A veces la política… / Miguel Iturria Savón

A veces la política asume la forma de relato, un relato que intenta convencer y atraer a la población hacia el discurso de un partido cuya maquinaria electoral usa propuestas como señuelos, es decir, verdades posibles y ensueños sonoros. La meta es el poder, esa pradera donde habitan profesionales de la política y funcionarios que manejan la maquinaria burocrática del país.

Se monta un partido para gobernar, o sea, para “gestionar la convivencia” desde las leyes y en nombre de los ciudadanos, pues todo grupo político está formado por personas, algunos sin ideología, que aspiran a ser profesionales de la política: ocupar cargos burocráticos… Existen, por supuesto, profesionales de la política en diversas cátedras de universidades, en asociaciones gremiales y grupos de debate con espacio en la radio, la televisión y otros medios de comunicación.  

A veces el relato político es la guerra por otros medios. A veces el relato político se adueña de la televisión y aprovecha cualquier suceso para arruinar el discurso electoral del partido contrincante. A veces un partido sin nada nuevo que ofrecer monta una maquinaria de seducción para adueñarse del voto de homosexuales, ecologistas, jubilados y feministas cañeras. A veces un partido le echa mano al pasado y “revive” a una ideología fallida -comunismo, fascismo-, a una contienda perdida -la Guerra incivil española de 1936 a 1939, por ejemplo- o le echa mano al victimismo para enmascarar los fines de un sector de la élite.

A veces triunfa un relato político que desde el poder arruina al país. En el siglo XXI “venezolizar un país” equivale a tomar el poder para demoler la economía y la convivencia nacional, es decir, arruinarlo todo, como Castro en Cuba (socialismo antropológico) y Chávez en Venezuela (socialismo bolivariano y ornitológico).