Los laberintos paródicos de Eduardo Mendoza. / Miguel Iturria Savón

Eduardo Mendoza, escritor y Premio Cervantes.

Si en La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral y La casa verde Mario Vargas Llosa recrea la intrahistoria y la complejidad de Lima, Cochabamba y otras ciudades y regiones de Perú en el siglo XX, Eduardo Mendoza Garriga convierte a su natal Barcelona en centro del crucigrama de hechos y personajes inmersos en historias reales e imaginarias que muestran una apoteosis de lo detectivesco y lo paródico en la mejor tradición cervantina, es decir, “la escritura que contiene en sí su propia caricatura”.

Eduardo Mendoza, Premio Cervantes de Literatura, inició su travesía creativa con La verdad sobre el caso Savolta (Seix Barral, 1975) que obtuvo el Premio de la Crítica en España y fue llevada al cine en 1979; siguió con dos novelas policiales –El misterio de la cripta embrujada, 1979 y El laberinto de las aceitunas, 1982- en las cuales reanuda la sorprendente intriga policial, pero desde la perspectiva de un detective improvisado y delirante que explora y encadena crímenes y enigmas recientes en tanto franquea escenarios sórdidos e insólitos. El reino del humor y el absurdo resurge en la extensa y ambiciosa Ciudad de los prodigios (1986), “un singularísimo avatar de la novela picaresca y un carrusel imaginativo” que, pese a convocar a mitos y figuras locales,  nacionales y europeas, aborda la vida de personajes reales situados en Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929.

En la misma línea urbana de fabulación libérrima figura la hilarante novela Sin noticias de Gurb (1991), protagonizada por dos extraterrestres que desembarcan en Barcelona y, mientras el primero busca al segundo, adopta diversas apariencias y narra cuanto le acontece en el laberinto urbano que acogerá a los atletas y visitantes de las Olimpiadas de 1992.

Esa mirada tierna, irónica e implacable de los marcianos sobre Barcelona, regodea matices históricos y humanos de mayor hondura en El año del diluvio (1992), una novela de entorno rural y tono agridulce en la que combina la irrupción del amor entre una monja y un terrateniente con la debacle del tiempo en los sombríos años cincuenta, marcados por la clausura provinciana con trasfondo bélico, historias de bandoleros, elementos teológicos y atisbos de compasión, cordialidad y melancolía desde la invención expresiva y la mezcla de estilos y géneros.

La saga de universos urbanos poblados de personajes creíbles y fascinantes crece en Una comedia ligera (1996), centrada en un mediocre y exitoso dramaturgo barcelonés que escribe farsas para el público de clase media de mediados del XX, pero es enredado en amoríos e intrigas políticas y policiales que zarandean su placidez, obligándolo a investigar un crimen que lo pondrá en contacto con personajes y realidades ignoradas por él. Esta obra obtuvo en París el Premio al Mejor Libro Extranjero en 1997.

En el 2006 Eduardo Mendoza publicó Mauricio o las elecciones primarias, novela no paródica de tono grave, provocador e iconoclasta, basada en una tríada de personajes de clase media situados en la Barcelona posterior a la transición donde cobrará protagonismo político el controversial Jordi Pujol. Esta pieza de incursión política, magistralmente expuesta, es un “retablo de una comunidad en espera del fin de la utopía” y “el ácido balance moral e ideológico de una época, un país y unas gentes que están tomando decisiones…”

En Tres vidas de santos, editada en el 2006 por Círculo de Lectores, Eduardo Mendoza glosa, a imagen y semejanza de las grandes hagiografías, las vidas anodinas y los milagros de tres personajes tan anodinos como singulares -el Obispo Fulgencio Putucás, varado en la Barcelona de 1952; el viajero Dubslav y Antolín Cabrales Pellejero, un delincuente convertido en escritor de éxito- no admitidos por el santoral cristiano, pero acogidos con deleite por la narrativa española contemporánea. Los relatos novelados de Tres vidas de santos tienen ese toque de picaresca, humor y prodigio de las breves y maravillosas Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.

Tal vez la mayor muestra del manejo de diversos lenguajes narrativos y estructura creativa del autor sea El asombroso viaje de Pomponio Flato, editado en 2008 y merecedor del Premio Terenci Moix y Pluma de Plata de la Feria del Libro de Bilbao. En este libro insólito, el viaje por los confines del imperio romano y la paródica aventura del protagonista en Nazaret donde fue contratado como detective por el pequeño Jesús, es un juego lúdico e irónico para satirizar a géneros y libros, sobre todo a las novelas de consumo. Eduardo Mendoza logra en El asombroso viaje de Pomponio Flato el “cruce de novela histórica, novela policíaca, hagiografía y parodia de todas ellas…”

Mendoza es autor, además, de La isla inaudita (1989), la obra teatral Restauración (1990), La aventura del tocador de señoras (2001), Premio al Mejor Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid; El último trayecto de Horacio Dos (2002), Riña de gatos. Madrid 1936 (2010), Premio Planeta y Premio del Libro Europeo; El enredo de la bolsa y la vida (2012), El secreto de la modelo extraviada (2015), Las barbas del profeta (2017), obra publicada con motivo del Premio Cervantes que le fue conferido en 2016; así como el ensayos Baroja, la contradicción, y la compilación de textos sobre escritores en lengua española ¿Quién se acuerda de Armando Palacio Valdés?

Tras leer la mayoría de los libros del escritor y traductor Eduardo Mendoza, pensamos en cómo aplica y combina la estructura del relato, la música interna de las palabras y el ritmo del conjunto a los personajes -reales o ficticios- y a los laberintos paródicos -citadinos, rurales o míticos- utilizados, llegando a caricaturizar su propia escritura. En ese sentido, expresó a través de uno de sus personajes:

“…La literatura puede rescatar vidas sombrías y redimir actos terribles; inversamente, actos terribles y vidas degradadas pueden rescatar a la literatura insuflándole una vida que, de no poseerla, la convertiría en letra muerta”.