Octubre libresco. / Miguel Iturria Savón

El tren de Lenin, otro libro sobre el déspota ruso y su travesía…

Periódicos y semanarios culturales de Madrid, New York, París, Londres, Berlín y Moscú reviven el tópico de la “fascinación” por la Revolución de Octubre, aquella revuelta del 7 de noviembre de 1917 en Rusia que prometió el paraíso igualitario, pero erigió un régimen despótico centralizado de vasto expediente criminal, enmascarado por una maquinaria de propaganda cuyos ecos resuenan en cátedras y editoriales que inundan otra vez el mercado libresco con ensayos, biografías, testimonios y hasta novelas por el aciago centenario.

La “riada” de artículos, libros y conferencias parten de la Revolución de febrero que remplazó a la dinastía de los Románov, suplida por el asalto bolchevique al Palacio de Invierno el 25 de octubre, la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial, la toma del poder por Lenin y otros momentos de la enorme cronología de hechos, personajes y medidas, incluida la formación de la Unión Soviética y la telaraña de desafíos, purgas, planes, víctimas y pugilatos que marcaron el siglo XX hasta la implosión de la URSS y sus satélites europeos entre 1985 y 1991.

Entre las “novedades” del culebrón ruso figuran la Nueva historia de la revolución rusa, de Sean McMeekin, editada por Taurus; El tren de Lenin, de Catherine Merridale -editorial Crítica-; el relato Octubre, de la trotskista británica China Miéville sobre lo acaecido en Petrogrado -editado por Akal-; La revolución rusa: historia y memoria, del ameno y breve José M. Faraldo -en Alianza-, quien ofrece “una mirada crítica sin estridencias” acerca del período de 1917 a 1924, cuando muere Lenin, creador de la dictadura del proletariado. Esta obra polemiza con La revolución rusa, del historiador norteamericano Richard Pipes, reeditada por Debate.

El catálogo del Centenario incluye reediciones de historias escritas por León Trotsky, Rosa Luxemburgo, John Reed –Diez días que conmovieron al mundo– y Jacques de Sadoul, autor de Cartas desde la revolución bolchevique, en una de las cuales describe a Trotsky como un “hombre nervioso, frío y amargo, cuya sonrisa satánica me deja helado a veces”, pues “…desborda desprecio y odio hacia las clases dirigentes”. De Lenin dijo: “Para él, el poder no es un objetivo en sí mismo, sino el único medio para conseguir que triunfe la idea”.

El aluvión libresco es favorecido por la desclasificación de los archivos soviéticos. Las investigaciones realizadas añaden títulos como El gran miedo, de James Harris, quien reinterpreta los años del terror stalinista y la criminalidad del régimen; Breve historia de la revolución, de la lúcida y concisa Mira Milosevich, que enlaza el período de 1917 hasta el gobierno de Putin.

Bastaría echar una ojeada a un manojo de fotos y filmes sobre la Revolución de Octubre para recordar cuanto ha cambiado el mundo en cien años y desdeñar la “utopía” desmontada en los testimonios de Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsin, un libro esencial no reeditado en octubre del 2017. Bastaría olvidar tanta doctrina anodina, pero hay lectores atraídos por el pasado y por la mitificada Revolución de octubre de 1917; a ellos les sugiero leer, además:

  • La venganza de los siervos, de Julián Casanova, editada por Crítica.
  • La sombra de Octubre, Christian Laval y Pierre Dardot -edic. Gedisa-.
  • La utopía de los sóviets en la Revolución Rusa, de Felipe Aguado -Editorial Popular-.
  • Regreso de la URSS, seguido de Retoques a mi regreso de la URSS, del célebre escritor André Gide, en Alianza.

La revolución rusa, otro libro por el Centenario.