Hombres de Partido. / Miguel Iturria savón

En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer concibió la vida como un mero fenómeno y mera manifestación de “la cosa en sí”, definida esta como “voluntad en el sentido irracional e insondable que dirige todo y se sitúa en el origen de todas las cosas”. Ese voluntarismo humano ha sido muy discutido, pero aún es objeto de interés filosófico, aunque la filosofía no resuelve los problemas, solo instruye y genera algunas certezas al igual que las religiones y las ideologías, tan válidas como engañosas para “el perpetuo fantasma de la existencia humana”.

Al parecer, el racionalismo se impuso, pero el voluntarismo sigue en pie, somos seres con voluntad y anhelos insaciables. Negamos a Dios, pero la mayoría se aferra a ideologías y partidos políticos que pretenden sustituirlo. El dilema es recurrente y encarna en personajes de todo tipo: héroes, políticos, abogados, médicos, pintores, poetas, actores, cantantes, deportistas, modelos, periodistas y presentadores de radio y televisión que relativizan muchas cosas, según sus puntos de vista.

Y como nada resulta más imprevisible que la vida, confiamos nuestras ansias, anhelos y fobias en manos de otros y en las redes sociales, ese enjambre virtual que atrapa a millones de personas, pues las redes, como los laberintos, han sido creados para confundir. Pero nada nos enreda más que las ideologías, los partidos y los hombres de partido, quienes -no todos, por supuesto- usan la filosofía de la historia y hasta diseñan sistemas para elevar el progreso social y, según su imaginación, liarnos en la solución de todos los problemas.

Piensen en el Marxismo, sustituto político de la religión cristiana y los preceptos de pobrismo, gratitud, fidelidad, justicia… Hicieron lo opuesto, expropiaron, adoctrinaron, masacraron, prometieron, generaron éxodos y pobreza colectiva. Detrás de cada revolución comunista del siglo XX hubo un Partido y hombres del Partido, casi siempre certeros, hieráticos, iluminados, rígidos, obedientes, hábiles al tomar decisiones y usar detalles absurdos contra los incrédulos… Todos al tanto de las oscilaciones del péndulo político y de su cuota de poder.

Entre esos hombres de Partido, herederos de Marx y Engels, profetas del Socialismo, hubo líderes trascendentes por el manejo de la voluntad ajena y la representación teatral para lograr sus objetivos: Vladimir Ilich, alias Lenin, Stalin, Mao Zedong, J. Broz (Tito), Kim Il Sung, Fidel Castro, etcétera. Hubo otros hombres de otros partidos e igual propósito totalitario y voluntarista: B. Mussolini, A. Hitler.

Existen, por supuesto, mujeres de Partido, libres de ataduras domésticas y con talento para rivalizar en campañas electorales, dinásticas, judiciales, parlamentarias… Nadie supera en representación estatal a Elizabeth II, monarca de Reino Unido; seguida por Indira Gandhi, ex Premier de la India; Ángela Merkel, Canciller de Alemania; Hillary Clinton, dos veces Candidata a la Presidencia de los Estados Unidos; Aung San Su Kyi, líder de Myanmar, y otras jefas de estado, ministras, senadoras y representantes que gestionan igual o mejor las funciones del poder y “la cosa en sí”.

El Mariscal J. Broz (Tito), Mao Zedong y F. Castro