La izquierda según Sarkozy. / Miguel Iturria Savón


Nicolás Sarkozy, expresidente de Francia

Nicolás Sarkozy, Presidente de Francia entre el 2007 y 2012, es un referente político de su país y de Europa. Tuvo, por supuesto, partidarios y detractores, pero es recordado por la agudeza de sus discursos y por la gestión de esa nación de “ciudadanos libres e iguales entre sí” donde cualquier decreto oficial genera huelgas y conflictos.

En enero del 2020 circulan videos y frases de Nicolás Sarkozy en España, quizás porque  tras meses de incertidumbre, discursos y pactos políticos la Izquierda -socialistas y comunistas- formó un Gobierno de coalición con el apoyo de los separatistas vascos y catalanes, lo cual abre la “Caja de Pandora” en Hispania donde los mesías de la vieja ilusión recurrente guiarán a los locos por la orilla del abismo.

Un amigo de Marsella evoca la similitud entre los políticos e intelectuales “progresistas” de Francia y de España. Nada nuevo, dice, y sugiere leer lo expresado por el expresidente Sarkozy después de una votación en París:

“Hoy  hemos derrotado la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. De esos que el pensamiento único es el del que todo lo sabe, y que condena la política mientras la práctica. Desde hoy no permitiremos  mercantilizar un mundo en el que no quede lugar para la cultura: desde 1968 no se podía hablar de moral.

Nos impusieron el relativismo: la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos estudiantes.

Nos hicieron creer que la víctima cuenta menos que el delincuente. Que la autoridad estaba muerta, que las buenas maneras habían terminado, que no había nada sagrado, nada admirable. El slogan era VIVIR SIN OBLIGACIONES Y GOZAR SIN TRABAS… (el sumag kawsai francés?)

Quisieron terminar con la escuela de excelencia y del civismo. Asesinaron los escrúpulos y la ética. Una izquierda hipócrita que permitía indemnizaciones millonarias a los grandes directivos y el triunfo del depredador sobre el emprendedor.

Esa izquierda está en la política, en los medios de comunicación, en la economía. Le ha tomado el gusto al poder. La crisis de la cultura del trabajo es una crisis moral. Hay que rehabilitar la cultura del trabajo.

Dejaron sin poder a las fuerzas del orden y crearon una frase: se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud: los vándalos son buenos y la policía es mala. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente inocente.

Defienden los servicios públicos pero jamás usan transporte colectivo. Aman mucho a la escuela pública pero mandan a sus hijos a colegios privados. Adoran la periferia pero jamás viven en ella. Firman peticiones cuando se expulsa a algún invasor, pero no aceptan que se instalen en su casa.

Son esos que han renunciado al mérito y al esfuerzo y que atizan el odio a la familia, a la sociedad y a la república. Y con el mayor descaro se lucran de los bienes del Estado, y montan hasta negocios con el dinero mal habido a la vista de todos de la manera más cínica.

Hoy debemos volver a los antiguos valores del respeto, de la educación, de la cultura, y de las obligaciones antes que los derechos. Estos se ganan haciendo valer y respetar los anteriores”.