La Página en Blanco de Eliseo Diego. / Miguel Iturria Savón

En estos días de confinamiento no escogido seleccioné un manojo de poemarios para leer en casa. Empecé por Inventario de asombros, de Eliseo Diego, colega de Lezama Lima, Gastón Baquero, Cintio Vitier y otros escritores de la mítica revista de Orígenes, más citada que leída. De Inventario de asombros trascribiré un poema que aún resuena entre poetas y ensayistas, pero antes me refiero brevemente a este creador contemporáneo de «fresco y ancho miraje» obsesionado por la fugacidad del tiempo, pues sospecho que con tanta dinámica y tecnología su nombre y sus versos solo quedarán en los anaqueles de las bibliotecas.

Eliseo Jesús de Diego y Fernández-Cuervo -no su hijo Eliseo Alberto Diego- nació en La Habana hace cien años y murió en la misma ciudad en 1994. Fue un hombre culto, sensible y creativo que estudió idiomas, viajó por varios países, escribió, tradujo a diversos autores y vivió por y para la cultura. Publicó cuadernos de cuentos –En las oscuras manos del olvido, Divertimentos, Noticia de la Quimera-, de ensayos –Libro de quizás y de quien sabe– y poemarios famosos en su isla natal e Hispanoamérica como En la calzada de Jesús del Monte (1949), El oscuro esplendor (1966), Los días de tu vida (1977), Soñar despierto (1988) y En otro reino frágil (1999).

Os invito a evocar, descubrir o conversar con el poeta Eliseo Diego, ese gimnasta de las palabras que en julio de 2020 arribará a su primer cumplesiglo, incursionar en su sensibilidad a través del poema «La página en blanco», tomada de Inventario de asombros, editado en La Habana en 1982.

La página en blanco»

Me da terror este papel en blanco

tendido frente a mí como el vacío

por el que iré bajando línea a línea

descolgándome a pulso pozo adentro

sin saber dónde voy ni cómo subo

trepando atrás palabra tras palabra

que apenas sé que son sino si son solo

fragmentos de mí mismo mal atados

para bajar a tientas por la sima

que es el papel en blanco de aquí afuera

poco a poco tornándose otra cosa

mientras más crece la presencia oscura

de estas líneas si frágiles tan mías

que robándole el ser en mí lo vuelven

y la transformación en acabándose

no es ya el papel papel ni yo el que he sido.