Misceláneas de verano. / Miguel Iturria Savón

No pensaba escribir en agosto, agotador por el exceso de luz, calor y personas en movimiento. La dictadura del Sol invita a leer bajo la sombra y pasear por el mar al amanecer. Desdeño la monótona sinfonía de las cigarras. Anhelo el otoño…

A veces leo los titulares de la prensa o miro un telediario -televerdugo a veces-, pero los diarios y telediarios suelen ser repetitivos y cansinos como las cigarras. Por ejemplo:

Un buque de una ONG recorre el mar Mediterráneo con 100 o 150 africanos que desean vivir en Europa donde nadie los espera. Gracias a la prensa, el buque fantasma deviene en problema mediático para Italia y España a cuyos gobiernos se les exige «ser humanitarios y acoger a quienes llegan», sea en pateras, en los barcos de las «ONG humanitarias» o saltando las vallas de Ceuta y Melilla, las ciudades autónomas de España en Marruecos. El problema es complejo, pero se analiza desde la emoción, la ideología partidaria y el populismo.

Algunos diarios de los Estados Unidos comentan el deseo del Presidente Trump de comprarle a Dinamarca la isla de Groenlandia, enorme, gélida y casi deshabitada, pero atractiva para Rusia, China y otros estados. La prensa muestra la cara y la cruz del tema y le echa mano a la historia: la venta de Alaska por 100 millones de dólares en el siglo XIX, Rusia a USA. El rollo y pica y se extiende…

Los partidos políticos de España no logran formar Gobierno tras meses de forcejeo y negociaciones. Ninguno tiene mayoría. Los socialistas y los comunistas discrepan entre si a pesar de contar con el apoyo de los separatistas vascos y catalanes que aspiran a fragmentar al país. España se italianiza. La política se convierte en relato, aburre…

El vocablo venezolanizar sigue de moda tras los crímenes del déspota comunista en Venezuela, cubanizada por la isla del Caribe con mentalidad imperial. Si el pequeño imperio rojo ocupó a Venezuela, esta puede venezolanizar a países vecinos o a España donde Podemos difunde el «ideal de Chávez», aquel caudillo sin ideas que murió de cáncer en La Habana. Como el dilema no cesa, la prensa relata el hastío.

El absurdo es infinito como el universo. Os invito a leer bajo la sombra o pasear por la orilla del mar.

Humillación cotidiana. / Miguel Iturria Savón

Con casi 110 mil kilómetros cuadrados y 14 millones de personas (once en la isla y tres por medio mundo) Cuba es la isla más extensa del mar Caribe y un referente internacional por su música y su literatura. La mayor del Caribe, situada a la entrada del Golfo de México, es ruidosa pero no es excepcional como creen algunos intelectuales y políticos nacionalistas; allí, al igual que en Bahamas, Guadalupe, Puerto Rico o República Dominicana, el mar, el sol, las playas y sus palmeras modelan el paisaje, barrido por los ciclones tropicales entre mayo y noviembre de cada año. Ni siquiera por su historia o su economía, devastada por seis décadas de dictadura comunista, es atractiva la isla azul varada en el tiempo.

Si en algo es singular aquella isla es por la humillación cotidiana que padecen los cubanos, atados a mitos mesiánicos acuñados por los nacionalistas del siglo XIX y reproducidos como mantras por la aristocracia verde oliva que gobierna desde 1959. La Patria como un fardo ideológico, bandera y deberes, no derechos. Marginación progresiva, domesticación cotidiana, el éxodo como alternativa, la cárcel para quienes desafían la letanía de Palacio. Hasta la rebeldía digital es inimaginable por el monopolio que controla la radio, la televisión, la enseñanza… Hay, por supuesto, gentes con madera de héroes, activistas cívicos y brechas informativas: Primavera digital, Convivencia, Estado de Sats, 14ymedio.com y, desde Miami, Cubanet y otras páginas independientes.

Muchos sueñan, algunos luchan por la posibilidad de gritar, informarse, recibir un poco de comprensión, vivir una vida normal con algo de comer y vestir sin tener que gritar o ponerse la máscara. Predominan los zombis de laboratorio, los que callan, desfilan y aplauden, ajenos a la tolerancia como experiencia cotidiana, las leyes y los derechos ciudadanos donde la democracia es una palabra que asusta.

Por la insólita involución insular, lo cubano se asocia con la miseria, la falta de libertad y de alternativas al desarrollo personal, la grosería colectiva y el silencio cómplice. Si no es posible vivir libremente y cada día es un reto bajo el sol la Patria deviene apéndice peligroso. La Patria son los parientes y los amigos, no la bandera y los símbolos del pasado, la Patria la podemos llevar a cuesta, tirarla al rincón de los recuerdos o reinventarla sin fatalismo étnico.

La humillación colectiva enlaza con el escenario de ruinas, los automóviles de mediados del XX, los éxodos masivos y jóvenes vestidos con la bandera americana. Vivir sin programa propio crea seres inertes, sombras chinescas manoseando contra el vacío, personajes circulares que no vienen ni van a ninguna parte, nadadores de orilla, duros, fríos, calculadores. Si vivir es acumular derrotas, ahogarse en lo cotidiano y callar -o simular silencio-, Cuba es agónica y aburrida, al menos desde hace sesenta años. Quizás por eso hay que liberar la mente, informar para descodificar y tirar el muro levantado en nombre de la libertad.  

Festival de Teatro Clásico de Almagro. / Miguel Iturria Savón

Almagro era un apellido ilustre para mí -Diego de Almagro, conquistador y gobernador de Chile- antes de ir al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro donde solo vi tres dramas y el video “Hombres necios”, de Sor Juana Inés de la Cruz, pero recorrí la pequeña y patrimonial ciudad manchega, su Corral de Comedias (de 1628), el Teatro municipal, el Museo Nacional del Teatro, el Teatro Hospital de San Juan, la antigua Universidad renacentista (1536), los Museo -Etnográfico y del Encaje-, la enorme y armoniosa Plaza Mayor, el Palacio de los Fúcares (banqueros bávaros del siglo XVI) y las majestuosas iglesias y conventos (Bartolomé, San Agustín, San Blas, Madre de Dios y Encarnación), todos en pie, algunos restaurados con fines culturales.

Teatro clásico en el único Corral de Comedias que subsiste en Hispanoamérica. Lo clásico redivivo en espacios arquitectónicos donde los autores escribieron y representaron sus dramas y comedias. Hasta el Silo y la antigua Universidad Real de Almagro testimonian el esplendor político y económico de aquella villa medieval que acoge en sus palacios, iglesias y conventos a diversas representaciones del arte. El arte en la comarca de Campo de Calatrava, atravesada tantas veces por el Quijote y Sancho Panza, el Conde de Valparaíso, las compañías de cómicos y poetas y los vendedores de vinos y quesos manchegos.

El 42 Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, programado del 4 al 28 de julio y dedicado a Sor Juana Inés de la Cruz, la monja poeta, incluye piezas de Ruiz de Alarcón –El desdichado en fingir, El rey de sí mismo y La verdad sospechosa-; Calderón de la Barca –La dama duende, La hija del aire, La vida es sueño-; Vélez de Guevara –El diablo cojuelo-, Agustín Moreto –El lindo Don Diego, El desdén, con el desdén-; Álvaro Tato –Todas hieren y una mata-, Lope de Vega –El perro del hortelano, La viuda valenciana, Fuenteovejuna, etc.-; Rojas Zorrilla –Entre bobos anda el juego-, Lope de Rueda –La corte de los bufones-, versiones de o sobre textos de Miguel de Cervantes, obras homónimas como El Lazarillo de Tormes, Crónicas anacrónicas de tres pícaros novohispanos, Coplas y romances de cordel y autores y compañías de México, Uruguay, Chile, Costa de Marfil e Irlanda, más piezas y poemas de Sor Juana Inés de la Cruz –No acabarán mis flores, Los empeños de una casa-, tan versionada como Cervantes y Lope de Vega.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, patrocinado por el Ministerio de Educación y Cultura de España, la Secretaría de Cultura de México y otras entidades públicas y privadas, ofrece asimismo exposiciones y certámenes colaterales para animar a dramaturgos, actores y jóvenes realizadores. En el 2019 el XIX Premio Corral de Comedias se otorga a la actriz Adriana Ozores.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro es una fiesta para reír, evocar  y pensar en aquellos escritores y actores populares -y renacentistas- del llamado “Siglo de Oro” (fines del XVI a mediados o fines del XVII). Ellos nos legaron arquetipos humanos y referentes cotidianos. Por eso son clásicos y actuales.

Paisajes, molinos, castillos…/ Miguel Iturria Savón

Millones de personas viajan en verano, yo prefiero la primavera y el otoño, en verano leo más, escucho música y, a veces, paseo por la playa al anochecer. Pero el fin de semana recorrí parte de Castilla la Mancha: la ruta de los molinos de vientos -los de Puerto Lápice, evocados por Cervantes en El Quijote, los de Campo de Criptana que confundió con gigantes y los de Herencia y Alcázar de San Juan-, casi todos del siglo XV y XVII. Los molinos marcan el insólito y apacible paisaje de esos campos amarillentos transitados durante milenios, lugares de paso con tesoros naturales y patrimoniales, espacios únicos en el mundo como las minas de Almadén, el Valle de Alcudia y Sierra Madrona, el río Guadiana, las lagunas de Ruideras, los parques nacionales las Tablas de Daimiel y Cabañeros, el Campo volcánico de Calatrava y la red de castillos, conventos, iglesias, plazas y museos de Ciudad Real y pueblos como Tomelloso, Villamanrique, Almagro o Argamasilla de Alba, «el lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse» Cervantes al escribir El Quijote pues estuvo preso allí y conoció al enloquecido hidalgo Rodrigo Pacheco y a su sobrina Aldonza, protagonistas de su novela.

El paisaje aún es cervantino en casi toda Castilla la Mancha donde hay más estatuas de Sancho y El Quijote que de los Maestres de las órdenes militares de Santiago, Calatrava y San Juan, figuras que forcejean en el imaginario local con las fiestas y tradiciones. Impresionan al visitante el Museo del Queso Manchego, la Torre del vino en Socuéllamos, la Fiesta del vino en Valdepeñas, el Carnaval de la apacible Ciudad Real y el famoso Corral de Comedias de Almagro, sede del Festival Internacional de Teatro Clásico, tema del próximo post.

¿Cambio climático? / Miguel Iturria Savón

Ha llegado el verano y la prensa comenta las oleadas de calor y cómo evadir su impacto. Los meteorólogos de los telediarios son más asertivos al ofrecer el parte diario por regiones o países. El calor sube en casi todas partes pero cuando en Sevilla o Madrid asciende a 38 o 40 en Montreal o Manitoba oscila entre 20 y 22 grados lo cual compensa a los habitantes de Canadá, fría y vasta como la Siberia rusa.

No se que dicen en verano los gurús del cambio climático, acostumbrados a asustarnos con predicciones catastróficas por el uso excesivo de petróleo y otros carburantes que contaminan la atmósfera. ¿Por dónde andará ahora Al Gore o Ay God? A mí no me apena ver a un oso en medio del océano Ártico ni a los árabes en sus camellos atravesando el desierto del Zahara. Es su hábitat. Me preocupa, por supuesto, el posible desequilibrio planetario y la probable extinción de algunas especies de aves y animales.

Y hablando de verano y cambio climático, recuerdo que al atravesar ciudades de España, el norte de Italia y el sur de Grecia, percibo el predominio de la naturaleza sobre la especie humana y sus urbanizaciones. En la isla griega de Hydra, por ejemplo, las casas y calles descienden de la ladera hacia el mar, el puerto es el límite. El mar se impone también en las numerosas islas de Venecia, el Caribe, Japón o Filipinas.

La IPCC-Al Gore difunde muchísimo el tema del cambio climático, hasta en Cuba, donde disecaron ciénagas y unieron cayos e islas con pedraplenes que diezmaron a la fauna y la flora, adoran al político americano que perdió las elecciones con W. Bush pero recibió un Oscar y el Premio Nobel de la Paz o el Clima, no recuerdo. No pienso en Al Gore ni en Good cuando veo audiovisuales sobre la naturaleza y sus cambios, pero hace poco visualicé el documental El gran timo del Calentamiento Global, basado en entrevistas a científicos y personalidades de universidades y centros de investigación como el MIT, La NASA, el Instituto Pasteur, La Universidad de Londres y Jerusalén, quienes dicen que no hay consenso científico y que la IPCC- Al Gore «Es un grupo de políticos.» No respetan la ética ni los métodos de investigación. «Sólo financian los proyectos que apoyan sus posiciones.»

Ven, siempre lo mismo, unos afirman y ganan dinero y terreno mediático en un tema, mientras otros aconsejan cautela y observar sin absolutizar lo expresado por el centro o gurú de moda. En fin, hay más certezas e hipótesis en las predicciones climáticas que verdades inamovibles.

El verano pasará como pasan las demás estaciones. Volveremos al otoño y luego al invierno y a las imágenes del oso y las focas en el polo norte o sur, «en peligro por la acción irresponsable del hombre», incapaz de obedecer a los calentólogos que profetizan catástrofes.

Algunas frases de Winston Churchill. / Miguel Iturria Savón

Tras visualizar el filme El instante más oscuro, sobre la vida de Winston Churchill, leo Las mejores frases de Winston Churchill, un libro de citas que acredita la inteligencia, la agudeza, el sentido profético y del humor y la vasta experiencia vital y política del estadista inglés, quizás el más polifacético y carismático líder europeo del siglo XX. El hombre que predijo la Primera Guerra Mundial y arengó a los adormecidos gobernantes y parlamentarios ingleses contra la expansión del nazismo antes de que Hitler invadiera a Polonia y desatara la Segunda Guerra Mundial.

Nacido en 1874 y fallecido a los 90 años, el 24 de enero de 1965, Winston Churchill fue militar, parlamentario, Ministro de Comercio, del Interior, de Hacienda, Lord del Almirantazgo y Primer Ministro (1940 al 45 y de 1951 a 1955). Destacó primero como oficial de caballería en la India y en Sudán (1898 y 1899) y como reportero del Morning Post en la Guerra de los bóers -África del sur, 1898- donde cayó prisionero, se fugó y devino héroe por su azarosa y larga travesía hasta llegar a Londres.

En su caso, la fama de Héroe y Estadista -así, con mayúsculas-, no merma su celebridad como biógrafo, historiador, escritor, pintor -alias Charles Morin- elogiado por Picasso, orador y novelista. Recibió en 1955 el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Escribió -antes y después- más de diez libros y cientos de discursos de placer lectivo y hondura humana.

Al ser nombrado Primer Ministro del Reino Unido en mayo de 1940 dijo: “No tengo nada que ofrecer, excepto sangre, sudor y lágrimas”. Y movilizó a los ingleses…

Entre sus frases, leer el libro, por favor, hay de todo, escojo algunas por proféticas, pragmáticas y aún vigentes:

  •  “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”.
  • “El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.
  • “Una nación que intente prosperar a base de impuestos es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”.
  • “El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia, la prédica de la envidia. Su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.
  • “Si pones comunistas a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”.
  • “Los primeros cristianos decían “Todo lo mío es tuyo”; los socialistas dicen «Todo lo tuyo es mío”.
  • “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”.
  • “Los fascistas del futuro, se llamarán a sí mismos antifascistas”.

No sigo. Poned su apellido en Google para acceder a su biografía, libros, imágenes, discursos y frases, algunas no dichas por él pero atribuidas a él por error, ignorancia, pragmatismo…


D. Bowie en Wild is the Wind. / Miguel Iturria Savón

Tengo la costumbre de escuchar música al amanecer para que nada contamine mis emociones antes de ponerme en marcha. En días de luz y sol prefiero el pop y el rock. Hoy amanecí con el inglés David Bowie, ¿lo recuerdan? Bowie, como John Lennon, Mick Jagger, Freddie Mercury y Elton habitan la memoria sonora de varias generaciones. Nacieron en los años cuarenta y se impusieron en los escenarios a partir de los sesenta. El londinés David Robert Jones, alias David Bowie, fue un niño dotado para las artes, antes de cantar y componer aprendió a tocar la guitarra, el clarinete, el piano y otros instrumentos. Hombre de muchas voces y estilos, fue uno de los grandes intérpretes del hard rock, el heavy metal, el soul, el pop… Esta superestrella del rock es recordada por canciones como Héroes, Starman, Under Pressure o Lazarus, su último álbum (2016). En el escenario Bowie fue tan grande como Elvis Presley o Little Richard, sus ídolos iniciáticos. Disfruten Wild Is the Wind, una de sus más bellas canciones de amor. Emotiva, envolvente, mágica…

Le Pen, Pablemos y alguien más. / Miguel Iturria Savón

Siempre hubo políticos populistas, al menos desde Julio César, aquel general ultimado en el Senado de Roma. Los populistas brotan en ciudades, regiones y países de Europa, Asia, África, América y Australia. Gesticulan, prometen y movilizan a electores que voten por el partido que lideran. Casi todos usan máscaras y manejan el arte de la intriga. Todos aseguran gestionar la convivencia mejor que sus antecesores y profetizan lo que sus bases desean escuchar. ¿Quién no recuerda a Lenin, Mao, F. Castro o Hugo Chávez quienes ofrecieron el paraíso socialista? ¿Y qué decir de Mussolini o Hitler, tan nefastos como Stalin? Hay populistas con sotanas y personajes que aún no han llegado a la cima, quizás por ser copias tardías de Patriarcas y modelos fallidos.

En la segunda década del siglo XXI hay nombres sonoros de políticos populistas elegidos en las urnas. Los medios de comunicación señalan a Donald Trump, López Obrador, Bolsonaro y V. Zelenski, el comediante elegido como Presidente de Ucrania. Aún no llegan pero compiten por el poder el inglés Níger Farage, paladín del Brexit; Marión Anne Le Pen, Presidente del Frente Nacional Francés; Pablo Iglesias Turrión, guía de Podemos y pregonero de la igualdad en España.

Son pocos pero ruidosos, insistentes y amigos del enfado y las tácticas del viento. Según el programa, se sitúan a “la izquierda” o “la derecha” del espectro político, nunca al centro, salvo para pescar votos y posar de “Presidenciable” en los debates televisivos. Le Pen, por ejemplo, promueve un programa de “extrema derecha” que coincide con los postulados principales de Pablo Iglesias, ubicado “a la izquierda de Izquierda Unida”, su aliado comunista en la península ibérica. La francesa habla de ese hilo y ve en Podemos a su modelo en España  porque “representa la ira del pueblo y la lucha contra la UE”, lo cual niega el habilidoso Pablo Iglesias.  

Como los extremos coinciden y a veces convergen veamos qué postulan la Agrupación Nacional Francesa –antes Frente Nacional- y Podemos, que parece inspirarse en el modelo chavista instaurado en Venezuela.

  • Salida de la Unión Europea y del Euro cuya “burocracia intrincada esclaviza a los pueblos del sur” y molesta también al inglés Niger Farage, al italiano Matteo Salvini y al húngaro Viktor Orbán.
  • Salida de la OTAN.
  • Subir los impuestos.
  • Suprimir la Constitución y abrir un proceso constituyente.
  • Oposición y solicitud de supresión del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud.
  • Control de los medios de comunicación.
  • Establecer jornada laboral de 35 horas –Podemos exige 34 horas-.
  • Incremento del gasto público.
  • Justificar la violencia y subversión callejera como medio de cambio.
  • Antisemitismo
  • Nacionalización de los principales sectores industriales.
  • Uso de símbolos y estéticas ultras.

Estas medidas programáticas difieren en detalles históricos, geográficos y rituales, propios de la arenga de uno u otro partido. Hasta los manidos términos de izquierda y derecha, pueblo y casta, democracia, etc, resbalan para no caer en las voces de Le Pen y Pablo, alias Pablemos por su tono de reggaetón.

En España, sin embargo, los principales medios de comunicación no asocian a Podemos y a su líder con la Agrupación Nacional Francesa, pues la izquierda es políticamente correcta y “progresista”. El enemigo no es Podemos sino VOX, el partido de derecha que habla sin complejos, no asume ninguna de las propuestas enumeradas, defiende la Constitución, enfrenta al nacionalismo vasco y catalán, tiene candidatos interraciales en su partido y satiriza a los medios que manipulan sus propuestas. Si en Francia el demonio es Marión  Anne Le Pen, en España no lo es el camarada Pablo, sino Santiago Abascal Conde, líder de VOX.


Casos y cosas de España, por supuesto. Quizás porque los socialistas modelan el pensamiento y los comunistas sueñan con edificar el paraíso.


     

Nota sobre Camilo J. Cela. / Miguel Iturria Savón

Alfaguara ha puesto en circulación Cuando los tontos mandan, de Javier Marías, quien recopila los artículos que publicó en El País entre el 5.2.2017 y el 27.1.2019; creo que es la tercera compilación del prolífico narrador y profesor. No compraré el libro pues he leído casi todas sus crónicas y reseñas, agudas, sugerentes y escritas con maestría al igual que Así empieza lo malo, Los enamoramientos, Berta Isla y otras novelas suyas, algunas aún pendientes en mi mesa de lectura.

Pero esta nota no va sobre Javier Marías, sino sobre Camilo José Cela y Trulock, el famoso escritor español distinguido con el Premio Nobel de Literatura. Cela fue autor de La familia de Pascual Duarte, Viaje a la Alcarria, La colmena, La catira, Oficio de tinieblas, Mazurca para dos muertos, Cristo versus Arizona y otras piezas narrativas, poemarios, ensayos y el memorable Diccionario secreto; casi todas reeditadas, premiadas, reseñadas y varias de ellas llevadas al cine lo cual consagró a este intelectual, bendecido por muchos y denostado por Javier Marías y algunos sucesores hastiados de su fama y presencia: al igual que J. M., Cela fue hasta Académico de la Lengua.

Me extrañó el texto de Javier Marías contra Camilo J. Cela. Quizás me hizo recordar las leyes del espejo: «Todo lo que molesta, irrita, enoja o quiera cambiar del otro, está dentro de mi». / «Todo lo que me critica, combate o juzga el otro, si me molesta o hiere está reprimido en mi…»

Sigo con Camilo J. Cela (1916-2002), un maestro de las letras que atravesó casi todo el siglo XX y, por tanto, vivió su infancia y primera juventud en la España previa a la República (1931-1936), fue testigo de la nefasta Guerra Civil (1936-1939), escribió bajo el Franquismo (1939-1975) y siguió su obra en la etapa democrática, siendo reconocido con un escaño en las Cortes o el Senado tras la muerte del dictador. Hay varios audiovisuales sobre la vida y la obra de Camilo José Cela, además de diversas ediciones, entrevistas y estudios sobre sus libros.

Creo que la travesía vital, la época, la sociedad y las circunstancias personales no modelan pero inciden en la obra de cada creador. Si demonizar la cultura bajo el franquismo es un hecho y hasta se ha puesto de moda, no hay que ponerse moralista y desdeñoso con quienes escribieron, pintaron, hicieron cine o música en el pasado. Además, no somos mejores ni peores personas o creadores por vivir antes o después de una dictadura.

Cela, por ejemplo, en La familia de Pascual Duarte (1942), ese libro tremendo, violento y desgarrador, trazó un paralelismo entre el heroísmo del protagonista -un mísero campesino extremeño- y el destino del sufrido pueblo español. El libro fue censurado en la segunda edición, los censores comprendieron que tanta acción y tanta sangre era un petardo alusivo. Otra novela neorrealista suya, La colmena, fue censurada «porque presenta un fresco de personajes sin protagonismo en el Madrid de los años cuarenta», entonces Cela fue expulsado de la Asociación de la Prensa de Madrid y tuvo que publicarla en Buenos Aires. En 1969, el autor «purga su corazón» en San Camilo 1936, obra de «desengaño y dolor», calificada por la crítica de «borrón y cuenta nueva bajo la inspiración de las nuevas técnicas narrativas».

Si La colmena fue «un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre…»; La catira (1955), que obtuvo el Premio de la crítica, está ambientada en los llanos y la selva de Venezuela y, al decir de Paul Ilie, es «novela de la tierra, de su gran permanencia entre agitación y muerte, y su fuente de genuina fertilidad frente a la superpuesta y decadente civilización».

Otra novela tremendista de Cela, Mazurca para dos muertos (Seix Barral, 1983), tiene, al igual que La colmena, a la Guerra Civil como telón de fondo pero está ambientada en la Galicia rural donde «un asesinato y una venganza son dos puntos de referencia en el vasto hilo conductor de la obra», erigida en «un extenso retablo de vidas señaladas por la sexualidad, la barbarie y la violencia física, bajo la recurrencia cíclica de temas que aluden a la continuidad del tiempo». El destino humano, la barbarie y un fragmento de vida regional están presentes también en Cristo versus Arizona, un relato alucinante y cautivador en forma de monólogo que narra los percances sucesivos de personajes elementales, bárbaros y pesimistas. Otra obra maestra de la lengua española que revela «el finísimo e infalible oído de C. J. C.»

Todas las opiniones valen pero desprejuiciarse cuesta, sobre todo al valorar la obra de otros. Yo, por si acaso, contengo a mis fantasmas, miserias y frustraciones al escribir sobre temas y autores de obra monumental como Camilo J. Cela y Javier Marías.

Venecia sin máscaras. / Miguel Iturria Savón

V

Vista aérea de la ciudad de Venecia

Si la belleza es un fin en sí misma que cautiva a quien la observa, Venecia es un archipiélago de islas lagunares con vocación urbana que atrae y fascina a millones de turistas. Diseñada en torno al Gran Canal transitado por góndolas, vaporettos y taxis acuáticos que bordean la laguna y su red de palacios, Venecia desafía al mar y nos obliga a cruzar puentes y callecitas antes de admirar la Plaza de San Marcos y su Basílica, el Palacio Ducal y otras obras monumentales que inspiraron a poetas, pintores, músicos y escultores quienes propagaron la magia de la gran urbe mercantil y artística del noreste de Italia.

Edificada sobre un centenar de pequeñas islas unidas entre sí por más de 400 puentes que limitó el acceso de los invasores germanos, Venecia se expandió desde el Mar Adriático, primero como parte del Imperio Romano de Oriente, luego como ciudad estado enlazada comercialmente con los lejanos reinos de China y la India, después como la “Serenísima” República regida por una monarquía electiva -ducal y rígida-, interferida por la dominación francesa y austriaca hasta que en 1866 se incorporó a Italia, a cuya historia sumó su inusual historia y sus peculiaridades geográficas, mercantiles y artísticas.

A Venecia también se llega por tierra firme a través del Puente de la Libertad, desde la vecina ciudad de Mestre, a medio camino del Aeropuerto  internacional “Marco Polo” -en Tessera- y del Aeropuerto Sant Ángelo de Treviso cuya campiña deslumbra por el colorido de sus residencias, el verdor de los campos y la cercanía de ríos y canales de la región del Véneto, con su lengua homónima hablada por más de 200 mil personas.

En Venecia, el transeúnte siente el hechizo de la urbe y desata sus emociones en algún vaporetto o caminando sobre los puentes del Gran Canal. Quizás compense la humedad con los recuerdos de la música de Antonio Vivaldi, las historias medievales de Marco Polo, las pinturas de Tiziano, Tintoreto, A. Canaleto y otros genios que nacieron o crearon en Venecia, sede de la Bienal internacional de arte y de festivales de cine, danza y teatro que fusionan las tradiciones locales con expresiones artísticas de medio mundo.

En Venecia residen más de 200 mil personas, pero parece que no existen venecianos, sino turistas, esa especie inmortal de ciudadanos que se aloja en casas y hoteles, camina, pregunta, entra y sale de las tiendas y restaurantes, se fotografía en cada puente y sube a góndolas o vaporettos, ávidos por ver la cristalería artística de Murano, las coloridas casas de los antiguos pescadores de Burano y las tumbas del cementerio veneciano, rodeado de agua como cada palacio, plaza, museo o esas casas bajas que sobreviven al flujo de las mareas.

Venecia sigue siendo bella y seductora pero no se agota en sus máscaras, perdura. Tal vez unos diques móviles contra las inundaciones preserve de la voracidad del mar a esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad y joya arquitectónica y cultural del noreste de Italia.   

Imagen del Gran Canal de Venecia