Black Mirror 4. / Miguel Iturria Savón

Museo Negro de Black Mirror

Entretiene e inquieta pasar los últimos días del 2017 con la cuarta entrega de Black Mirror, la serie de Netflix sobre la mente humana en los predios del continuo desarrollo tecnológico, es decir, del futuro inmediato. No voy a hacer el spoiler de cada capítulo, pues en Internet hay información de toda la saga. Además, hay capítulos prescindibles y dos memorables, el mejor de ellos, Black Museum, da para tres o cuatro por intenso y excepcional.

Si todos los episodios de la serie suceden en el mismo universo -imaginario y aleatorio- y guardan cierta cronología entre si, en cada entrega hay algunos prescindibles. Son prescindibles en la cuarta parte USS Callister, sobre la nave espacial con personajes clonados que recuerda a la Enterprise de Star Trek, pese a ser escrita por Charlie Brooker con William Bridges, el guionista de Shut up and dance de la temporada anterior. Me gustó Arkangel pero prescindiría del mismo porque esa madre sufridora -Rosemarie DeWitt- que le inserta un microchip en la cabeza a su hija Sara para controlarla por Tablet, no tiene derecho a ver lo que hace y siente la chica; el final es predecible. Hay madres y abuelas inseguras y tecnología para espiar, más es indeseable en los humanos. Que me disculpen Jodie Foster, Netflix y Endemol.

No está mal Hang the DJ, el único episodio romántico y con final feliz de Black Mirror, pero cae por desmesurado e idílico. La telefonía e Internet favorecen el cyber amor, aunque la felicidad y la hipotética aplicación que controla a jóvenes enlazados de manera transitoria en lugares maravillosos -con todo incluido- hasta que le asignen la “media naranja” y vivir en pareja hasta el fin… Como alternativa exploratoria, bien…

Prefiero, por supuesto, a Metalhead, ese mundo postapocalíptico en blanco y negro donde los humanos apenas existen y unos robots-perros-sofisticados cuidan, localizan, persiguen y acaban con quienes se aproximan a su radio de acción. Me gustaría una escena-prólogo que sugiera cómo llegamos a ese futuro desolado, pues el infierno es posible, pero desmesurado e inmerecido como el paraíso.

En la misma línea tecnológica tremendista se sitúa Crocodile, donde la arquitecta Mia  (Andrew Riseborough) forma parte de un crimen accidental, pero vuelve a la normalidad hasta que retorna su cómplice y otros sucesos la implican en una pesadilla por culpa del poder de las agencias aseguradoras de acceder a los recuerdos. ¿Cómo mantener en secreto su complicidad y acciones posteriores?

Hay muchos guiños en Black Mirror 4 a episodios, escenas, noticias, artefactos y personajes de las entregas anteriores, lo cual empalma la serie y la evolución tecnológica entre una y otra. Así, por ejemplo, el implante de Arkangel parece basarse en la tecnología introducida en White Christmas (2da temporada) y Men Against Fire (temporada 3).

Tras visualizar Black Mirror, vale preguntar: ¿Qué quedará de la humanidad a medida que la tecnología tome el control de la vida personal y marque nuestros comportamientos?

Imagen de Crocodile, Black Mirror 4

 

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