Ain’t Got No-I Got Life. / Miguel Iturria Savón.

<nina Simone, cantante, pianista y compositora estadounidense.

Hay discos que viajan en la mochila y canciones alojadas en la memoria, escucharlos es desatar la balsa de la nostalgia, viajar con los recuerdos de  nuestros años oscuros o felices, cuando éramos jóvenes y apenas pensábamos en utopías ni futuros. Entre las viejas canciones emotivas, escuché por Youtube “Ain’t Got No – I Got Life”, de la hipnótica Nina Simone, aquella pianista, compositora y cantante de voz grave y dulce que fluyó desde las entrañas del dolor como un rayo justiciero a mediados del siglo XX.

“No tengo casa. / No tengo zapatos, / ni dinero, /ni estilo, /ni faldas, /ni jersey. /No tengo perfumes, /ni cervezas. /No tengo hombre. /No tengo madre, /ni cultura, /ni amigos, /ni escuela. /No tengo amor, /ni nombre, /ni ticket, /ni pase. /No tengo Dios.”

Así trota la voz de Nina sobre el pentagrama relatando el cuadro de  carencias e infortunios de la minoría negra estadounidense que, liderada por Martin Luther King, luchó por sus derechos cívicos en las décadas del sesenta y el setenta. A ellos se sumó la rebelde Eunice Katheen Waymon, nacida en 1932 en un pueblito de Carolina del Norte, de donde se trasladó a New York y transitó de la música clásica a los tugurios y clubes de segunda, buscando su identidad artística contra la exclusión de la época.

En la segunda parte, la canción da un giro, la intérprete pasa de la negación casi absoluta a la interrogación:

“¿Qué es lo que tengo?

¿Por qué estoy viviendo entonces?

¿Qué es lo que tengo?”

Y grita sus razones: no tengo, pero me tengo a mi misma y “Nadie me puede quitar nada”.

“Nadie me puede quitar nada…

Tengo mi pelo, / mi cabeza, / mi cerebro / mis ojos.

Mis orejas y mi nariz.

Y mi sonrisa.

Tengo mi lengua y mi barbilla.

Mi cuello, /mis tetas, /mi alma, /mi corazón, /mi boca.

Tengo mis brazos y mis manos.

Tengo mi sexo, / mis dedos, /mis piernas.

Tengo mi dedo gordo, / mi hígado /y mi sangre.

Tengo mi vida.

Tengo mi libertad.

Y la voy a utilizar.

Y nadie me la va a quitar… /…/

“Ain’t Got No – I Got Life”-  relata la mísera vida de los marginados, es un vibrante himno de rebeldía y reivindicación, una canción-manifiesto como  “Gracias a la vida”, de la apasionada y trágica Violeta Parra, y otros poemas y baladas conmovedoras que viajan en la memoria porque apresaron instantes de dolor, intolerancia, desamor, locura…

Su autora, Eunice Katheen Waymon, se cambió hasta el nombre -Nina Simone es su homenaje a la actriz francesa Simone Signoret- y se autoexilió en Francia. Eunice fue la primera pianista negra en subir al escenario del Carnegie Hall para interpretar música clásica, pero su virtuosismo instrumental cedió ante los prejuicios raciales; triunfó como cantante con I Love You, Porgy y sus excepcionales versiones de  Ne me quitte pas, My Way y otras, llegando a ser la Diva del jazz y del soul tras la muerte de Ella Fitzgerald.

Os invito a escuchar a Nina Simone (1933-2003), la atemporal intérprete de jazz, blues y soul sigue siendo un torrente de agua y energía que ilustra y desata recuerdos y emociones olvidados con el tiempo. Si apenas la conocéis, sugiero visionar el documental What happened, Miss Simone.