Nota sobre los Derechos Humanos. / Miguel Iturria Savón

Se habla mucho de los Derechos Humanos, de las violaciones de estos en China, Norcorea, Cuba, Venezuela y otros países de Asia, África y América Latina, por no hablar de los estados islámicos, regidos por las leyes del Corán. Existen, por supuesto, Comisiones y Observatorios de Derechos Humanos y hasta el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cada vez más desacreditada, y de la Unión Europea donde promueven la Ideología de Géneros, el multiculturalismo y otros programas neomarxistas instrumentados por la Socialdemocracia y los globalistas.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la ONU tras la Segunda Guerra Mundial, es una especie de Catálogo que regula las condiciones instrumentales para la realización personal a través de libertades, facultades, instrumentos y recomendaciones relativas a la vida, los bienes, la salud, la enseñanza, etc.

Ni la URSS ni los países del Bloque Socialista de Europa y Asia (China, Norcorea o Vietnam) aprobaron la Resolución sobre Derechos Humanos, promovida por los Estados Unidos y diversos gobiernos de América. No la inventaron los comunistas, aunque estos se autoproclamen defensores de los derechos sociales.

De hecho, existen tres tipos de libertades: la libertad de no interferencia, libertad de participación y libertad promocional. Derivada de estas hallamos tres generaciones clásicas de derechos: los individuales, civiles y políticos y los económicos, sociales y culturales. En 1966 se redactaron dos pactos diferentes de DH, el de Derechos civiles y políticos y el de Derechos económicos sociales y culturales. Dos pactos por la llamada Guerra Fría entre Occidente y la URSS y sus satélites, y porque los países comunistas reconocen y pretenden abanderar los derechos sociales (que también violan), mientras  desprecian los derechos civiles y políticos. Cierto es que sea cual sea la ideología política, los sistemas priorizan unos derechos en perjuicio de otros.

El derecho a la educación (violados en China, Cuba y Venezuela por el adoctrinamiento, la falta de libertad de cátedra y la imposibilidad de los padres de elegir el tipo de enseñanza para sus hijos) es un derecho fundamental y no un bien económico, aunque puede serlo. Este derecho requiere de la intervención del Estado y de recursos para sustentarlo, en muchísimos países se pone en práctica, en los Estados Unidos de América, por ejemplo, hay educación pública, becas, subsidios, etc.

Los otros derechos también necesitan recursos para ser efectivos lo cual implica la intervención de los poderes públicos. Ejemplo: el derecho al voto y a ocupar cargos públicos (¿cuánto cuestan las elecciones y la infraestructura, tribunales electorales, edificios? El derecho a la vida y la integridad física exige actos positivos del Estado para su garantía (policía, cárceles, tribunales, hospitales, etc.).

Muy diferente es el incremento desmedido del gasto público (mediante impuestos visibles o invisibles), el empleo de falsos conceptos de gratuidad como chantaje emocional a fin de crear dependencias y la centralización del poder político para  secuestrar las libertades individuales.

Todos los estados democráticos tienen un programa destinado a la educación, los valores, actitudes, capacidades… como la herramienta supuestamente efectiva para que los seres humanos escojan y desarrollen sus propios planes de vida y alcancen el valor y la dignidad que constituye la base de los derechos humanos.

Se habla de Derechos Humanos pero basta echarles un vistazo a los Miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para acreditar que hay lobos que pastorean el rebaño: Cuba, China, la Federación Rusa, Mauritania, Namibia, Somalia, Sudán, Venezuela y otras satrapías donde son frecuentes las violaciones de los Derechos pregonados. Entre los países miembros hay también naciones democráticas como Alemania, Italia, Japón o Reino Unido. Y algunos que son irrelevantes por su tamaño y población.

La respuesta al dilema de esos lobos que pastorean a sus víctimas es compleja pues la ONU y sus instituciones están muy desacreditadas por la diversidad y los propósitos de su vasta membresía, el pareo de representantes por regiones, el predominio de estados sin tradición democrática, la influencia geopolítica de bloques y grupos de poder y la necesidad de teocracias y dictaduras de estar representadas para evitar votaciones y denuncias en el Consejo de los DH.