Crítica de la víctima. / Miguel Iturria Savón

Las víctimas y los victimarios vienen de conflictos de épocas y lugares diversos y dispersos del planeta Tierra, nacieron y acompañan a etnias, tribus, aldeas, países, religiones, mercenarios, sacerdotes, soldados, oficiales, reyes y príncipes, políticos e ideólogos. Los hebreos, por ejemplo, poseen el Muro de las Lamentaciones y patrimonializan la cultura de la queja a nivel global, evidente en la Biblia y en cientos de libros, filmes y otras expresiones del arte y la historiografía. Durante siglos miles de hebreos fueron perseguidos y expulsados de Europa. A principios del XXI aún los sucesores de Abraham se sienten víctimas del Holocausto Nazi contra los judíos, aquella cacería humana acaecida entre 1933 y 1945.

El victimismo se ha universalizado y hasta cotiza en la bolsa de valores morales,  campañas mediáticas y electorales. Veamos tres ejemplos: millones de rusos fueron víctimas -y o culpables- de los crímenes instrumentados por Lenin, Stalin y los sucesores de este en la antigua Unión Soviética (1917-1991), que expandió el comunismo hacia media Europa y países de Asia, África y América. En Asia, millones de coreanos, chinos, malayos e indonesios fueron víctimas del expansionismo japonés; mientras los japoneses, derrotados y ocupados por los Estados Unidos en agosto de 1945, fueron víctimas de los bombardeos nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Para esbozar un tema tan ininteligible y polémico prefiero invitar a los interesados a leer Crítica de la víctima, del profesor y ensayista italiano Daniele Giglioli, un autor lúcido, ameno, preciso y agudo, además de honesto y abarcador. El libro, publicado en italiano y español -Herder Editorial, S.L, Barcelona, 2018-, aborda en 130 páginas y tres capítulos, «los orígenes y los síntomas de la ideología de la víctima en la sociedad contemporánea»; cuestiones como “La piedad injusta”, “El siglo culpable”, “La inmunidad”, “La vergüenza y el orgullo”, “El escándalo de la historia”, “¿Por qué nos odiamos”, “La inocencia”, “La verdad es muerte” y “¿Otros mitos”.

Transcribo un párrafo ilustrativo, leed y disfrutad sin juicios previos.

“La víctima es el héroe de nuestro tiempo. Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable, o responsable de algo? En la víctima se articulan carencia y reivindicación, debilidad y pretensión, deseo de tener y deseo de ser. No somos lo que hacemos, sino lo que hemos padecido, lo que podemos, lo que nos han quitado.” Pág. 11.

Imagen alegórica al túnel del victimismo.