Breviario de escolios. / Miguel Iturria Savón

Breviario de escolios, de Nicolás Gómez Dávila, editado en España por Atalanta en 2018, no contiene los más de diez mil Escolios de un texto implícito publicados en 1977, 1986 y 1992, sino una Selección de estos realizada por José Miguel Serrano y Gonzalo Muñiz, mas el ensayo introductorio “Nicolás Gómez Dávila: el escritor secreto”, del citado J.M. Serrano, y el Índice onomástico y de materia.

Dicen que Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, 1913-1994) fue fiel a su fórmula de “vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes”; aislado en su vasta biblioteca donde leyó libro tras libro en diversas lenguas y escribía notas que luego transcribía sin pretensión editorial, al extremo que cada obra suya corrió a cargo de sus parientes, pues evadió el entorno académico y literario de su época, seguro de que “Toda recta conduce a un infierno” y “Todo hombre vive su vida como un animal acosado”.

El escolio es una especie de nota al pie o aforismo, es decir, una frase o sentencia que en el caso de los monjes medievales expresa de qué va lo leído. Al igual que aquellos monjes bibliotecarios Gómez Dávila pasó inadvertido. Su “obra transparente de estilo eficaz” fue promovida en Colombia por sus amigos Hernando Téllez, E. Volkening y Álvaro Mutis, el poeta y narrador que le atribuyó la primacía entre los escritores de lengua hispana, quizás porque en Colombia “no hay maestros ni discípulos del género aforístico”. Gómez Dávila ya es un escritor de culto, citado y comentado por autores alemanes como Ernest Jung, Botho Strauss y Martin Mosebach; el italiano Franco Volpi, el belga Simon Leys, el francés Alain Finkielkraut y los españoles Fernando Savater, Julia Escobar, Juan Arana, Enrique García-Maiquez y otros que aprecian sus Escolios como la “obra prima del pensamiento occidental» y la expresión filosófica más clarividente y crítica de la modernidad.

Según J.M. Serrano, el rasgo esencial de la prosa de Gómez Dávila radica en su feroz e inclemente crítica de la modernidad y sus corolarios: la técnica y el progreso. “Las instituciones, el autoengaño del progreso, la igualdad, la estulticia del intelectual, las convenciones académicas, el halago de la contracultura, la vulgarización de gustos y costumbres, la infantilización de mentes y actitudes, todo cae bajo su aguda mirada, pasada siempre por lo que para él constituía la verdadera realidad: los libros”.

Gómez Dávila vivió entre libros al igual que Jorge Luis Borges, ambos intuyeron que “La imaginación es el único lugar del mundo donde se puede habitar” y “La poesía es la huella dactilar de Dios en la arcilla humana”, por eso aplicaron la estética de la inteligencia al hurgar en la naturaleza humana desde ángulos opuestos. Gómez Dávila desentrañó la modernidad y la religión democrática con “escritura a veces irritante por la inclemencia crítica”, calificada de pesimista, clasista, anti latinoamericana y de inmisericorde sinceridad hasta consigo mismo. Fue “lúcido y sincero, crítico… y extraordinariamente original”, una de las mejores prosas en español de todos los tiempos.

Sus Notas, Textos y Escolios eslabonan con maestría, agudeza, sencillez y precisión su percepción de la cultura occidental. Admiró sin apología a Homero, Tucídides, Platón, San Agustín, Montaigne, Pascal, De La Rochefoucauld, Rousseau, Burke, Schopenhauer, Nietzsche, Baudelaire, Dostoievski y otros pesimistas y derrotados a quienes leyó en su lengua original. Criticó a Hesíodo, Sade, Hegel, Marx, Freud, los estoicos, los naturalistas, los racionalistas…

Pero tornemos al Breviario de escolios, esa obra sorprendente y entrañable que reta nuestras ideas y zarandea muchos cánones. Transcribo algunos para estimular su lectura:

  • “El único sucedáneo de la grandeza es la lucidez…Es virtud de ambiciosos desengañados; es la humildad de los soberbios que, sin dimitir, se resignan.”
  • En este siglo toda empresa colectiva edifica pasiones. Solo el egoísmo nos impide colaborar en vilezas.
  • La libertad no es el fin, sino medio. Quien la toma por fin no sabe qué hacer cuando la obtiene.
  • La inteligencia consume todo lo que arrojamos a su llama, y se nutre en fin con sus propios fuegos.
  • El perdón es la forma sublime del desprecio.
  • Madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos.
  • El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.
  • El vigor del alma española es dureza de tierra erosionada.
  • La humanidad no acumula soluciones, sino problemas.
  • Un léxico de diez palabras basta al marxista para explicar la historia.
  • El militante comunista antes de su victoria merece el mayor respeto. Después no es más que un burgués atareado.
  • Ser izquierdista es creer que los presagios de catástrofes son augurios de bonanza.
  • Ser reaccionario es haber aprendido que no se puede demostrar, ni convencer, sino invitar.
  • La religión no explica nada, sino complica todo.
  • La vida es taller de jerarquías. Solo la mente es demócrata.
  • Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos.
  • Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son.
  • El capitalismo es abominable porque logra la prosperidad repugnante vanamente prometida por el socialismo que lo odia.
  • Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos.
  • La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y de debilitar al Estado.
  • …Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar.
  • Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer”.