Estado de gracia. / Miguel Iturria Savón.

Estar enamorado
es volver al asombro,
a la inocencia.
Romper el hechizo de la soledad.
Apresar la cálida y frágil belleza de la flor
y cuidarla del sol y la lluvia.

Es desatar las emociones.
Domesticar al duende
que retoña en nuestro pecho.
Sobrevolar en sus cumbres
y detener la ferocidad de lo inmediato.

Es descubrir
que el lago de la luna explora sus costas.
Renacer en la caligrafía de sus senos.
Escribir versos sobre su piel
y habitar en la galaxia de sus ojos.

Estar enamorado es revivir al niño
que surca los muros del pasado
y se adentra en el lienzo del arcoíris.

Es alejar a la serpiente que susurra
tras el espejo.
Convertir las hojas muertas en camino de estrellas,
abandonar al cactus
que prolifera en la tierra seca
y resiste al sol entre las arenas.

¿La verdad? / Miguel Iturria Savón.

 

Cuando me percaté del caminante que estaba frente a mi descansaba en un banco de la Gran Vía Marqués del Turia, en Valencia, fascinado por el trinar de las aves cobijadas en la arboleda que rodeaba una fuente. No sé por qué la forma y el impreso que me ofrecía el joven valenciano me recordó a los testigos de Jehová de La Habana. Y si, estaba ante un miembro de la secta que pregonan la Palabra de Dios por las calles y puertas de medio mundo. Acepté su plegable y le prometí leerlo. La lectura de ¿Le gustaría saber la verdad? motiva este comentario.

Del texto resultan interesantes las preguntas:

¿Se interesa Dios por nosotros?

¿Acabarán algún día las guerras y el sufrimiento?

¿Qué nos sucede al morir?

¿Hay alguna esperanza para los muertos?

¿Cómo tenemos que orar para que Dios nos escuche?

¿Cómo encontrar la felicidad?

Interesantes porque indagan el sentido de la vida y ofrecen cierta esperanza desde la cosmovisión cristiana, evidentes en las limitadas respuestas tomadas de la Biblia y asociada a los sueños teocéntricos de la gran religión occidental. Las “respuestas confiables y veraces” parten de las Palabras de Jesucristo, el Padrenuestro, el profeta Isaías, el Génesis, el Apocalipsis y algunos Salmos.  Cito la número cuatro pues me pareció incompleta pero coherente, remite al Salmo 146: 3, 4 de la Biblia: “…los muertos no tienen conciencia de nada en absoluto. No pueden saber, sentir, ni hacer nada, así que tampoco pueden perjudicar a los vivos, ni ayudarlos de ninguna manera”. Nada sobre el supuesto viaje del alma al paraíso o el infierno.

No continuo con el aliento vivificador de las palabras ni con la verdad de Dios, resultan tan especulativas como simplificadoras. Hay mucha ficción en los textos bíblicos, poblados por una selva de mitos, relatos, lecciones, normas y prohibiciones al igual que otras religiones.

Pienso que la verdad es tan diversa como las personas. Tan oscilante como la experimentación. Decía Bertrand Russell que ninguna religión invita a robar, matar, mentir o ser deshonesto, pero se puede vivir sin religión; sin ética, no.

Algunas religiones lograron el monopolio de lo espiritual, difunden sus verdades, remiten al misterio y al silencio ante la palabra divina. Todo postulado teológico es relativo. Si algo tienen de interés es su valor ético y la esperanza de un destino mejor para las personas. Tal vez por eso decía Feuerbach que “la verdadera religión es la ética”, mientras Aristóteles advertía que “la esperanza es el sueño de un vigilante”.

Existen, por supuesto, verdades postuladas por las ciencias y confirmadas por la investigación, la observación y la praxis social. Así como la ética de la inmediatez que promueve la distribución de los bienes y la cultura. Hay otra que medita sobre el pasado y la probable liberación futura. En todas el ser humano es objeto y sujeto. Así entiendo la esperanza de superación en otra vida, sin verdades inmutables ni boletos de viaje.

 

 

La muerte viaja con el oro blanco. / Miguel Iturria Savón.

 Coca-2

El oro surge de la tierra y tiene muchas aplicaciones pero desata la codicia de quienes lo extraen, lo procesan y comercializan. La riqueza y la violencia suelen acompañar a los tres tipos de oro que circulan por el mundo. Se agotan el oro metalico y el oro negro que mueve industrias y maquinarias, pero el oro blanco -cocaína- sobrevivirá en Brasil, Bolivia, Colombia, Perú y otros “entornos autóctonos” donde chamanes y tribales mascaban la hojita poseedora de aminoácidos, fibras y minerales antes que los incas se expandieran por Sudamérica. Este cultivo milenario y prodigioso tiene un reverso sombrío que extingue la cotidianidad y colecciona huellas de muerte al insertarse en el mercado internacional.

La violencia y el miedo, el dinero, la muerte y hasta vocablos como narcotráfico, narcoguerrilla, narcoestado y narcoterrorismo viajan por antiguas sendas desde el Amazonas a México y del Golfo a Estados Unidos, Canadá y Europa. El cultivo de la coca oscila entre Colombia, Brasil y Perú y es procesada en laboratorios de Bolivia. El Valle de los ríos Apurimac, Ene y Mantaro, al sur del Perú, es el principal granero del mundo con 20.000 hectáreas que producen 200 toneladas; la producción mundial se aproxima a 1.100 toneladas. Millares de campesinos cosechan, recogen, secan y venden las hojas de coca a los poceros que crean la pasta base, convertida en crack en Brasil, segundo exportador. El crack, el bazuco y el paco transitan de la selva a la ciudad, del sur al norte en la mochila de los cargachos y en narcovuelos protegidos por narcoguerrilleros de Sendero Luminoso, perseguidos a su vez por el Ejército y la Policía.

Como el narcotráfico comienza en la transformación de la hoja, la zozobra, el riesgo y el acoso planean sobre los cosecheros de la selva ante la ofensiva estatal contra un negocio que apenas le proporciona 2.500 euros al año si logran vender 1.500 kilos de hojas en su minifundio; mientras los carteles de Perú, Brasil, Bolivia o México se llevan los millones. Según cálculo gubernamental los narcos de Perú, menos violentos que los mexicanos y colombianos, mueven hasta 1.600 millones de dólares al año. En Europa el kilogramo de cocaína se comercializa en 770 euros.

Por su impacto mercantil y las secuelas que provoca en los consumidores, el oro blanco es más nocivo que el petróleo y el metal dorado; sin embargo, la coca es un cultivo de uso tradicional, nutritivo y medicinal. Es casi imposible reducir su producción a pesar de los recursos invertidos por los Estados Unidos y algunos gobiernos de Latinoamérica. Un funcionario peruano asegura que de 30 mil hectáreas en el 2000 se elevó a 59 mil el pasado 2013. Al parecer, la solución de este problema social pasa por la creación de cultivos alternativos -café, cacao, maíz-, infraestructuras y servicios de educación y salubridad; los cocaleros no deben sentirse fuera de la globalización económica. Pero, ¿qué pasará con los intereses de los mercaderes, mafiosos y funcionarios que hacen fortuna con el oro blanco? ¿Y los cómplices de los países desarrollados? ¿Favorecerán la despenalización  y las campañas educativas a mermar la búsqueda de esa droga que atrae a la muerte y anestesia a quienes la consumen?

 

Reos, a pagar… / Miguel Iturria Savón.

Cárceles de Holanda.

El gobierno de Holanda ha elevado al Parlamento un decreto para cobrar 16 euros al mes a cada prisionero, aunque el costo por recluso se eleva a 200 euros al mes. La propuesta del ejecutivo, aún pendiente, trasciende a los medios informativos y despierta el interés de millones de holandeses y europeos. En España, por ejemplo, algunas emisoras de radio preguntan sus opiniones a los oyentes como si estos tuvieran voz y voto en el órgano legislativo de Nederland.

Los holandeses, cuya fama de tacaños es proverbial, creen que la medida es moralmente correcta pues compensará los daños ocasionados a la sociedad, lo cual armoniza con el pragmatismo puritano que promueve la cultura del esfuerzo personal y la existencia de oportunidades para todos, incluida la población penal, reducida al mínimo y en condiciones propia de hoteles.

La medida es controversial, mas se orienta al fin del buenismo carcelario y exige tributo a los reclusos, quienes trabajan pero no pagan impuestos ni hospedaje, además de acceder a los medios de comunicación, gimnasios y áreas deportivas, biblioteca, médicos y psicólogos y planes de superación como hacer una carrera universitaria a distancia -vía Internet-.

Imgino el asombro de los internautas que lean esta nota en países de América Latina, Asia, África o en Rusia, una de las pocas naciones del “viejo mundo” que mantiene la pena de muerte y el maltrato físico como medio de reeducación. Si en Holanda cerraron ocho cárceles el año pasado por la ausencia de delitos y prisioneros, en Cuba las cárceles y la población penal sobrepasa los panes y los peces pero muy pocos reos podrían pagarle impuesto al Estado si logran empleos tras las rejas. Allí el decreto holandés parece un chiste de Pepito, el infante terrible que frivoliza el absurdo cotidiano.

Zygmunt Bauman, antigurú del consumo. / Miguel Iturria Savón.

zygmunt-bauman, sociológo.

Quien lo ve en la portada de algún diario español, huesudo y calvo, piel cetrina, mirada profunda y pelo que testimonia el tiempo, piensa que este señor de 88 años está en función de sus nietos; pero no, la prensa europea lo distingue como a un gurú del pensamiento que acuña en sus clases y folletos el concepto de “la modernidad líquida”, una especie de metáfora -o parábola- contra “la creciente brecha social” provocada por “la cultura del consumismo” y los enlaces de la globalización.

Pues si, el abuelo filósofo reflexiona mucho tras recibir en el 2010 el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, lo cual atrajo a la prensa y a editoriales que tradujeron sus ensayos sociológicos, sobre todo en Madrid y Barcelona donde el año pasado le publicaron tres libros de impacto mediático: Vigilancia líquida, La cultura en el mundo de la modernidad líquida y Sobre la educación en un mundo líquido. Como si fuera poco, a mediados del 2014 será presentado ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?, un título menos acuoso, más retórico y próximo a la ortodoxia de la nostalgia del ex soldado soviético de las tropas polacas y oficial de la inteligencia militar en la posguerra hasta su deserción en 1970, cuando se estableció en Leeds, Reino Unido.

No me detendré en las obras mencionadas, no me interesan. Al profesor Zygmunt Bauman le preocupan los retos del presente y califica de “líquida”, “consumista y banal” a la sociedad occidental. Mas llega tarde a un mundo lleno de intelectuales mediáticos que nadan en sus propias certezas y profetizan las consecuencias del cambio climático o la aplicación de los penúltimos avances tecnológicos en la vida de las personas. Al parecer, la tercera revolución industrial -los satélites, Internet y otros soportes- descoloca a los interpretes de la realidad como a sus antecesores de principios del siglo XX sorprendidos por el aluvión ocasionado por el cine, la radio, los automóviles y la televisión en la cultura de masas.

Hay énfasis que delatan, rotundidades sospechosas. El nuevo gurú de la modernidad habla también de una necesaria revolución cultural para frenar el consumismo y las desigualdades, cree que el planeta es “un contenedor de potencial exportable”, siente nostalgia por la forma de vida en la Europa oriental de su época y asegura que “la felicidad se deriva del trabajo bien hecho”. Nada nuevo, pero Bauman es calificado como “intelectual disidente, flagelo del capitalismo salvaje” y admirado en los círculos políticos y académicos antiglobalización.

Y, ¿qué es la globalización sino la interconexión tecnológica,  comercial y cultural entre las naciones? ¿No avanzó la sociedad hacia el abrazo desde hace milenios? En ese avance se situaron egipcios y fenicios, griegos y romanos, persas, chinos y japoneses, los españoles que colonizaron a América, los ingleses que iniciaron la revolución industrial a fines del siglo XVIII y los estadounidenses que generalizaron el vapor, la electricidad, los satélites e Internet. El mundo es vertiginoso e inseguro; la globalización es un fragmento de esa marcha incesante que abre alternativas. ¿Por qué tantas profecías y temores?

El antigurú del consumo sabe estas cosas. Reconoce incluso que “hay dos clases de totalitarismos, el nazismo y el comunismo” -yo agregaría el fundamentalismo étnico y religioso-, con bastante similitudes y una diferencia: el nazismo  cometió crímenes pero no fue hipócrita… Mientras el comunismo era una fortaleza de hipocresía…” Señala, además, que “no hay modelo de sociedad alternativa” y que estamos presionados por dos valores opuestos y necesarios: libertad y seguridad; “la seguridad sin libertad nos hace esclavos, pero con libertad sin seguridad eres una especie de plancton…”

Podemos compartir o rechazar tales apreciaciones. Parten de certezas y espacios vacíos, de mitos y anhelos. Todavía hay quienes sueñan en encontrar una vía entre capitalismo y socialismo. Ojalá. La sociología, como la matemática, es una ciencia experimental. Los dejo con el profesor Zygmunt Bauman.

Mal comienzo. / Miguel Iturria Savón.

The moon rises over the temple of Poseidon in Cape Sounion east of Athens

Si la matemática ayuda a entender la realidad y se inspira en ella, la política oscile entre la oportunidad y los negocios. Al final, todo lo real es imaginable, pero no todo lo imaginable es realizable, aunque detrás del espejo hay movidas que reducen la lógica al absurdo. La diplomacia europea confirma el axioma con relación a Cuba, esa isla del Caribe que colinda con México y los Estados Unidos, mar por medio. Me explico.

Tras difundirse en los medios internacionales que hubo en Cuba 6 424 detenciones arbitrarias durante el 2013 llegó a La Habana el señor Frans Timmermans, canciller de Holanda, quien le  ofreció a su homólogo insular la reanudación del diálogo de Europa con el régimen. ¿Mala jugada? ¿Error de calculo? No, dialogar con los pícaros es cuestión de negocio: espacios de mercado a cambio de abandonar la Posición Común Europea contra la dictadura más vieja de América.

La visita del diplomático europeo debió sorprender a la oposición pacífica y a los millares de ciudadanos que sobreviven o intentan escapar de aquel coto de caza, como los 13 balseros devueltos desde Bahamas o los 11 compatriotas anclados en el aeropuerto El Dorado, a quienes el gobierno de Colombia les niega el asilo por estar en “territorio internacional”. ¿Mal comienzo de año? Si, el apoyo de Europa a la Castrocracia caribeña produce ganancias mutuas pero aumenta el sufrimiento, el deterioro y la ruina de una población cautiva.

Las noticias -procedan de Granma o Cubanet- alumbran la realidad de aquella isla en ruinas. Las cifras y las jugadas políticas evocan la alegórica imagen de los restos del Templo de Poseidón bajo la luz de la Luna.

 

El fantasma de Marx. / Miguel Iturria Savón.

Carlos Marx

Los medios informativos de Europa reseñan una vieja mercancía ideológica. Tiene, por supuesto, soporte libresco, rostro humano y el aval de críticos literarios profesionales. El personaje es el pensador alemán Carlos Marx (1818-1883), cuya doctrina aún nutre el arsenal teórico de los partidos comunistas y otras filiaciones de “izquierda” que obvian el fracaso de las ideas del filósofo que quiso transformar el mundo, devastado después en su nombre por líderes revolucionarios que crearon una religión de Estado con Marx como Mesías y Guardián de la Fe.

Marx es un intelectual de una época superada; siguen las guerras y las contradicciones sociales, pero la ciencia y la industria han avanzado muchísimo, la revolución ya no es un pastel apetecible, las clases sociales se articulan o fusionan y las utopías –mercado libre, mundo sin fronteras, colectivismo…- resultan tan ficticias o futuristas como los postulados teológicos y filosóficos.

Carlos Marx estudió la sociedad de su tiempo, vivió los ecos de la revolución francesa y coincidió con el período de convulsiones que desembocaron en la Europa de los nacionalismos. Su Manifiesto Comunista, escrito y publicado en 1848 junto a Engels –su escudero y seguidor-, revela esa crónica del enfado y la urgencia que condimenta sus folletos y la mayoría de sus artículos periodísticos.

Nadie retorna de la muerte. Los experimentos comunistas no mataron a Marx pues estaba muerto, como Aristóteles, Kant, Hegel y tantos filósofos cuyo legado libresco es objeto de estudio de universidades y cátedras que valoran su contribución al pensamiento humano.

Si regresa al candelero mediático es como personaje tópico y temático que se balancea en las cuerdas del mercado informativo al compás de las oscilaciones sociales e ideológicas. Aunque salvo El Capital, reeditado ahora en versión manga, y algunos artículos y frases antológicas casi nada es salvable en su extensa entrega ensayística.

Como todo clásico, Carlos Marx es más citado que estudiado. Ideólogos y políticos sustentan sus doctrinas para amedrentar o perpetuarse en el poder en representación de la clase obrera, “sepulturera del capitalismo” según Don Carlos. Recordemos que la nostalgia metafísica y la “versión espuria” de su pensamiento convirtieron sus ideas en filosofía de estado en la antigua Unión Soviética, Europa del Este, China, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, donde millones de personas fueron –y son- masacrados o excluidos por los herederos del profeta alemán.

Al decir de César Rendueles, “el retorno de Marx es, en el fondo, la venganza del siglo XX” pues “problemas que imaginábamos muertos y enterrados, como la lucha de clases, han resucitado con una violencia salvaje…” Vaya trueque, ¿verdad? Rendueles asocia a un referente filosófico del siglo XIX con el siglo XX – ¿como látigo castigador?-. Tal vez por eso vincula la recepción académica de la obra de Marx con los vaivenes de la historia reciente, aunque reconoce que “la edición crítica de sus textos en alemán aún está en curso…”; lo cual relega al limbo especulativo la “influencia científica” ejercida por el gurú del “socialismo científico”.

Quizás la mejor historia de ascenso y desencanto sobre Marx no figura en las biografías y discursos de sus exegetas, si no en Kart Marx. El Capital. El Manga, un comic publicado en Barcelona el año pasado y reseñado en enero por Isidoro Reguera, quien afirma: “De las 390 páginas de este manga, Marx solo aparece en las 10 últimas, de repente, cara y barba de profeta adusto, aro de santo a la cabeza, mirada tremenda, bigotazos, interrumpiendo a Engels, que era el encargado hasta entonces de explicar la segunda y tercera parte de El capital. (…)”

Asegura Reguera que la instructiva y simpática versión del clásico marxiano recrea los viejos conceptos, pues pone “en relieve de historieta los mecanismos y contradicciones de la sociedad capitalista, sobre todo el que la tasa de beneficio solo aumente de verdad con la plusvalía, el capital variable, es decir, no por la modernización del capital constante, los medios de producción, sino por la perenne explotación de la fuerza de trabajo, o sea, de la mercancía humana. Y como es justamente por esto por lo que todo el sistema no va al traste, al contrario: esa explotación humana amplía el abismo entre pobres y ricos, en una dialéctica irredenta de huida hacia delante, con la única salida posible de una crisis que vuelven a pagar quienes no la crean…”

La prensa se hizo eco en días de reyes de otro regalo literario: Kart Marx. Una vida decimonónica, de Jonathan Sperber, a un paso entre la cronología vital y los postulados sociológicos del personaje; un repaso de los bulos y malentendidos repetidos, su etapa universitaria, el tránsito del liberalismo al jacobinismo, el activismo político durante las sublevaciones de 1848, la estancia en Londres, París y Bruselas, la búsqueda de la revolución para solventar los conflictos pendientes, las disputas ideológicas, la contradicción entre los valores de la ilustración y el anhelo de nuevos sujetos sociales; además de sus textos periodísticos ajenos a las especulaciones simplificadoras.

El ensayista cubano Iván de la Nuez también comenta un volumen del 2013: Kart Marx. Más de 40 entregas, una selección de artículos escogidos y prologado por Mario Espinosa entre 350 textos escritos de 1852 a 1862, durante su peregrinaje por Europa, preámbulo de su década de entregas al New York Tribune. La antología abarca la expansión colonial, las revoluciones y revueltas sociales, el destino de Europa, la pena capital y sus preocupaciones geopolíticas. Según de la Nuez:

“Este Marx periodista se sitúa entre el lenguaje urgente del Manifiesto Comunista y la densidad teórica de El capital. Al mismo tiempo, sus artículos —brillantes y sarcásticos, documentados y punzantes— aparecen en la cuerda estilística de Dickens o Brontë, dedicados a cultivar una ficción que el filósofo consideraba mejor dotada para representar el patetismo de la clase media inglesa que todos los moralistas de su tiempo. En todo caso, la obra de Marx arrastra una serie de metáforas propias de la transformación industrial —la revolución como “locomotora de la historia”—, muy próximas a la literatura futurista del siglo XX”.

Por mi parte, tras vivir bajo la sobredosis del marxismo y el socialismo real, puro y duro; no creo en el regreso de Marx, si no en la reencarnación de su fantasma en algunas universidades, editoriales, medios de comunicación y partidos políticos interesados en rescatar el valor simbólico de su figura. ¿Para interpretar la sociedad? ¿Para transformarla a favor de los pobres? ¿Para imponer la “justicia social” y “liberarnos del capitalismo”? Solo ellos saben, pero cuidado, este fantasma y sus mercaderes multiplican el horror.

¿Los “mejores libros” del 2013? / Miguel Iturria Savón.

En la orilla, Rafael Chilbes.

Es una tradición de nuevo año mirar hacia atrás en la economía, repasar hechos históricos, deportivos, culturales y sociales, al menos en la prensa y los telediarios. De tales repasos pongo ahora la lupa en un tema de hondura espiritual y mercantil –los libros-, recordado en enero por los medios informativos de capitales europeas que reseñan “los libros que han triunfado en medio mundo en el 2013”, es decir, los escogidos por la crítica en diciembre pasado.

Según Carolina Ethel, la propuesta parte de los diarios y semanarios culturales e incluye las sugerencias de escritores que colaboran con ellos, miembros de consejos de redacción y lectores invitados. Tras releer esta selección de lectores designados, redactores y libreros, subjetiva como toda obra humana, ofrezco algunos títulos por países en los géneros de ensayo, narrativa y poesía. Aclaro que el “medio mundo” se reduce a un puñado de naciones de Europa y América y, en menor medida, a títulos de China o Japón, de menor impacto internacional por cuestión de lenguas.

Empecemos por Alemania, donde el semanario Die Zeit  escogió la novela policíaca Ladrón de cadáveres, de la narradora brasileña Patricia Melo, lo cual consagra a la autora sudamericana en Europa e indica el asombroso interés germano por la literatura foránea.

Muy al sur, en Argentina, los expertos consultados por el diario Clarín, se decantaron por  dos obras de ficción y sendos ensayos. Entre los primeros se imponen el célebre Ricardo Piglia con El camino de Ida, y  Mi libro enterrado, de Mario Libertilla; mientras en ensayo escogen a Subrayados, de María Moreno,  y al  lingüista e investigador Mario Ortiz por sus  Cuadernos de lengua y literatura (Tomos V, VI y VII), editados en el 2013 por Eterna Cadencia bajo el título Al pie de la letraCrítica de la imaginación pura y Tratado de fitolingüistica.

En España, el Semanario Babelia del diario El País recomendó diez volúmenes, entre ellos En la orilla, de Rafael Chirbes, elogiado por Luís García Montero por “la intimidad de los personajes, el decorado de las vidas privadas y las historias públicas que tejen en un universo narrativo que ordena e interpreta ese argumento llamado España”. En narrativa sugieren, además, a Limónov, de Emmanuel Carrère, traducido por Jaime Zulaika. En poesía, la Obra completa (1935-1977) de Blas Otero. Los lectores eligieron como libro favorito a La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.

En Francia, la redacción del suplemento Culture avec Lire del semanario L´ Express, escogió El fin del hombre rojo o el tiempo del desencanto, de la ensayista bielorrusa Svetlana Alexievitch, reconocida en octubre pasado con el Premio de la Paz otorgado por  los libreros de la Feria de Francfort.

En Londres (Reino Unido), una de las grandes capitales económica, política y cultural de Europa, la lista de The Guardian comienza con la colección de historias Diez de diciembre editada en España por Alfabia y considerada como uno de los diez mejores libros del año por los críticos del The New Yok Times Book Review.

Por su parte, The Ocean at the End of the Lan, de Neil Gaiman, obtuvo el galardón de Libro del Año 2013, otorgado por los lectores entre diez ganadores del listado presentado por Specsavers National Book Awards.

En la competitiva Londres tuvieron en cuenta al libro de negocios del año, atribuido a The Everything Store, del periodista Brad Stone, quien abordó las lecciones de gerencia extraídas de la historia de Amazon, la mega tienda online que soñó y convirtió en realidad Jeff Bezos.

En los Estados Unidos, el listado de The New Yorker reseña al polémico Guerras sucias, del periodista Jeremy Scahillhace y editado por Paidós Ibérica. Mientras The New Times se decanta por 50 obras de ensayos e igual número de ficción, seleccionados por los editores de Sunday Book Review. Entre los autores distinguidos solo dos representan las orillas del castellano: el español Javier Marías, con Los enamoramientos, y el colombiano Juan Gabriel Vázquez, con El ruido de las cosas al caer, premiado por Alfaguara en el 2011.

Hasta aquí las propuestas. Hay libros y autores para para escoger en narrativa y literatura infantil, pero apenas un puñado en ensayos y poesía. El límite está en el contexto editorial que perpetúa la diferencia entre las grandes urbes –centros- y las periferias, salvo para quienes viven en Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia o Inglaterra. Supongo que decenas de lectores de este blog busquen y quizás compren algunos títulos citados, mientras la mayoría revise la prensa o los catálogos editoriales de sus respectivos países y escoja por si mismo.

Cuba, baúl del naufragio. / Miguel Iturria Savón.

 

De Cuba, esa isla agridulce relegada del panorama internacional tras décadas de furia populista, solo llegan noticias de sombras: 22 opositores presos sin juicio previo y un ex prisionero político que se suicida en Miami -capital del exilio-, el 28 de diciembre -Día de los inocentes-. Se llamó Antonio A. Villareal Acosta y fue uno de los 75 rehenes de Estado de aquella primavera del 2003. Apenas era conocido en la isla, donde el tatuaje de la fuga levita en los sueños de millones de personas; pero deja cierta huella en los medios por inmolarse sobre Bandera Nacional, rodeado por la Virgen del Cobre -Patrona del país- y la imagen de Cristo.

A los símbolos escogidos por esta víctima de la desesperación, se suma un video con declaraciones ofrecidas por Villareal Acosta antes de ofrecer su vida, abrumado y enfermo, contra el horror y el silencio. Su trágico fin apenas resonará en los medios informativos de América y Europa. De África y Asia, ni hablar. Y en Cuba, ni una nota en la prensa, salvo en el Semanario Primavera, Diario de Cuba y otras páginas digitales de la oposición, casi todas en el exilio.

Se va el año 2013. Cuba, esa isla larga y estrecha, sigue sumergida en el baúl de los recuerdos históricos, naufragios políticos, ciclones, desmemoria; hombres momificados en el trono, libertad cuadriculada e ínsipida; simulaciones colectivas, cómplices -ingenuos o cínicos-, lágrimas de plástico, éxodos… Las aspiraciones migratorias, estimuladas por la abolición del Permiso de Salida a principios de año, compensa la falta de expectativas de una población cautiva e indolente, ajena al futuro nacional y a los protagonistas del cambio; ensimismada en sus problemas. La castración de Castrolandia, el individuo frente al miedo, en espera de la barca o la remesa.

El homenaje a Antonio Villarreal Acosta o Alberto S. Du Bouchet, el otro suicida excarcelado, queda para el futuro; tras la salida del túnel de la involución social que arrastró consigo a la mayoría. Ahora en el baúl de los recuerdos, como los proyectos y los sueños de ayer.

 

Soñar otra vida. / Miguel Iturria Savón.

Sorteo Navidad 1

En la pantalla, un salón con bombos dorados en movimiento, cual jaulas con números que rotan y caen por un canal diminuto, uno tras otro, en forma de bolo; un niño los recoge, los mira y deletrea musicalmente; la niña que le acompaña entona la cuantía del premio, después lo entrega al señor de la mesita que los inserta en el tablero. A la izquierda una mesa con hombres trajeados. !Mil euros, mil euros…!; cientos de números, millares de euros; millones de boletos vendidos, recaudaciones, series, entregas… Premios flacos, medianos y gordos. En la escena no figuran los ganadores, situados frente al televisor en pueblos, aldeas, ciudades e islas de España (Baleares, Canarias), Ceuta y Melilla -al norte de África-.

El programa se transmite al amanecer del 22 de diciembre por radio y televisión. Vibran los premiados en casa o en la mesa de bares y restaurantes, donde escuchan a los querubines de la pantalla. Sorpresas, brindis y abrazos, euforia y decepciones, llantos, promesas, expectativas, sueños cumplidos o pospuestos. Es el Sorteo de Navidad, el más importante y conocido dentro y fuera de la Península Ibérica. El 6 de enero, Día de los Reyes, se sorteará El Niño, otro gran desafío de la suerte. La mayoría pierde el costo del boleto comprado en kioskos, mercados u oficinas de apuestas. ¿Qué importan 3, 5, 10 o 20 euros si podemos ganar mil, 150 mil, 400 mil, uno o 4 millones?

La Lotería Nacional, de gran arraigo en España, depende de Loterías y Apuestas del Estado (LAE), una especie de ministerio de la suerte que recauda dinero para la administración pública a todos los niveles. Fue creada en 1763 por el Rey Carlos III, quien la importó de Nápoles, Italia. Desde entonces ha evolucionado el negocio de los bombos y las papeletas, capaz de asociar los intereses de Hacienda con la fantasía de los jugadores. Sueños y monedas, premios e imaginación…

Los sorteos los jueves y sábados. Hay sorteos especiales. Sorteos extraordinarios. Sorteos viajeros y para turistas. La Lotería de Navidad y El Niño. La suerte y el negocio alternan, a veces se enlazan. Apostar es tirarse al ruedo. Quien no apuesta no gana ni pierde. El Gobierno imprime y distribuye más boletos que monedas, más décimos de suerte que céntimos y billetes para bancos, gastos, salarios, mercados…

Soy de los que no diferencian bien un sorteo de otro. He leído mucho y apostado poco. Tal vez la suerte me sorprenda un jueves por la noche o un sábado por la tarde, cuando se difunden los resultados de las loterías más “normales”, las de cada semana. Si compras para jueves el costo del décimo es de 3 euros, el sorteo consta de 12. 600 000 a repartir en premios, un millón setecientos mil para el primero y varias series de 300 mil. ¿Cuánto recaudará el estado emisor? Los sorteos del sábado reparten 42 mil millones en 35.841 premios; entre estos el especial de 2.940 000 000 y otro primer premio por serie de sesenta mil euros. Tentador, ¿verdad?

Cada mes hay premios especiales a boletos comprados por 12 euros; 12 a cambio de millares o millones, el azar escoge. Existen, a su vez, el Sorteo especial de la Cruz Roja, el de la Asociación española contra el cáncer, la Asociación de los ciegos (ONCE) y el Sorteo especial de Verano. Recaudaciones en función del prójimo, recursos para enfermos y necesitados. A veces las apuestas viajan del Salón de sorteos de Madrid a ciudades del sur, norte o levante.

En España la suerte se mueve, como los sueños, al compás de los bombos y las apuestas legales. No es aconsejable ser adicto, saberlo todo ni tratar de vivir en el cuadrilátero del azar, tan atractivo como fascinante. Resulta agradable ver cómo se desplazan los informativos por las ciudades donde más premios recayeron. Rostros de triunfo, brindis y euforias. Soñar con otra vida, satisfacer frustraciones, viajar o creer que es posible. Al menos en Navidad, el 6 de enero, el próximo jueves o algún sábado del año que viene. ¿Quien sabe?