Cubalandia en New York. / Miguel Iturria Savón

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Cuando un espectáculo teatral escenifica pliegues inertes de la realidad, apenas envejece, o envejece a ritmo lento con las oscilaciones pendulares del entorno y la época que inspira o nutre esperpentos como Cubalandia Excursiones, el monólogo en tono de farsa devenido imagen de esa Cuba espesa, gris, bulliciosa y absurda del Castrismo tardío que fue exhibida en New York.

Cinco años después del estreno de Cubalandia en agosto del 2011 en el teatro “El ciervo encantado”, frente al Parque Villalón del Vedado, el discreto y sostenido desempeño profesional del elenco habanero volvió a resonar, pero no en La Habana ni en otra ciudad de Cuba, sino en mítica New York, donde fue nominado a los Premios ACE -Asociación de Cronistas de Espectáculos de New York- en actuación y dirección, galardones que quizás reciban Nelda Castillo y la camaleónica actriz Mariela Brito, quien impactó a críticos y espectadores de la gran city americana.

¿Cuál es el tema de Cubalandia? ¿Por qué impacta a espectadores y críticos que desconocen y, tal vez deploren, la algarabía y la patética realidad que satiriza? Recuerdo aquella noche de agosto del 2011: caminábamos hacia la entrada del pequeño teatro, ansiosos por ocupar las incómodas butacas, cuando escuchamos la peculiar voz de la actriz Mariela Brito, que avanzó de afuera hacia adentro -vestida y maquillada para actuar- mientras saludaba con jerga marginal a quienes esperábamos la apertura del salón. Fue un buen preámbulo, propio de un performance que “pasea por la realidad más actual de Cuba” e implica al público con el desenfado, la empatía, las gangarrias y la acentuada gestualidad de la protagonista, cuyo vestuario calza la riesgosa hermenéutica del lenguaje callejero.

Ya en escena, Mariela demostró que la “bolá”, “el acere”, “el cabilla”, el “trapicheo”, el peso convertible y el peso cubano no son simples vocablos cotidianos, sino soportes sociolingüísticos de las personas que intentan cambiar su estatus con nuevas relaciones o a través del comercio alternativo y otras formas de sobrevida urbana.

La actriz sabe apropiarse y encarnar a los jóvenes de esa Cuba veleidosa y gris, mujeres alegres, optimistas y audaces que oscilan entre el pillaje, la locuacidad y el deseo de imponerse saltando las excesivas normas y trabas burocráticas. Cubalandia Excursiones es una especie de agencia turística por cuenta propia, con “paquete a tu medida en cuc o pesos cubanos”; tiene un sabor satírico corrosivo condimentado en la mordacidad y el añadido de convertirse en instrumento visual y locuaz, al ofrecer el ángulo más ríspido de la realidad insular.

Para la actriz es un reto. Durante una hora de actuación tiene que derrochar talento y sentido del humor en un escenario negro y desolado, acompañada por efectos lumínicos y mucho regatón para enfatizar el discurso verbal que transporta al público a la calle, mientras ella responde al celular y explica su propuesta de viaje turístico por centros de La Habana, Varadero, Viñales, Trinidad y Santiago de Cuba, auxiliada por la efigie del Indio de la suerte, un poster panfletario de los hermanos Castro y, como telón de fondo, el mapa “Doble Moneda” del pintor Lázaro Saavedra.

Hasta la complicidad del público, dispuesto a resolver las cuentas y la conversión en divisas, parece concebida en el guión del vibrante e incisivo monólogo de “Yara La China”. Casi todo se dice sobre la Cuba de los de abajo. No faltan el camuflaje, las paradojas cotidianas, la cautela, la picaresca, el transporte y otros virus que degradan y contagian. El despliegue de energía de la actriz mantiene al público en jaque. Su desempeño escénico provoca sonrisas y carcajadas sombrías. A veces tensión e inquietud.

Bajo la dirección de Nelda Castillo y la asistencia de Sahily Tamayo, la actuación y performance Cubalandia Excursiones fue una propuesta de verano que un lustro después destila frescura y acerca al público de otros contextos a los problemas de aquella isla desde la representación teatral.