Ilustres desconocidos en Cuba. / Miguel Iturria Savón.

En París, Madrid, Bucarest y otras capitales de Europa fue homenajeado meses atrás el pensador Emil Cioran (Rumania, 1911-París, 1995), cuyos libros fueron reeditados en ocasión del centenario del “filósofo aullador”, quien influyó en generaciones de jóvenes. Cioran fue evocado por Clément Rosset, filósofo galo de origen hispano, y    Fernando Savater, su traductor y discípulo español.

Cioran y Rosset transitaron por las zonas más ásperas de la realidad e hicieron un diagnóstico trágico de la condición humana, aunque Rosset, nacido en París en 1939, celebra la alegría de vivir, el gozo de la sexualidad, el carácter decisivo de las ilusiones en los humanos, la importancia de la risa y el peso del azar en los sucesos; mientras Cioran “parte de la pequeñez del ser humano”, suscribiendo en su día,  la frase del escritor catalán Josep Pla, “No somos nada, pero cuesta admitirlo”.

Como los libros de Emil Cioran, exiliado en París; Clément Rosset y Fernando Savater, son ignorados por las editoriales cubanas, aferradas al marxismo hace medio siglo, conviene compartir datos y frases sobre estos pensadores ilustres y desconocidos en la isla.

Al hablar de Cioran, Rosset afirmó: “Su pesimismo se desencadena al constatar que la paradoja de la existencia es la de ser algo y, al mismo tiempo, la de no contar para nada. Es un pesimismo atípico…, resultado de saber la condición efímera del hombre, la pequeñez del ser humano”.

Rosset reivindica el “pensamiento trágico” frente al perfeccionismo y se contrapone al pesimismo radical de Cioran, aunque reconoce la lucidez de sus argumentos y las razones de su escepticismo. Para Rosset “No hay ningún bien en el mundo al que un examen lúcido no le haga parecer, en última instancia, irrisorio y desdeñable”.

La obra de ambos ensayistas, de rara originalidad, fue difundida en Francia, España y otras naciones de Europa y América. Entre los libros de Clément Rosset editados en España figuran La antinaturaleza (Taurus, 1974); La lógica de lo peor (S. Barral, 1976); Lo real y su doble (Tusquets, 1983); El principio de crueldad (Pre-Textos, 1994), y  La fuerza mayor (2000).

No vamos a detenernos en los textos de Rosset, definido por Emil Cioran como “…un bon vivant al que la filosofía no ha estropeado”. Veamos, sin embargo, algunas consideraciones de Fernando Savater sobre Cioran, expresadas en su artículo “Un hombre asombrado…y asombroso”.

El ensayista español recuerda que Cioran “se convirtió en gran escritor francés, pero se mantuvo apátrida. España fue su segunda patria espiritual, la tierra nativa del desengaño, donde fue a veces más popular que en Francia. Sus lectores eran jóvenes de la izquierda antifranquista, pero para él “la izquierda era un semillero de ilusiones vacuas y de un optimismo infundado”.

Señala que “el asombro nos aproximaba. Sentía implacable animadversión a cualquier creencia movilizadora y absoluto rechazo a las promesas de futuro…”

Describe sus encuentros con el filósofo rumano y advierte: “…nunca logré convencerle ni engañarle…, aceptamos cauces pragmáticos: “se trataba de vivir mejor, no de alcanzar el paraíso”. Tras la caída de Ceaucescu, Cioran se inclinaba por una especie de pragmatismo escéptico; le vi celebrar acontecimientos históricos, sin arrebatos triunfales”.

Savater lo califica de “incurablemente escéptico en la teoría pero capaz a veces de un asombro casi infantil ante los mecanismos eficaces del mundo y los milagros de la amistad. Cioran permanecía en la tierra del asombro…Se asombraba sobre todo de que en la vida la maravilla coexistiese con el horror…”

Algunos títulos de su obra  tienen voz propia. Extraeremos los siguientes: En las cimas de la desesperación (1936), Breviario de podredumbre (1949), Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1966), Del inconveniente de haber nacido(1973) y el último libro que data de 1983, Ese maldito yo.

El pensador hispano evocó la tumba del maestro, “una lápida gris azulada, de sobriedad minimalista”, en el cementerio de Montparnasse”, como la de un ilustre desconocido; cerca de autores como Sartre y Simone de Beauvoir, Julio Cortázar y Baudelaire.

Al final, Savater ofreció una colección de “zarpazos” de Cioran. Comparto con los lectores cubanos algunas de esas frases sobre la vida, Dios, el tiempo, la muerte o la filosofía. Tal vez contribuyan a nuestro enriquecimiento espiritual.

  • “No siempre nos movemos atraídos por la luz: a veces es la sombra la que nos empuja…”
  • “Un paseo por el cementerio es una lección de sabiduría casi automática”.
  • “El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única, en realidad”.
  • “Amar al prójimo es algo inconcebible. ¿Acaso se le pide a un virus que ame a otro virus?”
  • “Dios es una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día”
  • “La naturaleza, buscando una fórmula para satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie”.
  • Literatura. “La literatura empieza con himnos y acaba con ejercicios”.
  • “¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas”?
  • “Para vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día, y gemir.”
  • “Un pueblo no representa tanto una acumulación de ideas y teorías como de obsesiones”.