Marxismo cultural. / Miguel Iturria Savón

En los países de Europa, los Estados Unidos, Canadá y en casi toda Latinoamérica se habla con frecuencia del Movimiento feminista, el cambio climático, la inmigración masiva, el multiculturalismo y otros temas de interés social y político tras lo cual hay intereses espurios, mantras de partidos políticos y medios de comunicación que intentan atraer y desarmar al ciudadano común. Casi nadie piensa que la ideología de género y el feminismo radical responden al Marxismo cultural, esa reelaboración ideológica del largo y letal proyecto soviético traspolado a países de Europa del Este, Asia -China, Norcorea y Vietnam- y América -Cuba, Nicaragua, Venezuela-.

José L. Pardo, Julio M. Shiling y otros estudiosos de la evolución y el reciclaje del Marxismo, blanqueado por Sartre, Derrida, Chomsky y Foucault en la década del sesenta, coinciden en desmontar los atractivos programas del Marxismo cultural y sus mecanismos para destruir la idea de nación, de familia, religión, identidad social y de género y promover supuestas igualdades que relativizan casi todo y hasta negar la biología -no hay sexos, no eres hombre ni mujer, eres lo que escojas según tu inclinación sexual-, aunque estimulan el Feminismo radical y el predominio de las féminas, simplificadas como víctimas del Patriarcado.

No voy a explicar cada uno de los frentes ideológicos del Marxismo cultural, sino invitar a explorar sus variantes y pensar por cuenta propia. Sugiero leer, por ejemplo, el ensayo «Tragedia y farsa del socialismo», de J.L. Pardo, y Maldita feminista, de Loola Pérez, ambos esbozados en este blog.

Por último: los neomarxistas no difunden en vano la ecología política, la ideología de género, la inmigración masiva o el multiculturalismo y las identidades -de lengua, etnias, sexo-, sino para desestructurar las democracias occidentales y tomar el poder de forma pasiva, sin violencia evidente ni invocar la fallida dictadura del proletariado. Ejemplos: Venezuela desde 1998, Brasil con Lula y Dilma R., Argentina de los Kirchner, Uruguay del Frente Amplio, Bolivia (Evo Morales), Chile (Bachelet), Ecuador (Correa), Nicaragua (Sandinismo), El Salvador del FMLN) y otros que brotan e intentar captar a las Fuerzas Armadas, modificar las constituciones y usar los segmentos marginados.

En fin, el Marxismo es una vieja mercancía política que usa máscaras para acceder a las entidades públicas y pregonar el Paraíso, ese futuro mágico, frívolo y lleno de subvenciones, sin responsabilidad ni obligaciones, banal como el matrimonio, la propiedad, las tradiciones y la familia.