El Son cubano de García Lorca. / Miguel Iturria Savón

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El viernes 7 de marzo de 1930 llegó a La Habana el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, conocido por algunos poemas de su Romancero gitano, aparecidos en la vanguardista Revista de Avance y en otros medios de la isla, pues Lorca estaba en contacto con los escritores José M. Chacón y Calvo y Alfonso Hernández Catá, diplomáticos en Madrid, y con el ensayista y profesor Fernando Ortiz, Presidente de la Institución Hispano Cubana de Cultura, entidad que financió la estancia y organizó el Ciclo de conferencias dictado por García Lorca en la capital y en las filiales de  Cienfuegos, Santa Clara, Remedios, Sagua la Grande, Caibarién y Santiago de Cuba.

Se ha escrito muchísimo sobre la intensa presencia de Federico en Cuba quien estuvo “deslumbrado por el duende de la luz de la calle habanera”, recorrió casi toda la isla acompañado por Chacón y Calvo, F. Ortiz, Juan Marinello, la musicóloga María Muñoz de Quevedo y los hermanos Flor y Carlos Manuel Loynaz, en cuya residencia del Vedado comía y tocaba el piano junto a la tímida y célebre Dulce María Loynaz, autora de una bellísima evocación que incluí en mi libro Miradas cubanas sobre García Lorca, publicado por la editorial Renacimiento (Sevilla, España, 2006), tras ser censurado en La Habana en 1998 por incluir un ensayo del escritor exiliado Guillermo Cabrera Infante.

García Lorca fue un poeta y dramaturgo extraordinario que amó y disfrutó la vida, pero ha sido convertido en “bandera de combate” por su absurdo asesinato en julio de 1936 por los falangistas en su natal Granada. Les dejo el bello, espontáneo, luminoso y agudo Son cubano que escribió antes de regresar a España -el 12 de junio de 1930-, y sugiero comprar por Internet mi libro Miradas cubanas sobre García Lorca, una antología de textos críticos y memorialísticos sobre su estancia en la isla en los que incluyo “La ruta cubana de G.L” y piezas de Chacón y Calvo, Emilio Ballagas, Lino Novás Calvo, J. Marinello, Lezama Lima, Cabrera Infante, Dulce M. Loynaz y otros autores.

 

El Son de Santiago de Cuba

(A Don Fernando Ortiz)

Cuando llegue la luna llena,

iré a Santiago de Cuba,

iré a Santiago,

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Cantarán los techos de palmera.

Iré a Santiago.

Cuando la palma quiere ser cigüeña.

Iré a Santiago.

Y cuando quiere ser medusa el plátano.

Iré a Santiago.

Con la rubia cabeza de Fonseca.

Iré a Santiago.

Y con el rosa de Romeo y Julieta.

Iré a Santiago.

Mar de papel y plata de monedas.

Iré a Santiago.

¡Oh, Cuba, oh ritmo de semillas secas!

Iré a Santiago.

Oh cintura caliente y gota de madera.

Iré a Santiago.

¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!

Iré a Santiago.

Siempre dije que yo iría a Santiago,

en un coche de agua negra.

Iré a Santiago.

Brisa y alcohol en las ruedas.

Iré a Santiago.

Mi coral en la tiniebla.

Iré a Santiago.

El mar ahogado en la arena.

Iré a Santiago.

Calor blanco, fruta muerta.

Iré a Santiago.

¡Oh bovino frescor de cañavera!

Iré a Santiago.

¡Oh Cuba! ¡Oh curva de cintura y barro!

Iré a Santiago.

Federico García Lorca, 1930.