La misma estupidez. / Miguel Iturria Savón

Obra Historias de bronce, de Pedro P. Oliva

Miro el cuadro Historias de bronce, del pintor cubano Pedro Pablo Oliva, y pienso en la estupidez humana. El 14 de junio, por ejemplo, celebraron en Rosario, Argentina, el 90 aniversario de un guerrillero que asesinó a cientos de personas en Cuba, además de destruir la banca y la industria en la isla caribeña, de donde salió a “expandir” el pastel revolucionario y cambiar el mundo. En Granada, España, una exposición evoca a otro campeón de la muerte: Stalin, cuyos tanques y oficiales llegaron a “defender” al Gobierno de la República en 1936.

Imagino el escándalo mediático que despertaría celebrar en Argentina la llegada al poder de Videla y otros generales golpistas en 1976. O la algarabía de los medios de comunicación si alguien evoca en España la llegada de los aviones de Mussolini y Hitler que bombardearon ciudades para favorecer la victoria del general Franco durante la Guerra inCivil de 1936 al 39.

Nada extraño, ¿verdad? Amnesia selectiva. Cara o cruz. Odios. Empatias. Exaltar a personajes y sucesos convenientes, desdeñar su leyenda negra. Echarle mano al pasado, activar rencores. O pasar página…

Ah, la política y sus versiones ideológicas. Memoria y desmemoria. Campeones de la ética. Discursos, leyendas y mitos para bordear los límites. Historias de bronce, acero, aluminio… La misma estupidez frente a la complejidad humana y social.