Nota sobre Imperiofobia y Leyenda Negra. / Miguel Iturria Savón


Leo más relatos y novelas que ensayos históricos o filosóficos, pero a veces me sumerjo en obras de pensadores modernos y contemporáneos. Comenté en enero de 2018 Los enemigos del comercio, de Antonio Escohotado, autor de Historia de las drogas y diversos ensayos de enorme valor. Días atrás leí otro libro excepcional de no ficción: Imperiofobia y Leyenda Negra, de la profesora e investigadora María Elvira Roca Barea, quien publicó después Seis relatos ejemplares, además de artículos en diarios y revistas especializadas y disertaciones en universidades e institutos, siendo distinguida con la Medalla de Andalucía, la Medalla de Honor de San Telmo y con el premio Los Libreros y el Premio Héroes Olvidados.

María Elvira Roca Berea es licenciada en Filología Clásica y Filología Hispánica, y es doctora en Literatura Medieval. Ha colaborado con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y enseñado en universidades americanas. Esa formación ecuménica y su sentido integrador se fusiona con su pasión por la historia y su talento literario, evidentes en Imperiofobia y Leyenda Negra donde no se limita al Imperio español pues, como se aprecia en el título, se ocupa también de Roma, los Estados Unidos y Rusia para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el otrora Imperio español, lo cual sacude el relato actual de la historia de España y de Europa, sustentada en rivalidades internacionales y “en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales”.

Imperiofobia y Leyenda Negra es uno de esos ensayos que leemos con placer por la excelencia expositiva, la solidez argumental y la vasta bibliografía usada. Este volumen “acomete con rigor la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperiofobia… podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios la asumen. El orgullo, la hybris, la envidia no son ajenos a la dinámica imperial”.

La autora revela que “La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. Es un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro”.

Críticos, historiadores y periodistas consideran a Imperiofobia y leyenda negra como un libro “entretenido de rigurosa erudición”, es decir, ameno y estimulante. Según Mario Vargas Llosa: “Es aguerrido, profundo, polémico y se lee sin pausas, como una novela policial en la que el lector vuela sobre las páginas para saber quién es el asesino. Mientras Juan Abreu afirma: “De los libros que he leído recientemente, el más formidable es Imperiofobia y leyenda negra”. Por su parte, Isabel Guerrero asegura: “Con un armazón de datos encomiable, la autora explica qué episodios históricos generaron la propaganda hispanofóbica, que tuvo América y la Inquisición como puntales principales”. Y Arcadi Espada asegura en el Prólogo: “Elvira Roca levanta a pulso, de forma admirable, toneladas de papel de propaganda cernidas sobre la indolente España”.

Sugiero leer Imperiofobia y Leyenda Negra, ese ensayo memorable e imprescindible que derriba “mitos e ideas preconcebidas de la historia de España -y América- que se caen ante la contundencia y brillantez con que la autora desmenuza los materiales propagandísticos que utilizaron nuestros vecinos del norte -Francia, Holanda, Bélgica, Inglaterra”-. Un libro, en fin, para entender “cuestiones fundamentales de la historia y la cultura… Un estudio implacable de cómo se inventa, escribe y manipula la historia por intereses inconfesables”. 

María E. Roca Berea, autora de Imperiofobia y Leyenda Negra

Tener una historia. / Miguel Iturria Savón

A veces la prensa es la guerra por otros medios. La prensa son los medios de comunicación, sean diarios impresos o digitales, o impresos digitalizados. Y sí, la prensa -periódicos y revistas- desde hace doscientos años y luego la radio, la televisión -incluso el cine- y las redes sociales -Twitter, Facebook, Instagram, WhatsApp- son la Guerra por otros medios; los primeros con técnicas, estudios y recursos para contar pues el periodismo es una carrera universitaria que exige cierto nivel cultural y hasta dosis de talento, el resto -telediarios y soportes digitales- también implican tecnología y aprendizaje. Pero a lo que voy: la guerra por otros medios es evidente en los editoriales y, sobre todo en el perfil ideológico de los diarios y los telediarios o espacios radiales de cualquier país.

Para hacer la guerra a través de la prensa y las nuevas tecnologías basta una historia o una idea, a veces una historia montada como farol o campaña de marketing para movilizar a posibles electores, seguidores del feminismo o del maltrato animal… Al viejo periodismo le basta una historia bien contada, si emociona, mejor. Los telediarios parten de la nota informativa con imágenes y, a veces, alguna idea expuesta con empatía y lenguaje preciso. Basta el montaje escritural o las imágenes para intuir qué pretende decirnos sin decir el comunicador. En las redes sociales el tono bélico es palpable en el énfasis, el pelín de odio, de enfado, insultos, dogmas y certezas del informante.

A veces tener una historia equivale a promover una idea con máscara de profecía, será exitosa si halla a receptores y patrocinadores con recursos que escojan bien al «portador» del mensaje y logren llevar el tema a diversos medios de comunicación e instituciones, quizás la ONU, la Unión Europea. Pienso, por ejemplo, en la jovencita noruega, hija y nieta de actores, que pretende asustar a medio mundo con el tema del cambio climático; la historia es manida pero válida para sus egocéntricos padres y los millonarios nórdicos que apuestan por el capitalismo verde: invertir en energía renovable, sector en guerra con las industrias extractivas.

Pero la idea o la historia suele ser desmontada en los propios medios que la montan. Transcribo la excelente respuesta de un periodista de SkyNews Australia a los jóvenes que se manifestaron por el clima:

«Ustedes son la primera generación que ha exigido aire acondicionado en todas las habitaciones; hacen las tareas en el computador; tienen un televisor en cada habitación; pasan todo el día usando medios electrónicos; en lugar de caminar a la escuela, usan una flota de vehículos privados que obstruyen las calles; ustedes son los mayores consumidores de bienes de consumo de la historia, compran la ropa más cara para estar «a la moda». La protesta se anuncia por medios digitales y electrónicos.

Antes de protestar, apaguen el aire acondicionado, vayan a la escuela a pie, apaguen sus teléfonos y lean un libro, prepárense un sándwich en lugar de comprar alimentos envasados.

Nada de eso sucederá, porque son egoístas, mal educados, manipulados por las personas que los usan, alegando tener una causa noble mientras disfrutan del lujo occidental más salvaje. Despierten, maduren y cierren la boca. Infórmense de los hechos antes de protestar»

Santitas y gurús mediáticos. / Miguel Iturria Savón

Tras una semana sin leer periódicos ni mirar la televisión enciendo el aparato y coincido con un telediario. El locutor informa sobre una Cumbre de mandatarios convocados por la ONU acerca del Cambio climático lo cual exige incesantes sumas de dinero para evitar que el planeta se derrita o cambia de órbita y se sumerja en un agujero negro con todos los terrícolas. Medio mareado por la solemnidad de los “líderes mundiales” que prometen entregar miles de millones de dólares y euros para un Fondo Común decido apagar, pero visualizo a una jovencita con rostro nórdico y pose de Santa Mediática que afirma con enfado: “han robado mis sueños…” 

¿A qué sueños se refiere la muchacha de pose hierática? ¿Quién, por qué y para qué le robó sus sueños? ¿Qué hace en una Cumbre internacional si, a juzgar por su edad, aún no ha terminado la enseñanza media? Dejé de hacer preguntas y supuse: quizás la invitada de la ONU sea nieta de un pastor luterano o calvinista fulminado por un geiser o desciende de un profeta hebreo reencarnado en su cuerpo y hospedado en la Sinagoga de New York.

Como no soy obsesivo con los temas de moda, algunos interesantes pero repetidos hasta el cansancio, recordé La vida es sueño, de Calderón de la Barca, El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer y otros libros de pensadores que alumbraron la complejidad humana y la continua apelación al miedo, la culpa y la esperanza.

Es casi imposible relegar “el mundanal ruido” y las formas de manipular a la opinión pública mediante santitas y gurús mediáticos. Por cierto, apenas se habla de Al Gore, aquel vicepresidente yanqui que vivía o vive por y para resolver los problemas del planeta. Tal vez la Santita sueca o noruega sustituya al Gurú americano pero, ¿quién se esconde detrás de ella, sus padres o los millonarios nórdicos que compiten con las empresas petroleras e invierten en energías renovables, reciclaje de basuras y otras tecnologías “no contaminantes”? 

Supongo que algo bueno saldrá de la porfía. Detrás de la avalancha mediática siempre hay intereses en pugna, el capital cambia el viejo chaleco por el camisón progresista. Las olas y el oleaje exigen mudar de orilla para seguir navegando. Los nuevos arios cambian el pregón, agitan al rebaño y escogen la máscara del nuevo Mesías -la Mesías en época de agitación feminista-.

Con tanta alarma y dinero en sus arcas espero que la ONU, los gobernantes del mundo, los nuevos profetas, las Santitas, los gurús mediáticos y los empresarios progresistas salven al planeta azul del Calentamiento global y otros desastres. Si no, a estallar en un agujero negro.

Un poema de Gastón Baquero


En la noche, camino de Siberia

          I

Toda la noche

estuve soñando que paseaba en un largo trineo:

la música de fondo, desde luego, era ofrecida

por las Danzas Alemanas de Beethoven.

Los perros de inevitable pelaje grisáceo,

llenos de cascabeles y de correajes rojos,

ladraban tan armoniosamente, que la nieve,

por escucharlos, hacía más lenta su caída.

Íbamos hacia un punto secreto de Siberia;

un punto borrado del mapa, reservado

para guardar allí a los más odiados prisioneros.

Todo mi delito había consistido en recitar en voz alta a Mallarmé,

mientras el camarada Stalin leía monótonamente

su Informe anual al Partido: cuando él decía usina,

yo decía “Aparición”; cuando él hablaba del Este,

yo decía en voz muy alta: “!esa noche Idumea, esa noche Idumea!”.

Y en los momentos en que enumeraba tanques, cañones y tractores,

yo decía: Nevar blanco racimos de estrellas perfumadas.

Y de pronto el tirano puso a un lado sus papeles,

descolgó de la pared un corto látigo de seis colas,

y comenzó a golpearme en las piernas y en los brazos,

rítmicamente, mientras gritaba (con entonación afinada, lo reconozco):

-“!Toma poesía!, ¡toma decadencia!, ¡toma putrefacta Europa!”.

Luego clavó sus ojos grisoverdes en Beria, y no dijo nada:

guiñole picarescamente el párpado izquierdo, pues ese era su lenguaje;

era su púdica clave de Señor de la Vida de todos para decir al otro:

“Mándamelo a Siberia hasta que yo te avise”.

Y en el largo trineo íbamos rodando toda la noche,

al galope, azuzados por las Danzas Alemanas, llenos de gozo:

nos bebíamos el horizonte reposadamente, en sorbos paradisiacos,

como si hubiese sido una copia de Marie Brizard después de

        comer bombones rellenos;

íbamos contentos, arrastrados por la música, no por los perros,

y a precipitarnos en un baile muy hermoso, no en una prisión.

         Nadie lloraba.

Tarareábamos a ritmo con los cascabeles, y dijérase que nos dirigíamos

en busca de Erika, de Catalina, de Alejandro Feodorovna para

         sumergirlas

en el río del vals, junto al pardo Danubio, un domingo por la tarde,

llenándoles el pelo de violetas.

          II

Al despertar me dije: he de ir hoy mismo al psiquiatra,

este sueño me parece altamente complicado, y quizás sea hasta inmoral,

porque acaso anuncia que voy a deslizarme por las paredes del masoquismo.

Entré en el despacho del psiquiatra, a quien creía conocer,

pero era la primera vez en mi vida que lo veía. Me dijo impersonalmente:

“¿qué lo trae por aquí penado doce mil quinientos treinta y seis?”.

Y al explicarle el sueño tan lleno de perros, de nieve, de danzas,

de latigazos, de cascabeles, de alegre temor de llegar al confín de Siberia,

me dijo de nuevo: “Ya estás curado, ya no tienes nada: penado

doce mil quinientos treinta y seis; llegaste a Siberia anoche,

sobre las doce y treinta y seis minutos: no has soñado nada:

eres prisionero y morirás en prisión. Soñaste lo que vivías. Ahora,

disponte para siempre a vivir como soñando de continuo que vas hacia allá,

que regresas en un largo trineo, arrastrado por perros de pelaje grisáceo,

corriendo jubilosos por la nieve, bajo el látigo incesante

de las Danzas Alemanas de Beethoven.   

          Gastón Baquero, tomado del poemario Magias e invenciones, 1894

Volver a Octavio Paz. / Miguel Iturria Savón

Releer Corriente alterna, Las peras del olmo y otros poemas y ensayos de Octavio Paz es volver a ese torrente de palabras, ideas e imágenes poéticas de resonancia alegórica que atravesó casi todo el siglo XX -nació en 1914 y murió en 1998- y retornó en 1914 cuando México celebró su primer cumplesiglo. Al  intelectual mexicano de más renombre universal le pusieron entonces alfombras en el Congreso y el Senado, el Ministerio de Cultura y en las universidades y autobuses, mientras revistas y editoriales de su país e instituciones de Estados Unidos, Europa y capitales de centro y Sudamérica reeditaron sus poemarios y ensayos. Fue emocionante e inolvidable.

“Para mí la poesía y el pensamiento son un sistema de vasos comunicantes”, dijo Octavio, el oceánico e intuitivo descubridor de ideas y palabras, el transgresor cosmopolita distinguido con los premios Nobel y Cervantes, el ex embajador en París, Tokio y Nueva Delhi, cargo al que renunció en 1968 tras la masacre gubernamental en la plaza de Tlatelolco, hecho que lo indujo a dedicarse por completo a su obra, amplificada en las revistas Taller, Plural (1971-1976) y Vueltas (1976- 1998), desde las que renovó el panorama literario y lo enlazó con temas y autores de hondura crítica, poética, ensayística, artística y filosófica que reanimaron la lengua desde el pasado prehispánico, nutridos por la soledad, el tiempo, el erotismo, el amor y la poesía como vehículos de trascendencia del hombre, temas recurrentes de “su pensamiento incómodo y disidente”, capaz de “transformar la palabra en visión y reflexión”.

“La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida”, advirtió en su ensayo más reeditado y conmovedor –El laberinto de la soledad-. La sangre como talismán verbal desde su primigenio Raíz de hombre, aquel “poemario torpe, una tentativa fallida de búsquedas”, al que siguen textos medulares: Piedra de sol, Poesía de soledad y poesía de comunión, El arco y la lira, Ladera este, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, entre otros poemarios, ensayos y conferencias recogidos en sus Obras completas.

Octavio, el clásico contemporáneo, incursionó en la política, el arte, la historia y la antropología; el “menos mexicano”, el más universal de los creadores mexicas, tan vivaz y simpático como curioso e insaciable palabrista retornó entonces para entrar en la memoria colectiva mediante un torrente de actividades que actualizó su legado lírico y reflexivo.

Mutó del marxismo al pluralismo democrático y criticó el estalinismo y el dogmatismo de la izquierda, creía que a pesar del culto al progreso el hombre “es un animal que fabrica útiles, un animal racional, político, un ser que desea e imagina”. Y “generó un sistema de pensamiento que incluía un riguroso elemento especulativo” capaz de enturbiar el ruido de sus versos, aunque su poesía, de alta calidad formal, renace como “un culto secreto”, expulsado y consagrado.

El poeta de la exploración -“el amor, siendo deseo, es hambre de comunión”-; el ensayista que hablaba de “lo que veía suceder y de lo que era posible y deseable…”; el hombre controversial y agnóstico fue (y es) el humanista que regresa desde la palabra porque muchos deletreamos Corriente alterna, Las peras del olmo, Libertad bajo palabra y otros versos y ensayos suyos.

El problema de Spinoza. / Miguel Iturria Savón

Hay libros excepcionales desdeñados por la mayoría de los lectores a pesar de tamizar la realidad desde la ficción o la memoria, como El mundo de ayer, de Stefan Zweig, y ensayos de agudeza filosófica como La conquista de la felicidad, del matemático y pensador inglés Bertrand Russell; Escritos esenciales y A la espera de Dios, de  Simone Weil; Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt, y El poder de los sin poder, de Vaclav Havel, todos al margen de la obsesión política, el entusiasmo imbécil por las modas, el cotilleo audiovisual y los dogmas étnicos y religiosos que coartan la búsqueda de soluciones complejas a un mundo cada vez más complejo.   

A esos títulos del siglo XX le preceden libros ineludibles de autores que expusieron los postulados básicos sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, como los griegos Platón –La República, Las leyes– y Aristóteles –Política, Poética, Metafísica-; los italianos Marco T. Cicerón y Nicolás Maquiavelo, los holandeses Erasmo de Rotterdam –Elogio de la locura, Elogio de la estupidez– y B. Espinoza –Ética y Tratado teológico político-; los ingleses John Locke –Ensayo sobre el entendimiento humano, Carta sobre la tolerancia– y Thomas Hobbes –Leviatán, De Cive-; los franceses R. Descartes –Discurso del método-, Montesquieu –Del espíritu de las leyes-, J.J. Rousseau –Del contrato social- y Montaigne –Ensayos-; y los filósofos alemanes E. Kant, Hegel, Fuerbach, Marx, F. Nietzsche, A. Schopenhauer y M. Heidegger.

Por suerte, esos y otros pensadores relevantes son incluidos en programas y cátedras de estudios que reúnen a eruditos, críticos, biógrafos y editores que publican sus obras, sus biografías y le erigen estatuas y museos donde palpamos los escritos, libros y objetos personales de cada uno. Algunos han inspirado a pintores, cineastas y novelistas como el doctor Irvin D. Yalom, profesor de psiquiatría de la Universidad de Stanford, quien noveló las circunstancias vitales y creativas de Nietzsche –El día que Nietzsche lloró-, de Schopenhauer –La cura de Schopenhauer– y de Baruch, Bento o Benedictus Spinoza –El problema de Spinoza-. Tres obras literarias amenas, sagaces y atractivas sobre tres pensadores geniales que influyeron en científicos, escritores, historiadores, teólogos, juristas y políticos.

En El problema de Spinoza, editada por Basic Books (2012) y por Planeta en España (2013 y 2018), Irvin Yalom despliega los recursos del análisis psicológico y de la intriga para hablar del miedo, la fe y la conquista de la libertad individual al recrear la silenciosa odisea intelectual del pensador holandés de origen sefardí y portugués  excomulgado por la sinagoga de Ámsterdam, liberándose de la servidumbre étnica y religiosa, aislado y sin familia pero entregado a sus ideas, estudios y a pulir cristales para sobrevivir con lo mínimo en la periferia de Ámsterdam y La Haya donde murió en 1677, a los 43 años.  

La novela se centra en dos personajes y en dos épocas: Spinoza (1656 a 1677 en Holanda) y el ideólogo nazi Alfred Rosenberg (Reval, Estonia, 1910 a Núremberg, 1946), aunque crea a protagonistas ficticios ligados a Spinoza y a Rosenberg quien pasó de su ciudad natal a Múnich donde se convirtió en periodista antisemita, escribió y publicó La huella de los judíos en tiempos cambiantes y El mito del siglo XX, además de interactuar con Hitler, Dietrich Ecrart, Goebbels y otros jerarcas del Partido Nacionalsocialista alemán. Hitler creó el Einsatzersitab Reichsleiter Rosenberg para confiscar libros y obras de arte en los territorios ocupados, incluida la Biblioteca de Spinoza en Rijnsburg pues Rosenberg leyó desde joven los textos de Spinoza.

Tan vasta perspectiva espaciotemporal, los conocimientos teológicos, históricos y biográficos de Spinoza y su antípoda contemporáneo (Alfred Rosenberg), más el uso de las técnicas narrativas y del psicoanálisis hacen de la novela de Irvin D. Yalom un libro redentor del filósofo y humanista que desafió los dogmas religiosos, las costumbres hebreas y zarandeó la forma de pensar oponiendo la razón a la pasión.

Al decir de Yalom, Bento se anticipó a la secularización del judaísmo, al estado democrático liberal y al auge de las ciencias naturales. Los hebreos lo expulsaron a los 24 años (1656) y luego prohibieron la circulación de sus libros e ideas al igual que los cristianos, los protestantes y los musulmanes a pesar de publicarlos en forma anónima y con editor, imprenta y ciudades ficticias. Spinoza es racionalista y no creyó en rituales ni milagros, se opuso a todo tipo de servidumbre étnica, religiosa y política. Para él, “Dios es la naturaleza. La naturaleza es Dios”. Ironizó: “si los triángulos pudiesen pensar, crearían un Dios con la apariencia y los atributos de un triángulo, y los círculos lo crearían circular”, pues es una falacia imaginar a Dios a nuestra imagen y semejanza. “Dios no nos hizo a nuestra imagen y semejanza, fuimos nosotros quienes lo hicimos a él a nuestra imagen y semejanza”.

Y agrega: “Mientras haya ignorancia, habrá adhesión a la superstición… Los judíos no han sido elegidos por Dios, no se diferencia en ningún sentido de los demás pueblos. Los profetas solo imaginaban cosas… (pág. 100). Cuando los israelitas tenían poder, eran tan crueles y tan implacables como cualquier otra nación. No eran moralmente superiores, más justos o más inteligentes que otras naciones antiguas”. (pp. 96)

Como el personaje central estuvo ligado a la sinagoga hasta 1656, el autor glosa aspectos interesantes de la misma y de la Torá. En la página 173, por ejemplo, Baruch afirma: “…La autoridad rabínica no está basada en la pureza de la verdad. Solo se apoya en las opiniones expresadas por generaciones de eruditos supersticiosos, que creían que la Tierra era plana, el Sol giraba alrededor de ella y que un hombre llamado Adán apareció y fue el padre de la raza humana…” “Los rabinos intentan controlar al pueblo a través del poder del miedo y la esperanza. Proclaman tener las llaves de la otra vida”. Spinoza propuso “la libertad como antídoto para liberarse del yugo de la tradición, la oración, el ritual, la superstición y otros mandamientos que controlan la vida judía.”

En el diálogo previo a la excomunión entre Rabí Morteira y Spinoza, el autor precisa: “Los judíos se han mantenido separados en virtud de sus complejos ritos, sus normas alimentarias y la señal de la circuncisión. Eso ha provocado un odio universal hacia ellos” (pp. 146)

“En los siglos XIII y XIV, fuimos expulsados de un país tras otro, Inglaterra, Francia, las ciudades de Alemania, Italia, Sicilia, salvo España… donde hubo expulsiones y matanzas en 1391 en Castilla y Aragón. Los judíos empezaron a convertirse al cristianismo…” Cita, asimismo, las matanzas durante las cruzadas de 1096 en Mainz y otras partes de Renania.

Sorprende la sencillez de Yalom en el montaje de diálogo entre Spinoza y sus contemporáneos, la forma de exponer los razonamientos que sacuden los cimientos de las religiones: “todas las religiones bloquean nuestra visión de las verdades religiosas básicas”. / “Nada es bueno o malo, es la mente la que lo percibe así” / “La fama contribuye a enajenar la mente…” / “Las emociones humanas podrían entenderse como líneas planos y cuerpos”. / “Mi tarea es aprender a convertir la razón en una pasión”.

El lector se preguntará, ¿qué nexos unió al Bendito (Bento, Baruch, Benedictus) Spinoza con Alfred Rosenberg, “el sumo sacerdote intelectual de la raza superior”? La respuesta a esa y otras preguntas están en el libro.

Misceláneas de verano. / Miguel Iturria Savón

No pensaba escribir en agosto, agotador por el exceso de luz, calor y personas en movimiento. La dictadura del Sol invita a leer bajo la sombra y pasear por el mar al amanecer. Desdeño la monótona sinfonía de las cigarras. Anhelo el otoño…

A veces leo los titulares de la prensa o miro un telediario -televerdugo a veces-, pero los diarios y telediarios suelen ser repetitivos y cansinos como las cigarras. Por ejemplo:

Un buque de una ONG recorre el mar Mediterráneo con 100 o 150 africanos que desean vivir en Europa donde nadie los espera. Gracias a la prensa, el buque fantasma deviene en problema mediático para Italia y España a cuyos gobiernos se les exige «ser humanitarios y acoger a quienes llegan», sea en pateras, en los barcos de las «ONG humanitarias» o saltando las vallas de Ceuta y Melilla, las ciudades autónomas de España en Marruecos. El problema es complejo, pero se analiza desde la emoción, la ideología partidaria y el populismo.

Algunos diarios de los Estados Unidos comentan el deseo del Presidente Trump de comprarle a Dinamarca la isla de Groenlandia, enorme, gélida y casi deshabitada, pero atractiva para Rusia, China y otros estados. La prensa muestra la cara y la cruz del tema y le echa mano a la historia: la venta de Alaska por 100 millones de dólares en el siglo XIX, Rusia a USA. El rollo y pica y se extiende…

Los partidos políticos de España no logran formar Gobierno tras meses de forcejeo y negociaciones. Ninguno tiene mayoría. Los socialistas y los comunistas discrepan entre si a pesar de contar con el apoyo de los separatistas vascos y catalanes que aspiran a fragmentar al país. España se italianiza. La política se convierte en relato, aburre…

El vocablo venezolanizar sigue de moda tras los crímenes del déspota comunista en Venezuela, cubanizada por la isla del Caribe con mentalidad imperial. Si el pequeño imperio rojo ocupó a Venezuela, esta puede venezolanizar a países vecinos o a España donde Podemos difunde el «ideal de Chávez», aquel caudillo sin ideas que murió de cáncer en La Habana. Como el dilema no cesa, la prensa relata el hastío.

El absurdo es infinito como el universo. Os invito a leer bajo la sombra o pasear por la orilla del mar.

Humillación cotidiana. / Miguel Iturria Savón

Con casi 110 mil kilómetros cuadrados y 14 millones de personas (once en la isla y tres por medio mundo) Cuba es la isla más extensa del mar Caribe y un referente internacional por su música y su literatura. La mayor del Caribe, situada a la entrada del Golfo de México, es ruidosa pero no es excepcional como creen algunos intelectuales y políticos nacionalistas; allí, al igual que en Bahamas, Guadalupe, Puerto Rico o República Dominicana, el mar, el sol, las playas y sus palmeras modelan el paisaje, barrido por los ciclones tropicales entre mayo y noviembre de cada año. Ni siquiera por su historia o su economía, devastada por seis décadas de dictadura comunista, es atractiva la isla azul varada en el tiempo.

Si en algo es singular aquella isla es por la humillación cotidiana que padecen los cubanos, atados a mitos mesiánicos acuñados por los nacionalistas del siglo XIX y reproducidos como mantras por la aristocracia verde oliva que gobierna desde 1959. La Patria como un fardo ideológico, bandera y deberes, no derechos. Marginación progresiva, domesticación cotidiana, el éxodo como alternativa, la cárcel para quienes desafían la letanía de Palacio. Hasta la rebeldía digital es inimaginable por el monopolio que controla la radio, la televisión, la enseñanza… Hay, por supuesto, gentes con madera de héroes, activistas cívicos y brechas informativas: Primavera digital, Convivencia, Estado de Sats, 14ymedio.com y, desde Miami, Cubanet y otras páginas independientes.

Muchos sueñan, algunos luchan por la posibilidad de gritar, informarse, recibir un poco de comprensión, vivir una vida normal con algo de comer y vestir sin tener que gritar o ponerse la máscara. Predominan los zombis de laboratorio, los que callan, desfilan y aplauden, ajenos a la tolerancia como experiencia cotidiana, las leyes y los derechos ciudadanos donde la democracia es una palabra que asusta.

Por la insólita involución insular, lo cubano se asocia con la miseria, la falta de libertad y de alternativas al desarrollo personal, la grosería colectiva y el silencio cómplice. Si no es posible vivir libremente y cada día es un reto bajo el sol la Patria deviene apéndice peligroso. La Patria son los parientes y los amigos, no la bandera y los símbolos del pasado, la Patria la podemos llevar a cuesta, tirarla al rincón de los recuerdos o reinventarla sin fatalismo étnico.

La humillación colectiva enlaza con el escenario de ruinas, los automóviles de mediados del XX, los éxodos masivos y jóvenes vestidos con la bandera americana. Vivir sin programa propio crea seres inertes, sombras chinescas manoseando contra el vacío, personajes circulares que no vienen ni van a ninguna parte, nadadores de orilla, duros, fríos, calculadores. Si vivir es acumular derrotas, ahogarse en lo cotidiano y callar -o simular silencio-, Cuba es agónica y aburrida, al menos desde hace sesenta años. Quizás por eso hay que liberar la mente, informar para descodificar y tirar el muro levantado en nombre de la libertad.  

Festival de Teatro Clásico de Almagro. / Miguel Iturria Savón

Almagro era un apellido ilustre para mí -Diego de Almagro, conquistador y gobernador de Chile- antes de ir al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro donde solo vi tres dramas y el video “Hombres necios”, de Sor Juana Inés de la Cruz, pero recorrí la pequeña y patrimonial ciudad manchega, su Corral de Comedias (de 1628), el Teatro municipal, el Museo Nacional del Teatro, el Teatro Hospital de San Juan, la antigua Universidad renacentista (1536), los Museo -Etnográfico y del Encaje-, la enorme y armoniosa Plaza Mayor, el Palacio de los Fúcares (banqueros bávaros del siglo XVI) y las majestuosas iglesias y conventos (Bartolomé, San Agustín, San Blas, Madre de Dios y Encarnación), todos en pie, algunos restaurados con fines culturales.

Teatro clásico en el único Corral de Comedias que subsiste en Hispanoamérica. Lo clásico redivivo en espacios arquitectónicos donde los autores escribieron y representaron sus dramas y comedias. Hasta el Silo y la antigua Universidad Real de Almagro testimonian el esplendor político y económico de aquella villa medieval que acoge en sus palacios, iglesias y conventos a diversas representaciones del arte. El arte en la comarca de Campo de Calatrava, atravesada tantas veces por el Quijote y Sancho Panza, el Conde de Valparaíso, las compañías de cómicos y poetas y los vendedores de vinos y quesos manchegos.

El 42 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, programado del 4 al 28 de julio y dedicado a Sor Juana Inés de la Cruz, la monja poeta, incluye piezas de Ruiz de Alarcón –El desdichado en fingir, El rey de sí mismo y La verdad sospechosa-; Calderón de la Barca –La dama duende, La hija del aire, La vida es sueño-; Vélez de Guevara –El diablo cojuelo-, Agustín Moreto –El lindo Don Diego, El desdén, con el desdén-; Álvaro Tato –Todas hieren y una mata-, Lope de Vega –El perro del hortelano, La viuda valenciana, Fuenteovejuna, etc.-; Rojas Zorrilla –Entre bobos anda el juego-, Lope de Rueda –La corte de los bufones-, versiones de o sobre textos de Miguel de Cervantes, obras homónimas como El Lazarillo de Tormes, Crónicas anacrónicas de tres pícaros novohispanos, Coplas y romances de cordel y autores y compañías de México, Uruguay, Chile, Costa de Marfil e Irlanda, más piezas y poemas de Sor Juana Inés de la Cruz –No acabarán mis flores, Los empeños de una casa-, tan versionada como Cervantes y Lope de Vega.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, patrocinado por el Ministerio de Educación y Cultura de España, la Secretaría de Cultura de México y otras entidades públicas y privadas, ofrece asimismo exposiciones y certámenes colaterales para animar a dramaturgos, actores y jóvenes realizadores. En el 2019 el XIX Premio Corral de Comedias se otorga a la actriz Adriana Ozores.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro es una fiesta para reír, evocar  y pensar en aquellos escritores y actores populares -y renacentistas- del llamado “Siglo de Oro” (fines del XVI a mediados o fines del XVII). Ellos nos legaron arquetipos humanos y referentes cotidianos. Por eso son clásicos y actuales.

Paisajes, molinos, castillos…/ Miguel Iturria Savón

Millones de personas viajan en verano, yo prefiero la primavera y el otoño, en verano leo más, escucho música y, a veces, paseo por la playa al anochecer. Pero el fin de semana recorrí parte de Castilla la Mancha: la ruta de los molinos de vientos -los de Puerto Lápice, evocados por Cervantes en El Quijote, los de Campo de Criptana que confundió con gigantes y los de Herencia y Alcázar de San Juan-, casi todos del siglo XV y XVII. Los molinos marcan el insólito y apacible paisaje de esos campos amarillentos transitados durante milenios, lugares de paso con tesoros naturales y patrimoniales, espacios únicos en el mundo como las minas de Almadén, el Valle de Alcudia y Sierra Madrona, el río Guadiana, las lagunas de Ruideras, los parques nacionales las Tablas de Daimiel y Cabañeros, el Campo volcánico de Calatrava y la red de castillos, conventos, iglesias, plazas y museos de Ciudad Real y pueblos como Tomelloso, Villamanrique, Almagro o Argamasilla de Alba, «el lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse» Cervantes al escribir El Quijote pues estuvo preso allí y conoció al enloquecido hidalgo Rodrigo Pacheco y a su sobrina Aldonza, protagonistas de su novela.

El paisaje aún es cervantino en casi toda Castilla la Mancha donde hay más estatuas de Sancho y El Quijote que de los Maestres de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y San Juan, figuras que forcejean en el imaginario local con las fiestas y tradiciones. Impresionan al visitante el Museo del Queso Manchego, la Torre del vino en Socuéllamos, la Fiesta del vino en Valdepeñas, el Carnaval de la apacible Ciudad Real y el famoso Corral de Comedias de Almagro, sede del Festival Internacional de Teatro Clásico, tema del próximo post.