José D. Ferrer, símbolo de resistencia. / Miguel Iturria Savón

José D. Ferrer y miembros de UNPACU.

A José Daniel Ferrer, el rostro más visible y audaz de la oposición cívica en el interior de Cuba, lo vi por primera vez a mediados del 2005 en el Mural de los 75, al lado de la Sala  “Roosevelt” de la Embajada de los EE. UU en La Habana, donde accedía a Internet junto a los colegas que escribíamos para Cubanet. Aquel tipo blanco, alto, delgado y serio era un eco de rebeldía tras las rejas al igual que Biscet, Antúnez y otros opositores y periodistas independientes condenados en juicios sumarísimos en la primavera negra del 2003.

Siete años después del proceso kafkiano de la oligarquía caribeña, los rehenes de Castro fueron deportados a España, salvo José Daniel y otros once que retaron la decisión y continuaron su activismo en la isla. En un programa audiovisual conducido por Reinaldo Escobar resurgió el impetuoso y cálido José Daniel contando cómo reportaba por teléfono los horrores de la prisión. Luego, en mi primer encuentro con él, al preguntarle por su origen, me relató la historia del abuelo, un miliciano español que al final de la  Guerra Civil escapó en barco hacia Cuba con el pasaporte del guerrillero cubano caído junto a él a principios de 1939; se parecían tanto que nadie dudó de su “identidad” y cómo no podía registrarse en ningún Consulado de España, siguió con las señas del amigo muerto y creó familia en Cuba.

La anécdota y el historial de resistencia de José D. Ferrer “homologa” la estirpe y la leyenda personal de este guerrero sin fusil nacido en Palma Soriano en 1970. Fue educado para servir al poder pero renegó del destino borreguil diseñado por la dinastía verde oliva y asumió desafíos que lo llevaron a la cárcel (2003 al 2011), sobre todo por su labor en el Comité Ciudadano que gestionó el Proyecto Varela en Santiago de Cuba. Al salir del presidio creó la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ese paraguas de pequeñas organizaciones disidentes que moviliza a cientos de personas en la región oriental de Cuba, baluarte de la “masa” como abstracción oficial para someter a individuos que despiertan y se integran a la red pacífica en busca de la concertación nacional opositora contra la dictadura.

José Daniel sigue en la línea de cambio iniciada por el Proyecto Varela, cuyo líder nacional –Oswaldo Payá Sardiñas- fue asesinado en julio del 2012. Su liderazgo ha crecido en proporción con la táctica de movilizar  a la “masa social” de forma no violenta para obligar al gobierno a dialogar de “igual a igual” y trabajar por la reconciliación nacional, lo cual parece quimérico pero no es imposible por el desgaste y la incapacidad de la dictadura para solucionar los problemas esenciales del país.

El Secretario Ejecutivo de la UNPACU no cree en quimeras, sabe los retos que afronta y conoce las grietas del viejo muro totalitario. Ha protagonizado huelgas de hambre en prisión y fuera de ella, ha resistido acoso y detenciones violentas por difundir las demandas y el programa de su organización dentro y fuera de la isla. En esa órbita ha girado también el célebre Guillermo Fariñas y otros defensores de los derechos humanos del centro y la zona oriental de la isla. Por su condición de ex prisionero de conciencia con licencia extrapenal a José Daniel le han negado algunos viajes al extranjero pese al apoyo de Amnistía Internacional, la Organización Mundial contra la Tortura y otras entidades que le otorgaron XIII Premio Internacional de Derechos Humanos de la Fundación Hispano-Cubana y el Premio Democracia de la National Endowment for Democracy.

Considerado como símbolo de resistencia y activismo cívico, José D. Ferrer, como Guillermo Fariñas, Antonio González-Rodiles, Berta Soler y otros líderes de la oposición pacífica cubana, enfrentan aún el despotismo de un señorío tropical que se atrinchera y baraja el tiempo, mientras prepara a sus herederos dinásticos para perpetuar el absurdo. El reto sigue en pie y depende de circunstancias internas, presiones externas y de la propia actuación de esos rostros que rompen los límites impuestos.