Héroes, bestias y mártires de España. / Miguel Iturria Savón

Libro A sangre y fuego, de M Chaves Nogales, 2011

No soy especialista en Historia de España, pródiga en mitos y exégesis de sucesos antiguos y modernos estudiados por hispanistas ibéricos, ingleses y americanos. Es tan poliédrica y sugestiva la historia de España, tan variopinta la saga de reinos, guerras, conquistadores, generales, obispos y caudillos redentores de la Patria y/o el proletariado que prefiero a los clásicos de la literatura y el arte.

Solo he leído la Historia general de España, una colección de monografías, algunas novelas históricas y un ensayo y testimonios sobre la mitificada Guerra Civil Española (1936-1939), esa erupción de pasiones, odios y muerte iniciada con la II República (1931), desbordada por el rencor de pistoleros anarquistas, comunistas -stalinistas y trokistas-, socialistas, sindicalistas, falangistas, parte del clero y los militares sublevados, reducidos como “rojos” y “fachas”, términos vapuleados por Manuel Chaves Nogales en A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, escritos en 1936 y publicados en periódicos de Chile, Cuba, Francia, México, Inglaterra y Nueva Zelandia, además de editarlo como libro en Chile, New York, Londres y Toronto entre 1937 y 1938. En España fueron rescatados y editados en 2011 con Prólogo de Andrés Trapiello, y en 2013 con Introducción de la investigadora María Isabel Cintas.

Al leer los testimonios novelados de Chaves Nogales sobre la Guerra civil española entendemos la razón del “olvido” de esta obra excepcional de un demócrata “enemigo de los extremismos de izquierda y derechas; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes…” y defensor de una postura situada por encima de “dos ideologías, foráneas ambas, prepotentes y ambiciosas, que utilizaron el suelo español para medir sus fuerzas y dirimir sus diferencias… Fascismo contra comunismo y anarquismo. Hitler contra Stalin. Y en el medio, el español inerme…”

El autor nació en Sevilla en 1897 y murió en Londres en 1944, ejerció el periodismo y dirigió el diario madrileño Ahora, afín al Presidente Manuel Azaña, cuyo gobierno abandonó la capital en 1937, momento en que Chaves Nogales partió con su familia a Francia donde siguió escribiendo sus crónicas, reportajes y testimonios sobre las atrocidades cometidas por uno y otro bando, seguro de que “España no sería nunca ni comunista ni fascista”, aunque uno de esos bandos triunfaría en detrimento del resto.

Solo un intelectual pequeño burgués y liberal, “antifascista y antirrevolucionario por temperamento” que odia la estupidez y la crueldad, es capaz de escribir esos relatos vividos y veraces por los que entonces pudo ser fusilado por los unos y por los otros. Luchó contra el fascismo pero despreció el terror rojo y no sintió compasión por los asesinos de ningún bando, descritos desde su condición humana e ideológica.

El sentido de la justicia, la honestidad, la solidaridad y compasión por quienes sufren los horrores de la guerra, “permiten a Chaves Nogales observar los acontecimientos de la contienda con una equidistancia y una lucidez asombrosa”, además de inteligente y llena de vida, convirtiendo las páginas de A sangre y fuego en un clásico de la literatura española del siglo XX.

Los nueve relatos que componen este libro -cada uno inspirado en hechos y héroes verídicos- han sido considerados por críticos como A. Muñoz Molina y Andrés Trapiello como lo mejor que se ha escrito en España sobre la Guerra civil. Sin embargo, aún son relegados por los herederos ideológicos de aquellos pistoleros -víctimas y victimarios- que intentan reescribir la historia desde el victimismo y la parcelación.

Para estimular la lectura sin hacer spoiler, le dejo al lector el título de los capítulos:

  • ¡Masacre, masacre!
  • La gesta de los caballistas
  • Y a lo lejos, una lucecita
  • La Columna de Hierro
  • El tesoro de Briesca
  • Los guerreros marroquíes
  • ¡Viva la muerte!
  • Bigornia
  • Consejo obrero
  • El refugio
  • Hospital de sangre

N. Guillén, el poeta vendido. / Miguel Iturria Savón

Caricatura de Nicolás Guillén

Orlando Luis Pardo comenta en Cibercuba la antología No me dan pena los burgueses vencidos, compilada por el poeta-funcionario Luis Suardíaz y editada en La Habana en 1991, año de la “caída” de la Unión Soviética y de la apretura interior en Cuba para evitar la caída del satélite caribeño al vacío tras la debacle del bloque socialista europeo. Orlando es incisivo pero no contradictorio, aunque su texto -“Burgueses vencidos y poetas vendidos”- parte de la sorpresa de quien descubre con pavor el poder de fascinación y humillación de una cultura cautiva donde los poetas escriben poemas-panfletos por servilismo, compromiso o por inercia y cautela.

Recuerdo el poema “Burgueses” de Nicolás Guillén, escrito para congraciarse con Fidel Castro, quien le obsequió un penhouse en un edificio moderno frente al mar, una residencia de recreo en la playa y el puesto vitalicio de Presidente de la monopolista Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Al igual que Máximo Gorki en la Rusia soviética de principios del XX, Guillén podía y debía maldecir a los burgueses expropiados mientras disfrutaba de sus bienes. “No me dan pena los burgueses / vencidos. Y cuando van a darme pena, / aprieto bien los dientes y cierro bien los ojos”, escribió Guillén rodeado de obras de Picasso, botellas de Whisky y la despensa llena de manjares traídos por empleados que conocían sus gustos gastronómicos y su pasión por las rimas y las mujeres elegantes. Había escrito antes “odas paupérrimas” a Stalin, E. Guevara y F. Castro. “Stalin, Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún…”

No sabía de la existencia de la antología de Luis Suardíaz, otro poeta-gozador, poeta menor en comparación con el autor de Songoro cosongo, Cantos para soldados, Tengo y otros poemarios de resonancia popular reeditados y cantados por pasión y pulsión política.

Pese a su vasta entrega lírica y periodística, Nicolás Guillén es una “celebridad” polémica y despreciable, apta para el olvido salvo algún verso de amor. Es lógico que un rimador comunista sirva a una dictadura comunista, pero es paradójico que pose de proletario, viva como un gran burgués y escriba panfletos contra la burguesía “desaparecida”. El Poeta Nacional y Censor Poético supo rimar “emoción con revolución” y atraer a los jóvenes creadores al carromato lírico del Castrismo.

Al igual que Orlando Luis, yo no juzgo ni critico a esos líricos que por “emoción” o cautela -esa variante del miedo- escribieron poemas de ocasión que resurgen en antologías de aplausos y complicidades. No los critico, los leo y admiro por desafiar a la  Bestia que los tentó. Nicolás Guillén, sin embargo, merece el escarnio, no por comunista sino por servil y utilizar la poesía como instrumento doctrinal.

No yo, ajeno a la alta poesía, sino Pablo Neruda, otro cantor de Stalin y Castro, despreció a “Guillén el malo” y lo llamó Comisario, comisario político al igual que Roberto Fernández Retamar, alias Trepabien.

En manos de la Historia. / Miguel Iturria Savón

La Tribu. Retratos de Cuba

Dicen que los periodistas escriben la primera versión de la historia, lo cual es una verdad a medias si pensamos en los cronistas de Indias y los relatos de exploradores de océanos y lugares remotos que reportaron sus viajes y avivaron la curiosidad premoderna.

En el caso de Cuba, tras los cronistas españoles hubo “reporteros del tiempo” que narraron historias en diarios y revistas, desde Domingo Del Monte y el Padre Feliz Varela hasta José Martí, pasando por el poeta José M. Heredia, el ensayista José A. Saco y otros labradores de la Patria, la Nación, la Independencia, la Anexión a Estados Unidos, la Revolución, la Causa, el Enemigo, el Pasado, el Futuro, la Libertad y un manojo de sustantivos con mayúscula que modelaron el relato histórico sobre la singularidad de la isla, su papel en América y algo más.

Si, los cubanos siguen en manos de la Historia, vapuleados por la Historia, a contrapié de la Historia, entre la Historia política y las historias de las gentes sin Historia pero con sus propias historias; es decir, entre el discurso y la realidad, ávidos por sobrevivir al relato solemne de la Castradura con muros y escarnio doctrinal.

Pienso en el manoseo histórico tras revisar tres libros de Historia que le restan culto a la Historia contada por los Historiadores y ofrecen historias de personas no centradas en el relato histórico, sino en sus circunstancias personales. O sea, en hechos minúsculos, diversos, dispersos y ajenos a sermones políticos o historiográficos. Crónicas con gafas más humanas que la Historia hecha, deshecha y rehecha desde el poder y para beneficio de cierto grupo de poder.

Me refiero a La Tribu. Retratos de Cuba, de Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, editado por Sexto Piso en enero de 2018; Cuba en la encrucijada, de la periodista argentina Leila Guerrero, editado por Debate en 2017, y La revolución fracasada, del historiador y bloguer Dimas Castellanos, quien reúne textos suyos que “movilizan ideas” por sus “enfoques y análisis agudos, frescos y originales, integradores”, no comunes en los medios de prensa y publicaciones del entorno cubano, tan manipulador como interesado en hechos y relatos legitimadores.

A diferencia de los subversivos ensayos de Dimas Castellanos, Carlos M. Álvarez recrea en La tribu. Retratos de Cuba, una serie de historias en forma de crónica sobre atletas famosos -José A. Contreras-, músicos de éxitos -Juan Formell-, buscavidas que resisten la cotidianidad y prófugos estadounidenses amparados por la dictadura de Castro -Charles Hill-, entre otros que pasan de la Historia oficial. Mientras Leila Guerrero reúne en Cuba en la encrucijada una decena de textos de autores que “trazan el retrato poliédrico de un lugar tradicionalmente dibujado con brocha gorda: infierno y paraíso”.

La revolución fracasada

Cuba en la encrucijada

¿Existe la perfección? / Miguel Iturria Savón

Simetría vegetal. ¿Perfección?

No me interesa la perfección, intuyo que nada es perfecto: ni el cosmos -infinito como la estupidez humana-, ni el mar, la tierra y sus accidentes geográficos, las especies de plantas y animales, entre estos los humanos y sus creaciones, es decir, la cultura: integrada por ideas -teológicas, filosóficas, sociales, científicas-, técnicas e instrumentos de trabajo, de transporte y comunicación, el vestuario, la culinaria y, por supuesto, las expresiones del arte y la literatura y sus soportes. Nada es perfecto, ni siquiera el arcoiris o una puesta de sol -dependen del observador, receptor de belleza…

Nada es perfecto, aunque algunos exalten la perfección del sistema solar y otras estrellas y fenómenos naturales. Nada humano o divino es perfecto, lo Divino nace del imaginario humano. Pero, ¿cómo explicar lo inexplicable sin fuerzas externas? Sin Dios, Tierra Prometida, Paraísos y otros mitos y relatos de profetas y mesías ávidos por modelar la mente de sus fieles. “Es de sabio reconocer que el uno es todo”, dijo Heráclito, lo cual es cuestionable como la verdad, relativa y finita.

Se ha escrito mucho sobre la perfección, pero a mi no me interesa la perfección, asociada al cosmos, los ciclos naturales, el mar y obras literarias, pictóricas, escultóricas, arquitectónicas y fílmicas. ¿Es perfección la simetría? Hay quienes se creen dioses desde el escenario donde exhiben su talento o impostura. Genios de pasarelas, telediarios, cátedras, mercaderes de consumo e ideas. ¿Perfectos efímeros?

La perfección es una idea relacionada con la belleza, la creación y otros delirios humanos: la inmortalidad, la “superioridad” racial – y/o nacional- y hasta utopías. La utopía es una linea en el horizonte, inalcanzable como la perfección.

La Pietat, Miguel Ángel

 

 

Absurdos. / Miguel Iturria Savón

Viñeta de El Roto sobre el “procés” catalán

I.

En su búsqueda de titulares hay periódicos y telediarios que sorprenden a lectores y espectadores con crónicas, reportajes y noticias absurdas que proceden o parodian la realidad. En Polonia, por ejemplo, el Gobierno reescribe la historia y trata de anular pasajes incómodos para su percepción ideo-política, como el tema del Holocausto durante la ocupación nazi y soviética (1939-1945), el desdén por la Teoría de la evolución de Darwin (los polacos no descienden del mono) y el protagonismo de Lech Walesa, líder sindical contra la dictadura comunista, Presidente de la República de 1990 a 1995 y Premio Nobel de la Paz. Tanto Darwin como Walesa salen de la historia, el primero por su “exótica teoría evolutiva” y el segundo por no inmolarse en el “altar de la Patria” y pactar la transición con el último mandamás pro-soviético.  No vale la pena preguntar qué hacían entonces los actuales guías de la República de Polonia.

II.

La alcaldesa de Madrid propuso e intenta obtener el ADN de cada mascota para identificar y multar a los dueños de las animales que orinan o defecan en parques y vías públicas de la capital de España, esa mega ciudad de más de tres millones de personas y millones de perros y gatos. ¿Cuánto costará el proyecto de la Alcaldesa? ¿Será posible llevarlo a cabo? Tal vez necesiten un Ejército de expertos en cacas y cientos de laboratorios, lo cual sería una fuente de trabajo para los madrileños e inmigrantes. ¿Quién sabe? Los ecologistas son sabios…

III.

Barcelona, al noreste de España, escenifica las tensiones del mega espectáculo soberanista promovido por parte del Parlamento de Cataluña, una región con cronograma de agravios que reescribe la historia, altera los libros escolares  califica de “fachas” a quienes no actúan movidos por el fervor -y el favor- de los arios indepes. El último Mesías escapó a Bruselas para evadir a los tribunales pero un “coro avasallador” desea investirlo de forma virtual para seguir la serie, como en Black Mirror, la serie de Netflix.

IV.

La mayor saga de absurdos es librada en Norcorea, al sur de Asia, donde otro Líder ejerce la “fascinación” sobre millones de soldados y funcionarios zombies que aplauden ejecuciones públicas, lanzamientos de cohetes contra enemigos y otras travesuras del Mandarín, aliado de un Jerarca del Caribe que solo lleva 59 años al frente de Cuba, primero como copiloto automático del Máximo Líder y luego como Heredero dinástico de la isla, emboscada como el gobierno polaco contra la evolución, pero con un Arte del caudillaje con escenas de masas, coros avasalladores, desfiles discursos, fantasmas bélicos y hasta “elecciones”. ¿Más Castrismo para qué?, pregunta una pequeña minoría que sabe lo que viene después de la parodia.

Caricatura sobre elecciones en Cuba

 

Los enemigos del comercio. / Miguel Iturria Savón

Los enemigos del comercio Tomo I

No voy a glosar Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad, del jurista, filósofo y sociólogo Antonio Escohotado, célebre por su Historia general de las drogas y otros libros de interés filosófico, social, científico y cultural, como De Physis a polis; La evolución del pensamiento griego desde Tales a Sócrates (1982), El espíritu de la comedia (1991), Rameras y esposas (1993), Caos y orden (1999) y Sesenta semanas en el trópico (2003).

Esta trilogía va por su cuarta edición en España donde casi nunca un ensayo llega a best-sellers. El mérito de Escohotado es triple pues cada tomo tiene más de 600 páginas, incluidos la Bibliografía citada y el Índice analítico. La erudición y la sencillez expositiva estimulan la lectura, además del interés que despierta el vasto sumario y los recursos estilísticos y estructurales utilizados, nutridos por la agilidad semántica, metafórica, alegórica, las acotaciones y los recursos intertextuales y metaliterarios.

No voy a hacer una aproximación crítica porque Los enemigos del comercio aún   conserva su impacto mediático y visibilizó a Escohotado en los medios académicos y de comunicación de España y Latinoamérica. Bastaría con poner su nombre en Internet para escoger entrevistas y disertaciones del autor, ameno y auténtico como pocos. ¿Qué decir entonces? Lo mínimo sobre el sumario de cada volumen e invitar a leer esta fuente de sabiduría e integración cultural que actúa como caja de resonancia y desmonta a personajes y preceptos distorsionadores del flujo sociohistórico.

En la Introducción al primer tomo -Antes de Marx-, el autor advierte que quiso “reconstruir para entender… quiénes, y en qué contextos, han sostenido que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio es su instrumento”. Repasa, por supuesto, desde la secta israelita de Juan el Bautista y Jesús “que identificó la compraventa como un pecado de hurto”, vertebrado en el Evangelio, hasta Fourier, Blanqui o Marx, exponiendo:

  • Paraíso y pobreza como cuencas de atracción.
  • Los resortes de la opulencia.
  • La propiedad privada en Grecia y Roma, donde no fue discutida pero hubo expropiadores, colectivistas y moderados.
  • De cómo la propiedad empieza a parecer perniciosa con el “Pueblo elegido”, la “Tierra prometida” y la lógica mesiánica que condujo a la “pleamar del fanatismo”.
  • Integrismo y pobrismo: enemigos originales del comercio (nazarenos y ebionitas).
  • Una religión para el ocaso de Roma (Cristianismo).
  • El Imperio cristiano. Del Rey divino al César-Papa. La Paz de Dios como sistema social.
  • Tres marcos externos del pobrismo: El Imperio oriental, el Bizantinismo y el Monoteísmo depurado.
  • El Reino de la Autarquía. Carlomagno y los sacramentos medievales.
  • De cómo la propiedad fue hallando modos de protegerse. Los antídotos para el aislamiento. La perla del Islam. La ciudad-mercado.
  • La semilla de una clase media. El pobrismo ortodoxo.
  • La secuencia revolucionaria. Los profetas burgueses.
  • De cómo el Cristianismo dejó de ser pobrista. Utopías y finanzas.
  • De la práctica a la teoría. Elección entre absolutismo y liberalismo. Liberalismo y revolución. El comunismo ilustrado.
  • De cómo resurgió el comunismo. Jacobinos y colectivistas. La revolución traicionada.

Bastaría la ilustración de cubierta del Tomo II -Proyecto para la Tribuna de Lenin- y leer el exergo para inferir que el ameno y erudito Antonio Escohotado disecciona sobre el progreso -industrialización, Nuevo Mundo- y su impronta social e interpretación filosófica y política, explícitos en “Grandeza y miserias de la competencia”, el utilitarismo, el socialismo norteamericano y francés, el socialismo meritocrático, los movimientos que generan, el terror rojo y el “Comunismo científico” con su mitología, héroes, El Capital de Marx como la Biblia del proletariado y otros prolegómenos: Rusia,Restitución en clave ibérica, el colapso del liberalismo inglés, etc.

Los enemigos del comercio II

Los enemigos del comercio III

 

Black Mirror 4. / Miguel Iturria Savón

Museo Negro de Black Mirror

Entretiene e inquieta pasar los últimos días del 2017 con la cuarta entrega de Black Mirror, la serie de Netflix sobre la mente humana en los predios del continuo desarrollo tecnológico, es decir, del futuro inmediato. No voy a hacer el spoiler de cada capítulo, pues en Internet hay información de toda la saga. Además, hay capítulos prescindibles y dos memorables, el mejor de ellos, Black Museum, da para tres o cuatro por intenso y excepcional.

Si todos los episodios de la serie suceden en el mismo universo -imaginario y aleatorio- y guardan cierta cronología entre si, en cada entrega hay algunos prescindibles. Son prescindibles en la cuarta parte USS Callister, sobre la nave espacial con personajes clonados que recuerda a la Enterprise de Star Trek, pese a ser escrita por Charlie Brooker con William Bridges, el guionista de Shut up and dance de la temporada anterior. Me gustó Arkangel pero prescindiría del mismo porque esa madre sufridora -Rosemarie DeWitt- que le inserta un microchip en la cabeza a su hija Sara para controlarla por Tablet, no tiene derecho a ver lo que hace y siente la chica; el final es predecible. Hay madres y abuelas inseguras y tecnología para espiar, más es indeseable en los humanos. Que me disculpen Jodie Foster, Netflix y Endemol.

No está mal Hang the DJ, el único episodio romántico y con final feliz de Black Mirror, pero cae por desmesurado e idílico. La telefonía e Internet favorecen el cyber amor, aunque la felicidad y la hipotética aplicación que controla a jóvenes enlazados de manera transitoria en lugares maravillosos -con todo incluido- hasta que le asignen la “media naranja” y vivir en pareja hasta el fin… Como alternativa exploratoria, bien…

Prefiero, por supuesto, a Metalhead, ese mundo postapocalíptico en blanco y negro donde los humanos apenas existen y unos robots-perros-sofisticados cuidan, localizan, persiguen y acaban con quienes se aproximan a su radio de acción. Me gustaría una escena-prólogo que sugiera cómo llegamos a ese futuro desolado, pues el infierno es posible, pero desmesurado e inmerecido como el paraíso.

En la misma línea tecnológica tremendista se sitúa Crocodile, donde la arquitecta Mia  (Andrew Riseborough) forma parte de un crimen accidental, pero vuelve a la normalidad hasta que retorna su cómplice y otros sucesos la implican en una pesadilla por culpa del poder de las agencias aseguradoras de acceder a los recuerdos. ¿Cómo mantener en secreto su complicidad y acciones posteriores?

Hay muchos guiños en Black Mirror 4 a episodios, escenas, noticias, artefactos y personajes de las entregas anteriores, lo cual empalma la serie y la evolución tecnológica entre una y otra. Así, por ejemplo, el implante de Arkangel parece basarse en la tecnología introducida en White Christmas (2da temporada) y Men Against Fire (temporada 3).

Tras visualizar Black Mirror, vale preguntar: ¿Qué quedará de la humanidad a medida que la tecnología tome el control de la vida personal y marque nuestros comportamientos?

Imagen de Crocodile, Black Mirror 4

 

Navidad, navidades. / Miguel Iturria Savón

Papá Noel recorre el mundo

Se va diciembre de 2017, un año agridulce para mi, enrolado como estuve en publicar y presentar mi libro Los vascos en Cuba, además de palear la rutina familiar y leer, escribir algunos relatos y reseñas y podar los textos del próximo libro, si la editorial no lo rechaza por raro, es decir, de poco interés para el mercado libresco.

Tan entretenido estuve que me sorprendió la Navidad, esa tradición religiosa con trasfondo festivo, popular porque sienta a la mesa a familiares y amigos que cenan y beben en nombre del Dios o de Jesús, aquel niño hebrero santificado como hijo de Dios, aunque nadie exhiba su partida de nacimiento y los israelíes continúen esperando al Mesías, lo cual enreda el “Milagro” y mi herejía racionalista: todos los días nacen miles de personas en el planeta, todos los días son Navidad, pero celebramos solo un día, por supuesto, como el Día de la Mujer, del Trabajo, de los enamorados, etc.

¿Qué seríamos sin los mitos, las efemérides y las celebraciones? ¿Qué seríamos sin los sacerdotes que adoctrinan a los fieles en la Casa de Dios, llámese sinagoga, iglesia o mezquita? ¿Qué seríamos sin los mercaderes, los médicos, los militares, empresarios y políticos? Todo vale. Los humanos poseemos imaginación, somos homoerectus y homoreligioso.

No llego a ateo practicante. Me gustan los antiguos dioses griegos, tan humanos que parecen una copia multiplicada de sus creadores. No soporto al terrible Dios de los hebreos, pero disfruto al leer la Biblia por la fantasía de sus autores y la diversidad de historias y personajes que desfilan por sus páginas. De Alá, Mahoma y el Corán, ni hablar…

Hay más imaginación en el colorido invernal de la Navidad que en el cuento infantil que la inspira: el niño pobre de una muchacha de quince años que parió en un establo, rodeada por la vaca, el burro y dos ángeles guardianes, emisarios de tres reyes magos. Como relato mítico y base de una nueva religión no está mal.

 

 

Dos novelas de Cohen. / Miguel Iturria Savón

Cohen en España en 2011

Casi nadie imagina al polifacético Leonard Cohen (Montreal, 1934-Los Ángeles, noviembre de 2016) como escritor, sino como músico y cantante de voz magnética y susurrante, sin embargo, Cohen inició su carrera con la publicación en 1956 del poemario Let Us Compare Mytologies, al cual siguieron dos novelas, once obras de poesía, entre ellos el Libro del anhelo -editado por Lumen en 2006-, más 17 discos y numerosos conciertos con los que conquistó a millones de seguidores, fascinados por su forma de reflejar las emociones y transmitir aliento y consuelo en medio de tantos sucesos y enredos cotidianos.

El intérprete de Songs o Leonard Cohen y Songs From a Room es y será recordado por sus discos y espectáculos, pero un año después de su muerte la editorial Lumen reedita en España sus novelas juveniles: El juego favorito (1963) y Hermosos perdedores (1966), ambas con prólogo del escritor Ray Loriga y traducidas por Agustín Pico Estrada y Laura Wittner, respectivamente.

No voy a reseñar las novelas ni los poemarios de Cohen, tan popular en Canadá y los Estados Unidos como en España, donde en el 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Solo unas líneas para estimular la lectura de dichas novelas.

Según R. Loriga, Cohen consiguió, como Proust, “devolver a cada cosa, a cada instante, el brillo que tuvo en el pasado”, es decir, “la intensidad que impregnó ese recuerdo, sea dolor, deseo, dulzura, crueldad, desprecio, miedo, extrañeza o desconcierto, y el resto de las causas imprecisas que condenan y a la vez salvan un recuerdo”.

El juego favorito es una obra de autoficción, pues el protagonista principal -Lawrence Breavman- es, como Cohen, hijo único de una familia judía de Montreal que “va descubriendo los rincones secretos de su ciudad en compañía de Krantz, su mejor amigo de la infancia”, con quien “se encamina hacia la adolescencia y el encuentro del primer amor, Lisa…” No en vano esta novela inicial es “digna heredera de El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, y de Retrato del artista adolescente, de James Joyce, pero hija de la estética de los años sesenta…”

Hermosos perdedores, apreciada por la crítica de los sesenta como “una fusión ingeniosa de sexualidad y espiritualidad, una mezcla de talento profético y profano, una invitación a jugar a la ruleta rusa con una pistola fálica”. Aquel triángulo pasional, lleno de humor y belleza, fue -y es-, una combinación de técnicas narrativas que “presenta el erotismo como fuente de sabiduría”, aunque en ella el autor mostró un compendio de los temas y obsesiones que marcaron los primeros años de su carrera”.

Cuba, tiempo de hastío. / Miguel Iturria Savón

Imagen del huracán Irma, devastador como el Castrismo.

El tiempo, lo efímero, lo eterno y otros vocablos creados para conjugar los anhelos, certezas y desafíos humanos, resultan paródicos cuando un grupo político se perpetúa en el poder, cambia el orden social e interrumpe la convivencia lógica de millones de personas de un país. Sucedió en Rusia en 1917, en España en 1939 y veinte años después en Cuba donde aún “la vida sigue igual”.

Lo anterior viene a cuento tras vivir un lustro en España, normalizada al morir el Caudillo a pesar  desafío secesionista vasco y catalán que recuerdan el desastre del nacionalismo cubano bajo otro líder militar que aprovechó la euforia y el autoengaño paradisiaco para aplicar la dictadura más larga de América.

Seis décadas después basta leer algunos titulares sobre aquella isla para caer en el hastío. Los guardianes del proceso aceleran el desvío hacia la tragicomedia infernal: lo mismo y más de lo mismo con formulario incluido. El burladero político con repertorio trovadoresco y reggaetón como postre del desvarío.

“Un año sin F. Castro”, es decir, con su Heredero dinástico de igual apellido, quien en el 2018 investirá a otro sucesor porque la muerte asecha y hay que dejarlo todo bien atado. Parodia tras parodia. Crímenes sin castigos ni desenlace a la vista.

¿Qué ha cambiado en Cuba? ¿La llegada de inversionistas para salvar el socialismo comunista? ¿La supresión del Permiso de Salida para que los cubanos busquen otra tierra prometida? ¿La “normalización” diplomática con USA? ¿La estampida de los médicos enviados a Brasil y Venezuela?

Los costos del desvarío son tan visibles como las estadísticas y malabarismos para engañar a la ONU, la Unión Europea y otros aliados de circunstancias que aprueban resoluciones y presupuestos favorables al Castrismo tardío. Mientras tanto, la población resiste, los maestros adoctrinan, los jóvenes intentan escapar, la oposición es reprimida, los periodistas independientes denuncian el descalabro cotidiano, los ciclones erosionan la isla, los turistas llegan y se van y el régimen baraja la crisis. ¡Qué hastío!