Dos poemas de María E. Cruz Varela. / Miguel Iturria Savón

En diciembre de 2014 reseñé para el diario 14ymedio.com Dios en las cárceles de Cuba, de María Elena Cruz Varela, autora a su vez de las novelas La hija de Cuba y Juana de Arcos: el corazón del verdugo, los poemarios Mientras la espera el agua, Afuera está lloviendo, El ángel agotado, Balada de la sangre y La voz de Adán y yo, editados en Cuba, España y los Estados Unidos, itinerario vital de esta escritora premiada y hostigada en la isla tras crear el Grupo Criterio Alternativo y difundir la “Carta de los Diez” en la que propuso una apertura democrática.    

Al igual que Heberto Padilla, Reinaldo Arenas, Raúl Rivero y otros poetas obligados al exilio, María Elena Cruz Varela supo que “la poesía es un hermoso traje para andar por el mundo” pero que la disociación es esquizofrenia. Como esos poetas malditos ella desafió a la fiera y perdió la guerra. Al acoso de las hordas siguieron las detenciones, los interrogatorios y la tortura en Villa Marista y cárceles con paredes revestidas para silenciar los gritos. Entendió que “no se puede ser héroe y víctima, soy héroe”, dijo en una entrevista en el exilio y agregó: “La ética es la estética de la conducta humana…”

Les dejo dos poemas de ésta rapsoda que perdió la inocencia.

Fragmento de “La nave de los locos”

Y soy esta ciudad que se derrumba.

Y soy este país de locos náufragos.

Dejados en su nave a la deriva.

Porque ya nada sé.

Los perros devoraron mi memoria.

¿A dónde voy? ¿A dónde vamos todos? ¿A dónde van?

(…)

Locos. Locos y atados

por una misma cuerda de nudo corredizo.

Arrojados con prisa delante de los trenes.

Apurándolo todo. Vertiginosos. Áridos. No hay otra soledad.

No hay más tortura que este pozo en que estamos…

Qué recia terquedad nos inmuniza.

Qué siniestra punzada la caída…

Desde el fondo del pozo. Arrodillados.

Plegaria contra el miedo

Volando está la voz. Su frágil marioneta

con hilos invisibles.

Finísimas agujas hilvanan dulcemente

en tenue claroscuro sobre el mantel del tiempo.

Del tiempo que nos deja. Que nos levanta en vilo.

Que a veces. Por azar. Nos multiplica.

Lenta. Muy lenta. Leve. Miro a mi alrededor.

Entono esta plegaria contra el miedo. Contra el miedo

del hombre que se arrastra. Silba. Vuelve a escupir.

Maldice. Vuelve a escupir. Alaba.

Se duele. Me lastima. Se dobla. Me desplaza.

Contra ti mi plegaria. Plegaria contra el miedo.

Mezcla de horror y júbilo. De fibra lacerada.

Contra mi lado oscuro. Contra las aguas mansas.

Contra ti. Contra todo. La voz.

La voz. La frágil marioneta.

La débil manecilla pendiente de la voz.

La voz sobre su eje.

Aquí dejo el renglón de mansedumbre.

Aquí será la voz. Lenta. Lenta aclama la voz.

Se torna rictus. Regresa a los nostálgicos colores.

Imploran los que fuimos tan muertos por el fuego

y volvemos llorando al ojo de agua.

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