La corona que espanta. / Miguel Iturria Savón


En menos de tres meses el Covid 19 o Coronavirus, surgido en China y expandido por medio mundo, ha desplazado los reportes de gripes, infartos, accidentes de tráficos y las crónicas y reportajes sobre guerras, éxodos, elecciones, el cambio climático, el futbol, la Semana Santa y otros sucesos dramáticos o festivos. Los diarios y telediarios informan y abruman, las redes sociales personalizan el día a día y los gobiernos declaran el Estado de Alarma, suspenden las clases, “cierran ciudades”, aconsejan quedarse en casa, no comprar obsesivamente, no viajar ni relacionarse con personas en edad de riesgo para “evitar contagios y expandir la pandemia”.

Si la realidad supera a la ficción, a principios del 2020 un virus con nombre monárquico fusiona realidad y ficción. Se habla de “guerra biológica” -sin balas, tanques, aviones-, alzas y bajas en las bolsas y de la posible recesión económica ante el avance del virus que provoca tos seca y áspera contra personas desprevenidas. Hay incertidumbre y paranoia, ejércitos de empleados que limpian las calles, fumigan trenes, autobuses, clínicas y farmacias, además de médicos y enfermeros con guantes y mascarillas. El humor en las redes matiza el narcisismo colectivo. Un Video de la UNICEF ofrece instrucciones preventivas.

Veamos algunos titulares de tres diarios de España –El Mundo, El País y ABC-.

  • “El Estado de Alarma restringirá los movimientos en toda España”.
  • “No son vacaciones”. La costa del Levante ante el éxodo por el Coronavirus.
  • “Álbum. El Coronavirus cierra Madrid”.
  • “Ceuta es el único territorio de España libre del Coronavirus”. 
  •   “Geometría de una pandemia”.
  • “Democracias, virus e hipérboles”.  
  • “El virus va en la maleta”.         

Tal vez el Coronavirus no sea tan nocivo como virus anteriores -¿recuerdan el Ébola, el H1N1, la Fiebre amarilla, el SIDA o la gripe estacional? Mueren personas con defensas bajas y quienes siguen su ritmo sin observar las alertas sanitarias. Como aún estamos en medio del oleaje, no sabemos si el Covid 19 se irá al ascender las temperaturas o mutará hasta ser letal. Es mejor no banalizar. Es preferible la paranoia mediática que la ausencia de información. Este virus pone a prueba al sistema de salud de los países afectados y a la Organización Mundial de la Salud, incluida la industria farmacéutica y los laboratorios de investigación. Es posible, sin embargo, que el Coronavirus una provisionalmente a millones de personas fragmentadas por los partidos políticos y las ideologías contrapuestas. A lo mejor encubre otra crisis económica global no visible entre tantas medidas, histeria, discursos apocalípticos, profecías y predicciones.

Un amigo de Cuba que reside en Madrid me comenta por WhatsApp que pasó ayer por la Plaza Mayor y apenas había personas; por el contrario, en un supermercado vio a tantos compradores y productos que le pareció un sábado más, aunque notó a clientes compulsivos con guantes y mascarillas. En su opinión, es tal el exceso de mercancías que el encierro en casa no matará por el virus, sino por diabetes -exceso de chocolates-, por colesterol -obesidad- y por alcoholismo.   

Como las medidas dictadas para frenar el Covid 19 sacuden la seguridad, la paz y las libertades que disfrutan los ciudadanos de Europa, algunos intentan rebelarse contra la realidad. Otros piensan que el peor virus es el pánico, abrumador y colectivo, evidente en las redes sociales, en las conversaciones con amigos, en las notas de prensa, de la radio y la televisión. Alguien dijo que “la información nos invade y la acompaña un egregor denso”, es decir, una creación de pensamiento o conglomerado de energías compartidas por un colectivo humano.

Como alternativa al último tsunami viral sugiero leer -o releer-  La peste, de Albert Camus; Los novios, de Alessandro Manzoni; La peste escarlata, de Jack London; Diarios del año de la peste, de Daniel Defoe; La emboscadura, de Ernst Jünger; El último hombre, de Mary Shelley; Némesis, de Philip Roth, y el Decamerón, de Bocaccio, cuya historia transcurre en medio de la epidemia de peste bubónica que diezmó en 1348 a la población de Florencia, donde siete mujeres y tres hombres recluidos en una residencia campestre cuentan historias festivas y eróticas mientras pasa la peste, la fantasía los libera del miedo.