López Obrador, victimista. / Miguel Iturria Savón


Según el chiste, “Dios creó a México, le dio grandes lagos, ríos, bosques, mares, desiertos, riquezas y, para compensar, le dio a los mexicanos”. La broma es aplicable a otros países y regiones pues refleja los límites humanos y la dicotomía entre estos y la naturaleza.

Todo chiste parte de tópicos, certezas, prejuicios… Ayer, una necedad verbal del presidente del vasto y bello país situado al sur de los Estados Unidos, me hizo evocar mis lecturas sobre los antiguos olmecas, toltecas, mayas, aztecas y otras civilizaciones que crearon ciudades-estados con calzadas, ejércitos, funcionarios y sacerdotes con cuchillos de oxidiana que usaron los teocalis -templos- como centro de sacrificios humanos para halagar Dios a cambio de cosechas pródigas y victorias bélicas. Por suerte, la cultura de la muerte llevada a extremos desoladores por mayas y aztecas, declinó con la llegada a Yucatán en 1519 del conquistador hispano Hernán Cortés, quien quemó literalmente sus naves y avanzó con cientos de soldados y miles de nativos desde Texcoco hasta  Tenochtitlán, sede de los palacios plateados del Tlatoani Moctezuma, monarca de aquella Federación de tribus y reinos que confundieron al sagaz Cortés con Quetzalcóatl, la mítica Serpiente Emplumada de los olmecas.

No sigo con la historia, hecha, deshecha y rehecha según conveniencias, pero aclaro que si México fue ocupado por los conquistadores hispanos no solo se debió al coraje, la audacia y la superioridad técnica, sino porque era un estado en descomposición y desangrado por los incesantes rituales de muerte de los aztecas. Cortés fue, paradójicamente, conquistador y libertador, explorador y hombre renacentista, ávido por comerciar, obtener riquezas y difundir su religión como hicieron antes en la península ibérica los fenicios, los cartagineses, los romanos y luego los godos, los árabes y otros ocupas.

Invocar el trasvase humano de forma simplista y posar de víctima como hace Andrés M. López Obrador, Presidente de México, demuestra ignorancia y manipulación. Exigir disculpas por sucesos de hace medio milenio es ridículo. Recordemos que al conquistar a México y otros territorios España introdujo la moneda, la carreta, las técnicas e instrumentos de trabajo, los grandes animales de carga y alimentación y nuevas formas de gestión administrativa y humana que aceleraron el desarrollo. Toda conquista cambia y desequilibra a conquistados y conquistadores e implica un nivel de violencia física y psicológica, pero, ¿de qué masacres habla el líder mexicano? ¿Se sentirá heredero de Moctezuma? ¿No sabe que en México, además de la lengua española, se hablan 271 idiomas autóctonos? ¿Desconoce que desde México hasta la Patagonia, salvo Argentina, Uruguay y Chile, los aborígenes predominan sobre los originarios de Europa?

El victimismo es un negocio con máscaras. Los victimistas esgrimen viejas quejas, ofensas y denuncias que no cambian el pasado ni resuelven los problemas y desafíos de las sociedades modernas. Anclados en el ruido, olvidan que el agua cae sobre las rocas. Hace doscientos años que México se independizó de España pero aún subsiste allí una cultura de la muerte y los narcotraficantes venden y exportan hacia los Estados Unidos drogas que cultivan, fabrican y distribuyen. No hay que disculparse por eso, sino despenalizar las drogas y ofrecer otros empleos y alternativas culturales a los cultivadores.