D. Bowie en Wild is the Wind. / Miguel Iturria Savón

Tengo la costumbre de escuchar música al amanecer para que nada contamine mis emociones antes de ponerme en marcha. En días de luz y sol prefiero el pop y el rock. Hoy amanecí con el inglés David Bowie, ¿lo recuerdan? Bowie, como John Lennon, Mick Jagger, Freddie Mercury y Elton habitan la memoria sonora de varias generaciones. Nacieron en los años cuarenta y se impusieron en los escenarios a partir de los sesenta. El londinés David Robert Jones, alias David Bowie, fue un niño dotado para las artes, antes de cantar y componer aprendió a tocar la guitarra, el clarinete, el piano y otros instrumentos. Hombre de muchas voces y estilos, fue uno de los grandes intérpretes del hard rock, el heavy metal, el soul, el pop… Esta superestrella del rock es recordada por canciones como Héroes, Starman, Under Pressure o Lazarus, su último álbum (2016). En el escenario Bowie fue tan grande como Elvis Presley o Little Richard, sus ídolos iniciáticos. Disfruten Wild Is the Wind, una de sus más bellas canciones de amor. Emotiva, envolvente, mágica…

Le Pen, Pablemos y alguien más. / Miguel Iturria Savón

Siempre hubo políticos populistas, al menos desde Julio César, aquel general ultimado en el Senado de Roma. Los populistas brotan en ciudades, regiones y países de Europa, Asia, África, América y Australia. Gesticulan, prometen y movilizan a electores que voten por el partido que lideran. Casi todos usan máscaras y manejan el arte de la intriga. Todos aseguran gestionar la convivencia mejor que sus antecesores y profetizan lo que sus bases desean escuchar. ¿Quién no recuerda a Lenin, Mao, F. Castro o Hugo Chávez quienes ofrecieron el paraíso socialista? ¿Y qué decir de Mussolini o Hitler, tan nefastos como Stalin? Hay populistas con sotanas y personajes que aún no han llegado a la cima, quizás por ser copias tardías de Patriarcas y modelos fallidos.

En la segunda década del siglo XXI hay nombres sonoros de políticos populistas elegidos en las urnas. Los medios de comunicación señalan a Donald Trump, López Obrador, Bolsonaro y V. Zelenski, el comediante elegido como Presidente de Ucrania. Aún no llegan pero compiten por el poder el inglés Níger Farage, paladín del Brexit; Marión Anne Le Pen, Presidente del Frente Nacional Francés; Pablo Iglesias Turrión, guía de Podemos y pregonero de la igualdad en España.

Son pocos pero ruidosos, insistentes y amigos del enfado y las tácticas del viento. Según el programa, se sitúan a “la izquierda” o “la derecha” del espectro político, nunca al centro, salvo para pescar votos y posar de “Presidenciable” en los debates televisivos. Le Pen, por ejemplo, promueve un programa de “extrema derecha” que coincide con los postulados principales de Pablo Iglesias, ubicado “a la izquierda de Izquierda Unida”, su aliado comunista en la península ibérica. La francesa habla de ese hilo y ve en Podemos a su modelo en España  porque “representa la ira del pueblo y la lucha contra la UE”, lo cual niega el habilidoso Pablo Iglesias.  

Como los extremos coinciden y a veces convergen veamos qué postulan la Agrupación Nacional Francesa –antes Frente Nacional- y Podemos, que parece inspirarse en el modelo chavista instaurado en Venezuela.

  • Salida de la Unión Europea y del Euro cuya “burocracia intrincada esclaviza a los pueblos del sur” y molesta también al inglés Niger Farage, al italiano Matteo Salvini y al húngaro Viktor Orbán.
  • Salida de la OTAN.
  • Subir los impuestos.
  • Suprimir la Constitución y abrir un proceso constituyente.
  • Oposición y solicitud de supresión del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud.
  • Control de los medios de comunicación.
  • Establecer jornada laboral de 35 horas –Podemos exige 34 horas-.
  • Incremento del gasto público.
  • Justificar la violencia y subversión callejera como medio de cambio.
  • Antisemitismo
  • Nacionalización de los principales sectores industriales.
  • Uso de símbolos y estéticas ultras.

Estas medidas programáticas difieren en detalles históricos, geográficos y rituales, propios de la arenga de uno u otro partido. Hasta los manidos términos de izquierda y derecha, pueblo y casta, democracia, etc, resbalan para no caer en las voces de Le Pen y Pablo, alias Pablemos por su tono de reggaetón.

En España, sin embargo, los principales medios de comunicación no asocian a Podemos y a su líder con la Agrupación Nacional Francesa, pues la izquierda es políticamente correcta y “progresista”. El enemigo no es Podemos sino VOX, el partido de derecha que habla sin complejos, no asume ninguna de las propuestas enumeradas, defiende la Constitución, enfrenta al nacionalismo vasco y catalán, tiene candidatos interraciales en su partido y satiriza a los medios que manipulan sus propuestas. Si en Francia el demonio es Marión  Anne Le Pen, en España no lo es el camarada Pablo, sino Santiago Abascal Conde, líder de VOX.


Casos y cosas de España, por supuesto. Quizás porque los socialistas modelan el pensamiento y los comunistas sueñan con edificar el paraíso.


     

Nota sobre Camilo J. Cela. / Miguel Iturria Savón

Alfaguara ha puesto en circulación Cuando los tontos mandan, de Javier Marías, quien recopila los artículos que publicó en El País entre el 5.2.2017 y el 27.1.2019; creo que es la tercera compilación del prolífico narrador y profesor. No compraré el libro pues he leído casi todas sus crónicas y reseñas, agudas, sugerentes y escritas con maestría al igual que Así empieza lo malo, Los enamoramientos, Berta Isla y otras novelas suyas, algunas aún pendientes en mi mesa de lectura.

Pero esta nota no va sobre Javier Marías, sino sobre Camilo José Cela y Trulock, el famoso escritor español distinguido con el Premio Nobel de Literatura. Cela fue autor de La familia de Pascual Duarte, Viaje a la Alcarria, La colmena, La catira, Oficio de tinieblas, Mazurca para dos muertos, Cristo versus Arizona y otras piezas narrativas, poemarios, ensayos y el memorable Diccionario secreto; casi todas reeditadas, premiadas, reseñadas y varias de ellas llevadas al cine lo cual consagró a este intelectual, bendecido por muchos y denostado por Javier Marías y algunos sucesores hastiados de su fama y presencia: al igual que J. M., Cela fue hasta Académico de la Lengua.

Me extrañó el texto de Javier Marías contra Camilo J. Cela. Quizás me hizo recordar las leyes del espejo: «Todo lo que molesta, irrita, enoja o quiera cambiar del otro, está dentro de mi». / «Todo lo que me critica, combate o juzga el otro, si me molesta o hiere está reprimido en mi…»

Sigo con Camilo J. Cela (1916-2002), un maestro de las letras que atravesó casi todo el siglo XX y, por tanto, vivió su infancia y primera juventud en la España previa a la República (1931-1936), fue testigo de la nefasta Guerra Civil (1936-1939), escribió bajo el Franquismo (1939-1975) y siguió su obra en la etapa democrática, siendo reconocido con un escaño en las Cortes o el Senado tras la muerte del dictador. Hay varios audiovisuales sobre la vida y la obra de Camilo José Cela, además de diversas ediciones, entrevistas y estudios sobre sus libros.

Creo que la travesía vital, la época, la sociedad y las circunstancias personales no modelan pero inciden en la obra de cada creador. Si demonizar la cultura bajo el franquismo es un hecho y hasta se ha puesto de moda, no hay que ponerse moralista y desdeñoso con quienes escribieron, pintaron, hicieron cine o música en el pasado. Además, no somos mejores ni peores personas o creadores por vivir antes o después de una dictadura.

Cela, por ejemplo, en La familia de Pascual Duarte (1942), ese libro tremendo, violento y desgarrador, trazó un paralelismo entre el heroísmo del protagonista -un mísero campesino extremeño- y el destino del sufrido pueblo español. El libro fue censurado en la segunda edición, los censores comprendieron que tanta acción y tanta sangre era un petardo alusivo. Otra novela neorrealista suya, La colmena, fue censurada «porque presenta un fresco de personajes sin protagonismo en el Madrid de los años cuarenta», entonces Cela fue expulsado de la Asociación de la Prensa de Madrid y tuvo que publicarla en Buenos Aires. En 1969, el autor «purga su corazón» en San Camilo 1936, obra de «desengaño y dolor», calificada por la crítica de «borrón y cuenta nueva bajo la inspiración de las nuevas técnicas narrativas».

Si La colmena fue «un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre…»; La catira (1955), que obtuvo el Premio de la crítica, está ambientada en los llanos y la selva de Venezuela y, al decir de Paul Ilie, es «novela de la tierra, de su gran permanencia entre agitación y muerte, y su fuente de genuina fertilidad frente a la superpuesta y decadente civilización».

Otra novela tremendista de Cela, Mazurca para dos muertos (Seix Barral, 1983), tiene, al igual que La colmena, a la Guerra Civil como telón de fondo pero está ambientada en la Galicia rural donde «un asesinato y una venganza son dos puntos de referencia en el vasto hilo conductor de la obra», erigida en «un extenso retablo de vidas señaladas por la sexualidad, la barbarie y la violencia física, bajo la recurrencia cíclica de temas que aluden a la continuidad del tiempo». El destino humano, la barbarie y un fragmento de vida regional están presentes también en Cristo versus Arizona, un relato alucinante y cautivador en forma de monólogo que narra los percances sucesivos de personajes elementales, bárbaros y pesimistas. Otra obra maestra de la lengua española que revela «el finísimo e infalible oído de C. J. C.»

Todas las opiniones valen pero desprejuiciarse cuesta, sobre todo al valorar la obra de otros. Yo, por si acaso, contengo a mis fantasmas, miserias y frustraciones al escribir sobre temas y autores de obra monumental como Camilo J. Cela y Javier Marías.

Venecia sin máscaras. / Miguel Iturria Savón

V

Vista aérea de la ciudad de Venecia

Si la belleza es un fin en sí misma que cautiva a quien la observa, Venecia es un archipiélago de islas lagunares con vocación urbana que atrae y fascina a millones de turistas. Diseñada en torno al Gran Canal transitado por góndolas, vaporettos y taxis acuáticos que bordean la laguna y su red de palacios, Venecia desafía al mar y nos obliga a cruzar puentes y callecitas antes de admirar la Plaza de San Marcos y su Basílica, el Palacio Ducal y otras obras monumentales que inspiraron a poetas, pintores, músicos y escultores quienes propagaron la magia de la gran urbe mercantil y artística del noreste de Italia.

Edificada sobre un centenar de pequeñas islas unidas entre sí por más de 400 puentes que limitó el acceso de los invasores germanos, Venecia se expandió desde el Mar Adriático, primero como parte del Imperio Romano de Oriente, luego como ciudad estado enlazada comercialmente con los lejanos reinos de China y la India, después como la “Serenísima” República regida por una monarquía electiva -ducal y rígida-, interferida por la dominación francesa y austriaca hasta que en 1866 se incorporó a Italia, a cuya historia sumó su inusual historia y sus peculiaridades geográficas, mercantiles y artísticas.

A Venecia también se llega por tierra firme a través del Puente de la Libertad, desde la vecina ciudad de Mestre, a medio camino del Aeropuerto  internacional “Marco Polo” -en Tessera- y del Aeropuerto Sant Ángelo de Treviso cuya campiña deslumbra por el colorido de sus residencias, el verdor de los campos y la cercanía de ríos y canales de la región del Véneto, con su lengua homónima hablada por más de 200 mil personas.

En Venecia, el transeúnte siente el hechizo de la urbe y desata sus emociones en algún vaporetto o caminando sobre los puentes del Gran Canal. Quizás compense la humedad con los recuerdos de la música de Antonio Vivaldi, las historias medievales de Marco Polo, las pinturas de Tiziano, Tintoreto, A. Canaleto y otros genios que nacieron o crearon en Venecia, sede de la Bienal internacional de arte y de festivales de cine, danza y teatro que fusionan las tradiciones locales con expresiones artísticas de medio mundo.

En Venecia residen más de 200 mil personas, pero parece que no existen venecianos, sino turistas, esa especie inmortal de ciudadanos que se aloja en casas y hoteles, camina, pregunta, entra y sale de las tiendas y restaurantes, se fotografía en cada puente y sube a góndolas o vaporettos, ávidos por ver la cristalería artística de Murano, las coloridas casas de los antiguos pescadores de Burano y las tumbas del cementerio veneciano, rodeado de agua como cada palacio, plaza, museo o esas casas bajas que sobreviven al flujo de las mareas.

Venecia sigue siendo bella y seductora pero no se agota en sus máscaras, perdura. Tal vez unos diques móviles contra las inundaciones preserve de la voracidad del mar a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad y joya arquitectónica y cultural del noreste de Italia.   

Imagen del Gran Canal de Venecia

Una carta de Cabrera Infante. / Miguel Iturria Savón

El 13 de marzo de 1998 le escribí a Guillermo Cabrera Infante desde La Habana, le pedía su autorización para incluir su «Lorca hace llover en La Habana» en mi antología sobre el poeta hispano en Cuba que publicaría la editorial Letras Cubanas, cuyo editor me sugirió consultar al escritor exiliado a fin de evitar una posible demanda del autor de Tres tristes tigres. Mi amigo Vladimir Smith, residente en Londres, fue el portador personal de la misiva y de la respuesta del creador.

Han pasado veinte años desde entonces y Vladmir y yo usamos como pretexto aquellas notas para evocar al gran escritor en el 90 natalicio de su nacimiento. Cabrera Infante nació en 1929 en Gibara, zona nororiental de Cuba de donde emigró a La Habana siendo un adolescente. En la capital creció física y espiritualmente, se hizo reportero cultural, escribió sus primeros relatos, amó, discutió, dirigió el semanario cultural Lunes de Revolución (1959-1961) y luego lo nombraron Secretario de la Embajada de Cuba en Bruselas, una especie de destierro que perpetuó tras la muerte de su madre en 1965, la última vez que volvió a la isla pavorosa. Lo demás lo sabemos: Guillermo Cabrera Infante escribió libros auténticos e inimitables: Tres tristes tigres, La Habana para un infante difunto, Vistas del amanecer en el trópico, Vidas para leerlas, Mea Cuba, etc.

Mi carta a Caín fue una entre miles, sin trascendencia para el autor quien me respondió el 1 de julio de 1998 con su habitual amabilidad y reiteró su promesa de «no publicar en Cuba bajo los Castro». El libro no fue publicado en La Habana, sino en Sevilla por la Editorial Renacimiento en 2006, lo titulé Miradas cubanas sobre García Lorca, creo que aún circula en ebook o en papel.

Les dejo las cartas originales: la enviada por mi a Cabrera Infante el 13.3.1998 y su respuesta del 1.7.1998, más una foto del gran escritor y la imagen del libro sobre Lorca por si queréis leer su excelente «Lorca ve llover en La Habana» y otros escritos sobre el bardo español en la isla en la primavera de 1930.




Edmundo, Pablo Milanés y las señales del hijo de puta. / Miguel Iturria Savón

Edmundo García con el dictador Raúl Castro

Una foto de Edmundo García con Raúl Castro y el nieto del dictador me recuerdan el rifirrafe de Pablo Milanés con el locutor. Sucedió en Miami tras una entrevista del cantante en Radio Martí que molestó al ex presentador de La gran escena quien transitó de la televisión cubana a la cárcel por tráfico de arte y, tras pactar con sus verdugos, salió del talego hacia Miami donde alternó su faena de informante con el programa radial La noche se mueve.

No soy seguidor de Pablo ni de Edmundo, pero coincidí entonces con la respuesta del cantor de “Yolanda” y “Yo no te pido” al vocero radial del Castrismo en Miami:

“Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país (Cuba) y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles de periodistas de allá, cómplices lamentables del silencio.”

Un lustro después de aquel rifirrafe Edmundo regresó a la isla tras culminar su misión de topo contra el exilio en Miami. Miro su fotografía, feliz junto a Castro II, y evoco la última estocada verbal que le lanzó el trovador: “eres un hijo de puta con todas las señales del hijo de puta” expresadas por Camilo José Cela en una de sus novelas”.

Como lector de La colmena, La familia de Pascual Duarte, Cristo vs Arizona y otras obras del Premio Nobel de Literatura español les copio “las nueve señales del hijo de puta” que Raimundo Casandulfes le atribuyó a Fabián Minguela en la novela Mazurca para dos muertos, publicada en 1983. Lean también la novela y piensen, por favor, en otros hijos de puta, esa especie inmortal que prolifera en Cuba –y en otras partes- como una plaga.

  • “La primera señal del hijo de puta es el pelo ralo…
  • La segunda es la frente buida.
  • La tercera es la cara pálida.
  • La cuarta es la barba por parroquias (barbilucio a suspiros).
  • La quinta está en las manos (blandas, húmedas y frías).
  • La sexta es mirar huido (no por derecha).
  • La séptima es la voz de flauta (voz atiplada de las esposas del Cordero que cantan catequesis).
  • La octava es el pijo (pene) flácido y doméstico.
  • La novena es la avaricia, propia del pobre que ahorra y no llega a rico)”.

Siempre hubo analfabetos. / Miguel Iturria Savón

El periodista Jesús Quintero -el «Loco de la colina»-, es uno de los personajes mediáticos más sensato, lúcido y agudo de la televisión española y europea. Si escribimos su nombre en Internet accedemos a decenas de entrevistas e intervenciones suyas sobre diversos ángulos de la sociedad. La realidad vista por Jesús Quintero y sus invitados ilumina a quienes no se conforman con la cultura del espectáculo y la futbolización de la política.

«Siempre hubo analfabetos…» dice en uno de sus videos. Y sigue… Sigan con Jesús Quintero, el «Loco» más preciso, inteligente y sagaz de medio mundo. Dar clic, escucharlo y pensad. Gracias.

Borges y el Carrusel electoral español. / Miguel Iturria Savón

Anoche, mientras concluía el carrusel electoral que mantuvo en vilo a millones de españoles, recordé que soy extranjero, un extranjero con Tarjeta de extranjero en España, cuna de mi padre y sus ancestros. Y como un extranjero lee, observa y pregunta pero no vota, «no puede ser rival de nadie…» pues llega… y se va». De manera que no siento el vértigo de quienes se postulan o votan -por convicción, enfado o conveniencia-; tampoco puedo influir en los votantes como los periodistas y politólogos que exponen, opinan o predicen en los telediarios.

Los españoles votaron el 28 de abril para elegir a los 350 Diputados -que designará al Gobierno- y a los 266 senadores que decidirá sobre ciertos dilemas territoriales y algunas decisiones ejecutivas. Como en las elecciones anteriores, cada una de las 50 provincias de España escogió en las urnas a sus representantes a una y otra cámara, unos son de «izquierda», otros de «derecha», según la peña política deseada. Cada cual con su programa y su campaña, unos contra otros, ideología por medio, oradores, oráculos, gestores y hasta bulos. PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos y VOX, los dos últimos tildados de extrema izquierda y extrema derecha, respectivamente. La prensa hispana aún reporta las estadísticas, los detalles y las posibles alianzas o pactos porque ninguna formación política obtuvo la mayoría absoluta. En fin, quedan dos o tres meses de cabildeos y vaticinios antes de repartir el pastel, incluidas las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo.

Como en toda elección, se habla mucho del pueblo, la democracia, la masa, la economía, el estado de bienestar, el separatismo catalán, los vascos representados por el PNV y los pistoleros de Bildu. Los «progresistas», moralmente «superiores» al resto, añaden la justicia social, la igualdad, el feminismo, el pueblo y la llegada de VOX al Congreso de los Diputados; VOX es el «coco», no los indepes y sus aliados de Bildu, PSOE y Podemos que en nombre del otro pregonan rupturas y utopías.

Mientras gira el carrusel y los telediarios futbolizan la política evoco una frase del escritor argentino Jorge Luis Borges, extranjero en Ginebra:

«Soy escéptico ante los grupos humanos, los países, las razas y toda esa tontería. Decir «la especie humana» es decir una abstracción que no dice nada. ¿Qué es la especie humana? Creo que todos los individuos son distintos entre si. Y además tienen el derecho y la obligación de serlo. Eso, por una parte. Por otra, la gente cambia a cada momento… ¿Cómo va entonces uno a encasillarse en un grupo, en un sistema político, en una misma actitud ante la vida?»


Espectáculos de pasión y muerte. / Miguel Iturria Savón

Desfile de Semana Santa en Sagunto.

Una de las primeras medidas de la II República Española -1931-1936- fue abolir la Semana Santa, suceso agravado en octubre de 1934, cuando las milicias de mineros asturianos guiados por socialistas, comunistas y anarquistas quemaron 58 iglesias, asesinaron a 34 sacerdotes y cometieron cientos de crímenes y tropelías en Gijón, Avilés y Oviedo donde no lograron barrer el orden institucional y a sus representantes -aún republicanos-. Aquel ensayo de la Guerra Civil -1936-1939- en la emputecida, violenta y exaltada España, alteró para mal la situación del país al triunfar el astuto, taimado e impasible General Francisco Franco Bahamonde, alias el Caudillo, quien barrió los sueños libertarios, impuso un régimen corporativo-militar y restituyó a los sacerdotes en sus templos, rituales y ceremonias.

Tras ocho décadas de aquella República y 40 años del fin de la dictadura franquista, la España democrática celebra en armonía la Semana Santa en cientos o miles de pueblos que evocan la pasión y muerte de Jesús, el joven hebreo que se autoproclamó hijo de Dios y Mesías redentor. La leyenda, expandida por sus discípulos y apóstoles de Israel hacia Roma y de esta al mundo, caló en el imaginario de millones de fieles gracias a la creación de la Iglesia cristiana, una especie de monopolio internacional de la fe que modeló la cultura de Occidente -enseñanza, música, pintura, escultura, arquitectura, literatura, teatro- y aún influye -desde el Vaticano y su red de templos, conventos, escuelas, medios de comunicación- en la sociedad.

La Iglesia ya no ejerce un monopolio absoluto sobre la sociedad, los hombres creen o reniegan de Dios, pero la Biblia, los Evangelios, la Torá y otros textos literarios y teológicos recuerdan los nexos reales o supuestos. La celebración de la Semana Santa y la Pascua -el paso de la muerte a la resurrección-, con su carga de dolor y simbolismo, deviene espectáculo urbano con vestuario, escenografía y música religiosa, atractivo para creyentes, ateos y agnósticos. En España, por ejemplo, las procesiones de Sevilla son más festivas que solemne, mientras en Valladolid y Toledo se impone lo solemne al igual que en Lorca -Murcia-. Muy peculiar es la Semana Santa Marinera del Cabañal, en Valencia, región que suma esplendor cristiano en las ciudades de Gandia, Xátiva -Chátiva- y Sagunto, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Del Lunes Santo al Domingo de Ramos las Cofradías y sus cofrades llevan en andas a Jesús y la Virgen, tallados en madera preciosa y alzados en tronos con la Cruz, el manto, la corona, las antorchas. Desfile con banda musical y atuendo impresionante. Miércoles de silencio. Viernes Santo con subida al calvario al amanecer y Santo Entierro por la noche. La Veracruz con el lygnum Crucis (astilla de la supuesta cruz de Jesús).

La famosa Semana Santa es un espectáculo religioso, un espacio de comunión grupal y de economía urbana que implica a hoteleros, joyeros, tejedores, músicos, restauradores, sacerdotes y comerciantes. En Sagunto mueve entre 150, 000 y 200, 000 euros, en Sevilla, millones de euros. Lo real y lo divino. Leyenda y espectáculo.


Una historia de España. / Miguel Iturria Savón

Arturo Pérez-Reverte, amante del mar, la literatura y el periodismo, ha publicado Una Historia de España, título inusual para el autor de la Saga Falcó –Sabotaje, Eva, Falcó-, la Serie Ala Triste –El capitán Alatriste, El puente de los asesinos, Corsarios del Levante, El oro del rey, etc.-, llevadas al cine y a la televisión española.

La última entrega de Pérez-Reverte no es inusual por el tema pues la historia nutre casi todas sus novelas, sino porque es una compilación de su columna «Patente de corso» del suplemento XL Semanal, aunque el prolífico e irreverente autor ha publicado varias compilaciones de artículos con la historia como telón de fondo, evidente en sus novelas El asedio, El pintor de batallas, La tabla de Flandes, Territorio Comanche y otras editadas por Alfaguara.

Una Historia de España es, ante todo, una mirada muy personal del autor, su particular mirada, amena, simpática, desacralizadora, agridulce, lúcida y apasionante. Está estructurada en 92 textos breves que deja entrever la ausencia de pretensiones historiográficas. Esta historia me recuerda la Historia de la filosofía griega de Luciano de Crescenso quien divulga con ironía y desenfado a los pensadores anteriores y posteriores a Sócrates.

En las 250 páginas de esta Historia de España resulta imperdible A modo de prólogo, integrado por citas sobre España y los españoles de personajes como Estrabón, Tito Livio, Bartolomé de las Casas, Francisco I de Francia, Baltasar Gracián, Voltaire, Cervantes, Napoleón Bonaparte, Amadeo de Saboya, A. Humboldt, A. Hitler, Ortega y Gasset y otros sobre ese escenario portentoso y trágico lleno de pueblos, lenguas, historias, sueños y quimeras.

Gracias, Arturo, por deleitarnos con esta Historia tan jugosa, lúcida y original.