La utilidad de lo inútil. / Miguel Iturria Savón

Hay ensayos y relatos atractivos por su título: La vida inútil de Pito Pérez, de José R. Romero; El sacrificio inútil, de Jean Duvignaud; Conquista de lo inútil, Werner Herzog; Apología de lo inútil, De la vida de un inútil, Un viaje inútil, Trabajo inútil, La voz inútil, El placer de los libros inútiles y La facultad de las cosas inútiles, de Yuri Dombrovski.

Recordé algunos de esos títulos al hojear en una librería de Castellón La utilidad de lo inútil, del  profesor italiano Nuccio Ordine, estudioso del Renacimiento y autor de Clásicos para la vida y varios ensayos sobre Giordano Bruno. Confieso que dudé en comprarlo por el oxímoron evocado en el título y por el subtitulo –Manifiesto-, que suena a panfleto. Me decidí tras leer nota de Fernando Savater quien recomienda la lectura porque N. Ordine “…repasa las opiniones de filósofos  y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en escuelas y universidades ese afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico en el que tradicionalmente se ha basado la dignitas hominis”.

Entre esos filósofos y escritores que defendieron “la utilidad de lo inútil”, es decir, del arte, la literatura y otras expresiones del saber humano que no reportan un beneficio práctico evidente, Nuccio expone lo expresado por el clérigo revolucionario calabrés Vicenzo Padula, los escritores Dante y Petrarca, Tomás Moro -autor de Utopía- y Tomaso Campanela -La Ciudad del Sol-, Shakespeare, Cervantes -“Héroe de lo inútil y lo gratuito”-, Aristóteles y Platón, Kant, Ovidio y Montaigne, Leopardi, Gautier, Baudelaire, Víctor Hugo y personajes contrapuestos al pragmatismo del inglés John Locke como el profeta comunista Carlos Marx, todos sensibles al arte y críticos con el comercio, la propiedad privada, el desarrollo industrial y demás inventos “peligrosos” para el ocio, la lectura y la espiritualidad humana, como si dicha espiritualidad no dependiera en gran medida del desarrollo tecnológico logrado.

Nuccio Ordine critica la supuesta desaparición de las bibliotecas históricas y de los estudios del griego y el latín a favor del inglés, los recortes de presupuestos de gobiernos europeos que en tiempo de crisis afectan al arte y la cultura, cuestiona a la “universidad-empresa”, los “estudiantes-clientes”, la ilusión de riqueza y la prostitución de la sabiduría. Como si fuera poco, añade de Apéndice “La utilidad de los conocimientos inútiles”, de Abraham Flexner.

Sé que La utilidad de lo inútil, cuya XVII edición acabo de leer en España, es un libro políticamente correcto y con certezas y preocupaciones válidas sobre el humanismo, las lenguas y la necesidad de preservar el arte y la literatura, nunca inútiles desde mi percepción.

Me preocupa, sin embargo, el exagerado criticismo de autores bien pagados por sus clases y sus obras, pues al menos en Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y hasta en Singapur, el desarrollo tecnológico no tira al vertedero la creación literaria y artística. Es cierto que hay más mercaderes y obreros que escritores pero, ¿no sea han multiplicado los Museos de arte, las Ferias de libros, los Festivales de cine, los desfiles de moda, los espectáculos musicales y deportivos o las redes sociales como medio de expresión? ¿No es gratuita y obligatoria la enseñanza primaria y media en Europa, América y en algunos países de Asia, África y Oceanía?