El curioso incidente…/ Miguel Iturria Savón

Cartel de la obra teatral El curioso…

Madrid es una ciudad que impresiona y enamora a quienes pasean por sus calles, plazas, museos, cines y teatros. La capital de España, enorme y festiva hasta en sus mercados de barrio, no solo fascina por su maravillosa e imponente arquitectura, sus gentes amables y la diversidad de comercios y espacios  recreativos, sino por sus medios de transporte y la red de estatuas, fuentes e instituciones culturales, algunas muy célebres -Biblioteca Nacional, Academias de la Lengua, de la Historia, las Artes-, otras por su estrategia de seducción y utilidad urbana -cines, teatros, clubes, jardines-.

El Teatro Marquina, ubicado en la calle Prim, ofrece El curioso incidente del perro a media noche, basado en la novela del escritor inglés Mark Haddon, adaptada por Simons Stephens y llevada al tablado por José Luis Arellano García quien cuenta con la escenografía de Gerardo Vera, decisiva por el uso de pantallas digitales que ilustran e interactúan con los actores que dialogan y se desplazan frente al público, atrapado por el dilema de Christopher, el joven autista de inteligencia extraordinaria atraído por una aventura detectivesca que lo induce a franquear otros enigmas, centros del viaje escénico: tierno, emocionante, complejo y acariciador como un relato moderno de gran hondura humana.

“Me llamo Christopher John Francis Boone. Me sé todos los países del mundo y sus capitales, y todos los números primos hasta el 7.5007…Uno siempre sabe que está pensando un perro. Tienen cuatro estados de ánimo: contento, triste, enfadado y concentrado. Además, los perros son fieles y no dicen mentiras porque no hablan”.

Desde esas frases iniciales, el espectáculo apuesta por sacudir nuestra desidia o ignorancia frente al “síntoma” o “problema” llamado autismo, interpretado al borde de la perfección por Álex Villazán acompañado por Marcial Álvarez, Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, E. Villota, A. Frías y Eva Egido, quienes giran en torno al protagonista y asumen diversos roles y voces en una dinámica de susto, sorpresas, risas y emociones que nos obliga a reflexionar.

No digo más, os invito a comprar y leer El curioso incidente del perro a medianoche, convertido en best-sellers y traducido a varias lenguas, o disfrutar de su adaptación teatral en Madrid u otra ciudad de España, Reino Unido o los Estados Unidos. Esta obra mereció 5 Premios Tony (Broadway) y 7 Premios Olivier (Londres). Más información en WWW.elcuriosoincidente.es

La utilidad de lo inútil. / Miguel Iturria Savón

Hay ensayos y relatos atractivos por su título: La vida inútil de Pito Pérez, de José R. Romero; El sacrificio inútil, de Jean Duvignaud; Conquista de lo inútil, Werner Herzog; Apología de lo inútil, De la vida de un inútil, Un viaje inútil, Trabajo inútil, La voz inútil, El placer de los libros inútiles y La facultad de las cosas inútiles, de Yuri Dombrovski.

Recordé algunos de esos títulos al hojear en una librería de Castellón La utilidad de lo inútil, del  profesor italiano Nuccio Ordine, estudioso del Renacimiento y autor de Clásicos para la vida y varios ensayos sobre Giordano Bruno. Confieso que dudé en comprarlo por el oxímoron evocado en el título y por el subtitulo –Manifiesto-, que suena a panfleto. Me decidí tras leer nota de Fernando Savater quien recomienda la lectura porque N. Ordine “…repasa las opiniones de filósofos  y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en escuelas y universidades ese afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico en el que tradicionalmente se ha basado la dignitas hominis”.

Entre esos filósofos y escritores que defendieron “la utilidad de lo inútil”, es decir, del arte, la literatura y otras expresiones del saber humano que no reportan un beneficio práctico evidente, Nuccio expone lo expresado por el clérigo revolucionario calabrés Vicenzo Padula, los escritores Dante y Petrarca, Tomás Moro -autor de Utopía- y Tomaso Campanela -La Ciudad del Sol-, Shakespeare, Cervantes -“Héroe de lo inútil y lo gratuito”-, Aristóteles y Platón, Kant, Ovidio y Montaigne, Leopardi, Gautier, Baudelaire, Víctor Hugo y personajes contrapuestos al pragmatismo del inglés John Locke como el profeta comunista Carlos Marx, todos sensibles al arte y críticos con el comercio, la propiedad privada, el desarrollo industrial y demás inventos “peligrosos” para el ocio, la lectura y la espiritualidad humana, como si dicha espiritualidad no dependiera en gran medida del desarrollo tecnológico logrado.

Nuccio Ordine critica la supuesta desaparición de las bibliotecas históricas y de los estudios del griego y el latín a favor del inglés, los recortes de presupuestos de gobiernos europeos que en tiempo de crisis afectan al arte y la cultura, cuestiona a la “universidad-empresa”, los “estudiantes-clientes”, la ilusión de riqueza y la prostitución de la sabiduría. Como si fuera poco, añade de Apéndice “La utilidad de los conocimientos inútiles”, de Abraham Flexner.

Sé que La utilidad de lo inútil, cuya XVII edición acabo de leer en España, es un libro políticamente correcto y con certezas y preocupaciones válidas sobre el humanismo, las lenguas y la necesidad de preservar el arte y la literatura, nunca inútiles desde mi percepción.

Me preocupa, sin embargo, el exagerado criticismo de autores bien pagados por sus clases y sus obras, pues al menos en Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y hasta en Singapur, el desarrollo tecnológico no tira al vertedero la creación literaria y artística. Es cierto que hay más mercaderes y obreros que escritores pero, ¿no sea han multiplicado los Museos de arte, las Ferias de libros, los Festivales de cine, los desfiles de moda, los espectáculos musicales y deportivos o las redes sociales como medio de expresión? ¿No es gratuita y obligatoria la enseñanza primaria y media en Europa, América y en algunos países de Asia, África y Oceanía?

 

 

Cubaba… / Miguel Iturria Savón

Me da mucha pereza hablar o escribir sobre Cuba, la isla donde nací, estudié, tuve hijos y un manojo de amigos que recuerdo con cariño desde el mediterráneo español. Quizás escribí mucho sobre aquel país devastado por la revolución y el colectivismo. No es que yo sea demasiado impersonal, inteligente, crítico, sensible o contemplativo. Tal vez mi pereza se deba a que pertenecí a la inmensa, musculosa y popular mayoría, esa que llaman pueblo y posa de ingenua, cómplice u optimista, sumándose con avidez o temor a causas propias o ajenas, casi siempre a causas ajenas soñadas como propias por la necesidad de autoengaño.

Cuba no es ni fue el centro de América, aunque La Habana fue el centro de reunión de las naves españolas que salían en grupo con las mercancías de América hacia Sevilla o Cádiz entre los siglos XVI y XVIII. Pero eso es historia al igual que las tardías y mitificadas guerras de independencia, ganadas por los indepes gracias a la intervención en 1898 de las tropas de los Estados Unidos, que higienizaron y reordenaron la isla, en manos del Homo Cubensi desde 1902, es decir, 57 años antes del triunfo de la revolución de Castro, ese huracán que haitianizó al país con la complicidad de la musculosa y oportunista mayoría, además de la imperial Unión Soviética y otros socios de ocasión, útiles o desechables.

Me da pereza hablar o escribir sobre Cuba, aunque tengo amigos que exploran y narran, a veces con lupa de aumento, la inhóspita realidad insular, llena de humo, basureros, derrumbes, mendigos, policías y otras secuelas del incesante experimento socialista, llamado utopía revolucionaria por los progres equidistantes, como si la utopía no fuera una línea en el horizonte, brumosa e inalcanzable.

Por suerte, aquella isla atenazada por la dictadura más burda y larga de América, no necesita de escépticos o perezosos para seguir con su cruz a cuesta, es decir, con la casi invisible evolución interna hacia el puerto llamado libertad, tan asociado al sistema democrático, anhelado solo cuando no lo tenemos.

Si Juan Rulfo creó la ficticia Comala para pintar la desmesura fantasmal de Pedro Páramo, metáfora de México tras la revolución, y Bernardo Atxaga ideó a Obaba al recrear el ambiente rural vasco desde lo legendario en su Obabakoak, creo que es hora de crear a Cubaba, es decir, imaginar a esa Cuba sumergida y agónica que se aproxima a otra realidad, menos patética y nostálgica, pero compulsiva como el mundo de la infancia, con sus misterios y orbes fantásticos que la universalizan. Cubaba, los de Cuba, hablarían al mundo desde la fabulación cubensis, incluidas, por supuesto, las inquietudes primarias -soledad, marginación, muerte, etc-.

La ficción como enlace que apresa fragmentos de la realidad, menos ríspida que el relato castrador del Castrismo, aburrido e increíble.

 

Bolívar y otros libertadores despóticos. / Miguel Iturria Savón

Retrato de Simón Bolívar, el despótico Libertador y Caudillo de A. L

Quizás el vacío creado por la orfandad -mi padre se fue a Bilbao cuando yo tenía cinco años y mi madre murió en Cuba dos años después- me liberó del fervor patriótico en aquella isla de guerrilleros, milicianos, comandantes y demás  personajillos que parloteaban sin cesar sobre la Patria, el Socialismo, la Libertad y otros temas ríspidos y cansinos, mientras multiplicaban las cárceles, los campos de trabajo forzoso y expropiaban a comerciantes y productores independientes. Los héroes ocuparon un espacio especial en medio de la opresión, unos desde el micrófono, otros desde sus estatuas, hieráticos y silentes, tal vez abrumados por la nueva comedia con matices históricos.

Entre los héroes multiplicados de mi infancia y juventud, los más reverenciados fueron José Martí Pérez (La Habana, 1853-1895), poeta y Héroe Nacional, y Simón Bolívar (Caracas, 1783-1830), alias el “Libertador”, dos rostros del vasto santoral indepe de América Latina, quizás los más mitificados y usados hasta el hastío por los egregios gobernantes de la región. De Martí se ha escrito tanto que aburre hasta su obra lírica. De Bolívar hay tantas estatuas, retratos, plazas, libros y monedas con su rostro de tísico que hasta Karlos Marx escribió un panfleto contra él, comparándolo con el Emperador Napoleón Bonaparte, otro Héroe insoportable por sus excesos, crímenes y ambiciones.

Cuando escucho el nombre de Bolívar recuerdo la novela El General en su laberinto, de Gabriel García Márquez, quien pese a ser colombiano y exaltar a dictadores como Fidel Castro, bajó al “Libertador” del caballo de bronce y describió sus miserias, miedos, enredos amatorios y su devastación física. Hurra por el Gabo, nos invitó a tirar la hojarasca sobre héroes y libertadores despóticos, bien vendidos y santificados.

No invito a historiadores y políticos de Argentina, Cuba, Chile, Venezuela, Colombia, México o Perú a revisar las biografías de sus próceres libertarios, algunos ya lo hicieron, otros lo harán, a la mayoría no les interesa una biografía crítica de personajes del pasado, pues sirven de base a sus fantasías historicistas. En Caracas un caudillo comunista creó la República Bolivariana de Venezuela, aún en pie pese al desastre.

Pienso y escribo sobre Bolívar y otros caudillos despóticos de América Latina -Francisco de Miranda, Antonio J. de Sucre, José A. Páez, José Fco de San Martín, Bernardo O’ Higgins, Juan M. de Rosas, José G. Artigas, Manuel J. Belgrano- tras leer las reseñas de cada uno y visualizar en You Tube los videos La verdadera figura de Simón Bolívar y La negra verdad sobre Simón Bolívar, documentales que exponen con seriedad la vida y las acciones militares y políticas del famoso caudillo. Os invito a visualizarlos en Internet. O leer y repensar la historia que nos cuentan. Ni el tribal y narcisista Dios del Antiguo Testamento merece nuestra frívola obediencia.

 

 

La ineptocracia según Jean d´Ormesson. / Miguel Iturria Savón

Jean d´Ormesson, escritor francés

Prefiero leer a los escritores en vez de citar sus frases, como hacen tantos “seguidores” de Virgilio, Cervantes, Shakespeare, Balzac, Poe, Proust, Hemingway, Borges, Lezama Lima y otros autores “clásicos”, “raros” y mediáticos que disfrutan sus minutos de gloria en el trampolín literario.

Prefiero leer y leo, pero hoy no reseño la obra de ningún autor, mas los invito a leer al novelista y académico francés Jean d´Ormesson (1925-2017), autor de La gloria del imperio, Por capricho de Dios, La conversación y decenas de relatos, novelas y crónicas escritas en francés y traducidas a diversas lenguas.

Se le atribuye a Jean d´Ormesson frases muy agudas de interés sociológico que circulan en semanarios culturales y en las redes sociales, entre ellas, la siguiente. Es certera y alusiva. Disfrútenla.

“La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que saben que son idiotas”

 

 

Literatura y política en Václav Havel. / Miguel Iturria Savón

Como en verano las editoriales y los semanarios culturales de los principales periódicos de Europa y América recomiendan libros a sus lectores, evoco a un autor checo posterior al célebre Frank Kafka, pero tan preocupado como aquel por ficcional realidades absurdas; me refiero a Vaclav Havel (Praga, 1936-2011), escritor y político que creció en aquella Europa arruinada por la II Guerra Mundial y por la ocupación soviética de Hungría, Bulgaria, Polonia, Checoslovaquia y otros países del este donde impusieron dictaduras comunistas hasta 1989 o 90.

Desde la firma de la Carta 77 y su posterior liderazgo de la Revolución de Terciopelo, en noviembre de 1989, cuando el gobierno comunista prosoviético hizo las maletas ante las manifestaciones masivas de la Plaza de Wenceslao, el escritor checo Vaclav Havel fue reconocido como un político audaz, sensible y bondadoso. No es para menos pues Havel combinó la creación literaria con la acción cívica, devino símbolo de lucha por las libertades y fue elegido último Presidente de la República Checoslovaca (diciembre 1989 a 1993) y primero de la República Checa (1993 y 1998).

Tras estudiar teatro en la Academia de Artes de Praga, Havel se encausó como dramaturgo con obras que recrean el absurdo social: Fiesta en el jardín (1963), El Comunicado (1965), Dificultad de concertación (1968), La audiencia (1975), Protesta (1979), Largo desolato (1985) y La tentación (1986). Como presidente del Club de Escritores Independientes apoyó la Primavera de Praga (1968), aplastada por la invasión rusa, por lo cual pasó al ostracismo y sufrió prisión por defender los derechos humanos y preferir el “socialismo con rostro humano” del defenestrado Alexander Dubcek.

Como presidente de Checoslovaquia Havel aceptó la separación pacífica de Eslovaquia, que puso fin a la estructura creada por la ocupación rusa tras la Segunda Guerra Mundial. Por el manejo de tan medular transición y su trayectoria intelectual y política fue distinguido con el Premio Nobel de la Paz.

En países como China, Cuba o Venezuela, Havel es un símbolo para la oposición pacífica, al tanto de su trayectoria en el Foro Cívico y del protagonismo democrático que ejerció al frente de la nación centroeuropea. Los libros de Havel, sin embargo, son ignorados por las editoriales supeditadas a los gobiernos comunistas. En Cuba circuló clandestinamente el ensayo El poder de los sin poder, de enorme impacto por su lúcida y concisa ilustración de la atmósfera opresiva y las máscaras del “socialismo real”.

El creador checo es autor de otros dramas, poemarios y ensayos, como Memorando, El foniatra, Anticódigos, Los conspiradores y El hotel de montaña, acreditados por la crítica en su país, Europa y Norteamérica. Por su agudeza sociológica han sido reeditados y traducidos a varios idiomas sus ensayos Cartas a Olga (esposa de Havel), La reconstrucción moral de la sociedad y El poder de los sin poder.

El poder de los sin poder es uno de esos libros que solo puede ser escrito por quien padece los problemas que describe, lo cual vivifica al texto literario e ilumina las experiencias de las multitudes que sufrieron el fenómeno analizado. La mesura de la prosa, el estilo conciso, los ejemplos empleados y las formulaciones ideoestéticas contribuyen a la comprensión del desastre que representó “la construcción del socialismo” en Europa del Este y otras latitudes.

El ejemplar que leí corresponde a Ediciones Encuentro (Madrid, 1996) y corrobora la coincidencia de aquellos “modelos sociopolíticos” edificados a partir de 1917. Havel desnuda las herramientas que les permiten sostenerse, reflexiona sobre el sentido excluyente del concepto “disidencia” y la necesaria “oposición de los ciudadanos de segunda”, su papel en el cambio, el lenguaje como instrumento del poder, el sistema de gobierno totalitario, la actuación de los sin poder y la respuesta de la élite burocrática contra los luchadores pacíficos.

Señala que el socialismo difiere de las dictaduras tradicionales, pues su extensión es ilimitada y común a un bloque, aunque posee peculiaridades temporales y locales. Se basa en la autenticidad de los movimientos sociales que le dieron origen, lo cual legitima su permanencia en el poder mediante principios comunes y una red de instrumentos de manipulación que garantiza su estabilidad. Advierte que el sistema asume o hereda “la inteligencia de la lucha originaria, pero dispone de una ideología mejor estructurada”, adquiriendo rango de una religión secularizada que sugestiona al hombre y le ofrece respuesta a sus incertidumbres.

Valora el lenguaje comunista como “…uno de los instrumentos más diabólicos de avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros. Es un lenguaje lleno de señuelos, esquemas ideológicos, flores retóricas y estereotipos idiomáticos; capaz… de maravillar enormemente a las personas que no hayan descubierto su falsedad o a las que no han tenido que vivir en ese mundo manipulado…, y al mismo tiempo, capaz de despertar en otras personas el miedo y el terror, obligándolas a disimular permanentemente”. Agrega que “la gran ventaja de ese lenguaje radica en que todo está enlazado en acoplamientos mutuos del sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo que no encaja en él, calificándolo de subversión ideológica…”

Además de definir “el lenguaje charlatán y seudo heroico”, hay que agradecerle al ensayista checo otras coordenadas que orientan la lucha pacífica contra el sistema totalitario que justifica las persecuciones, denuncias, censuras y elecciones obligatorias; mientras “califica la esclavitud como una forma superior de libertad, al pensamiento independiente una servidumbre al imperialismo, al espíritu de iniciativa personal una depauperación de los otros y a los derechos humanos un invento de la burguesía”.

En dicho ensayo Havel desnuda la esencia inhumana del régimen dogmático que exige la incondicionalidad del ciudadano al orden político, imponiendo el silencio, la mentira, la purga, la cárcel o el exilio. En los casos de Cuba o China vale preguntar: ¿Cómo romper las tribulaciones de un sistema cerrado?; ¿cómo discernir el discurso de la nomenclatura oficial que denigra al pensamiento liberador? El autor se detuvo al respecto en el difícil camino de la liberación personal y de la necesidad de una revolución espiritual para frenar el totalitarismo y emprender la reconstrucción moral, a fin de poner el poder al servicio del hombre y no a la inversa.

Havel esclareció el papel dominante desempeñado por la ideología bajo la dictadura burocrática sobre la sociedad igualitaria. La misma se sitúa por encima del hombre y hasta del propio poder. Esto es posible pues, al basarse en la propiedad, estatal el régimen se erige en único gestor de trabajo, invierte en sí mismo y manipula la existencia humana, convirtiendo al ciudadano en rehén de una patria exclusiva con rango de Dios omnisciente y omnipresente.

Los regímenes de Cuba o Venezuela, por ejemplo, ilustran tales certezas porque son dictaduras que finge no serlo y pregonan valores como la libertad, mientras aplastan cualquier intento liberador con habilidad de prestidigitador.

Una canción sobre el Muro de Berlín. / Miguel Iturria Savón

Peter Fechter y Chris Gueffroy, asesinados en el Muro de Berlín

 

Detrás de cada canción hay una historia de amor, despedida, sucesos que emocionan porque testimonian el camino interior de compositores, cantantes y músicos que apresaron instantes del tiempo, la muerte, el mar, la naturaleza o la complejidad humana. My Way, de Frank Sinatra; Gracias a la vida, de Violeta Parra; Non, Rien de Rien, de Edith Piaf; Mediterráneo, de Serrat, o Libre, de Nino Bravo, son baladas vibrantes archivadas en la memoria de millones de personas por su impacto lírico y sonoro.

Si Gracias a la vida, My Way o Non, Rien de Rien son testimonios de despedida y crónicas vitalistas de autores e intérpretes de latitudes y sensibilidades diversas, Libre, compuesta por José Luis Armenteros y grabada por el cantante español Nino Bravo en 1972, es la historia de un suceso trágico: la muerte de Peter Fechter, ametrallado por soldados rusos el 17 de agosto de 1962 al saltar el Muro de Berlín, edificado meses antes para impedir la circulación de los alemanes del este hacia la zona occidental. Desde Peter Fechter hasta Chris Gueffroy, asesinado el 5 de febrero de 1989, las imágenes de 260 jóvenes desangrados en la alambrada divisoria impresionaron a artistas y ciudadanos de Europa.

Cantada primero por Nino Bravo en el programa “Luces en la noche”, de la Televisión española, Libre fue grabado por la discográfica Fonogram en octubre de 1972 y difundido en el álbum Mi Tierra por toda Hispanoamérica, incluida Cuba, donde la libertad era y es, palabra prohibida. Transcribo la letra e invito a los lectores a escuchar otra vez a Nino Bravo en You Tube o Spotify.

 

Tienes veinte años y ya está

Cansado de soñar,

Pero tras la frontera está su hogar,

Su mundo, su ciudad.

Piensa que la alambrada solo es

Un trozo de metal,

Algo que nunca puede detener

Sus ansias de volar.

 

Libre,

Como el sol cuando amanece,

Yo soy libre como el mar,

Libre,

Como el ave que escapó de su prisión

Y puede, al fin, volar.

 

Libre,

Como el viento que recoge mi lamento

Y mi pesar,

Camino sin cesar

Detrás de la verdad

Y sabré lo que es al fin, la libertad.

Con su amor por bandera se marchó

Cantando una canción,

Marchaba tan feliz que no escuchó

La voz que le llamó,

Y tendido en el suelo se quedó

Sonriendo y sin hablar,

Sobre su pecho flores,

Brotaban sin cesar.

 

Libre,

Como el sol cuando amanece,

Yo soy libre como el mar.

Libre,

Como el ave que escapó de su prisión

Y puede, al fin, volar.

Libre,

Como el viento que recoge mi lamento

Y mi pesar,

Camino sin cesar

Detrás de la verdad

Y sabré lo que es al fin, la libertad.

………………………………………

Ciudadanos de Internet. / Miguel Iturria Savón

Internet, redes e íconos...

Internet, redes, iconos…

 

En el verano del 2014 se habló del proyecto O3b, una iniciativa empresarial de impacto informativo para países de las tres A -América Latina, África y Asia- cuyos gobiernos apenas invierten en conexión satelital y dejan a millones de habitantes al margen de las tecnologías que revolucionan los medios de comunicación. Se habla, por supuesto, de otros proyectos, bondades y excesos de ese Padre Nuestro llamado Internet, amado por infinidad de fieles y denostado por grupúsculos de herejes que actúan como los antiguos sacerdotes que escondían los papiros del saber.

Con Internet no hay secretos ni crisis de ausencias, el ciberespacio aproxima islas y continentes, calles y plazas y atrae los cuadrantes de rebeldes y tiranos. Casi todo es posible en ese país universal sin fronteras, provincias, municipios, parlamentos, partidos ni elecciones que articula a la industria y el comercio desde el ordenador, la Tablet o el teléfono móvil, cuyos soportes tecnológicos “producen y venden” mercancías ofrecidas por agencias de viajes, bibliotecas virtuales, sitios de arte, periódicos online, fundaciones, gobiernos y ciudadanos que crean, difunden o interactúan a través de Facebook, Twitter, blog, Whatsapp, páginas Web y otros soportes y programas que atraen, asustan, amenazan o enriquecen la imaginación de niños, jóvenes y adultos con acceso a las redes sociales, pantalla y clic mediantes.

Internet es un país con ciudadanos multinacionales, hijos legítimos y bastardos, padres fundadores, madrastras, huérfanos, hermanos, primos, sobrinos, tíos, novios (as), esposas (os), amigos y personajes con perfiles de ensueños. No es el País del Nunca Jamás pues cada día se acerca más al Medio Oriente y sus guerras, al Islam y sus fantasmas, a los mitos culturales de China, la India, Europa o el Perú. Es un país-mundo adscrito a la Sociedad de la Información, sin ONU, OTAN, OEA, banderas, partidos e ideologías, aunque no faltan filias y fobias diseñadas por poderes, etnias, sectas y ciudadanos.

Internet es una tierra encantada con fábulas, monstruos, bosques, ríos, océanos y  avatares. Un país etéreo y gigantesco, bullicioso y laberíntico, sin fronteras, pasaportes ni documento de identidad. Sus habitantes están conectados a satélites que transmiten lenguajes, creencias, leyes y normas trucadas en imágenes -binarias y metafóricas- que activan a los monstruos de la razón y desatan pesadillas: Slender Man de Wisconsin, por ejemplo, o los bulos de nacionalistas, comunistas y progres que dictan la corrección política, ataditos a causas fallidas y elefantes blancos.

Como ciudadanos de Internet, estamos expuestos al ruido de las redes y sus mensajeros de odio y difamación, sean terroristas islámicos guardianes de la fe, nacionalistas de ADN superior y exclusivo, los chinos herederos del camarada Mao o los mercaderes de checepelo tecnológicos y videojuegos adictivos que roban el tiempo y la energía de millones de niños, adolescentes y jóvenes nacidos con Internet, es decir, con opciones a exploración y discernir.

En la antípoda de ese “Padre Nuestro” llamado Internet, están los desconectados del país virtual: pobladores de África, Asia, Amazonas o el Caribe que aún carecen de las opciones de ese mundo de espejos, narcisismos y mutaciones tecnológicas usados como pasarela, laberinto o atalaya crítica sobre realidades que hieren y laceran a millones de personas en la India, Siria, Zimbabue, Cuba, Norcorea, Venezuela o Nicaragua.

Internet es, en fin, espejo del mundo que refleja y escaparate de estrellas humanas que buscan espacios nucleares, semidioses del deporte, el cine, los medios de comunicación, los negocios, la política, la Iglesia y la economía. Saltos y sobresaltos, certezas e incertidumbres narradas por telediarios y televerdugos. Protagonismos e inocencia, denuncias y manipulaciones, ciudades visuales y bibliotecas virtuales, hackers, leyendas y mitos, discursos banales, burbujas y pinchazos.

Click desde el móvil, la tablet o el ordenador.

La Hispanibundia. / Miguel Iturria Savón

Escuchar y leer al escritor hispano alemán Mauricio Wiesenthal es un placer estético por el aliento musical de sus poemas, su erudicion y esa prosa que celebra y disfruta el derecho a soñar, viajar y reflexionar, razones de su existencia y de su cosmopolita cultura, resumida en uno de sus versos: “la vida es el hilo de la cometa”.

Los libros de este sabio viajero y trotamundos configuran un puzle desplegado entre España, América y Europa. Su obra poética, narrativa, ensayística es una especie de híbrido de su vasta cultura, encuentros con personajes reales y literarios, lecturas, experiencias marítimas y estudios de temas y autores excepcionales. Esa atmósfera de otro tiempo y otro universo paralelo a la previsible vida contemporánea, gravita en  títulos como: El viejo león: Tolstoi, un retrato literario; Rainer María Rilke: el vidente y lo oculto, El esnobismo de las golondrinas, Luz de vísperas, Libro de réquiems (memoria y personajes), El gran diccionario del vino, etc.

De enorme interés por su exploración sociológica, histórica y cultural es La Hispanibundia, de 38 ensayos eruditos y amenos que mesclan sensatez, extravagancia, datos y verdades en dosis magistrales que recuerda: “los asuntos españoles tienen que ver con la frontera, la zona intermedia, el experimentalismo humano”, es decir, un recorrido por la historia, la cultura española y su capital simbólico compartido con Europa, América, Asia y África.

Esta obra, como su autor, brilla por su ironía, inteligencia expositiva, la melancolía y la alegre y desjuiciada voluntad de vivir intensamente. La Hispanibundia es una mirada interesante de los restos de aquella nación, sus laberintos y cambios de perspectivas desde tiempos remotos al Imperio, la Ilustración, la fractura y otros instantes de profundidad simbólica, reveladores de “una cultura activa, crítica, punzante, que interpreta el pasado y lo convierte en reflexión del propio presente…”

«Es posible que la hispanibundia no sea más que la vehementia cordis (vehemencia del corazón) que, según Plinio, distinguía a los hispanos. Con hispanibundia reaccionaron los teólogos de la Contrarreforma frente a las tesis de Lutero. Movidos por la fiebre de la hispanibundia se aventuraron los conquistadores en los desiertos, en las santas cordilleras y en las selvas del Nuevo Mundo. La hispanibundia arrojó a nuestra armada Invencible contra las costas de Gran Bretaña y de Irlanda. Y con un dolor hispanibundo se escribieron las mejores páginas de nuestra literatura. La hispanibundia es la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea español o no, lo acepte o no, se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos». Convencido de que los pueblos sólo pueden cambiar cuando hacen un honesto esfuerzo por conocer su historia, Mauricio Wiesenthal trata de aportar su grano de arena para comprender esa compleja realidad que se ha ido configurando a lo largo de siglos y  de la que, para bien o para mal, formamos parte y somos herederos.

Ancla insular cumple 10 años. / Miguel Iturria Savón

El 27 de junio del 2008 colgué el primer post de Ancla insular, una bitácora creada en La Habana y llevada a España en noviembre del 2012. Ha pasado una década desde aquella reseña sobre la etnóloga Lydia Cabrera, autora de El Monte y Cuentos negros de Cuba, hasta “El viaje de Tania Díaz Castro”, poeta y periodista anclada en la isla. Un tiempo intenso y creativo para testimoniar hechos insólitos y cotidianos, relatar la vida de personas sin agenda, evocar a personajes del arte y la literatura, glosar  libros, ferias, festivales, exposiciones, películas y conciertos.

En diez años de travesía por el ciberespacio la desmesura no ha sido la nota, el tono ni la frecuencia de estas páginas en las que convergen crónicas, artículos de opinión y sucesos y personajes que enlazan pasado y presente sin ñoñería ni ambigüedades, salvo en lo estético, aunque Ancla insular no ha sido neutral ni visceral en sus enfoques pese a navegar por una realidad claustrofóbica que hiere, duele y salpica las emociones de cualquiera.

Ha pasado una década pero Cuba sigue en circunstancias similares, por eso la deriva insular adopta títulos obsesivos, algunos de interés:

  • “El capítulo más negro de la Primavera negra”, del 5.01.2010
  • “Cinco prisioneros del Castrismo”, 20 y 21.9.2010
  • “Los huelguistas y el tirano”, 3.5.2011
  • “Combatientes olvidados”, sobre Bahía de Cochinos, 26.4.2011
  • “Pobres de solemnidad”, 10.10.2011
  • “La última odisea de Laura Pollán”, 20.10.2011
  • “Duro de matar”, sobre el Guinness a F.C, el 22.12.2011
  • “Cuba, ¿una barca en medio del mar?”, 10.8.2013
  • “Cuba, baúl del naufragio”, 30.12.2013
  • “Bienaventurados los que partieron”, 27.12.2014
  • “La guerra de Cuba”, 16.1.2015
  • “Cuba, estadísticas y malabarismos”, 20.5.2015
  • “El Mariel, votar con los pies”, 7.4.2015
  • “Cuba, titulares de un acto simbólico”, 17.8.2015
  • “Cuba, gafas virtuales”, 10.5.2016
  • “Cuba, ¿isla extraordinaria?, 23.3.2017
  • “Cuba, tiempo de hastío”, 22.11.2017

En Ancla, sin embargo, predomina la vocación cultural, la cultura como espacio de libertad, la forma y la diversidad temática por encima de la inmediatez informativa. En casi mil entradas -hubo un “naufragio” que “evaporó” en el ciberespacio los post editados entre marzo y octubre de 2014- imperan los artículos informativos y de opinión (175), seguidos por reseñas de libros (115), crónicas (111), notas de cine (52), blogs y revistas digitales (29), historia (24), artes plásticas y fotografías (22), teatro, danza y televisión (21), cultura general (15), asuntos jurídicos (14) música (13), deporte (8) y otros temas y personajes de interés político, social, mediático, religioso, arquitectónico, paisajístico…

Para no marear con repaso de post, aprendizaje tecnológico y abordajes de hackers y censores que diezmaron a esta bitácora y al autor, invito a los internautas a despertar en las páginas e imágenes de Anclainsular.com  a figuras del cine, la literatura, el arte, la música, el teatro, la historia y las gentes sin historia que vuelan o planean sobre la realidad como pájaros exóticos.

En esa pista extendida entre la isla del Caribe anclada en el pasado y la península que patina en los senderos globales, aparecen nombres de  personajes reales y ficticios, libérrimos o amorfos, modernos y prehistóricos, humanos o fantasmales. Se llaman Eduardo Mendoza, W. Szymborska, D. Trump, M. Chaves Nogales, N. Guillén, L. Cohen, F. Aramburu, M. Díaz Martínez, K. Kieslowski, J. D. Ferrer, G. Fariñas, Antonio E. Rodiles, Orlando L. Pardo, García Lorca, R. Arenas, O`Connor, Ángel Santiesteban, Chaplin, Nina Simone, Chacón y Calvo, Kurosawa, Lenin, N. Fuentes, Juan Rulfo, Lezama Lima, M. Cervantes, Frank Correa, Pío Baroja, Pablo Méndez, Vargas Llosa, José M. Heredia, Jodorowsky, Silvestre de Balboa, José Martí, Hemingway, Zoe Valdés, R. Bragado, Cabrera Infante, B. Atxaga, L. Padura, Proust, Heberto Padilla, J.L Borges, Raúl Rivero, A. Camus, Gastón Baquero, Walt Whitman, Virgilio Piñera, Tzvetan Todorov, Gorki Águila, Sócrates, K. Armstrong, Yoani Sánchez, Emil Cioran, Ernesto Santana, Gombrowicz, Gina Picart, Czeslaw Milosz, Eliseo A. Diego, Alice Munro, Rafael Alcides, Almodóvar, Eduardo del Llano, L. Buñuel, Raphael, Uva de Aragón, Wajda, Alicia Alonso, Moustaki, Olga Guillot, Moliere, Shakespeare, Pablo Milanés, Polanski, Luis Cino, Ángela Aznar.

Nombres de personas y lugares, de series, obras teatrales, playas y canciones que oxigenan páginas volátiles como el éter. “Cubalandia”, “Homeland”, “Black Mirror”, “Villa Manuela”, “Aquelarre”, “Showtime”. Crónicas de viaje. La Habana y Madrid, Atenas y Milán, Valencia y Bilbao, Barcelona y Guernica, Sagunto y Zaragoza. Clic mediante.

Ancla insular aún navega por los mares de ciberespacio. Sin nostalgia de Cuba ni búsqueda de paraísos y elefantes blancos. Clic mediante.