¿Gobierno Global? / Miguel Iturria Savón

En días de reclusión social yo prefiero leer y ver algunos filmes o series que saturarme con telediarios y discursos proféticos. Percibo, sin embargo, que al crecer el tedio progresan los veredictos triviales, divinos y mundanos. El arte del silencio no seduce ni al Papa, quien habla o reza ante devotos imaginarios en la Plaza del Vaticano. Otros líderes, científicos, artistas, escritores y periodistas desentrañan la Cábala del último virus chino que hostiga a millones de personas y asola a la economía de medio mundo.

El virus y la crisis sanitaria cercenan las libertades pero no el egocentrismo de gobernantes e ideólogos centrados en la guerra verbal. Hablan de Pandemia, Guerra, Postguerra y Gobierno Global, no de las tragedias familiares aunque los muertos son una estadística en ascenso. Quizás intuyen la geopolítica bacteriológica de los mandarines chinos contra las democracias de Europa, los Estados Unidos y Canadá, espacios de ensueño para supuestas colonias chinas.

Lo del Gobierno Global es un mantra distópico, basta pensar en la ONU, la OEA, la Unión Europea, el Vaticano y demás entes de la red burocrática internacional, tan vastas como inútiles al gestionar países y continentes. Un Estado Mundial sería el fin de las democracias, centralizar suena a ideologizar, arbitrar… El mejor modelo de gobierno radica en la diversidad como patrón.

¿Quién puede aunar a los casi cinco mil millones de habitantes de Asia, ese continente de 45 millones de kilómetros2 donde surgieron el judaísmo, el cristianismo, el islamismo, el budismo, el sintoísmo y el zoroastrismo?

O América, fragmentada en tres subcontinentes y una región insular, con más de mil millones de habitantes en 35 países que ocupan el 30% de la superficie planetaria (43 316 000 km2) y viven en ciudades, extensas planicies, selvas, bosques y desiertos  donde además del español, el inglés, el francés y el portugués se hablan cientos de lenguas y dialectos.

Mientras África, con más de 30 millones de kilómetros2 y mil millones de habitantes en sus 54 estados, con predominio de tres mil grupos étnicos que platican más de dos mil lenguas. Ni los romanos antiguos que ocuparon el norte, ni la expansión musulmana sobre el norte y el centro, ni los colonizadores europeos de los siglos XV al XX alteraron la esencia de este continente enorme, antiguo, macizo y diverso en sus etnias, culturas, su flora y su fauna salvaje.

Por no hablar de Europa, “esa península de Asia” de diez millones y medio de km2 y 742,6 millones de ciudadanos. Con sus 50 estados, Europa es el continente de “una máxima diversidad cultural en una superficie geográfica mínima”, la de mayor tradición en guerras y tratados de paz, revoluciones sociales y tecnológicas, estructuras supra estatales de integración, hegemonías mundiales y promoción de la cultura, el comercio y los derechos humanos a nivel global.

Más Oceanía y la vastísima Australia, 15 países y cientos de islas con una superficie de más de nueve millones de km2  y más de 41 millones de pobladores, entre ellos Nueva Zelanda, Nueva Guinea, Fiyi, Palaos y otras en las que predominan aún el arte mágico y simbólico, la vida marinera y “el hombre primigenio”.

Y, ¿qué haría un supuesto Gobierno Global con los 14 millones de km2 de la Antártida?, ese enorme desierto nevado sin ciudades, población, gobiernos ni capitales. Tal vez desaloje a las estaciones de investigación para que reinen allí la tundra, los pingüinos y el viento frío.

La geopolítica existe, hay intereses globales y centros de poder que ansían canalizar la crisis sanitaria y los Estados de emergencia hacia su costal, pero toda crisis es transitoria, no es dable confinar a millones de personas durante mucho tiempo ni crear un Gobierno Global para centralizar y proteger a países y continentes. La libertad es la esencia de los seres humanos, “sin libertad seríamos un rebaño conducido por hienas”.