Utopía de un hombre cansado. / Miguel Iturria Savón

“Utopía de un hombre que está cansado”, de Jorge Luis Borges, es uno de los relatos de El libro de arena, editado varias veces pese a no ser tan notorio como “El Aleph”, “El Congreso”, “El inmortal”, “Los teólogos”, “Deutsches Réquiem” y otros que recrean sus obsesiones y temas, enlazados con la cultura de diversos países y épocas lo cual universaliza su obra, “situada ya por encima de las diferencias idiomáticas, las posiciones ideológicas o los doctrinarismos de escuela”, pues el saber y la sensibilidad de Borges se expresan en la estética de la inteligencia, esa “inimitable fusión de mentalidad matemática, profundidad metafísica y captación poética del mundo”.

Entre sus cuentos, de prosa impecable, concisa y alegórica, Borges prefirió “El Congreso”, “El Aleph” y “El otro”, quizás porque prodigan más la fusión de los recuerdos y la fantasía. A esos títulos se añaden, entre otros, “Funes el memorioso”, “Tema del traidor y el héroe”, “La muerte y la brújula”, “El milagro secreto” y “Utopía de un hombre que está cansado”; el último asocia un ensueño humano -el no lugar como espacio deseado- con la figuración onírica y la imaginación profética.

La entrada es genial: “No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma. Yo iba por un camino de la llanura. Me pregunté sin mucha curiosidad si estaba en Oklahoma o en Texas o en la región que los literatos llaman la pampa…”

“El camino era disparejo. Empezó a caer la lluvia. A unos doscientos o trescientos metros vi la luz de una casa. Era baja y rectangular y cercada de árboles. Me abrió la puerta un hombre tan alto que casi me dio miedo. Estaba vestido de gris. Sentí que esperaba a alguien. No había cerradura en la puerta.

Entramos en una larga habitación con las paredes de madera. Pendía del cielo raso una lámpara de luz amarillenta… En la mesa había una clepsidra… El hombre me indicó una de las sillas”.

Resumo el diálogo entre el anfitrión, de “rostro severo y pálido”, y el visitante, un profesor y escritor de cuentos de setenta años. El anfitrión ha vivido cuatro siglos, ha construido su casa, trabajado la tierra y creado los muebles y objetos; le habló en latín, pues “la tierra ha regresado al latín”; lo invitó a comer y platicaron sin gesticular. Solo “de siglo en siglo” recibía alguna visita. Había leído Los viajes de Gulliver y la Suma Teológica, alegó que a nadie le importan los hechos, sino la duda y el arte del olvido. “Eludimos las inútiles precisiones. No hay cronología ni historia, ni estadísticas”.

El coloquio entre dos hombres de tiempos diferentes es inusual, el anfitrión no tiene nombre y afirma no leer sino releer, le muestra la Utopía, de Tomás Moro, impresa en Basilea en 1518, y agrega: “La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios”. Habla de su “curioso ayer, cuando el planeta estaba poblado de entes colectivos, el Canadá, el Brasil, el Mercado Común… / Todo se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades…Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas…La gente era ingenua… / Ya no hay dinero, ni quien adolezca de pobreza ni de riqueza… / No hay ciudades, no hay posesiones ni herencias. Cuando el hombre madura a los cien años, está listo para enfrentarse consigo mismo y con su soledad:

Cumplidos los cien años, el individuo puede prescindir del amor y de la amistad. Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan. Ejerce algunas de las artes, la filosofía, las matemáticas o juega a un ajedrez solitario. Cuando quiere se mata…”

Al preguntarle que sucedió con los gobiernos, responde que “fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos…”

El final es sorpresivo, recuerden que el hombre “esperaba a alguien” y “estaba vestido de gris”.

Será mejor leer el relato de Borges y otros títulos de ficción utópica como Un mundo feliz y La isla, de Aldous Huxley; Horizontes perdidos, de James Hilton, o La nueva Atlántida, de Francis Bacon. Como existe asimismo la distopía, sugiero algunas novelas distópicas: 1984 y Rebelión en la granja, de George Orwell; El fugitivo, de Stephen King; No me abandone, de Kasuo Ishiguro, o La naranja mecánica, de Anthony Burguess, llevada al cine y la Televisión como la serie Black Mirror, todas inquietantes, pero no tanto como vivir realidades terribles y encubiertas por políticos, teólogos y mercaderes de supuestos paraísos.

Breviario de escolios. / Miguel Iturria Savón

Breviario de escolios, de Nicolás Gómez Dávila, editado en España por Atalanta en 2018, no contiene los más de diez mil Escolios de un texto implícito publicados en 1977, 1986 y 1992, sino una Selección de estos realizada por José Miguel Serrano y Gonzalo Muñiz, mas el ensayo introductorio “Nicolás Gómez Dávila: el escritor secreto”, del citado J.M. Serrano, y el Índice onomástico y de materia.

Dicen que Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, 1913-1994) fue fiel a su fórmula de “vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes”; aislado en su vasta biblioteca donde leyó libro tras libro en diversas lenguas y escribía notas que luego transcribía sin pretensión editorial, al extremo que cada obra suya corrió a cargo de sus parientes, pues evadió el entorno académico y literario de su época, seguro de que “Toda recta conduce a un infierno” y “Todo hombre vive su vida como un animal acosado”.

El escolio es una especie de nota al pie o aforismo, es decir, una frase o sentencia que en el caso de los monjes medievales expresa de qué va lo leído. Al igual que aquellos monjes bibliotecarios Gómez Dávila pasó inadvertido. Su “obra transparente de estilo eficaz” fue promovida en Colombia por sus amigos Hernando Téllez, E. Volkening y Álvaro Mutis, el poeta y narrador que le atribuyó la primacía entre los escritores de lengua hispana, quizás porque en Colombia “no hay maestros ni discípulos del género aforístico”. Gómez Dávila ya es un escritor de culto, citado y comentado por autores alemanes como Ernest Jung, Botho Strauss y Martin Mosebach; el italiano Franco Volpi, el belga Simon Leys, el francés Alain Finkielkraut y los españoles Fernando Savater, Julia Escobar, Juan Arana, Enrique García-Maiquez y otros que aprecian sus Escolios como la “obra prima del pensamiento occidental» y la expresión filosófica más clarividente y crítica de la modernidad.

Según J.M. Serrano, el rasgo esencial de la prosa de Gómez Dávila radica en su feroz e inclemente crítica de la modernidad y sus corolarios: la técnica y el progreso. “Las instituciones, el autoengaño del progreso, la igualdad, la estulticia del intelectual, las convenciones académicas, el halago de la contracultura, la vulgarización de gustos y costumbres, la infantilización de mentes y actitudes, todo cae bajo su aguda mirada, pasada siempre por lo que para él constituía la verdadera realidad: los libros”.

Gómez Dávila vivió entre libros al igual que Jorge Luis Borges, ambos intuyeron que “La imaginación es el único lugar del mundo donde se puede habitar” y “La poesía es la huella dactilar de Dios en la arcilla humana”, por eso aplicaron la estética de la inteligencia al hurgar en la naturaleza humana desde ángulos opuestos. Gómez Dávila desentrañó la modernidad y la religión democrática con “escritura a veces irritante por la inclemencia crítica”, calificada de pesimista, clasista, anti latinoamericana y de inmisericorde sinceridad hasta consigo mismo. Fue “lúcido y sincero, crítico… y extraordinariamente original”, una de las mejores prosas en español de todos los tiempos.

Sus Notas, Textos y Escolios eslabonan con maestría, agudeza, sencillez y precisión su percepción de la cultura occidental. Admiró sin apología a Homero, Tucídides, Platón, San Agustín, Montaigne, Pascal, De La Rochefoucauld, Rousseau, Burke, Schopenhauer, Nietzsche, Baudelaire, Dostoievski y otros pesimistas y derrotados a quienes leyó en su lengua original. Criticó a Hesíodo, Sade, Hegel, Marx, Freud, los estoicos, los naturalistas, los racionalistas…

Pero tornemos al Breviario de escolios, esa obra sorprendente y entrañable que reta nuestras ideas y zarandea muchos cánones. Transcribo algunos para estimular su lectura:

  • “El único sucedáneo de la grandeza es la lucidez…Es virtud de ambiciosos desengañados; es la humildad de los soberbios que, sin dimitir, se resignan.”
  • En este siglo toda empresa colectiva edifica pasiones. Solo el egoísmo nos impide colaborar en vilezas.
  • La libertad no es el fin, sino medio. Quien la toma por fin no sabe qué hacer cuando la obtiene.
  • La inteligencia consume todo lo que arrojamos a su llama, y se nutre en fin con sus propios fuegos.
  • El perdón es la forma sublime del desprecio.
  • Madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos.
  • El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.
  • El vigor del alma española es dureza de tierra erosionada.
  • La humanidad no acumula soluciones, sino problemas.
  • Un léxico de diez palabras basta al marxista para explicar la historia.
  • El militante comunista antes de su victoria merece el mayor respeto. Después no es más que un burgués atareado.
  • Ser izquierdista es creer que los presagios de catástrofes son augurios de bonanza.
  • Ser reaccionario es haber aprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.
  • La religión no explica nada, sino complica todo.
  • La vida es taller de jerarquías. Solo la mente es demócrata.
  • Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos.
  • Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son.
  • El capitalismo es abominable porque logra la prosperidad repugnante vanamente prometida por el socialismo que lo odia.
  • Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos.
  • La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y de debilitar al Estado.
  • …Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar.
  • Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer”.

Hombres de Partido. / Miguel Iturria savón

En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer concibió la vida como un mero fenómeno y mera manifestación de “la cosa en sí”, definida esta como “voluntad en el sentido irracional e insondable que dirige todo y se sitúa en el origen de todas las cosas”. Ese voluntarismo humano ha sido muy discutido, pero aún es objeto de interés filosófico, aunque la filosofía no resuelve los problemas, solo instruye y genera algunas certezas al igual que las religiones y las ideologías, tan válidas como engañosas para “el perpetuo fantasma de la existencia humana”.

Al parecer, el racionalismo se impuso, pero el voluntarismo sigue en pie, somos seres con voluntad y anhelos insaciables. Negamos a Dios, pero la mayoría se aferra a ideologías y partidos políticos que pretenden sustituirlo. El dilema es recurrente y encarna en personajes de todo tipo: héroes, políticos, abogados, médicos, pintores, poetas, actores, cantantes, deportistas, modelos, periodistas y presentadores de radio y televisión que relativizan muchas cosas, según sus puntos de vista.

Y como nada resulta más imprevisible que la vida, confiamos nuestras ansias, anhelos y fobias en manos de otros y en las redes sociales, ese enjambre virtual que atrapa a millones de personas, pues las redes, como los laberintos, han sido creados para confundir. Pero nada nos enreda más que las ideologías, los partidos y los hombres de partido, quienes -no todos, por supuesto- usan la filosofía de la historia y hasta diseñan sistemas para elevar el progreso social y, según su imaginación, liarnos en la solución de todos los problemas.

Piensen en el Marxismo, sustituto político de la religión cristiana y los preceptos de pobrismo, gratitud, fidelidad, justicia… Hicieron lo opuesto, expropiaron, adoctrinaron, masacraron, prometieron, generaron éxodos y pobreza colectiva. Detrás de cada revolución comunista del siglo XX hubo un Partido y hombres del Partido, casi siempre certeros, hieráticos, iluminados, rígidos, obedientes, hábiles al tomar decisiones y usar detalles absurdos contra los incrédulos… Todos al tanto de las oscilaciones del péndulo político y de su cuota de poder.

Entre esos hombres de Partido, herederos de Marx y Engels, profetas del Socialismo, hubo líderes trascendentes por el manejo de la voluntad ajena y la representación teatral para lograr sus objetivos: Vladimir Ilich, alias Lenin, Stalin, Mao Zedong, J. Broz (Tito), Kim Il Sung, Fidel Castro, etcétera. Hubo otros hombres de otros partidos e igual propósito totalitario y voluntarista: B. Mussolini, A. Hitler.

Existen, por supuesto, mujeres de Partido, libres de ataduras domésticas y con talento para rivalizar en campañas electorales, dinásticas, judiciales, parlamentarias… Nadie supera en representación estatal a Elizabeth II, monarca de Reino Unido; seguida por Indira Gandhi, ex Premier de la India; Ángela Merkel, Canciller de Alemania; Hillary Clinton, dos veces Candidata a la Presidencia de los Estados Unidos; Aung San Su Kyi, líder de Myanmar, y otras jefas de estado, ministras, senadoras y representantes que gestionan igual o mejor las funciones del poder y “la cosa en sí”.

El Mariscal J. Broz (Tito), Mao Zedong y F. Castro

¿Cowboys contra dragones? / Miguel Iturria Savón

Con cerca de 4 millones de personas contagiadas, casi 300 mil muertos y millones de recluidos por el último virus chino (Covid 19), algunos países cuestionan el origen del germen y el secretismo de las estadísticas ofrecidas por los Mandarines del gigante asiático, una nación superpoblada (mil cuatrocientos millones de habitantes en 9, 596 960 kilómetros cuadrados) que en 1978 adoptó la economía de mercado, la tecnología occidental y multiplicó su producción, llegando a ser el mayor exportador e importador de mercancías del mundo.

Hasta ahora, solo Alemania, Reino Unido, Chequia, Australia, Japón, Taiwán y los Estados Unidos de América ponen en duda el origen natural del virus expandido desde Wuhan. El doctor japonés Tasuko Honjo, quien trabajó cuatro años en el Laboratorio de Wuhan, afirma:

«El virus Corona no es natural. Si fuera natural no habría afectado a todo el mundo… Porque, dependiendo de la naturaleza, la temperatura es distinta en diferentes países. Si fuera natural, solo habría afectado a países con la misma temperatura que China. En cambio, se extiende a un país como Suiza, de la misma manera que se extiende a zonas desérticas… Si fuera natural se habría extendido en lugares fríos, pero habría muerto en lugares cálidos». Y agrega: «He realizado 40 años de investigación sobre animales y virus. No es natural. Está fabricado, el virus es artificial… Conozco bien al personal de ese laboratorio. Los llamé a todos después del accidente del Corona, pero sus teléfonos han estado muerto por tres meses… todos estos técnicos de laboratorio están muertos. / China está mintiendo…»

Quien ha vivido en un país de Partido único -China desde 1949, Cuba desde 1959- sabe que el mítico Dragón Chino reencarnó en Mao y en sus sucesores dinásticos del Partido Comunista -desde Den Xiaoping al actual Xi Jinping-, convertidos en Mandarines imperiales como en las antiguas dinastías Xia y Qin, pero ávidos por lanzar al Dragón sobre Europa, Estados Unidos, Canadá y otros países, es decir, invertir y adquirir bienes fuera de la Muralla y, de paso, exportar parte de la población para frenar la polución ambiental. En ese sentido, la creación y exportación de virus que generen crisis sanitarias y diezmen la economía de medio mundo se ajusta a la geopolítico de China.

Sin embargo, el relativismo ético y político predominante en las democracias europeas, sometidas a incesantes demandas de bienes y libertades, favorece la movida del Dragón Chino, desafiado por el Cowboy americano: los Estados Unidos, esa República Federal con 50 Estados y 340 millones de habitantes en 9 millones ochenta y tres mil kilómetros cuadrados. Estados Unidos, «trabado por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio», aunque es el líder mundial en investigación e innovación tecnológica desde el siglo XIX, además de poseer el mayor Producto Interno Bruto -22,32 billones de dólares, el de China es de 13, 407 billones-, la principal industria y una insólita red de producción y exportación de productos alimenticios, farmacéuticos, artísticos y culturales -cine, música, espectáculos, libros…-

Los centros de poder, mediáticos y académicos que en Occidente esgrimen el multiculturalismo para blanquear a China y homologar su insólito crecimiento con los Estados Unidos de América, olvidan que el Dragón asiático es una dictadura de Partido único con poder absoluto sobre las personas, la economía y la cultura. Además, los Mandarines rojos no comparten el modelo liberal, usan sus ventajas para posesionarse con sentido monopolista y aprovechan las crisis para invertir en la Bolsa e influir en las decisiones de la ONU, la OMS y otras instituciones.

No se trata de sacar las pistolas y disparar, la tradición de la guerra es nefasta, pero la opacidad del Imperio Emergente genera sospechas. Si China produjo y expandió el virus que paraliza y arruina al mundo y luego inventa la vacuna y hace negocios para frenar la pandemia, debe responder, no solo ante Alemania, el Reino Unido y los Estados Unidos, sino ante Grecia, Italia, España y otros países que aún entierran a las víctimas del Coronavirus.

China no está sola, hay personajes y holdings financieros y biotecnológicos que apuestan por un reordenamiento global. Cuando el Presidente Donald Trump, por ejemplo, le retiró la donación monetaria de USA a la Organización Mundial de la Salud por falsear datos favorables al Dragón asiático, Bill Gates le transfirió 149 millones de dólares. ¿Qué esconden los mercaderes de la filantropía? ¿Estamos ante guerras de virus y bacterias para experimentar vacunas y someter al planeta a nuevos centros de poder?

Fake News de la antigua Roma. / Miguel Iturria Savón

Es difícil hallar un libro sobre historia que, además de estar bien escrito y ser ameno y riguroso, desmonte los bulos de la historia desde la arqueología, el cotejo de fuentes bibliográficas, literarias y expresiones del arte, la mitología, las tradiciones y el uso de técnicas modernas. En esa línea desmitificadora recuerdo a Los enemigos del comercio, de Antonio Escohotado Espinosa, e Imperiofobia y leyenda negra, de María E. Roca Berea. A esos ensayistas con archivo e hipótesis agudas y renovadoras se suma el joven arqueólogo e historiador Néstor F. Marqués, autor de Un año en la antigua Roma. La vida cotidiana de los romanos a través de su calendario y Fake News de la antigua Roma. Engaños, propaganda y mentiras de hace 2000 años, editados por Espasa en 2018 y 2019.

Según Néstor, “Somos herederos directos de Roma, de su cultura y de su forma de concebir aspectos tan determinantes como las leyes, la estructura social o el mismo paso del tiempo…” Y detalla en su primer libro: “…en la antigua Roma el 25 de diciembre se celebraba el nacimiento del Dios Sol, Julio César instituyó los años bisiestos, las semanas duraban ocho días…” Sus libros son, por supuesto, un viaje a través de la cultura y la historia, un viaje entretenido y sagaz que remueve “verdades” acuñadas por historiadores y personajes históricos.

Fake News de la antigua Roma tiene 365 páginas y una estructura tan precisa como abarcadora: Índice, cuatro capítulos -Orígenes legendarios, La República, Los Doce Césares y Auge y caída de un imperio-, más el Epílogo, las Fuentes clásicas, la Bibliografía, la Genealogía de las familias imperiales, el Plano de Roma y el Índice de términos. En los breves acápites de cada capítulo nos enseña que “la historia es un intrincado conjunto de hechos, mentiras y opiniones que se entremezclan en un gran sistema…”

Con su estilo casi cinematográfico y coral Néstor Marqués esboza hechos y personajes, coteja puntos de vistas acuñados, baraja hipótesis contrapuestas y ofrece su apreciación. Cuestiona el velo de uniformidad sobre Roma -una y muchas- entretejido por “los bulos, los engaños y las noticias falsas formadas por el tiempo”. Al desentrañar a esos romanos “de cine” embadurnados por mitos y leyendas, el autor escava en el pasado, desvela el papel jugado por la propaganda política, une o asocia piezas dispersas y nos interroga:

  • “¿Hay verdades en las leyendas? ¿Y leyendas en las verdades?”
  • ¿Es posible que Nerón no incendiara Roma? ¿Qué Livia no planeara el asesinato de todos los herederos al trono, incluso el de su propio esposo?
  • ¿Existió Jesús de Nazaret?
  • ¿Fue el Cristianismo perseguido realmente por los romanos?
  • ¿Fue tan depravado Calígula, tan despótico Domiciano o tan demente Cómodo?”

Las preguntas zarandean la ingenuidad e invitan a leer y a pensar en vez de repetir -por desidia, ignorancia o comodidad- supuestas verdades acerca de sucesos, lugares y personajes del pasado, tan poblado de bulos y falsas noticias como las fabricadas a principios del siglo XXI por algunos diarios, telediarios y por historiadores, políticos y académicos que deforman la realidad.

Además de arqueólogo e historiador, Néstor F. Marqués ejerce como profesor e investigador y compagina su labor con la tecnología aplicada al patrimonio histórico, divulgada por él en la web antiguaroma.com, en Twitter –@antiguaroma-, Facebook, Instagram y YouTube.

¿Gobierno Global? / Miguel Iturria Savón

En días de reclusión social yo prefiero leer y ver algunos filmes o series que saturarme con telediarios y discursos proféticos. Percibo, sin embargo, que al crecer el tedio progresan los veredictos triviales, divinos y mundanos. El arte del silencio no seduce ni al Papa, quien habla o reza ante devotos imaginarios en la Plaza del Vaticano. Otros líderes, científicos, artistas, escritores y periodistas desentrañan la Cábala del último virus chino que hostiga a millones de personas y asola a la economía de medio mundo.

El virus y la crisis sanitaria cercenan las libertades pero no el egocentrismo de gobernantes e ideólogos centrados en la guerra verbal. Hablan de Pandemia, Guerra, Postguerra y Gobierno Global, no de las tragedias familiares aunque los muertos son una estadística en ascenso. Quizás intuyen la geopolítica bacteriológica de los mandarines chinos contra las democracias de Europa, los Estados Unidos y Canadá, espacios de ensueño para supuestas colonias chinas.

Lo del Gobierno Global es un mantra distópico, basta pensar en la ONU, la OEA, la Unión Europea, el Vaticano y demás entes de la red burocrática internacional, tan vastas como inútiles al gestionar países y continentes. Un Estado Mundial sería el fin de las democracias, centralizar suena a ideologizar, arbitrar… El mejor modelo de gobierno radica en la diversidad como patrón.

¿Quién puede aunar a los casi cinco mil millones de habitantes de Asia, ese continente de 45 millones de kilómetros2 donde surgieron el judaísmo, el cristianismo, el islamismo, el budismo, el sintoísmo y el zoroastrismo?

O América, fragmentada en tres subcontinentes y una región insular, con más de mil millones de habitantes en 35 países que ocupan el 30% de la superficie planetaria (43 316 000 km2) y viven en ciudades, extensas planicies, selvas, bosques y desiertos  donde además del español, el inglés, el francés y el portugués se hablan cientos de lenguas y dialectos.

Mientras África, con más de 30 millones de kilómetros2 y mil millones de habitantes en sus 54 estados, con predominio de tres mil grupos étnicos que platican más de dos mil lenguas. Ni los romanos antiguos que ocuparon el norte, ni la expansión musulmana sobre el norte y el centro, ni los colonizadores europeos de los siglos XV al XX alteraron la esencia de este continente enorme, antiguo, macizo y diverso en sus etnias, culturas, su flora y su fauna salvaje.

Por no hablar de Europa, “esa península de Asia” de diez millones y medio de km2 y 742,6 millones de ciudadanos. Con sus 50 estados, Europa es el continente de “una máxima diversidad cultural en una superficie geográfica mínima”, la de mayor tradición en guerras y tratados de paz, revoluciones sociales y tecnológicas, estructuras supra estatales de integración, hegemonías mundiales y promoción de la cultura, el comercio y los derechos humanos a nivel global.

Más Oceanía y la vastísima Australia, 15 países y cientos de islas con una superficie de más de nueve millones de km2  y más de 41 millones de pobladores, entre ellos Nueva Zelanda, Nueva Guinea, Fiyi, Palaos y otras en las que predominan aún el arte mágico y simbólico, la vida marinera y “el hombre primigenio”.

Y, ¿qué haría un supuesto Gobierno Global con los 14 millones de km2 de la Antártida?, ese enorme desierto nevado sin ciudades, población, gobiernos ni capitales. Tal vez desaloje a las estaciones de investigación para que reinen allí la tundra, los pingüinos y el viento frío.

La geopolítica existe, hay intereses globales y centros de poder que ansían canalizar la crisis sanitaria y los Estados de emergencia hacia su costal, pero toda crisis es transitoria, no es dable confinar a millones de personas durante mucho tiempo ni crear un Gobierno Global para centralizar y proteger a países y continentes. La libertad es la esencia de los seres humanos, “sin libertad seríamos un rebaño conducido por hienas”.  

 

La Página en Blanco de Eliseo Diego. / Miguel Iturria Savón

En estos días de confinamiento no escogido seleccioné un manojo de poemarios para leer en casa. Empecé por Inventario de asombros, de Eliseo Diego, colega de Lezama Lima, Gastón Baquero, Cintio Vitier y otros escritores de la mítica revista de Orígenes, más citada que leída. De Inventario de asombros trascribiré un poema que aún resuena entre poetas y ensayistas, pero antes me refiero brevemente a este creador contemporáneo de «fresco y ancho miraje» obsesionado por la fugacidad del tiempo, pues sospecho que con tanta dinámica y tecnología su nombre y sus versos solo quedarán en los anaqueles de las bibliotecas.

Eliseo Jesús de Diego y Fernández-Cuervo -no su hijo Eliseo Alberto Diego- nació en La Habana hace cien años y murió en la misma ciudad en 1994. Fue un hombre culto, sensible y creativo que estudió idiomas, viajó por varios países, escribió, tradujo a diversos autores y vivió por y para la cultura. Publicó cuadernos de cuentos –En las oscuras manos del olvido, Divertimentos, Noticia de la Quimera-, de ensayos –Libro de quizás y de quien sabe– y poemarios famosos en su isla natal e Hispanoamérica como En la calzada de Jesús del Monte (1949), El oscuro esplendor (1966), Los días de tu vida (1977), Soñar despierto (1988) y En otro reino frágil (1999).

Os invito a evocar, descubrir o conversar con el poeta Eliseo Diego, ese gimnasta de las palabras que en julio de 2020 arribará a su primer cumplesiglo, incursionar en su sensibilidad a través del poema «La página en blanco», tomada de Inventario de asombros, editado en La Habana en 1982.

La página en blanco»

Me da terror este papel en blanco

tendido frente a mí como el vacío

por el que iré bajando línea a línea

descolgándome a pulso pozo adentro

sin saber dónde voy ni cómo subo

trepando atrás palabra tras palabra

que apenas sé que son sino si son solo

fragmentos de mí mismo mal atados

para bajar a tientas por la sima

que es el papel en blanco de aquí afuera

poco a poco tornándose otra cosa

mientras más crece la presencia oscura

de estas líneas si frágiles tan mías

que robándole el ser en mí lo vuelven

y la transformación en acabándose

no es ya el papel papel ni yo el que he sido.

¿Otro cuento chino? / Miguel Iturria Savón

Al menos en Alemania, Francia, España e Italia apenas transitan los vehículos por las ciudades, las escuelas cerraron y el silencio se extendió a los parques, plazas, clubes, bares, discotecas y hoteles; los senderos quedaron sin senderistas, las carreteras desoladas, los aeropuertos sin pasajeros, el cielo sin aviones, los mares sin cruceros, las playas sin bañistas. Las personas están en sus casas y en los hospitales para evitar el contagio del último virus chino, vigilados por la policía y el ejército por orden de gobiernos que impusieron la cuarentena, la mascarilla, el cese de las libertades, el laberinto socio-laboral, la parálisis económica, las preguntas filtradas y la corrección ética y política, desatando los augurios de matemáticos y climatólogos y las profecías de algunos políticos y «pensadores» que ven en el encierro el fin de la sociedad capitalista y la reinvención del comunismo.

Son tan abrumadores los medios de comunicación -y las redes sociales- sobre el Covid 19 que es difícil expresar algo original o interesante. Es como un cuento chino en «época de globalización» con escenas de Black Mirror y de Harry Potter. En medio de la crisis sanitaria hay tragedias personales y relatos políticos, gestiones profesionales y entregas sin cuento a la vida del prójimo. En España, por ejemplo, se han convertido hoteles y recintos feriales en hospitales, pues hay más de cien mil contagiados, casi once mil muertos y más de treinta mil recuperados.
Es una experiencia grupal única ante un enemigo fantasmal, el miedo a morir y la ausencia de certeza -o vacuna-. Tal vez un ensayo de guerra biológica y de control político. Más lo que vendrá después: crisis económica, desempleo, reajustes de la cotidianidad…

¿Vale la pena recordar que la gripe estacional afecta a millones de personas cada año y que la humanidad fue asolada por plagas y enfermedades durante siglos?

Los resilientes de otras pandemias, dictaduras, cárceles, trabajo forzoso, penurias económicas y enfermedades no somos inmunes al Coronavirus, pero lo tomamos con calma. Es difícil vivir con miedo y sin movimiento, más esto no es el fin, la sociedad seguirá su marcha. Marzo y abril son meses transitorios, como los virus, las guerras y los augurios. Todo pasa…

La corona que espanta. / Miguel Iturria Savón


En menos de tres meses el Covid 19 o Coronavirus, surgido en China y expandido por medio mundo, ha desplazado los reportes de gripes, infartos, accidentes de tráficos y las crónicas y reportajes sobre guerras, éxodos, elecciones, el cambio climático, el futbol, la Semana Santa y otros sucesos dramáticos o festivos. Los diarios y telediarios informan y abruman, las redes sociales personalizan el día a día y los gobiernos declaran el Estado de Alarma, suspenden las clases, “cierran ciudades”, aconsejan quedarse en casa, no comprar obsesivamente, no viajar ni relacionarse con personas en edad de riesgo para “evitar contagios y expandir la pandemia”.

Si la realidad supera a la ficción, a principios del 2020 un virus con nombre monárquico fusiona realidad y ficción. Se habla de “guerra biológica” -sin balas, tanques, aviones-, alzas y bajas en las bolsas y de la posible recesión económica ante el avance del virus que provoca tos seca y áspera contra personas desprevenidas. Hay incertidumbre y paranoia, ejércitos de empleados que limpian las calles, fumigan trenes, autobuses, clínicas y farmacias, además de médicos y enfermeros con guantes y mascarillas. El humor en las redes matiza el narcisismo colectivo. Un Video de la UNICEF ofrece instrucciones preventivas.

Veamos algunos titulares de tres diarios de España –El Mundo, El País y ABC-.

  • “El Estado de Alarma restringirá los movimientos en toda España”.
  • “No son vacaciones”. La costa del Levante ante el éxodo por el Coronavirus.
  • “Álbum. El Coronavirus cierra Madrid”.
  • “Ceuta es el único territorio de España libre del Coronavirus”. 
  •   “Geometría de una pandemia”.
  • “Democracias, virus e hipérboles”.  
  • “El virus va en la maleta”.         

Tal vez el Coronavirus no sea tan nocivo como virus anteriores -¿recuerdan el Ébola, el H1N1, la Fiebre amarilla, el SIDA o la gripe estacional? Mueren personas con defensas bajas y quienes siguen su ritmo sin observar las alertas sanitarias. Como aún estamos en medio del oleaje, no sabemos si el Covid 19 se irá al ascender las temperaturas o mutará hasta ser letal. Es mejor no banalizar. Es preferible la paranoia mediática que la ausencia de información. Este virus pone a prueba al sistema de salud de los países afectados y a la Organización Mundial de la Salud, incluida la industria farmacéutica y los laboratorios de investigación. Es posible, sin embargo, que el Coronavirus una provisionalmente a millones de personas fragmentadas por los partidos políticos y las ideologías contrapuestas. A lo mejor encubre otra crisis económica global no visible entre tantas medidas, histeria, discursos apocalípticos, profecías y predicciones.

Un amigo de Cuba que reside en Madrid me comenta por WhatsApp que pasó ayer por la Plaza Mayor y apenas había personas; por el contrario, en un supermercado vio a tantos compradores y productos que le pareció un sábado más, aunque notó a clientes compulsivos con guantes y mascarillas. En su opinión, es tal el exceso de mercancías que el encierro en casa no matará por el virus, sino por diabetes -exceso de chocolates-, por colesterol -obesidad- y por alcoholismo.   

Como las medidas dictadas para frenar el Covid 19 sacuden la seguridad, la paz y las libertades que disfrutan los ciudadanos de Europa, algunos intentan rebelarse contra la realidad. Otros piensan que el peor virus es el pánico, abrumador y colectivo, evidente en las redes sociales, en las conversaciones con amigos, en las notas de prensa, de la radio y la televisión. Alguien dijo que “la información nos invade y la acompaña un egregor denso”, es decir, una creación de pensamiento o conglomerado de energías compartidas por un colectivo humano.

Como alternativa al último tsunami viral sugiero leer -o releer-  La peste, de Albert Camus; Los novios, de Alessandro Manzoni; La peste escarlata, de Jack London; Diarios del año de la peste, de Daniel Defoe; La emboscadura, de Ernst Jünger; El último hombre, de Mary Shelley; Némesis, de Philip Roth, y el Decamerón, de Bocaccio, cuya historia transcurre en medio de la epidemia de peste bubónica que diezmó en 1348 a la población de Florencia, donde siete mujeres y tres hombres recluidos en una residencia campestre cuentan historias festivas y eróticas mientras pasa la peste, la fantasía los libera del miedo.

Pensadoras del siglo XX. / Miguel Iturria Savón

Pocos ensayos atraen mi atención en medio del mundanal ruido desatado por los medios de comunicación y por políticos, periodistas y feministas que niegan hasta la biología para empoderar a homosexuales, lesbianas y otros defensores de la uniformidad del pensamiento. Hace poco leí y escribí sobre Maldita feminista, de Loola Pérez; ahora esbozo Pensadoras del siglo XX. Una filosofía de esperanza para el siglo XXI, del médico y Máster en Bioética Iván López Casanova, quien ha impartido cursos de Antropología filosófica y expone la “herencia sin testamento” de esa “cultura magnifica, pero sin raíces” que es la Modernidad, naufragada y rematada entre la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, de las cuales nos queda la crisis de la cultura y el relativismo, abordados con precisión y originalidad por este autor y sus antecesores.

Iván López propone abordar la crisis de la cultura de la mano de cinco intelectuales contemporáneas: Simone Weil (París, 1909-Kent, 1943), María Zambrano (Málaga, 1904-Madrid, 1991), Edith Stein (Breslavia, 1891-Auschwitz, 1942), Hannah Arendt (Hannover, 1906-New York, 1975) y Elizabeth Kubler-Ross (Zúrich, 1926-Arizona, 2004).  A cada pensadora le dedica una breve y amena reseña biográfica y analiza su contribución filosófica. Al final, en “Del LOGOS AL MITHOS, Y DEL MITHOS AL LOGOS”, responde a la pregunta ¿por qué afloran con frecuencia materias en las que se rozan la reflexión filosófica y los temas trascendentes? No entra, por supuesto, en el campo de la teología ni en la fe, sino en la antropología filosófica.

En el Epílogo -VIDA Y TRASCENDENCIA EN LA POESIA DE CARLOS JAVIER MORALES- intenta mostrar un pensamiento actual no escéptico. Y lo logra con aliento creativo y sentido ecuménico. No voy a referir nada más, sino invitar a los lectores no contaminados por la banalidad mediática y los dogmas políticos a adquirir y sumergirse en las páginas de estos ensayos lúcidos y reveladores. Tal vez les ayude, como a mí, a comprender por qué a principios del siglo XX se rompió la base cultural de los siglos XVII al XIX, además de sacudir el relativismo existencial y la tentación de simplificar la realidad con frases manidas y slogans políticos.