Nota sobre Camilo J. Cela. / Miguel Iturria Savón

Alfaguara ha puesto en circulación Cuando los tontos mandan, de Javier Marías, quien recopila los artículos que publicó en El País entre el 5.2.2017 y el 27.1.2019; creo que es la tercera compilación del prolífico narrador y profesor. No compraré el libro pues he leído casi todas sus crónicas y reseñas, agudas, sugerentes y escritas con maestría al igual que Así empieza lo malo, Los enamoramientos, Berta Isla y otras novelas suyas, algunas aún pendientes en mi mesa de lectura.

Pero esta nota no va sobre Javier Marías, sino sobre Camilo José Cela y Trulock, el famoso escritor español distinguido con el Premio Nobel de Literatura. Cela fue autor de La familia de Pascual Duarte, Viaje a la Alcarria, La colmena, La catira, Oficio de tinieblas, Mazurca para dos muertos, Cristo versus Arizona y otras piezas narrativas, poemarios, ensayos y el memorable Diccionario secreto; casi todas reeditadas, premiadas, reseñadas y varias de ellas llevadas al cine lo cual consagró a este intelectual, bendecido por muchos y denostado por Javier Marías y algunos sucesores hastiados de su fama y presencia: al igual que J. M., Cela fue hasta Académico de la Lengua.

Me extrañó el texto de Javier Marías contra Camilo J. Cela. Quizás me hizo recordar las leyes del espejo: «Todo lo que molesta, irrita, enoja o quiera cambiar del otro, está dentro de mi». / «Todo lo que me critica, combate o juzga el otro, si me molesta o hiere está reprimido en mi…»

Sigo con Camilo J. Cela (1916-2002), un maestro de las letras que atravesó casi todo el siglo XX y, por tanto, vivió su infancia y primera juventud en la España previa a la República (1931-1936), fue testigo de la nefasta Guerra Civil (1936-1939), escribió bajo el Franquismo (1939-1975) y siguió su obra en la etapa democrática, siendo reconocido con un escaño en las Cortes o el Senado tras la muerte del dictador. Hay varios audiovisuales sobre la vida y la obra de Camilo José Cela, además de diversas ediciones, entrevistas y estudios sobre sus libros.

Creo que la travesía vital, la época, la sociedad y las circunstancias personales no modelan pero inciden en la obra de cada creador. Si demonizar la cultura bajo el franquismo es un hecho y hasta se ha puesto de moda, no hay que ponerse moralista y desdeñoso con quienes escribieron, pintaron, hicieron cine o música en el pasado. Además, no somos mejores ni peores personas o creadores por vivir antes o después de una dictadura.

Cela, por ejemplo, en La familia de Pascual Duarte (1942), ese libro tremendo, violento y desgarrador, trazó un paralelismo entre el heroísmo del protagonista -un mísero campesino extremeño- y el destino del sufrido pueblo español. El libro fue censurado en la segunda edición, los censores comprendieron que tanta acción y tanta sangre era un petardo alusivo. Otra novela neorrealista suya, La colmena, fue censurada «porque presenta un fresco de personajes sin protagonismo en el Madrid de los años cuarenta», entonces Cela fue expulsado de la Asociación de la Prensa de Madrid y tuvo que publicarla en Buenos Aires. En 1969, el autor «purga su corazón» en San Camilo 1936, obra de «desengaño y dolor», calificada por la crítica de «borrón y cuenta nueva bajo la inspiración de las nuevas técnicas narrativas».

Si La colmena fue «un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre…»; La catira (1955), que obtuvo el Premio de la crítica, está ambientada en los llanos y la selva de Venezuela y, al decir de Paul Ilie, es «novela de la tierra, de su gran permanencia entre agitación y muerte, y su fuente de genuina fertilidad frente a la superpuesta y decadente civilización».

Otra novela tremendista de Cela, Mazurca para dos muertos (Seix Barral, 1983), tiene, al igual que La colmena, a la Guerra Civil como telón de fondo pero está ambientada en la Galicia rural donde «un asesinato y una venganza son dos puntos de referencia en el vasto hilo conductor de la obra», erigida en «un extenso retablo de vidas señaladas por la sexualidad, la barbarie y la violencia física, bajo la recurrencia cíclica de temas que aluden a la continuidad del tiempo». El destino humano, la barbarie y un fragmento de vida regional están presentes también en Cristo versus Arizona, un relato alucinante y cautivador en forma de monólogo que narra los percances sucesivos de personajes elementales, bárbaros y pesimistas. Otra obra maestra de la lengua española que revela «el finísimo e infalible oído de C. J. C.»

Todas las opiniones valen pero desprejuiciarse cuesta, sobre todo al valorar la obra de otros. Yo, por si acaso, contengo a mis fantasmas, miserias y frustraciones al escribir sobre temas y autores de obra monumental como Camilo J. Cela y Javier Marías.