigir el acceso a Internet sin restricciones en la isla, aún limitado y bajo censura, como en China. Al año siguiente la ciudad de Weimar le concedió el Premio de Derechos Humanos, cuyo importe económico donó al colectivo de presos políticos. Su visibilidad mediática creció con el Premio Ciberlibertad 2006 por reclamar el derecho de los cubanos a las nuevas tecnologías.

En medio siglo de vida Guillermo Fariñas transitó la ruta del soldado inducido al estudiante en Moscú, del Cadete en Angola al psicólogo que disiente y termina en prisión donde ofrece su cuerpo como escudo contra las sombras del horror. Tras las rejas se convirtió en activista cívico y en periodista. Es el típico resiliente que apuesta por cambiar la tragedia colectiva del país cautivo, salir del dolor sin victimismo ni ver al toro desde las barreras.

Antonio E. González-Rodiles, una voz en el límite. / Miguel Iturria Savón

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Coincidí varias veces en La Habana con Antonio E. González-Rodiles Fernández,  uno de los rostros más visibles y admirados de la disidencia en Cuba, respetable por su activismo cívico e ideas innovadoras para salir del pantano creado por décadas de dictadura en la isla. Antonio salió de la irrelevancia inducida en julio de 2010 con el proyecto Estado de Sats, creado como “espacio plural de participación y debate” en la sociedad civil, pero recibido con ataques por la maquinaria de propaganda y con detenciones y amenazas de la policía política de Castro -Seguridad del Estado-.

En la ciudad del sol constante y policías fantasmales, Antonio y sus colegas de Estado de Sats agitaron el Corral de comedias de las instituciones estatales, cuya neolengua no digiere aún los artículos de la prensa independiente, los post de la blogger Yoani Sánchez ni las denuncias y propuestas de los pequeños partidos emergentes, todos reprimidos y lanzados al baúl de los “enemigos”.

Antes de conocer a Antonio E. González-Rodiles asistí a una velada organizada por Estado de Sats y publiqué, el 3.8.2010, “Cultura viva en Casa Gaia”, una reseña sobre el programa ofrecido en la institución habanera. Entonces Estado de Sats sorprendía por igual a los neófitos del debate y a los cachorros de la policía política. “¿Quiénes son estos atrevidos?”, preguntaban algunos con agrado o desdén, anclados en la zona de confort del adoctrinamiento o distantes del ABC inoculado.

Antes de convertirse en un opositor visible y con programa Antonio representó a Cuba como nadador en los Juegos Panamericanos y conquistó medallas de oro y plata en eventos internacionales. Obtuvo después el título de Licenciado en Física en la Universidad de La Habana y de Máster en el Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de donde se trasladó a la Universidad Estatal de Florida y se graduó en el 2005 como Máster en Matemáticas, ejerciendo de Profesor auxiliar en ese centro y en el Tallahassee Community College.

Antonio E. González-Rodiles, casado con una mexicana y con una hija en el país azteca, dio un salto al vacío al regresar a Cuba, ese país poblado y vacío en cuya transformación democrática intenta concentrarse a pesar del murmullo, la inercia colectiva y las carencias que envilecen. Dejó de ser el académico bien pagado en un estado grande y próspero y puso su rostro sin complejos frente a las cámaras del audiovisual temático de Estado de Sats, un espacio dentro del abarcador programa de Tertulias, Exposiciones, Seminarios y debates sobre Cuba y sus retos. El impacto mediático de esos audiovisuales coincidió con las Marchas urbanas de las Damas de Blanco, la discreta difusión de revistas digitales como Convergencias, Voces Cubanas, el Semanario Primavera de Cuba, la plataforma blogger nucleada en torno a Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar y la circulación en la isla de Cubanet y otras páginas y soportes creados en La Habana, Santa Clara, Pinar del Río, Miami, New York, México y Madrid.

Recuerdo los memorables programas de González-Rodiles como moderador frente a los panelistas Manuel Cuesta Morúa, Julio Aleaga, Wilfredo Vallín y otras voces críticas de alto nivel profesional que desnudaron el vacío económico, la arrogancia política y la narrativa catatónica de la primitiva dictadura comunista en la isla del Caribe. La represión fue proporcional al deterioro de la imagen del régimen y sus representantes, aupados por el oleaje de aventureros populistas que tomaron el poder en Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros países del solar latinoamericano.

Antonio E. González-Rodiles fue acorralado en su residencia de Miramar y detenido varias veces antes de la sospechosa muerte del líder opositor Oswaldo Payá Sardiñas en julio del 2012. Recuerdo aquella noche del 24 de julio en la Estación policial del Cerro, donde las turbas organizadas por la policía acechaban a los activistas que exigían su liberación. En noviembre del mismo año Rodiles fue arrestado cuando se interesaba por la abogada independiente Yaremi Flores, detenida la víspera por agentes de la Seguridad del Estado. Fue liberado 19 días después.

Además de liderar Estado de Sats, González-Rodiles es uno de los Coordinadores generales del Foro por los Derechos y las Libertades, promotor de la iniciativa #TodosMarchamos por una Ley de Amnistía y el derecho a la manifestación pública en Cuba. En su Hoja de ruta el Foro incluye la implementación de los Pactos de Derechos Humanos en las leyes cubanas, a fin de derogar los preceptos que violan o limitan los derechos y libertades de los ciudadanos. Concibe, por supuesto, nuevas leyes de Asociación, de Medios de comunicación y de Trabajo por cuenta propia, encauzados a celebrar elecciones libres y pluripartidistas, pues ya existen los partidos alternativos al monopolista Partido Comunista de Cuba.

Los siete puntos del Foro por los Derechos y las Libertades son, de hecho, una propuesta para el aterrizaje suave en la democracia, es decir, de la ley a nuevas leyes para la reconstrucción económica y social.

Hasta ahora el régimen se enrosca, embiste y no dialoga con los representantes de la sociedad civil. El intento por perpetuarse y hacer invisibles a los actores del cambio pone contra las cuerdas a Antonio E. G-R, y a otras figuras de la oposición emergente,   acusados de resistencia y lanzados tras las rejas de manera selectiva y pendular, como antes en la antigua Unión Soviética y otros países de Europa del Este.

En los casos de González-Rodiles, el escritor Ángel Santiesteban y el grafitero Danilo Maldonado, intervino Amnistía Internacional y la dictadura cedió, aunque mantiene los  cargos y el acoso contra el director del proyecto Estado de Sats y Coordinador de la Demanda Ciudadana por otra Cuba. En aquella isla, castigar es una forma de prevenir el activismo pacífico y sus variantes críticas, lo cual pone a los defensores de los derechos humanos en el limbo jurídico y la opacidad diseñada para ellos en Palacio.

Cuba no es un teatro, pero Antonio E. González-Rodiles Fernández, nacido en La Habana el 21 de julio de 1972, sigue en el momento previo a la salida del actor a escena, es decir, con la energía concentrada o en Estado de Sats, como el programa audiovisual creado por él, Jorge Calaforra y Evelyn Quesada, cuya difusión en diversos soportes informáticos enfoca al escenario y a los actores del cambio, dentro y fuera de la isla de luz y excesos.

Cuba, ¿isla extraordinaria? / Miguel Iturria Savón

Cuba y otras islas del Caribe

En Las islas extraordinarias, de Gonzalo Torrente Ballester, autor de la trilogía Los gozos y las sombras, Don Juan y otras novelas por las que recibió en 1985 el Premio Cervantes de Literatura, un detective extranjero debe abortar una conjura brumosa en un país formado por tres pequeñas islas sometidas a una dictadura caricaturesca de notable perfección técnica. Mientras recorre cada isla y se entrevista con los personajes que las rige, el narrador entreteje “Una fantasía burlona, divertida y más bien amarga sobre el poder absoluto”.

Al leer “la novela insular” de Torrente Ballester, pensamos en la República Dominicana del despótico Leónidas R. Trujillo, en la vieja tiranía de los Castro en Cuba y en la España de Francisco Franco, aunque como alegoría de su natal España la novela apenas funciona, pues esta ocupa la Península Ibérica y posee dos archipiélagos y dos ciudades autónomas al norte de África. Además, en Las islas del escritor gallego no hay cárceles, huelgas ni conflictos con obreros, estudiantes ni drogadictos, sino normas y formas de adhesión sujetas a una voluntad clasificadora que descansa en un pueblo uniformado acostumbrado a recibir mentiras necesarias para mantener el entusiasmo y la pasión, la disciplina y la obediencia al Estado. Los obreros vivían felices en edificios grises, grandes y pesados.

Medio siglo después de la publicación de Las islas extraordinarias, suponemos que Torrente Ballester pasó la censura en la España del Caudillo por situar el escenario de la ficción fuera de su país. Se refería a España, por supuesto, y también a la Cuba de Fidel Castro, hijo de un emigrante gallego y admirado por Franco.

Al margen de posibles analogías, ambos personajes gobernaron de forma absoluta y encarnaron la parte sublime del poder en España y en Cuba, respectivamente; ambos lideraron una guerra civil, crearon un nuevo Estado, domesticaron la rebeldía y abolieron todo lo que les estorbara, como en la novela, pero sin obreros felices, con muchas cárceles, órdenes militares, prohibiciones y una Dieta -Parlamento que no parla- que elige al Colegio de Notables y este al Gobierno. ¿Inspiración casual?

“No hay nada tan pacífico como el estiércol”, dice la esposa de su Excelencia quien no vive con su marido porque no es capaz de resistir su grandeza, cree que lo excepcional abruma y anula.

Otro personaje de la novela, el Ideólogo de las islas -Politburó en Cuba-, “erudito, cínico y anticuado”, afirma: “Dios es el origen y la causa de todo mal, un Estado inteligente previene las rebeldías disimulando la explotación: justicia social, además de curar a los hombres de sentimentalismos, practicar la muerte preventiva…; la gente no necesita pensar, pensar es peligroso pero la gente debe creer que piensa por sí misma”.

El Caudillo español no blasfemó contra Dios ni habló de justicia social, pero F. Castro sí. Ambos, como el personaje de “Su Excelencia” en Las islas extraordinarias, se creyeron excepcionales, prohibieron la importación de libros, desdeñaron la poesía, contrataron detectives contra posibles conjuras e intentaron “dejarlo todo bien atado”, lo cual no sucedió en España ni será posible en Cuba, esa isla rodeada de pequeñas islas donde el poder absoluto parece una fantasía burlona y amarga.

El Son cubano de García Lorca. / Miguel Iturria Savón

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El viernes 7 de marzo de 1930 llegó a La Habana el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, conocido por algunos poemas de su Romancero gitano, aparecidos en la vanguardista Revista de Avance y en otros medios de la isla, pues Lorca estaba en contacto con los escritores José M. Chacón y Calvo y Alfonso Hernández Catá, diplomáticos en Madrid, y con el ensayista y profesor Fernando Ortiz, Presidente de la Institución Hispano Cubana de Cultura, entidad que financió la estancia y organizó el Ciclo de conferencias dictado por García Lorca en la capital y en las filiales de  Cienfuegos, Santa Clara, Remedios, Sagua la Grande, Caibarién y Santiago de Cuba.

Se ha escrito muchísimo sobre la intensa presencia de Federico en Cuba quien estuvo “deslumbrado por el duende de la luz de la calle habanera”, recorrió casi toda la isla acompañado por Chacón y Calvo, F. Ortiz, Juan Marinello, la musicóloga María Muñoz de Quevedo y los hermanos Flor y Carlos Manuel Loynaz, en cuya residencia del Vedado comía y tocaba el piano junto a la tímida y célebre Dulce María Loynaz, autora de una bellísima evocación que incluí en mi libro Miradas cubanas sobre García Lorca, publicado por la editorial Renacimiento (Sevilla, España, 2006), tras ser censurado en La Habana en 1998 por incluir un ensayo del escritor exiliado Guillermo Cabrera Infante.

García Lorca fue un poeta y dramaturgo extraordinario que amó y disfrutó la vida, pero ha sido convertido en “bandera de combate” por su absurdo asesinato en julio de 1936 por los falangistas en su natal Granada. Les dejo el bello, espontáneo, luminoso y agudo Son cubano que escribió antes de regresar a España -el 12 de junio de 1930-, y sugiero comprar por Internet mi libro Miradas cubanas sobre García Lorca, una antología de textos críticos y memorialísticos sobre su estancia en la isla en los que incluyo “La ruta cubana de G.L” y piezas de Chacón y Calvo, Emilio Ballagas, Lino Novás Calvo, J. Marinello, Lezama Lima, Cabrera Infante, Dulce M. Loynaz y otros autores.

 

El Son de Santiago de Cuba

(A Don Fernando Ortiz)

Cuando llegue la luna llena,

iré a Santiago de Cuba,

iré a Santiago,

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Cantarán los techos de palmera.

Iré a Santiago.

Cuando la palma quiere ser cigüeña.

Iré a Santiago.

Y cuando quiere ser medusa el plátano.

Iré a Santiago.

Con la rubia cabeza de Fonseca.

Iré a Santiago.

Y con el rosa de Romeo y Julieta.

Iré a Santiago.

Mar de papel y plata de monedas.

Iré a Santiago.

¡Oh, Cuba, oh ritmo de semillas secas!

Iré a Santiago.

Oh cintura caliente y gota de madera.

Iré a Santiago.

¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!

Iré a Santiago.

Siempre dije que yo iría a Santiago,

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Brisa y alcohol en las ruedas.

Iré a Santiago.

Mi coral en la tiniebla.

Iré a Santiago.

El mar ahogado en la arena.

Iré a Santiago.

Calor blanco, fruta muerta.

Iré a Santiago.

¡Oh bovino frescor de cañavera!

Iré a Santiago.

¡Oh Cuba! ¡Oh curva de cintura y barro!

Iré a Santiago.

Federico García Lorca, 1930.

Carta del Ministro O´Connor a una pacifista canadiense.

 

Una canadiense pacifista escribió a las autoridades de su país quejándose del trato que se da a los “insurgentes presos” (terroristas) detenidos en Afganistán. Le contesta el ministro de Defensa en los siguientes términos:

Estimada ciudadana comprometida:

Gracias por su carta en la que expresa la preocupación por el trato que damos a los terroristas talibanes y de Al Qaeda en manos de las Fuerzas Armadas Canadienses. Se los transferimos al Gobierno de Afganistán que los mantiene presos en su sistema carcelario. Pero, en atención a las quejas que recibimos de ciudadanos comprometidos como usted, hemos creado un nuevo programa LARK  [iniciales en inglés para Responsabilidad Aceptada de los Liberales para con los Asesinos].

De acuerdo con ese programa, hemos decidido seleccionar un terrorista y colocarlo bajo la dependencia de la familia de usted. El próximo lunes tendrá usted en su casa a Alí Mohamed Amé Ben Mahmud (puede llamarlo simplemente Amé). Espero que puedan tratarlo amablemente tal como exigía usted en su carta de protesta. Lo más probable es que necesite usted contratar a algunos ayudantes para esa misión.

Cada semana nuestro departamento le va a hacer una visita de inspección para comprobar que se tienen en cuenta los principios de buen trato que exigía usted en su carta. Debo advertirle que Amé es un psicópata extremadamente violento, pero confiamos en que, con la sensibilidad que usted manifestaba en su carta, logrará superar ese inconveniente.

Seguramente tiene usted razón al describir esos problemas como meras diferencias culturales. Pero insistimos en que su huésped resulta extremadamente eficiente en el combate cuerpo a cuerpo y que puede matar con un lápiz o un cortauñas. Le rogamos que no le pidan a Amé que demuestre esas habilidades en el grupo de yoga al que usted asiste.
Además, Amé es un experto en fabricar artefactos explosivos con productos caseros; así que tenga bien guardados esos productos a menos que en su opinión esa decisión pueda ofender a Amé.

El terrorista no querrá relacionarse con usted o con sus hijas (excepto sexualmente) puesto que él considera a las mujeres como meros objetos. Ese es un aspecto muy sensible, puesto que se le han observado tendencias violentas respecto a las mujeres que no cumplen con el atuendo prescrito en las costumbres islámicas. Así pues, confío en que a usted no le moleste llevar el burka; de ese modo contribuirá usted a respetar la cultura y las creencias que manifestaba en su carta.

Gracias otra vez por su preocupación. Estamos muy reconocidos a las personas como usted e informaremos a nuestros conciudadanos de su cooperación. Buena suerte y que Dios le bendiga.

Atentamente,

Gordon O’Connor, Ministro de Defensa de Canadá.

Esquivar el enfado. / Miguel Iturria Savón

Los dictadores y sus servidores niegan la libertad de expresión, censuran sus brotes alternativos e imponen periódicos que legitiman sus designios. En China, Vietnam, Norcorea, Cuba, Venezuela y en algunos países de África, los medios de comunicación están al servicio del Partido único –comunista- y del Estado que lo perpetúa en el poder. En esas naciones, revelar las parcelas silenciadas por el despotismo se paga caro.

En la vieja Europa –salvo en Rusia-, Estados Unidos y Canadá es impensable la censura a la prensa, pues la libertad de expresión y los medios de comunicación son uno de los pilares de la democracia occidental, pero los periódicos, revistas, telediarios y las redes sociales no solo difunden lo que sucede, sino que crean estados de opinión en base a las filias y fobias de quienes escriben. Es lícito ventilar los trapos sucios, pero manipular a otros y dictar condenas en las tertulias televisivas resulta abusivo.

Como toda obra humana, la prensa oral y escrita tienen luces y sombras. Por un lado, es como un sol que irradia luz y airea miserias, corruptelas y abusos de poder, además de informar y contar el drama de las gentes sin historia. Por otro lado, sirve de tribuna para enmascarar ambiciones políticas y movilizar a seguidores, lo cual cansa y hasta cancela los puntos de vistas opuestos.

En España, por ejemplo, los telediarios y los periódicos crean incesantes titulares que las gentes repiten, algunos son agudos e interesantes, otros baladíes pero políticamente correctos, es decir, tema tabú que exigen matices o silencio si no quieres que te linchen mediáticamente por facha, anti gay, machista, xenófobo y otros términos del sutil arsenal de la censura.

Si los millones de turistas que vacacionan en España vieran los telediarios, pensarían que el país es un desastre, que casi todos los políticos -desde alcaldes hasta el Presidente del Gobierno- son corruptos y que la banca es un grupúsculo de ladrones con patente de corso. La “indignación” pasa por frases tópicas desde o sobre el secesionismo catalán -un país que nunca fue país, sino un trozo del antiguo Reino de Aragón- y por el tema migratorio, como si España tuviera espacio y recursos para acoger a los millones de africanos y musulmanes que huyen de guerras y penurias propias sus países.

Para colmo de enfados, al menos desde noviembre pasado, los periódicos, las cadenas radiales y televisivas nos inundan con informaciones y análisis sobre Donald Trump, el nuevo Presidente de los Estados Unidos, quien esgrime el proteccionismo y expresa sus puntos de vistas sin pensar en la avalancha mediática que desata. Por su forma de ser y actuar y por el inmenso poder de míster Trump, es objeto de fobias y pasiones, pero  ponerle la lupa de aumento las 24 horas del día y escudriñar sus posibles decisiones y hasta la forma de vestir y peinarse resulta obsesivo y enfermizo.

Trump, como cualquier presidente o primer ministro de Europa, Asia y América son personajes transitorios. No creo que por discrepar con las líneas políticas de la Unión Europea se convierta en un déspota al estilo de Mussolini, Hitler, Stalin, Mao o Saddam Hussein. Además, Estados Unidos es una democracia con instituciones sólidas. De toda forma, los medios informativos tienen derecho a cargar la pluma y profetizar desastres, es una constante que entretiene a la masa acrítica y moviliza a los activistas.

Es tal el enfado con D. Trump y los Estados Unidos en Europa que valdría la pena preguntar ¿por qué y para qué? Si las naciones de Europa, libres y prósperas, exportan alimentos y tecnologías y constituyen la nueva Tierra prometida de millones de asiáticos, africanos y latinoamericanos, ¿qué sentido tiene estar al tanto de las decisiones tomadas en Yankilandia?

Si lo excepcional asombra y luego abruma, reduce y agobia, ¿para qué potenciarlo? ¿Qué hay detrás de tanta banalización y enfados informativos?  Sé que “las lágrimas de un ángel son mucho más perturbadoras que la risa del demonio”, pero, ¿existen ángeles y demonios?

Adios Disneylandia. / Miguel Iturria Savón

 

https://www.youtube.com/watch?v=eH7MksWrdNY

México no es el ombligo de la Luna como suponían los antiguos náhuatl, ni el reino del terrible Huizilopochtli, sino un país megadiverso y plural con 31 estados y la capital federal, casi dos millones de kilómetros cuadrados, 119 millones de personas, una lengua oficial -español- y 67 idiomas nativos cuyos hablantes preservan sus ancestrales ritos y costumbres, evidentes en el folklor y en cientos de pirámides, esculturas y ruinas que atraen a turistas y exploradores.

México, ese micro universo mecido entre el océano Pacífico y las aguas del golfo homónimo, tiene 3 155 km de frontera con los Estados Unidos de América, al norte, y casi mil km al sur con Guatemala; además del pequeño Bélice. Las enormes fronteras de México son, más que límites, centro de sueños y tensiones del incesante trasvase humano donde operan narcotraficantes y otros personajes llevados al cine, la literatura y la música popular.

México es un crisol de lenguas y culturas, un país tan diverso, rico y complejo, como lleno de mitos y sueños milenarios. ¿Por qué añorar otros sueños, cruzar fronteras o sentirse víctimas ante muros propios o ajenos?

Si “no hay peor desprecio que no hacer aprecio” y peor exilio que el exilio interior, México debe mirar hacia dentro, no hacia los pasos fronterizos ni la posible remesa del que se va en busca del sueño americano. Con tantos sueños propios…

En días de agravios y victimismo, una vieja ranchera mexicana parodia la creciente pulsión fronteriza con el vecino del norte, cuyo Presidente habla de muros y multas a los fabricantes que inviertan al sur del río Bravo. Más que una canción, es un contrapunteo satírico audiovisual con datos e imágenes que invitan a desatar amarras. Ver “Adiós a Disneylandia” en You Tube.

Por amor a México. Si queremos rescatar al hermoso país que tenemos, hay que unirnos

Adios Disneylandia / New York / Las Vegas.

Adios California / Miami…

Hola México /Hola Ciudad México / Cancún.

Hola Los Cabos / Puerto Vallarta / Acapulco.

Hola a los más de cien pueblos mágicos, destino de europeos, canadienses y norteamericanos. Bienvenidos…

Adios Ford / Chevrolet / Chrysler.

Bienvenidos Toyota, Nissan, Audi

Bienvenidos KIA, BMV, Honda, Mazda.

Adios Home Deport…

Adios Start buck Coffee / Macdonald / Bugar King.

Hola a locales de comida mexicana…

Adios tiendas gringas.

Hola tiendita de la esquina…

Adios Whisky / Hola Tequila.

Adios costumbres estadounidenses…

Hola tradiciones mexicanas.

¡México, México, te llevo en el alma!

 

Donald Trump, ¿hombre alfombra? / Miguel Iturria Savón

Donald Trump jura y asume la Presidencia de Estados Unidos

Donald Trump asume la Presidencia de Estados Unidos.

No sé si la Oficina de Prensa de la Casa Blanca, la CIA u otra institución estadounidense monitorea y procesa los artículos de los medios de comunicación internacionales sobre sus líderes. Si lo hicieran, la faena es enorme, al menos desde los días previos a cada elección presidencial -en noviembre cada cuatro años- hasta la toma de posesión del nuevo mandatario ejecutivo, cuyo programa electoral, entrevistas y discursos provocan enormes expectativas en medio mundo.

A Donald Trump, nuevo inquilino de la Oficina Oval, los medios informativos le pusieron la lupa encima desde que rivalizó con los contrincantes de su propio partido, a los cuales se impuso antes de ser nominado y enfrentarse a Hilary Clinton, a quien derrotó pese a liderar las encuestas, expresarse en un lenguaje políticamente correcto y contar con la simpatías de las estrellas de Hollywood y de los líderes de opinión de su país y medio mundo.

A esta altura del juego, no vale la pena reproducir titulares, casi todo se ha dicho desde todos los ángulos mediáticos, políticos, económicos, militares y académicos. Un brevísimo análisis desvela, sin embargo, el enfoque binario y simplificador del “bueno” que se fue -B. Obama- y el “malo” que lo sustituye -D. Trump-, además del “papel” -real o sobrevalorado- concedido a los Estados Unidos como garante militar, financiero y político del orden mundial en momentos de fragilidad de Europa, Asia y América ante la expansión terrorista y el rearme y liderazgo de dos potencias emergentes: Rusia y China.

Donald Trump despierta pasiones, inquietudes, temores, odios, desdén y desesperanza, salvo en los millones de electores que lo catapultaron a la Casa Blanca y en los medios de información que apostaron por él. Antes de ocupar el sillón presidencial lo calificaron de “nacionalista”, “proteccionista”, “populista”, “racista”, “redentor de todos los males”… Según un Premio Nobel de Literatura: solo desde la ficción se concibe que ganara Trump.

No estoy a favor ni en contra de Donald Trump, pero le deseo suerte ante los retos y desafíos que asume. Quizás al gobernar, apacigüe las expectativas creadas en su contra. Tal vez Estados Unidos no sea el ombligo del mundo ni D.T se comporte como Hitler o Stalin. A lo mejor la “real polítik” se ha convertido en Reality Show.

Como no creo en buenismo ni en malismo político, pienso que el impredecible D. Trump es un hombre alfombra que un día se sacude el polvo y sale a volar ante el asombro de quienes están sentados en el salón y se quedan con los pies al aire mirando la mierda acumulada. Ese hombre alfombra desata el inconsciente colectivo y expresa sin filtros los miedos y prejuicios que nos corroen, pero callamos para evitar malentendidos y ser políticamente correctos.

 

Ain’t Got No-I Got Life. / Miguel Iturria Savón.

<nina Simone, cantante, pianista y compositora estadounidense.

Hay discos que viajan en la mochila y canciones alojadas en la memoria, escucharlos es desatar la balsa de la nostalgia, viajar con los recuerdos de  nuestros años oscuros o felices, cuando éramos jóvenes y apenas pensábamos en utopías ni futuros. Entre las viejas canciones emotivas, escuché por Youtube “Ain’t Got No – I Got Life”, de la hipnótica Nina Simone, aquella pianista, compositora y cantante de voz grave y dulce que fluyó desde las entrañas del dolor como un rayo justiciero a mediados del siglo XX.

“No tengo casa. / No tengo zapatos, / ni dinero, /ni estilo, /ni faldas, /ni jersey. /No tengo perfumes, /ni cervezas. /No tengo hombre. /No tengo madre, /ni cultura, /ni amigos, /ni escuela. /No tengo amor, /ni nombre, /ni ticket, /ni pase. /No tengo Dios.”

Así trota la voz de Nina sobre el pentagrama relatando el cuadro de  carencias e infortunios de la minoría negra estadounidense que, liderada por Martin Luther King, luchó por sus derechos cívicos en las décadas del sesenta y el setenta. A ellos se sumó la rebelde Eunice Katheen Waymon, nacida en 1932 en un pueblito de Carolina del Norte, de donde se trasladó a New York y transitó de la música clásica a los tugurios y clubes de segunda, buscando su identidad artística contra la exclusión de la época.

En la segunda parte, la canción da un giro, la intérprete pasa de la negación casi absoluta a la interrogación:

“¿Qué es lo que tengo?

¿Por qué estoy viviendo entonces?

¿Qué es lo que tengo?”

Y grita sus razones: no tengo, pero me tengo a mi misma y “Nadie me puede quitar nada”.

“Nadie me puede quitar nada…

Tengo mi pelo, / mi cabeza, / mi cerebro / mis ojos.

Mis orejas y mi nariz.

Y mi sonrisa.

Tengo mi lengua y mi barbilla.

Mi cuello, /mis tetas, /mi alma, /mi corazón, /mi boca.

Tengo mis brazos y mis manos.

Tengo mi sexo, / mis dedos, /mis piernas.

Tengo mi dedo gordo, / mi hígado /y mi sangre.

Tengo mi vida.

Tengo mi libertad.

Y la voy a utilizar.

Y nadie me la va a quitar… /…/

“Ain’t Got No – I Got Life”-  relata la mísera vida de los marginados, es un vibrante himno de rebeldía y reivindicación, una canción-manifiesto como  “Gracias a la vida”, de la apasionada y trágica Violeta Parra, y otros poemas y baladas conmovedoras que viajan en la memoria porque apresaron instantes de dolor, intolerancia, desamor, locura…

Su autora, Eunice Katheen Waymon, se cambió hasta el nombre -Nina Simone es su homenaje a la actriz francesa Simone Signoret- y se autoexilió en Francia. Eunice fue la primera pianista negra en subir al escenario del Carnegie Hall para interpretar música clásica, pero su virtuosismo instrumental cedió ante los prejuicios raciales; triunfó como cantante con I Love You, Porgy y sus excepcionales versiones de  Ne me quitte pas, My Way y otras, llegando a ser la Diva del jazz y del soul tras la muerte de Ella Fitzgerald.

Os invito a escuchar a Nina Simone (1933-2003), la atemporal intérprete de jazz, blues y soul sigue siendo un torrente de agua y energía que ilustra y desata recuerdos y emociones olvidados con el tiempo. Si apenas la conocéis, sugiero visionar el documental What happened, Miss Simone.

 

La pared de las palabras. / Miguel Iturria Savón

Imagen de la película La pared de las palabras.

Imagen de la película La pared de las palabras.

Hay películas que desafían las potencias del espectador, quizás por ser concebidas para perturbar o erosionar sus arquetipos, al igual que esos libros de risa oscura de escritores desconcertantes que sacuden nuestras certezas con historias reales o ficticias.

El drama La pared de las palabras, del cineasta cubano Fernando Pérez, es una cinta inquietante que visualizamos por el prestigio del realizador y los actores del reparto, además del título, poético y sugerente. Minutos después de sentarnos, la cinta nos desborda, agobia y golpea. ¿Qué pasa? ¿Por qué regodea ese mundo oscuro que preferimos evadir? ¿Otra cubanada de Fernando Pérez? ¿Hasta cuándo bordeará el desastre cotidiano de aquella isla?

Sí, el cine cubano llega y se pasa, testimonia y estira los pliegues inertes de la realidad maniatada por la infinita utopía socialista vendida por los Castro y sus fieles. Esa utopía forjada a contraluz se trocó en manicomio, delirante, oscuro y regresivo como todo manicomio.

Desde ese punto de vista, es válida la última película de Fernando Pérez, un realizador intuitivo y testimonial cuyos filmes se aproximan a la vida cotidiana, exaltan el valor de las pequeñas cosas y recrean los problemas reales de personas sumergidas, sin voz ni sueños. Es el tema esencial de sus largometrajes Hello Hemingway (1990), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003) y La pared de las palabras (2014).

En La pared… hay tres escenarios esenciales: el manicomio, la casa junto mar rodeado de objetos en ruinas, y La Habana como telón de fondo con sus basureros, automóviles viejos, gentes apresuradas y edificaciones deprimentes. Los escenarios y los personajes del filme son una metáfora de Cuba, dolorosa y sombría como los ocho personajes dramáticos de la conmovedora Suite Habana. Las escenas principales transcurren en el manicomio -la antigua Quinta Canaria, al sur de la ciudad-, donde sobrevive Luís -interpretado magistralmente por Jorge Perugorría-, recluido por padecer una distonía que le impide comunicarse a través del lenguaje hablado y corporal. Luis oscila como un muro infranqueable entre la institución médica y la casa familiar, gracias a su sacrificada madre -Isabel Santos-, buena de telenovela al igual que la enfermera encarnada por Ana J. Buduén. En torno a Luís cabalga la locura: un rubio rapado de mirada perdida, la maniática que altera el silencio -Laura de La Uz-, la síndrome de Down -Maritza Ortega- fascinada por Luís, y otros pacientes fantasmales. En la casa del protagonista deambulan su madre, el hijo menor que pinta -Carlos E. Almirante- y es mimado por la abuela llegada de Miami -Verónica Lynn- y la novia, colega laboral de la madre obsesionada, diferentes pero cubanísimas. El resto de la trama radica en los planos marineros y urbanos, cual contrapeso fílmico de la rutina del manicomio y el difícil ejercicio de comunicación que reta los límites del sacrificio.

Este filme, el más desolador de Fernando Pérez, es una reflexión patética, aunque al final ofrece una perspectiva plástica emotiva con el mar como referente. No es una película inferior, sino interior, hermética y alusiva. Muy diferente de Madrigal, una historia de amor convertida en ejercicio de estilo, “más artificioso que complejo”; de Madagascar, inspirada en el relato “Beatles contra Duran Duran” sobre el deterioro de la relación entre una madre y su hija adolescente.

El multipremiado Fernando Pérez es recordado por sus largometrajes poliédricos en los que la imagen narrativa desata perspectivas emotivas y alegóricas, en algunos recrea hechos y personajes históricos –Clandestinos, 1987, y José Martí, el ojo del canario, 2010-, mientras otros enlazan elementos futuristas con la visión micro del ciudadano, ligados a veces a íconos de la cultura –Hello Hemingway-.

Si en Clandestinos Fernando se suma a la “saga heroica” legitimadora de la revolución convertida en dictadura, en José Martí, el ojo del canario, se arriesga como guionista y director al tratar de humanizar al mítico Héroe Nacional, manipulado por políticos e historiadores y convertido en símbolo intelectual del Castrismo. El Martí de F.P no ofrece la biografía del personaje, sino fragmentos de su itinerario espiritual, anécdotas de vida entre los 9 y los 17 años, recreadas de forma lineal, quizás muy larga pero salvada por la fotografía de Raúl Pérez Ureta, cuyos lentes se tragan el filme, no así la música, de Edesio Alejandro, empeñado en calzar con sonidos las imágenes que fluyen de escenas sucesivas que a veces rompen el hilo y confunden al espectador.

En la vasta filmografía de ficción de Fernando Pérez, La pared de las palabras trascenderá como un doloroso testimonio  humano y epocal que agota la línea coral iniciada en Suite Habana, de mayor policromía, factura artística e impacto de público y crítica. Basta con verla una vez, pues la cinta desborda, agobia y golpea nuestra sensibilidad humana. Si es su propósito, vale.

Fernando Pérez, director de  cine

Fernando Pérez, director de cine