Adiós, Alberto Cortez. / Miguel Iturria Savón

Ayer murió en un hospital de Madrid Alberto Cortez, el poeta y cantante argentino que conmovió a millones de almas sensibles de medio mundo, en especial de España y de esa extensión peninsular llamada Hispanoamérica. Tenía 79 años y una voz entrañable e inimitable. Grabó más de 40 discos, ocho de ellos premiados -4 Disco de oro y 4 Heraldo de oro-, además de otras distinciones en España, Argentina, Estados Unidos. Yo, como tantos, evoco sus baladas, canciones y boleros. ¿Cómo olvidar En un rincón del alma, Mi árbol y yo, El abuelo, No soy de aquí, Como el ave solitaria, Como la marea o Castillos en el aire?

Dicen que cada uno de sus temas parte de hechos y personajes reales. «Callejero» evoca a un perro de Madrid, «El abuelo» a su abuelo -y a tantos abuelos-, Cuando un amigo se va al cantautor Facundo Cabral, su amigo y colega de escenarios al igual que Estela Raval, María Dolores Pradera y Ricardo Arjona. Imposible olvidar su poema Qué suerte he tenido de nacer, un testimonio de hondura existencial, sarcástico y humilde.

Dicen que hizo cine y que publicó varios libros, yo solo escuché sus conmovedoras canciones. Me bastan su voz y sus nostálgicas imágenes y metáforas para seguir recordándolo y asociarlo a instantes felices e imborrables.