De neo-Castros y feministas. / Miguel Iturria Savón

La realidad se repite hasta el hastío. Las noticias resbalan para no caer. Si leo Cubanet, Diario de Cuba o Primavera digital,  los titulares sobre la isla varada en el tiempo ofrecen casi lo mismo: los domingos de marcha y represión policial contra las Damas de Blanco, el deterioro urbano, la incertidumbre ciudadana, la estampida de gays hacia Holanda, las propuestas de plebiscito de Rosa María Payá en Cuba Decide y el itinerario de acciones contra Castro y el neo-Castrismo de Estado de Sats, la plataforma audiovisual liderada por Antonio González-Rodiles en La Habana. Hay más, por supuesto, pero bajo aquel régimen corporativo militar predominan el aburrimiento y las técnicas de sobrevida de la masa cuya nulidad moral favorece el último fraude: pasar de los Castros a los neo-Castros sin elección ni cambios hacia la tierra prometida de la democracia.

He dicho democracia y pienso en España, donde vivo entre sorpresas y mitos. En la península ibérica y sus archipiélagos la realidad es menos aburrida que en Cuba, pero hay sucesos que se repiten hasta el hastío y resbalan entre los diarios y los telediarios: la rebelión en Cataluña, el anuncio del fin del terrorismo vasco, el postureo pre electoral de los partidos políticos y el desborde del feminismo ortodoxo, capaz de obtener un millón de firmas en dos días para que el Gobierno y el Congreso revisen el Código Penal y aumenten las condenas contra violadores y maltratadores. Hay más, por supuesto, pasan muchas cosas en las 50 provincias de España pero la ira de las féminas copa los telediarios y las redes sociales, además de acomplejar a los hombres “políticamente correctos” de su condición masculina, convertida en pecado mortal salvo los gays por su sensibilidad femen y los machistas que miran la oleada como un espectáculo del mercado político y mediático ligado a las pasiones y la costumbre hispana de vivir en continuo estado de opinión.

Para un extranjero como yo, hijo y nieto de españoles pero con Tarjeta de extranjero, el oleaje feminista con lenguaje marxista me parece excesivo, pues soy testigo del Matriarcado en España: las mujeres mandan en casa, disponen de trabajo, automóviles, viajan solas o en compañía, ocupan puestos claves en los ayuntamientos municipales, las diputaciones provinciales, los gobiernos autonómicos, el gobierno central, el Congreso de los Diputados, los tribunales de justicia, los partidos políticos y las empresas, además de predominar en la enseñanza y en las entidades de salud. El Congreso es presidido por una mujer, la Vicepresidenta del Gobierno es mujer, varias ministras son mujeres y hay autonomías con liderazgo femenino. Algunas son ejecutivas de bancos y otras son famosas por su ascenso y caída de la pirámide del poder tras ser pilladas en fraudes o corrupción.

¿Qué tienen en común el neo-Castrismo cubano y las feministas hispanas? El lenguaje neo marxista, la supuesta superioridad de la izquierda y los mitos, esos atajos de la realidad que encubren fobias, filias y enmascaran ambiciones.

M. Carmena y Ada Colau, alcaldesas de Madrid y Barcelona