Fuera de juego, el poema de Heberto Padilla.

En días de Cuento Chino, Guerras Virtuales y Miedo Programado pienso que “la vida hay que vivirla en los refugios”, como escribió Heberto Padilla en uno de los versos de Fuera de juego, el poemario premiado, editado y censurado en La Habana en 1968, donde lo apresaron y acusaron de actividades subversivas, lo cual desencadenó el espectáculo de 1971 que motivó la Carta de intelectuales europeos al Gurú del Soviet Caribeño.

Como muchos no conocen a Heberto Padilla (Pinar del Río, 1932- Alabama, 2000) sugiero leer alguno de sus poemarios –El justo tiempo humano, Fuera de juego, Provocaciones, El hombre junto al mar-, su ensayo La mala memoria y novelas como El buscavidas y En mi jardín pastan los héroes, publicadas en la isla y el exilio, donde ejerció como periodista, traductor y profesor.

Les transcribo el poema que da título al poemario que desató la furia y las hordas del Mandarín Caribeño contra el bardo.    

Fuera de juego, de Heberto Padilla

                   A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia

¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar. ¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Amstrong.
Tararea, a la sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes.
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
“Pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí…”
Y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.