Tania Bruguera, arte útil frente al poder. / Miguel Iturria Savón

Tania Bruguera en performance, 1996

En el arte contemporáneo hay nombres representativos de las tendencias predominantes entre fines del siglo XIX y mediados del XX, como los impresionistas franceses Eugene Boudin y Claude Monet, los españoles Pablo Picasso y Salvador Dalí -surrealismo al cubismo-, los muralistas mexicanos D. Rivera, D. Siqueiros y José C. Orozco y los vanguardistas cubanos Víctor Manuel García, Wilfredo Lam, Servando Cabrera y Ana Mendieta, artífice del arte conceptual y referente de Tania Bruguera (La Habana, 1968), quien estudió en el Instituto Superior de Arte de La Habana y en el Instituto de Arte de Chicago donde ejerció como profesora.   

Tania inició en 1986 su turbadora  cruzada artística en la Fototeca de Cuba con la reconstrucción de «Blood Trace», de Mendieta, aquel rastro de sangre, creo que de cerdo, con la artista de 18 años que sumergía los brazos en la sangre, se pegaba a  la pared y se arrastraba formando una V hasta el suelo. Fue el comienzo de una serie de performances en torno al arte de conducta, “focalizado en los límites del lenguaje y del cuerpo” para provocar e influir en la actitud del público ante dilemas políticos y legales de la sociedad.

El “arte útil” que intenta renovar conductas ha sido el eje de sus interactivas exposiciones sobre poder y control, temas que interrogan el contexto cubano e internacional. Entre 1986 y 1996 Tania realizó el “Homenaje a Ana Mendieta”, centrado en «performances» y objetos representativos del trabajo de la artista fallecida, cuya memoria fue oficialmente borrada del arte cubano por residir y crear en los Estados Unidos, sede esencial del exilio y de las alucinaciones políticas del régimen castrense insular, difusor del realismo socialista y el “arte comprometido”. La performance “Memoria de la postguerra”, financiada por la propia Tania, apostó por tendencias artísticas desdeñadas por los comisarios de la cultura, ajenos a la libertad de expresión y a la convergencia de creadores de diversas generaciones, entre estos Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez, quienes abrieron después la exhibición “Espacio Aglutinador”.

En esa línea se inscribe su performance “El peso de la culpa” (1998) en la cual Tania reinterpretó a los nativos del Caribe ante la conquista europea, cuando comer tierra fue un “arma de resistencia”. En medio del museo la artista desnuda con un cordero colgado del cuello, comió tierra y tomó agua con sal como ejemplo de resistencia corporal en un país hambreado y silenciado, como los aborígenes durante la conquista y los prisioneros políticos en huelga de hambre. Según Tania, «comer tierra, la cual es sagrada y un símbolo de permanencia, es como tragarse las propias tradiciones, el propio patrimonio, es como borrarse uno mismo. Es elegir el suicidio.»

Ese año obtuvo la Beca Guggenheim y en el 2000 el Premio Príncipe Claus. En 2002 creó la Cátedra Arte de Conducta en La Habana y en 2011 fundó la Asociación de Arte Útil como plataformas de encuentro e implementación de sus proyectos, siendo invitada a exponer en ciudades como Venecia, San Pablo, Shanghái y en Museos y galerías como el Tate Modern, el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, el Museo de Santa Mónica, el New Museum de New York y otros.

Las performances de Tania se aproximan a la historia de las personas sin poder, a veces en primera persona, a veces de forma alegórica para adentrarse en procesos históricos o situaciones del presente. En “El cuerpo del silencio” cubrió su cuerpo desnudo con un cordero abierto y limpió con su lengua la sangre en “gesto de auto humillación y auto censura”, tras lo cual empezó a comerse las páginas de un libro. Otra de sus obras polémicas y desdeñada por el Gobierno tuvo lugar en la Bienal de La Habana del 2000, cuando un grupo de personas desnudas se adentran en uno de los túneles de “La Cabaña” -la fortaleza reciclada en sede de eventos culturales- y contrarrestan la oscuridad con un televisor que exhibe imágenes de F. Castro hablando sin cesar a principios de la revolución, mientras los seres enclaustrados intentan sacudirse la diatriba del Orate.

En el 2008, Tania Bruguera escenificó su performance El Susurro de Tatlin 5 en el Tate Modern, donde el público no visualiza obras pictóricas o escultóricas, sino que “rivaliza” con dos policías montados a caballo que se mueven de un lado a otro, preguntan y ejercen la autoridad como en las calles, haciendo pensar a los asistentes en los límites entre el arte y la autoridad, el régimen conductual impositivo y la presencia del poder en los aspectos de la vida. Hubo otras versiones de El Susurro de Tatlin. La realizada en el patio central del Centro Wilfredo Lam de La Habana tuvo enorme resonancia porque puso un micrófono e invitó al público a expresar libremente sus opiniones. Entre los ponentes varios blogueros pidieron que la libertad de expresión no se limitara a un minuto en una performance.

Otra performance llevó a Tania Bruguera a la cárcel por orden de Raúl Castro entre diciembre de 2015 y enero de 2016, cuando la artista intentó poner un micrófono abierto en la Plaza de la Revolución para que los cubanos expresaran sus opiniones durante la Campaña “Yo también exijo”.  La repercusión internacional del evento favoreció la libertad de la artista y de los activistas y artistas enrolados en las demandas. El Susurro de Tatlin 6 se escenificó después en el Times Square de New York.

Desde la estética del “arte útil” Tania Bruguera indaga y aborda tramas de interés socio experimental, como el Movimiento Inmigrante Internacional, patrocinado en 2011 por el Queens Museum of Art y la fundación Creative Time. En el 20013 inició el proyecto Museo de Arte Útil con el Queens Museum y el Van Abbemuseum en Eindhoven, génesis de la Asociación de Arte Útil, de proyección internacional al igual que el INSTAR -Instituto de Artivismo Hannah Arendt-, creado en el 2016 con una lectura colectiva del libro Los orígenes del Totalitarismo y “la misión de crear una plataforma institucional en la cual los cubanos puedan informarse sobre sus derechos civiles, promuevan discusiones críticas y formen parte de un espacio alternativo con diferentes posiciones políticas…”

Talking To Power, de Tania Bruguera.