Un cadáver en aeropuerto de La Habana. / Miguel Iturria Savón

El 1 de octubre hubo un asiento vacío en el vuelo de las siete de la mañana Habana-Montreal. El viajero ausente fue un turista estadounidense que cayó al piso y murió tras preguntarle algo a la empleada que chequea los pasaportes y boletos antes de acceder al salón de espera. La caída y el intento de reanimación sorprendió a la funcionaria y a los pasajeros de la cola, entre ellos el amigo que me llamó al llegar a Montreal, impresionado por el suceso, “tan trágico que parece irreal”, pese al cadáver -tapado con una sábana transparente- y la presencia de un médico, dos enfermeros y una decena de policías agilizando la salida e impidiendo filmar o fotografiar al difunto.

-¿Averiguaste algo sobre el muerto”? ¿No han colgado fotos suyas en Facebook, Twitter u otro soporte virtual”?

-“Hasta ahora, nada. Todo fue tan insólito y rápida la presencia policial que dudo la existencia de vídeos y fotos, salvo las imágenes tomadas después por los peritos y forenses. Los rumores del avión fueron distorsionados por la diatriba de un pasajero alcohólico o drogadicto reducido por dos policías canadienses al aterrizar en el aeropuerto de Montreal”.

Quizás haya pasado antes, la muerte no avisa y sorprende a cualquiera lejos de casa, pero el hecho de ser un ciudadano estadounidense en territorio cubano despierta suspicacias, sobre todo por más de medio siglo de rabieta del régimen insular contra la gran nación norteña  ¿Quién era, qué hacia en la isla, estaba enfermo o…? EPD