Le Pen, Pablemos y alguien más. / Miguel Iturria Savón

Siempre hubo políticos populistas, al menos desde Julio César, aquel general ultimado en el Senado de Roma. Los populistas brotan en ciudades, regiones y países de Europa, Asia, África, América y Australia. Gesticulan, prometen y movilizan a electores que voten por el partido que lideran. Casi todos usan máscaras y manejan el arte de la intriga. Todos aseguran gestionar la convivencia mejor que sus antecesores y profetizan lo que sus bases desean escuchar. ¿Quién no recuerda a Lenin, Mao, F. Castro o Hugo Chávez quienes ofrecieron el paraíso socialista? ¿Y qué decir de Mussolini o Hitler, tan nefastos como Stalin? Hay populistas con sotanas y personajes que aún no han llegado a la cima, quizás por ser copias tardías de Patriarcas y modelos fallidos.

En la segunda década del siglo XXI hay nombres sonoros de políticos populistas elegidos en las urnas. Los medios de comunicación señalan a Donald Trump, López Obrador, Bolsonaro y V. Zelenski, el comediante elegido como Presidente de Ucrania. Aún no llegan pero compiten por el poder el inglés Níger Farage, paladín del Brexit; Marión Anne Le Pen, Presidente del Frente Nacional Francés; Pablo Iglesias Turrión, guía de Podemos y pregonero de la igualdad en España.

Son pocos pero ruidosos, insistentes y amigos del enfado y las tácticas del viento. Según el programa, se sitúan a “la izquierda” o “la derecha” del espectro político, nunca al centro, salvo para pescar votos y posar de “Presidenciable” en los debates televisivos. Le Pen, por ejemplo, promueve un programa de “extrema derecha” que coincide con los postulados principales de Pablo Iglesias, ubicado “a la izquierda de Izquierda Unida”, su aliado comunista en la península ibérica. La francesa habla de ese hilo y ve en Podemos a su modelo en España  porque “representa la ira del pueblo y la lucha contra la UE”, lo cual niega el habilidoso Pablo Iglesias.  

Como los extremos coinciden y a veces convergen veamos qué postulan la Agrupación Nacional Francesa –antes Frente Nacional- y Podemos, que parece inspirarse en el modelo chavista instaurado en Venezuela.

  • Salida de la Unión Europea y del Euro cuya “burocracia intrincada esclaviza a los pueblos del sur” y molesta también al inglés Niger Farage, al italiano Matteo Salvini y al húngaro Viktor Orbán.
  • Salida de la OTAN.
  • Subir los impuestos.
  • Suprimir la Constitución y abrir un proceso constituyente.
  • Oposición y solicitud de supresión del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud.
  • Control de los medios de comunicación.
  • Establecer jornada laboral de 35 horas –Podemos exige 34 horas-.
  • Incremento del gasto público.
  • Justificar la violencia y subversión callejera como medio de cambio.
  • Antisemitismo
  • Nacionalización de los principales sectores industriales.
  • Uso de símbolos y estéticas ultras.

Estas medidas programáticas difieren en detalles históricos, geográficos y rituales, propios de la arenga de uno u otro partido. Hasta los manidos términos de izquierda y derecha, pueblo y casta, democracia, etc, resbalan para no caer en las voces de Le Pen y Pablo, alias Pablemos por su tono de reggaetón.

En España, sin embargo, los principales medios de comunicación no asocian a Podemos y a su líder con la Agrupación Nacional Francesa, pues la izquierda es políticamente correcta y “progresista”. El enemigo no es Podemos sino VOX, el partido de derecha que habla sin complejos, no asume ninguna de las propuestas enumeradas, defiende la Constitución, enfrenta al nacionalismo vasco y catalán, tiene candidatos interraciales en su partido y satiriza a los medios que manipulan sus propuestas. Si en Francia el demonio es Marión  Anne Le Pen, en España no lo es el camarada Pablo, sino Santiago Abascal Conde, líder de VOX.


Casos y cosas de España, por supuesto. Quizás porque los socialistas modelan el pensamiento y los comunistas sueñan con edificar el paraíso.