Norberto Fuentes, ¿ave fénix del Castrismo? / Miguel Iturria Savón

La autobiografía de Fidel Castro, de Norberto Fuentes

La autobiografía de Fidel Castro, de Norberto Fuentes

En medio del oleaje mediático sobre Fidel Castro y la caravana fúnebre que condujo sus restos de La Habana a Santiago de Cuba,  recibí un enlace de una amiga de Alicante con la “inaudita” declaración del escritor Norberto Fuentes sobre el difunto.

A mi amiga, como a muchos exiliados cubanos y, sobre todo, a los herederos dinásticos de F.C y sus devotos de la izquierda ingenua o caníbal de América y Europa, no le gustó lo expresado por Norberto acerca del Caudillo; sin embargo, nadie mejor que el autor de Condenados de Condado para desentrañar la personalidad, las vísceras y el legado de odio y manipulación del dictador caribeño.

No leí el enlace con las palabras o el escrito de N. Fuentes acerca de F. Castro o el Castrismo, cuya desmesura desborda mi sensibilidad. Pasé página, pero esbozo unas líneas sobre el escritor, quizás el heredero espiritual mejor modelado por el déspota fallecido.

De Norberto Fuentes (La Habana, 1943) solo leí su excelente colección de relatos Condenados del Condado (1968) y Hemingway en Cuba, un libraco imprescindible sobre la vida y milagros del gran narrador estadounidense en la isla. He leído, por supuesto, el Prólogo y varias reseñas críticas de Dulces guerreros cubanos (Seix Barral, 1999) y Narcotráfico y tareas revolucionarias (Universal, 2002); además de hojear La autobiografía de Fidel Castro, editada en dos volúmenes por Destino en 2007. Si Dulces guerreros… es una versión cínica y amoral de las aventuras y desventuras bélicas del General Arnaldo Ochoa y los gemelos Tony y Patricio de la Guardia, en la biografía novelada de F.C el escritor asume la voz del dictador, “encarnado por sí mismo”, lo cual libera al biógrafo de romper el cordón umbilical que aún lo ata al biografiado.

Hay que tener tiempo, paciencia y ganas de hurgar en la vida de Fidel y su dilatada castradura revolucionaria para leer esas obras del talentoso y tenaz N. Fuentes, quien sirvió sin pudor al régimen como periodista, militar, espía, narcotraficante y escritor, llegando a ser amigo personal de Fidel y Raúl Castro e íntimo del Coronel Antonio de la Guardia y del General Arnaldo Ochoa, ambos fusilados por orden de F.C en 1889, instante de blindaje castrense que puso fin a la luna de miel de Norberto con los Castro.

Creo que Norberto Fuentes fue -o es- un prisionero del límite, incapaz de romper el vínculo con aquella revolución del siglo XX que transitó de la libertad a la dictadura. Fuentes escribió en los diarios Hoy y Granma crónicas y reportajes compilados en antologías “épicas” –Cazabandido, 1963-69, Nos impusieron la violencia, 1986, y El último santuario, 1992- que le abrieron las puertas del poder. Al igual que el poeta Heberto Padilla, en cuyo caso estuvo implicado en 1971, Norberto fue premiado y demonizado, pero a diferencia de Padilla fue reivindicado y mimado con misiones secretas, medallas, dineros y residencias hasta caer en desgracia y naufragar en el limbo transitorio del ostracismo, del cual salió en avión exclusivo hacia el  exilio en 1994, gracias a la mediación del PEN American Center, de Gabriel García Márquez, William Kennedy, Felipe González y Carlos Salinas de Gortari.

En el exilio, Norberto no combinó las armas con la escritura, sino la pluma con los recuerdos de sus múltiples datos, enlaces y capacidad literaria. En los Estados Unidos y España publicó libros que desmitifican la ilusión épica pregonada por la maquinaria cultural del Castrismo. Pasó, pues, de pregonero a crítico del pregón sin perder la desmesura inoculada por la poética del desparpajo, ajena a expiación de culpas y juicios morales. Fiel a sus admirados Ernest Hemingway y F. Castro, paradigmas del macho-macho y de la casta guerrera que lo aupó y aún le sirve de referente y tema literario.

No sé si N. F es un exiliado de los Castro o el Ave fénix del Castrismo. No me interesa la literatura infinita sobre revoluciones y personajes épicos. Por eso no leo al prolífico Norberto Fuentes, pero cito sus libros para quienes deseen desandar aquel proceso lúgubre que dispersó por medio mundo a casi tres millones de cubanos, ávidos por sobrevivir al difunto F.C y sacudir tantos mitos, agonías y hojarasca patriótica.

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