Dictadura de la voluntad. / Miguel Iturria Savón

Miro una imagen de Kenye West, el rapero que se postula como Candidato a las elecciones presidenciales de los EE.UU, el tipo llora y promete… Abro después el diario español El Mundo y observo otra imagen absurda: jóvenes felices con bigote al estilo Hitler. Según el articulista, los chicos no temen a dictadores como Stalin, Hitler o Mao, les parecen lejanos y simpáticos.

No me importa el egocéntrico Kenye West, mas recuerdo que un rapero fue Presidente de Haití y que un actor es Presidente de Ucrania. Tampoco me sorprende lo expresado por el articulista de El Mundo sobre los jóvenes que frivolizan la historia y confunden sus deseos con la realidad. Al parecer, los diarios, telediarios y las redes sociales configuran un mundo donde lo virtual suplanta lo real, aunque la realidad existe y es dura como una roca.

Se confunden los límites y muchos piensan en la voluble dictadura de la voluntad, desde homosexuales de carroza hasta lesbianas con poder que apuestan por «borrar los géneros», es decir, negar la biología, no soy hombre ni mujer sino lo uno y lo otro, bisturí por medio e ideología para compensar triunfos o decepciones. La realidad es mas compleja: puedes llorar y prometer en un mitin, desear a dictadores brutales, negar tu condición biológica o soñar que tu región es un país, pero hay metas ajenas a la voluntad.

No voy a teorizar sobre elecciones, anhelos virtuales ni la incesante demanda de leyes y derechos ya recogidos en constituciones y decretos. La voluntad es vasta, somos complejos, pero no todo vale pese al relativismo promovido por algunos partidos e ideología que llegan al poder e intentan perpetuarse. No soy león ni jirafa, aunque lo sueñe. Soñar no es un delito, mas no es lo mismo jugar a ser Dios que poner los pies en la tierra y echar a andar…