Del Arca de Noé al Arca de Svalbard. / Miguel Iturria Savón

Recreación del Arca de Noé

El Arca de Noé es un relato bíblico, quizás el más bello e imaginativo del Antiguo Testamento, pues narra que Dios -irritado con los hebreos- ordenó al Patriarca Noé construir un navío para salvar a quienes creyeran en la promesa del Diluvio Universal, personas, aves y animales en pareja. Según la Biblia, el agua cayó durante cuarenta días y perecieron todos los que respiran por la nariz con aliento a vida; solo quedó Noé y los que estaban con él en el Arca quienes pisaron tierra ciento cincuenta días después, cuando bajaron las aguas.

Fue un Reseteo Divino. Desde entonces el Diluvio es asociado al castigo y el Arca de Noé a la salvación. Aunque casi todas las religiones pregonan el Miedo, la Obediencia y la Esperanza.

Noé, aquel Patriarca de seiscientos años, pobre, fiel y sensato, sobrevivió y perpetuó a los humanos, las aves y los animales. El bello relato bíblico ha sido llevado al cine y tiene versiones contemporáneas. Noé resurge entre gobernantes, hombres de negocios y científicos que niegan a Dios y sus profetas pero juegan a ser Dios y planean salvar a la especie humana, al planeta, la fauna, la flora y el Universo.

Pensemos, por ejemplo, en Proyectos Globales como el Arca de las semillas, esa Bóveda soterrada en la isla Spetsberger del archipiélago Svalbard, al norte Noruega, donde en mil metros cuadrados yacen tres almacenes con 843.400 semillas de más de cinco mil especies de 233 países; las semillas están en bolsas de plástico y en cajas de metal, tipo Archivo, más no es un Archivo ni un Arca con animales y plantas, sino un Banco o Reserva del Gobierno de Noruega, aliado del Global Crop Diversity Trust, el verdadero dueño, entre cuyos inversionistas figuran magnates de las finanzas, holding tecnológicos, farmacéuticos, empresas inmobiliarias, de seguros, frigoríficos de alimentos, etc.

Al Arca de las semillas le dicen la Cámara del fin del mundo (Doomsday Vault en inglés) porque a pesar de estar bajo la nieve fue diseñada para soportar terremotos, bombardeos y otros desastres. Le llaman también el Arca de Bill Gates, por el magnate de Microsoft, quien posee cadenas de hoteles, mansiones y fincas e inversiones en diversos negocios y tierras cultivables, pero posa como Filántropo y Patriarca Universal, mientras profetiza plagas, virus y antivirus para controlar a la población mundial. 

Hay varias páginas e imágenes en Internet sobre el Arca de las semillas, ninguna dice los nombres de los patrocinadores del megaproyecto que salvará la biodiversidad en los cultivos ante catástrofes globales, ataques espaciales o diluvios universales. Señalan que las simientes del bunker nevado darán de comer a la humanidad cuando regresen las plagas, se derritan los polos y los humanos retornen a la noche primitiva.

Existen, por supuesto, bancos genéticos, granjas y almacenes en países menos inhóspitos que Noruega, Suecia o Finlandia. Muchos apuestan por almacenar semillas, recursos energéticos, tecnológicos y otros. Hay, por ejemplo, una red de Arcas alimenticias en Argentina y la célebre Heritage Farm, a nueve kilómetros de Decorah -en Iowa, USA- que colecciona semillas en sus 360 hectáreas. Ninguna es tan fabulosa como el Arca de Noé ni sublime y lejana como el Arca de las semillas o Cámara del fin del mundo.

Del Arca de Noé al Arca de Svalbard no solo fluyen mitos sobre diluvios y resurrecciones, sino ensueños distópicos de políticos y multimillonarios que  viajan en aviones y yates exclusivos pero trazan hojas de ruta para salvar al planeta, a los humanos, los animales, las plantas y el Universo donde algunos hablan con Dios.

El Arca de las semillas o Arca del fin del Mundo