¿Cowboys contra dragones? / Miguel Iturria Savón

Con cerca de 4 millones de personas contagiadas, casi 300 mil muertos y millones de recluidos por el último virus chino (Covid 19), algunos países cuestionan el origen del germen y el secretismo de las estadísticas ofrecidas por los Mandarines del gigante asiático, una nación superpoblada (mil cuatrocientos millones de habitantes en 9, 596 960 kilómetros cuadrados) que en 1978 adoptó la economía de mercado, la tecnología occidental y multiplicó su producción, llegando a ser el mayor exportador e importador de mercancías del mundo.

Hasta ahora, solo Alemania, Reino Unido, Chequia, Australia, Japón, Taiwán y los Estados Unidos de América ponen en duda el origen natural del virus expandido desde Wuhan. El doctor japonés Tasuko Honjo, quien trabajó cuatro años en el Laboratorio de Wuhan, afirma:

«El virus Corona no es natural. Si fuera natural no habría afectado a todo el mundo… Porque, dependiendo de la naturaleza, la temperatura es distinta en diferentes países. Si fuera natural, solo habría afectado a países con la misma temperatura que China. En cambio, se extiende a un país como Suiza, de la misma manera que se extiende a zonas desérticas… Si fuera natural se habría extendido en lugares fríos, pero habría muerto en lugares cálidos». Y agrega: «He realizado 40 años de investigación sobre animales y virus. No es natural. Está fabricado, el virus es artificial… Conozco bien al personal de ese laboratorio. Los llamé a todos después del accidente del Corona, pero sus teléfonos han estado muerto por tres meses… todos estos técnicos de laboratorio están muertos. / China está mintiendo…»

Quien ha vivido en un país de Partido único -China desde 1949, Cuba desde 1959- sabe que el mítico Dragón Chino reencarnó en Mao y en sus sucesores dinásticos del Partido Comunista -desde Den Xiaoping al actual Xi Jinping-, convertidos en Mandarines imperiales como en las antiguas dinastías Xia y Qin, pero ávidos por lanzar al Dragón sobre Europa, Estados Unidos, Canadá y otros países, es decir, invertir y adquirir bienes fuera de la Muralla y, de paso, exportar parte de la población para frenar la polución ambiental. En ese sentido, la creación y exportación de virus que generen crisis sanitarias y diezmen la economía de medio mundo se ajusta a la geopolítico de China.

Sin embargo, el relativismo ético y político predominante en las democracias europeas, sometidas a incesantes demandas de bienes y libertades, favorece la movida del Dragón Chino, desafiado por el Cowboy americano: los Estados Unidos, esa República Federal con 50 Estados y 340 millones de habitantes en 9 millones ochenta y tres mil kilómetros cuadrados. Estados Unidos, «trabado por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio», aunque es el líder mundial en investigación e innovación tecnológica desde el siglo XIX, además de poseer el mayor Producto Interno Bruto -22,32 billones de dólares, el de China es de 13, 407 billones-, la principal industria y una insólita red de producción y exportación de productos alimenticios, farmacéuticos, artísticos y culturales -cine, música, espectáculos, libros…-

Los centros de poder, mediáticos y académicos que en Occidente esgrimen el multiculturalismo para blanquear a China y homologar su insólito crecimiento con los Estados Unidos de América, olvidan que el Dragón asiático es una dictadura de Partido único con poder absoluto sobre las personas, la economía y la cultura. Además, los Mandarines rojos no comparten el modelo liberal, usan sus ventajas para posesionarse con sentido monopolista y aprovechan las crisis para invertir en la Bolsa e influir en las decisiones de la ONU, la OMS y otras instituciones.

No se trata de sacar las pistolas y disparar, la tradición de la guerra es nefasta, pero la opacidad del Imperio Emergente genera sospechas. Si China produjo y expandió el virus que paraliza y arruina al mundo y luego inventa la vacuna y hace negocios para frenar la pandemia, debe responder, no solo ante Alemania, el Reino Unido y los Estados Unidos, sino ante Grecia, Italia, España y otros países que aún entierran a las víctimas del Coronavirus.

China no está sola, hay personajes y holdings financieros y biotecnológicos que apuestan por un reordenamiento global. Cuando el Presidente Donald Trump, por ejemplo, le retiró la donación monetaria de USA a la Organización Mundial de la Salud por falsear datos favorables al Dragón asiático, Bill Gates le transfirió 149 millones de dólares. ¿Qué esconden los mercaderes de la filantropía? ¿Estamos ante guerras de virus y bacterias para experimentar vacunas y someter al planeta a nuevos centros de poder?